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Elementos filtrados por fecha: Octubre 2019

 

 

No saben otra cosa sino manejar EN REVERSA.

Víctor Hugo Díaz

 

Así comienzo esta lectura de EN REVERSA de Freddy Araneda Osses, Ed. Cuarto Propio, Chile, 2019; con la imagen final del libro, la que creo, sintetiza icónicamente el contenido crítico-social que está presente como palabra y memoria, imagen y presente, a través de todo su recorrido.

Pero este énfasis puede ser, en este caso, solo una táctica, un material de construcción a narrar; un pretexto de escritura que actúa como soporte para indagar en más amplias y diversas experiencias del habitar en el hoy. Así se va enhebrando la historia de Chile, su quiebre y la quiebra en términos de mirada, con relaciones cotidianas de afectos y necesidades personales, en un parpadeo en que el paisaje externo y sus ruidos, se ven reflejados como efectos y resultados en el interior de la voz de Andrés, el personaje atópico, el único personaje; de algún modo el que somos, solos en medio de todo. Los nombres, las situaciones y lugares que lo rodean, son medios o vehículos articulados que permiten la puesta en escena de este discurso crítico, transparentemente político y actual.

Aquí tal vez radica, emerge y se hace evidente la particularidad de EN REVERSA de Freddy Araneda Osses, porque a partir de la acción narrativa, lo contado a fin de cuentas, se generan otras instancias paralelas, algo así como representaciones teatrales fugaces, donde los personajes invitados operan como portadores de análisis, profundidad y significado, arriba del escenario. En esos momentos, la novela se proyecta a sí misma como en una pantalla de televisión, durante un programa donde estas voces que toman café, son los participantes y panelistas. Sin duda un excelente instrumento, recurso y estrategia de montaje.

EN REVERSA, mezcla ficción y actualidad explícita, recurriendo a diversos registros que generalmente no se encuentran, que nunca viajan juntos en el mismo vagón del Metro: actuación, escenario, planos, narración y diálogos; articulados para así alcanzar mayor contundencia formal y expresiva.

Otra consecuencia estética de la lectura de este sólido libro, es la permanente sensación de carencia y traición; eso que siempre está ausente, inconcluso, adeudado y faltante; subrepticio tanto en el imaginario íntimo como en el público.

Por otra parte su evidente contenido político y su presencia temática a través de toda la novela, nos señala y expone el egoísmo, la indiferencia, la soledad como posesión y un futuro poco prometedor, si no inexistente. Propalando el fracaso de los grandes relatos, los proyectos colectivos y las promesas.

Ya hacia el final de sus páginas, el autor nos vuelve a desviar del camino, instalando ante el lector una nueva tonalidad, un nuevo registro del cual valerse para enriquecer, sorprender e inyectar mayor goce y dinamismo a la lectura, igual que ese último músico que se integra a la orquesta, ignora la partitura y lo cambia todo. Me refiero a ese melancólico gesto discursivo que en su recorrido hace un viraje hacia el comic; ahí donde se entrecruzan las historietas de guerra, la caricatura y el gran chiste Patrio.

En los ojos un viaje, un texto siempre en movimiento; porque el desplazamiento es la forma, contenido y funcionamiento mismo de este libro.

Para quienes habitan la realidad como interpretación y constante movimiento, esta Escritura, por sus singularidades y características, se podría representar mediante la imagen de un vehículo público textual en circulación; donde las voces y personajes abordo, podrían leerse entonces, como pasajeros transitando y transitados por la ciudad en Modo Escenario, extrañando un país que nunca fue, por una calle de doble sentido llamada “tiempo”. Inhalando cada mañana, dentro y fuera del libro, incertidumbre y frío. Posando incrédulos para una selfie generacional, pero en negativos; registro y metáfora acertada del fracaso de un modelo que nos muestra, que la palanca de los cambios prometidos… se sigue manejando EN REVERSA.

 

 

Santiago - octubre - 2019

 

 

 

 

 

BALAS DE PLATA DE MORDOK MALLAKO

ENTRE ISCARIOTE Y DRÁCULA

 Por J. M. Lecumberri

 

Sólo a un monstruo como Dios se le ha podido ocurrir meter todo un universo dentro de una existencia.

¿Cómo no sentirnos siempre desgarrados?

                                                   Murdok Mallako

 

 

Murdok Mallako es sólo la máscara que cubre el rostro. El apóstol de una vida apócrifa, de un evangelio maldito. En esta colección de aforismos titulada Balas de plata, con cierta ironía y, a la vez, misticismo, el autor nos muestra que se trata de la oscuridad disfrazada de oscuridad, aquello que por la escritura desvela.

 

El volumen, editado por Huerga & Fierro (editorial de culto nacida de la llamada Movida Madrileña) está plagado de bellezas furibundas y aullidos melódicos. Profundamente inspirado por los Escolios del gran Nicolás Gómez Dávila, Mallako se acerca a un continente misterosófico lleno de herejía y vacuidad.

 

El oxímoron es su escudo ante la tangencial mirada de la Medusa posmoderna: “no se elige caer en la desesperación, pero nos podemos revelar contra las humillaciones a las que conduce”, sentencia el autor en una especie de manifiesto de la ruina, de lo fragmentario del humanismo, de su hipócrita progreso que avanza en un carruaje de hierro sobre las osamentas, como lo profetizara Blake.

 

Amante de los excesos hedonistas y, paradójicamente, de la desgarradura fundamental, Balas de plata es un libro espiritual, una especie de anecdotario de la derrota y del golpe de Estado respecto de la divinidad interior. Como escribiera Cioran: “Sólo las almas agrietadas poseen aberturas al más allá”, y está claro que este libro dispara certero hacia el cráneo del ingenuo lector.

 

Lectura no sólo recomendable sino mandatario, en el mismo sentido en que lo es una borrachera o una pelea de bar, de esas a las que Kerouac era tan asiduo. Buscador de un Dharma noctívago, de una traición ejemplar, Mollako nos pone enfrente al precioso mineral que asesina al werewolf de la mitología medieval, al bohemio rebelde que se instaura como cuestionamiento incisivo de un sistema de cadente y putrefacto.

 

Mallako no nos especifica la cantidad, pero pueden ser treinta esas balas de plata, con las que al fin podremos liberarnos de la decimonónica ideología cristiana y sus abusos, sus infamias y ser libres en un mundo sórdido, tomados de la mano hacia un ocaso infinito.

 

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Publicado en ZONA DE DESASTRE

 

Tinta

del libro La rabia y sus días

Oliver Guevara

 

 

Ya no puedo decir que nada existe

repoblamos el sueño y en la boca creció

de repente un pájaro el exiguo espacio

de un país”.

Alberto Raposo Pidwell Tavares

 

 

 

De la casa, recuerdo la luz tenue de una lámpara en la esquina, en una de las mesas donde debiera haber un teléfono. Un aromatizante de plástico con forma de hongo, expele de su superficie rugosa, como el interior de la jícama, un olor dulce, un tiempo elástico que hace mella cuando te sientas en la oscuridad y enciendes un cigarro. La mezcla es un aliciente para el paladar y el olfato. Mientras, Hiroshima, tu gato negro, pasea sensual entre mis piernas y ronronea. El mundo ha perdido sentido con la caída de la ceniza que dejas consumir. Me siento ansioso al ver que la televisión que está detrás de mí se enciende.

 

Quiero decir que somos otros. Ya no establecen reglas para premiar la derrota. El frío es un chico que te ofrece asear tu limpiaparabrisas, abres la ventana y listo, entra la corriente de aire que te regresa a dudar si en verdad mereces lo que tienes por lo que haces. Te preguntas en cuánto tiempo terminarían por olvidarte si de manera repentina, desapareces, quiero decir, no estar más. De inmediato. Respondes automáticamente.

 

La semana pasada llevé a Hiroshima a la casa de mis padres. Ellos viven solos desde que me casé. Amanda ha quedado embarazada y no quiere animales en la casa. La muda de pelo y esas situaciones. Mi hermana me regaló ese gato pardo con un ojo verde amarillento y otro azul. Cuando entro a la casa, mi padre duerme en el sillón individual y la televisión está encendida. Mi madre está recostada y se despierta cuando me oye entrar. Hiroshima salta al piso de mis brazos e inmediatamente va al balcón de la casa. Mis padres son desde hace dos años como los pasos silentes de ese gato con heterocromía. Desde que mi hermana desapareció pareciera como si el sueño hubiera inundado la casa y no pudieran sacudirse el sopor de la desesperanza y el dolor. Yo hace mucho tiempo que decidí no sufrir, siempre pensé que la voluntad es maleable. Por lo tanto, hoy decido no sufrir.

 

 

Después de instalar la caja de arena de Hiroshima y servirle pequeños trozos de carne que vienen en una pequeña bolsa, trato de hacer conversación con mis padres. Tras cuatro o cinco monosílabos que intercambiamos, me despido y prometo volver con más raciones y por noticias de ese gato que ahora se lame. Al bajar las escaleras, me topo con mi abuela.

-¡Hijo! ¿Cómo estás?

-Bien abuela, ¿cómo siguió de su pie?

Tarda en responder, se pone seria y luego de unos segundos sonríe pero con la mirada en otra parte.

-Ay hijo.

Cuando me doy cuenta que de esa boca que ríe y trata de hilvanar una frase ya no va a salir nada más comprensible, me agachó a la silla de ruedas y le doy un abrazo.

-Adios abuela.

-¡Que Dios te bendiga! -se despide mientras trata de aguantarse la risa. Yo salgo con prisa, el olor a orines es penetrante en la parte baja de la casa. El salitre ha acabado con el verde de la pintura en las paredes.

 

 

Cuando llegó a casa le cuento todo a Amanda, de la abuela y la sospecha que tengo que ya no se ha tomado su medicamento. De mis padres, que cada día parecen más muebles. Le digo que tal vez Hiroshima les de trabajo y algo en qué entretenerse. Luego de hacer café y regresar a la recámara, Amanda duerme abrazando su incipiente vientre. A su lado hay diversos folletos de maternidad y revistas con madres que sostienen niños rubios con relucientes ojos azules. Salgo de la habitación y voy al cuarto nuevo del bebé. La cuna vacía con los peluches y sus ojos vacíos dan un aspecto desolado, pareciera la habitación de alguien que acaba de abandonar el hogar.

En tan sólo tres meses habían encontrado los cadáveres de doce jóvenes en distintos puntos de la ciudad. Pareciera que se repoblaba el país entero. Sembraban mujeres, niñas. Todo era inútil, la tierra es infértil. Perdimos la esperanza cuando vinieron policías con una seriedad fingida y con la insinuación de que Angie se había ido con un novio. Lo que nos destrozó fue ya no tener noticia de ella.

 

 

Una noche soñé con ella. Subía una escalera. La casa estaba en penumbras,  vestía de negro y subía lentamente cada escalón. Yo la trataba de llamar pero no salía nada de mi boca. La clásica pesadilla. Pero cuando se me ocurrió seguirla, mis pies no fallaron. La alcancé y cuando toqué su hombro, ella volteó y sonrió, pero no era Angie sino mi abuela. Ahí estaba su retorcida sonrisa. Me desperté en sudor cuando empezaba a carcajearse.

 

Al paso de los días regresé a casa de mis padres para ver cómo seguía Hiroshima. Luego del pesado ritual de permanecer sentado en los sillones varios minutos sin decir nada, observando el televisor de pantalla plana que les había regalado el gobierno. Dejé un costal de comida para el gato que casualmente no se encontraba.

-Ya sabes. Sale por las noches y dormirá por ahí en los techos de día. –dijo mi madre sin despegar los ojos del televisor.

 

Cuando bajé las escaleras, pude ver que mi abuela caminaba con su bastón para llegar al baño. Esta vez se le veía más calmada y mientras la ayudaba para llegara al sanitario, me contó había dejado de tomar el medicamento porque en la noche escuchaba ruidos. Dijo que nunca los había escuchado antes. Habló de arañazos en la puerta de su cuarto y golpes secos, intermitentes, pausados. Le mentí para calmarla, le dije con los medicamentos sería mejor, que se sentiría con más energía y podría dormir mejor. Traté de explicarle que tal vez ahora necesitaba más dosis. Luego de dejarla en la puerta del baño. Me apretó la mano antes de soltarme y me sonrío como dándose cuenta que le mentía. Después di la media vuelta y me fui.

Al regresar a casa, Amanda estaba dormida en la silla de mecer del cuarto del bebé. Cerca de una mano colgante estaba un muestrario de ropa para recién nacido. Cuando la traté de mover para decirle que se fuera a acostar, se quejó amargamente y se volteó para evitarme. Fui a nuestra habitación por una cobija y se la acomodé. La lluvia comenzó luego de la humedad que asfixiaba. Tuve que insistirle para que fuera a la cama pero no pude despertarla del sueño profundo.

 

 

Lo vimos y nos pareció simpático. Aquél gato pardo temblaba a cada paso y cuando nos dimos cuenta de su peculiar característica, Angie no dudó en llevarse ese felino apretujado entre otros tantos en una caja de cartón tirada en el baldío cercano a la casa. Después de traerlo, nos enteramos que a los gatitos restantes les habían prendido fuego. Sólo por diversión. Como todo lo que ocurre últimamente en este país. Luego de imaginar las llamas, a mi hermana se le ocurrió nombrarlo Hiroshima. Angie tenía 21 años cuando entró a trabajar a la fábrica. Hace mucho que no la veíamos tan contenta. Aquella noche, cuando no regresó, mis padres recibieron una llamada telefónica. La voz al otro lado del teléfono no decía nada. Sólo escucharon una respiración. De mujer afirma mi madre. Después nada. Guardaron el número de teléfono e informaron a la policía. Nada, siempre nada. En ocasiones sorprendo a mi madre con el teléfono en el regazo y el número telefónico anotado en un papel. Sobra decir que manda a buzón de voz.

 

 

No sé si nombrar pesadilla a esa sensación. Cuando percibes un peso que se expande en el sueño poco  a poco. Como si la gravedad fuera motivo de terror. Como el volumen de un sonido grave perfecto. Sueño con un tatuaje. La aguja entra suave. Es un lápiz de punta fina que barrena milimétricamente la carne, el tejido. No hay mucha sangre. El tatuaje comienza a tomar forma. Un ave más grande, una más pequeña. Es una parvada.  En un descanso, me recuestó sobre el sillón y cierro los ojos por un momento. Después siento un peso en el pecho, me entra el pánico y pienso que me va a dar un infarto. Cuando abro los ojos me doy cuenta que Hiroshima está recostado en mi pecho y tiene plumas oscuras en el hocico. Despierto. Amanda está parada a un lado de la cama y oigo que dice mi nombre. Me levantó adormilado y mis pies dan con el líquido hemático que escurre de sus piernas. Como puedo me visto y la llevo al coche, todo parece ir en cámara lenta por más que me apuro. Al llegar a emergencias y  verla partir asistida por dos enfermeras inmutables, espero la respuesta que pronto se me da.

 

 

La rutina envilece. La cama nunca está hecha y Amanda siempre acostada, dándome la espalda. La habitación que sería el cuarto del bebé se ha convertido en la bodega de la casa. Ahora acumula las cosas inútiles, como cuerpos desmembrados que nadie reconoce y que esperan pudrirse hasta apestar y ser enterrados, descartables, olvidados. Yo también he dejado de ser lo que era, o mejor dicho, he salido realmente a flote. He vuelto a fumar y a contar compulsivamente números pares, todo lo trato de hacer par, las líneas de mis calcetines, las palabras que aparecen a la vista mientras voy manejando, las gotas de agua que resbalan por el limpiaparabrisas cuando el chico lanza el agua de su botella de plástico. -todo es plástico- me digo mientras retardo avanzar ante la luz verde del semáforo.

 

 

 

El gato no aparece. Mis padres me lo dicen como si me hubieran dejado un anuncio debajo de la puerta. Antes de ir a la casa materna, me asomó a la recámara del bebé. Amanda está recostada en la mecedora con la mirada perdida. Ya no me despido. Cierro la puerta lento en espera de que me diga algo. Sabe que estoy ahí. Comienza a mecerse más rápido entre los escombros de ropa, artilugios de crianza y regalos sin abrir con moños color rosa.

 

La televisión está encendida y hay un cigarro que se consume en el cenicero de latón en el centro de la mesa de la sala. Mis padres no fuman. Tras apagar el televisor buscó en las habitaciones rastro del felino para darles la noticia a los viejos para cuando lleguen. Luego de hacer sonar su plato de comida y esperar en el balcón por si lo veo atrás de otros gatos, nada. Vuelvo a la sala y un olor a orines envuelve el ambiente, se combina con el olor a cigarro.

-¿Estas pendejo o qué? –la anciana madre de mi padre está sentada en la oscuridad mientras sostiene un cigarro. Mueve su cabeza como queriendo ver detrás de mío. Hiroshima aparece con un pájaro que aún aletea en su hocico y después de rozar mis piernas, se dirige de un salto al regazo de mi abuela. El televisor se enciende nuevamente y la vieja queda con la cabeza de lado, esboza lentamente una sonrisa con la mirada fija en la pantalla. Antes de bajar las escaleras miró otra vez a la anciana, no se ha movido, el gato masculla con dificultad el ave que se retuerce para librarse.

Ya en casa me dirijo a la habitación del bebé. Me acuesto en la cama. No quiero ver a Amanda. La imagino recostada todavía, impasible en nuestra recámara hojeando revistas de hijos y padres. Recibo una llamada.

Bueno.

¿Señor Rodríguez? Tiene que venir, encontramos… Hay un tatuaje que queremos que vea. No contesto. Digo que sí luego de un silencio que parece disculpar la voz al otro lado del auricular.

Está bien. Lo esperamos.

 

Ya no la sigo. A pesar de que sé que esa cabellera rizada es de Angie, a pesar de que reconozco el color verde de su blusa favorita, ya no voy detrás de ella a pesar de que me llama y voltea con esa sonrisa cándida como cuando éramos niños. En el sueño me detengo, temo despertar o darme cuenta de que es otra persona. Ella corre con su falda del colegio, no la veo adulta, la veo como se manifiesta en mis tiempos de felicidad. Cuando se pierde en un punto luminoso, siento la garganta terrosa, inflamada, me duele pasar saliva y toco mi frente para medir mi temperatura. Lo que pareciera flema busca salida y comienza a moverse, siento unas extremidades que empujan las paredes de mi carne hasta sobresalir, no tengo más que abrir la boca, pero no lo hago, un aleteo que busca brotar es estrujado por mis dientes y lengua hasta que despierto. Amanda está parada frente a mí al lado de la cama y llora. Esta vez llora.

Publicado en NARVÍBOROS(Narrativa)
Miércoles, 23 Octubre 2019 04:11

MARLÈNE TISSOT / L’opportunité de tricher /

 

 

MARLÈNE TISSOT

L’opportunité de tricher

Traducción de Miguel Ángel Real

 

 

 

 

On dit que

Ce n’est pas l’habit qui fait le moine

Et c’est vrai

Tu vois, je peux presque passer

Pour une petite bourgeoise

Si je veux

En volant des fringues dans les magasins

Je le fais parfois

C’est facile quand t’es propre

Que tu as une bonne tête

Et un peu de technique

Ce n’est pas l’habit qui fait –

C’est la crasse

Sous les ongles

Dans les cheveux

C’est l’œil au beurre noir

Les blessures

Les croutes

L’odeur

Le chariot de saloperies

Que tu trimbales avec toi dans la rue

C’est tout un tas de choses

Qui peut t’exclure encore plus

Quand tu l’es déjà trop

Mais pas l’habit, non

En fait

Tant que tu as l’opportunité de

Tricher avec le costume

Ça signifie que

Tout n’est pas encore perdu

Et quand tu perds ça

Alors tu sais

Qu’on va lentement et cruellement

Te déshabiller de

Ce qu’il te reste

D’humain

 

 

 

La oportunidad de hacer trampas

 

Dicen que

El hábito no hace al monje

Y es cierto

Ya ves, casi puedo parecer

Una pequeña burguesa

Si quiero

Robando ropa en las tiendas

Lo hago a veces

Es fácil cuando estás limpio

Cuando tienes buena pinta

Y un poco de técnica

El hábito no hace -

Es la mugre

Bajo las uñas

En el pelo

Es el ojo morado

Las heridas

Las costras

El olor

El carrito de porquerías

Que llevas por la calle

Es un montón de cosas

Que pueden excluirte aún más

Cuando ya lo estás de sobra

Pero el hábito, no

En realidad

Mientras tienes la oportunidad de

Hacer trampas con el traje

Eso significa que

No todo está perdido todavía

Y cuando ya lo pierdes

Entonces sabes

Que van lenta y cruelmente

A despojarte de

Lo que te queda

De humano

 

 

 

 

Virgule, inspire

 

Déroule le foutoir

Étale le bien sur le papier

Ne le laisse pas te dévorer

Écrit fort

Écrit mal

Écrit

 

Virgule, inspire

Point. Expire

 

Et les mots au milieu

Qui t’aident à tenir

À crier

Cracher

Chialer

Sourire

Baiser

Froisser les draps et la page

Raturer les histoires

Recommencer

 

Virgule, inspire

Point. Expire

 

Et la vie au milieu

Ou autour

Qui glisse ses doigts sur ta nuque

Pour te tordre le cou

Ou t’enlacer

Fourrer sa langue dans ta bouche

Te violer les mots

 

Il se passe ce qu’il doit se passer

Ne lutte pas inutilement

Mais

Ne te soumets jamais !

 

Virgule, inspire

Point. Vis

 

 

 

 

Coma, inspira

 

Desenrolla el desorden

Extiéndelo bien sobre el papel

No te dejes devorar

Escribe fuerte

Escribe mal

Escribe

 

Coma, inspira

Punto. Expira

 

Y las palabras en medio

Que te ayudan a aguantar

A gritar

Escupir

Llorar

Sonreír

Follar

Arrugar las sábanas y la página

Tachar las historias

Recomenzar

 

Coma, inspira

Punto. Expira

 

Y la vida en medio

O alrededor

Que desliza sus dedos sobre tu nuca

Para torcerte el cuello

O abrazarte

Meter su lengua en tu boca

Violarte las palabras

 

Pasa lo que tiene que pasar

No luches inútilmente

Pero

¡Nunca te sometas!

 

Coma, inspira

Punto. Vive

 

 

 

 

Ce putain de réchauffement climatique

 

Des fois, ça fige

Tes pensées comme

Du gras dans le froid de l’hiver

Ça devient dur et blanc

Faut creuser à la cuillère

On se fait chier depuis si longtemps

Qu’on finit par trouver ça normal

Les tâches quotidiennes

Les petites humiliations permanentes

Des fois, ça fige

Et aussi grande que soit notre rage

Elle ne trouve plus le feu nécessaire

Pour fondre le gras de l’ordinaire

Alors on est coincé là

Les pieds dans une végétaline humaine

Et on sourit, qu’est-ce que tu crois ?

On répond, oui, ça va et toi ?

Et l’autre en face, il a les pieds dans

Le gras figé, lui aussi, alors

Il dit pareil

On fait semblant de se croire

Se comprendre

On ne ressemble plus à rien

Incapable de penser à soi et encore moins

Aux autres

Mais tu connais l’humain

Faut toujours qu’il trouve quelqu’un à blâmer

Un dieu, un boss, un voisin, un conjoint

Et parfois on a juste le courage

De se blâmer soi même

Sans que ça ne mène plus loin pour autant

Sans que ça ne fasse fondre

Le gras solide qui nous colle là

Comme stupéfiés

Alors on balance nos rancœurs dans la poêle

Trois minutes sur chaque face

À feu vif

Puis on mâche gentiment

Docilement

Et ça durera tant qu’on aura

De quoi se remplir l’assiette, sans doute

À moins que ce putain de réchauffement climatique

Se décide enfin à nous filer un coup de main

 

 

 

 

 

 

Ese puto calentamiento global

 

A veces hiela

Tus pensamientos como

La grasa en el frío del invierno

Se pone duro y blanco

Hay que rascar con la cuchara

Nos morimos de aburrimiento desde hace tanto tiempo

Que terminamos por encontrar normal

Las tareas cotidianas

Las pequeñas humillaciones permanentes

A veces, hiela

Y por muy grande que sea nuestra rabia

No encuentra el fuego necesario

Para fundir la grasa del día a día

Así que ahí estamos atrapados

Con los pies en un tulipán humano

Y sonreímos, ¿qué te crees?

Respondemos: yo bien ¿y tú?

Y el otro enfrente, tiene los pies

En la grasa sólida, él también, así que

Dice lo mismo

Hacemos como que nos creemos

Que nos comprendemos

Ya no parecemos nada

Incapaces de pensar en uno mismo y aún menos

En los otros

Pero conoces lo humano

Siempre encontrando alguien a quien culpar

Un dios, un jefe, un vecino, una pareja

Y a veces sólo tenemos el valor

De culparnos a nosotros mismos

Sin que eso derrita

La grasa sólida que nos deja pegados

Como pasmados

Entonces echamos nuestros rencores a la sartén

Tres minutos de cada lado

A fuego fuerte

Y masticamos despacito

Dócilmente

Y esto durará mientras tengamos

Con qué llenar el plato, sin duda

A menos que este puto calentamiento global

Se decida por fin a echarnos una mano

 

 

 

Le champ des possibles

 

L’ivresse n’est qu’un colorant artificiel

Je bois le bruit du vent qui balaie les étoiles

J’invente des puzzles pour redessiner les paysages

 

Ma retenue et ton étendue, on en fait quoi ?

 

Je laisse le silence tomber amoureux

De tous les mots qu’on ne prononcera jamais

Compost de paroles pour nourrir le champ des possibles

 

 

 

La esfera de lo posible

 

La ebriedad es solo un colorante artificial

Veo el ruido del viento que barre las estrellas

Invento rompecabezas para dibujar de nuevo los paisajes

 

¿Qué hacemos con mi compostura y tu amplitud?

 

Dejo que el silencio se enamore

De todas las palabras que nunca pronunciaremos

Compost de palabras para alimentar la esfera de lo posible

 

Publicado en VENTANA FRANCESA
Miércoles, 23 Octubre 2019 03:38

JEAN JACQUES BROUARD / Canicule /

 

JEAN JACQUES BROUARD

Canicule

Traducción de Miguel Ángel Real

 

 

 

 

Ta voix est maintenant plus claire

Le poème sera mieux dit qu’avant

Le chant plus fort et plus claquant

Dans l’air tendu comme un tambour

 

Sous le soleil cuit dorent les feuilles vierges

Pour le jeteur d’encre et le montreur de rêves

Sept heures sonnent à l’église du bourg

Sept taches donnent à l’informe des contours

 

Les pies jacassent comme des sorcières

L’herbe crisse sous les pieds gauches

Les oiseaux caressent la harpe des bois de leurs ailes noires

Les montagnes opalescentes dansent dans le brasier des vagues

 

Blessure de la liberté de flâner sans créer

Même si tout redevient possible dans le dédale du langage

L’extase est molle et la sérénité est la limite

L’angoisse, elle vient le soir, quand pousse le silence des ombres

Et que la solitude te mord le cœur

 

Le désir de vague alors se fait plus fort

Un picotement dans le jarret

Qui te pousse à courir vers les ports

Pour entendre toute la musique du monde

Pour donner de la voix

 

Dans le vent d’Ouest qui galope sur la baie

Un soleil mercuriel à t’arracher l’âme

De la musique à te faire croire au bonheur

 

Un millier d’esquifs sous l’œil, immobiles,

Les cornemuses de l’au-delà des mers qui mugissent à l’orient

Quand les bateaux quittent le port, des marins hurlent dans leur lit,

Pris par la fièvre des sirènes sans hommes

 

Cheveux de déesses dans les caisses à poisson

Lions de mer et chevaux océans

Malgré les fables du fond des bars

Et les lubies du poète saoul

Le monde garde sa beauté

Hésitation entre la jouissance et l’extase

Le soleil entraîne à la danse et aux libations

Les nuages à la méditation et aux rêves

La nuit à l’amour et aux fantasmes

L’aube à la création

 

 

Canícula

 

Tu voz es ahora más clara

El poema se dirá mejor que antes

El cántico más fuerte y más restallante

En el aire tenso como un tambor

 

Bajo el sol ardido se tuestan las hojas vírgenes

Para el echador de tinta y el que muestra los sueños

Dan las siete en la iglesia del pueblo

Siete manchas le dan contornos a lo informe

 

Las urracas graznan como brujas

La hierba cruje bajo el pie izquierdo

Los pájaros acarician el arpa de los bosques con sus alas negras

Las montañas opalescentes bailan en la hoguera de las olas

 

Herida de la libertad, errar sin crear

Aunque todo se hace posible en el dédalo del lenguaje

El éxtasis es blando y la serenidad es el límite

La angustia llega de noche, cuando crece el silencio de las sombras

Y la soledad te muerde el corazón

 

El deseo de ola se hace pues más fuerte

Un picor en las corvas

Que te empuja a correr hacia los puertos

Para oír toda la música del mundo

Para levantar la voz

 

En el viento de oeste que galopa en la bahía

Un sol tan mercurial que te arranca el alma

Una música que te hace creer en la felicidad

 

Un millar de esquifes a la vista, inmóviles,

Las cornamusas de allende los mares que mugen en oriente

Cuando los barcos dejan el puerto, los marinos aúllan en sus camas,

Atrapados por la fiebre de las sirenas sin hombres

 

Cabellos de diosas en las cajas de pescado

Leones marinos y caballos oceánicos

A pesar de las fábulas al fondo de los bares

Y los caprichos del poeta ebrio

El mundo guarda su belleza

Duda entre el gozo y el éxtasis

El sol nos lleva a la danza, a las libaciones

Las nubes a la meditación y a los sueños

La noche al amor y a las fantasías

El alba a la creación

 

 

 

 

 

HISTORIQUE DES QUETES

 

  J'ai fouillé jusqu'aux entrailles les regards des animaux morts

               J'ai cherché vérités et noumènes

                             Amers

                            Bornes

                            Jalons

                            Stûpas

          J'ai touché du regard les monuments du monde

  Et posé  mes mains moites sur le grain sec des pierres friables

                        Signes minéraux

         Repères de la mémoire qui détiennent l'insignifié

                           Mémorial

          Œuvres vives de passants ciselées par les vents

            Et dont le nom est noyé dans les sables

 

      Oui, j'ai embrassé les arbres dans les deux mondes

            Ceux qui marient le rêve à la conscience

                        L'air à la Terre

           Le royaume des vivants à l'empire des morts

                L'apparence à d'éternels mystères

           Les étoiles à la chair aveuglante du magma

                   L'épicentre à l'écliptique

                        Le  vent à l'eau

                     L'Homme à son origine

                    Créatures des deux sexes

                       Mâle et femelle

                    Levain et pâte non-levée

                       Forme  et matière

                 Père nourricier chargé de fruits

               Mère  infanticide parée de pendus

     Maternelles ramures qui dispensent ombre et fraîcheur

Paternelles cimes qui séduisent la foudre et se jouent des artefacts

                      Douceur de la feuille

                       Rigueur de l'écorce

           Femme  dans l'arrondi fécond des branches

           Homme  dans la raideur pénétrante du tronc

           Arbres grands signes d'amour et de fertilité

                        Bornes du passé

                        Jalons du futur

                     Présent désert espace

                     Amers idéographiques

Signaux en arabesques de l'eau qui palpite au ventre du continent

                        Fantômes le jour

                        Spectres la nuit

                       Corps et membres

                        Formes et âmes

                    Arbres arbres Ô arbres !

           Nos bouches sont indignes de vous nommer

          Car vos noms sont du domaine cosmique

             Comme  le craquement des galaxies

             Comme  les crépitements des étoiles

          Comme  le souffle rauque du vent de mer

               Comme   le vacarme de l'océan

             Comme  l'éclatement noir de l'orage

               Comme le hurlement du typhon

               Comme le rugissement du dragon

               Comme le tremblement de la terre

                 Comme le silence originel

 

                    Une fois produit par

                       L'écrivain

                       Le scripteur

                       L'émetteur

                         Le nègre

                       Le  démiurge

                    L'alchimiste du verbe

                    Le forgeur de mots

                    L'excréteur de sens

                  Le prolétaire à la ligne

                    Le veilleur de l'aube

                       Le langagier

                         Le poète

 

             Le texte rameau pousse sans cesse

           secrète  du sens et engendre du texte

               darde l'esprit de ses branches

Des praticiens de la poétique, en mal d'exégèse et d'érudition,

        se changent en maïeuticiens ou en forestiers

       Puis, le lecteur vient danser dans le sous-bois

               Les  arabesques de sa transe

               Et embrasser le tronc ancestral

                 Et boire la sève nourricière

           Sa chevelure se mêle aux frondaisons

 

    Je suis un arbre qui marche et qui noircit ses feuilles

 

 

 

HISTORIAL DE BÚSQUEDAS

 

Escarbé hasta las entrañas en las miradas de los animales muertos

Busqué verdades y noúmenos

Amargos

Hitos

Jalones

Stupas

Toqué con la mirada los monumentos del mundo

Y puse mis manos sudorosas sobre el grano seco de las piedras friables

Signos minerales

Marcas de la memoria que contienen lo insignificado

Memorial

Obras vivas de transeúntes cincelados por los vientos

Y cuyo nombre está ahogado en las arenas

 

Sí, abracé los árboles en los dos mundos

Los que casan el sueño y la conciencia

El aire a la Tierra

El reino de los vivos al imperio de los muertos

La apariencia a eternos misterios

Las estrellas a la carne cegadora del magma

El epicentro a la eclíptica

El viento al agua

El hombre a su origen

Criaturas de ambos sexos

Macho y hembra

Levadura y masa sin levantar

Forma y materia

Padre nutricio cargado de frutas

madre infanticida ataviada con ahorcados

Maternales ramajes que reparten sombra y frescor

Paternales cimas que seducen al rayo y se burlan de los artefactos

Suavidad de la hoja

Rigor de la corteza

Mujer en la redondez fecunda de las ramas

Hombre  en la rigidez penetrante del tronco

Arboles grandes signos de amor y fertilidad

Hitos del pasado

Jalones del futuro

Presiente despierto espacio

Amargos ideográficos

Señales en arabescos del agua que palpita en el vientre del continente

Fantasmas de día

Espectros de noche

Cuerpo y miembros

Formas y almas

¡Arboles árboles oh árboles !

Nuestras bocas no son dignas de nombraros

Pues vuestros nombres son del ámbito cósmico

Como el crujido de las galaxias

Como la crepitación de las estrellas

Como el soplo ronco del viento marino

Como el estrépito del océano

Como el estallido negro del temporal

Como el aullido del tifón

Como el rugir del dragón

Como el temblor de la tierra

Como el silencio original

 

Una vez producido por

El escritor

El escribano

El emisor

El negro

El demiurgo

El alquimista del verbo

El forjador de palabras

El excretor de sentidos

El proletario aislado

El sereno del alba

El lingüista

El poeta

 

El texto ramo crece sin cesar

secreta sentido y engendra texto

lanza dardos al espíritu con sus ramas

Poetastros carentes de exégesis y de erudición

volviéndose mayéuticos o guardas forestales

Y después el lector viene a bailar al claro

Los arabescos de su trance

Y a abrazar el tronco ancestral

y a beber la savia nutricia

Su melena se mezcla con la frondosidad

 

Soy un árbol que anda y ennegrece sus hojas

Publicado en VENTANA FRANCESA

 

 

JESÚS MIGUEL HORCAJADA

Poemas de “Conciencia del agua”, Lastura 2018

Traduction par Miguel Ángel Real

 

 

Mirad cómo nos devora,                                                 

cómo avanza a pasos                                                   

colosales hacia quién sabe                                                

qué destino ignoto la                                                    

silenciosa, la bestia onírica                                            

que todos llevamos dentro.  

 

 

Regardez comme elle nous dévore,

comme elle avance avec des pas

colossaux, vers qui sait

quelle destination inconnue la

silencieuse, la bête onirique

que l'on porte tous en nous.

 

 

 

**

 

El segundo día de las pesadillas

se me habría encomendado la tarea                                  

de atravesar un gran lago de aguas negras,                           

sería primordial lograrlo antes de que                              

el odio derramado sobre quienes                                  

irreparablemente alguna vez me hicieron daño                       

y  marcaron mi  infancia                                               

se apropiara de la única porción de tierra                            

donde proteger todavía a mis seres queridos                           

y una sola luz, ballenas tras máscaras                                 

de inocencia cuyo llanto no alumbraba,                                

una puerta cerrada y dejas a tu amigo ahí,                          

ahondando en la idea del solo. Una voz                                

que no será como las otras voces,                                  

la mano que puede empujarte al barranco                               

en un momento dado o la poesía, si no                             

despiertas, haciendo lo que puede para                                  

salvarnos de la infiel estructura de la fiebre.       

 

 

 

                Le deuxième jour des cauchemars

on m'aurait confié la tâche

de traverser un grand lac d'eaux noires,

ce serait primordial de réussir avant que

la haine versée sur ceux qui

irréversiblement un jour m'avaient fait mal

en marquant mon enfance

s'empare de la seule portion de terre

où protéger encore mes êtres chers

et une seule lumière, baleines derrière des masques

d'innocence dont les larmes n'éclairent pas,

une porte close et tu y abandonnes ton ami,

creusant l'idée de la solitude. Une voix

qui ne sera pas comme les autres voix,

la main qui peut te pousser dans le précipice

à un moment donné ou la poésie, si tu

ne te réveilles pas, en faisant son possible

pour nous sauver de la structure infidèle de la fièvre.

                                                                       

**

 

 

 

Te pareces tanto a mí                                            

que tocas la memoria de los míos                                      

y sales ilesa                                                      

                                                                    

de cuantos murieron y cuantos duran                                 

                                                                      

de tus manos el tacto rememora la                                 

corriente del agua que he sido                                      

                                                                     

eres fría como el agua / misteriosa

como el agua pero eres mi conciencia

así debo quererte

 

 

malacostumbrado a tu demencia,

que no se note al menos la desidia

mis ojos que miran todos los días

un ratito la cicatriz de mis

muñecas

 

 

 

 

Tu me ressembles tant

que tu touches la memoire des miens

et tu en sors indemne

 

de tous les morts et de ceux qui restent

 

de tes mains le toucher se remémore le

courant de l'eau que j'ai été

 

tu es froide  comme l'eau / mystérieuse

comme l'eau mais tu es ma conscience

c'est ainsi que je dois t'aimer

 

mal habitué à ta démence,

qu'au moins on ne remarque pas l'indolence

mes yeux qui regardent chaque jour

un instant la cicatrice de mes

poignets

 

 

**

 

En la vida hay hogares con balcones

desde los que no podemos saltar, balcones

imposibles de contener tanta fascinación

por el vacío, sobre todo por los vacíos

personales, y no es fácil adivinar de quién

es esa mano que siempre estará ahí para

canalizar el irrefrenable deseo de lanzarnos.

 

 

 

Dans la vie il y a des maisons avec des balcons

dont on ne peut pas sauter, des balcons

incapables de contenir tant de fascination

envers le vide, surtout envers les vides

personnels, et il n'est pas simple de deviner à qui

est cette main qui sera toujours là pour

canaliser l'irrépressible envie de nous en jeter.

Viernes, 18 Octubre 2019 15:09

El manchado / Said Ramírez /

 

El manchado

Said Ramírez

 

Editorial La Tinta del Silencio

Ciudad de México, 2019

Cómo cazar al tigre

 Colección La nave insólita,

 

Era muy noche cuando llegó una patrulla del ejército a El Responso preguntando por el alcalde. Resonaban disparos de fusil y el aire de aromas naturales se llenó de olores extraños traídos de otras tierras. Los uniformes de la tropa se adherían a sus cuerpos despidiendo un vaho acre de sudores de caballo. La selva se sumió en un silencio inquietante como esperando la lluvia y hasta el viento se refugió en lo más recóndito de la quebrada. Los habitantes, sorprendidos en su sueño,comenzaron a prender antorchas y bajaron hacia el camino como un intermitente enjambre de luciérnagas.

 

—No queremos lastimar a nadie —habló un sargento—. Tenemos la orden de recoger todas las armas de la región. Al que después se le encuentre con un arma… ¡Se le fusila y listo!

 

Había desasosiego en las miradas soñolientas de los campesinos que observaban con temor a los uniformados. Don Manuel Quiñonez, el alcalde, se comprometió con la tropa a que todas las armas serían entregadas.Por toda explicación le dijeron que era para prevenir una asonada socialista en aquella región. Junto a él caminaría la patrulla, casa por casa de los habitantes, decomisando las retrocargas y escopetas viejísimas con que cazaban. No sólo fueron armas lo que se llevaron, sino que hicieron matar a una ternera para llevársela por pedazos a su guarnición, además de cargar con gallinas y cerdos ante la impotencia de sus propietarios.Fue así como El Responso se quedó sin armas de fuego.El único que se salvó del decomiso fue Gabino Torres, el dueño de la cantina de la zona. Enterró su carabina bajo la tierra húmeda antes que la columna llegará, y no por intuición, sino por aviso de un comerciante errante que se emborrachaba en su negocio. Una nueva costumbre se haría crónica desde aquella fatídica visita de los militares: ir a pedirle prestada el arma a Torres.

 

—Don Gabinito, présteme su carabina pa´ tumbar

un cerdo del monte.

—Don Gabino, el tigrillo se está comiendo las gallinas, présteme su arma.

Pronto comenzaría a arrendar el arma a precios cada

vez más elevados. Fue por aquellos días que hizo su aparición un manchado que se convertiría en el azote de El

Responso. El escaso ganado doméstico de los pobladores

aparecía destrozado y sin una gota de sangre cada mañana.

—Como sabe el animal cuando no hay escopeta,

carajo…

Comentaba Don Víctor Sánchez, hombre de respeto, con los vecinos que narraban entre sollozos la

muerte de los vacunos.

—No se sabe qué azote es peor… Primero los militares y después el tigre.

El félido hacía alarde de su fuerza arrastrando toretes que lo triplicaban en peso a lo largo de varias cuadras. Silenciaba cerdos triturándoles el cogote entre sus fauces. Su mayor placer era triturar el cuello al ganado y beberse la sangre fresca del animal todavía vivo. El cuerpo, casi completo, quedaba para los carroñeros en algún lugar de la selva. Varios lo habían visto y jurarían, como Don Víctor, que nunca hubo otro tan grande y tan hermoso. Pero con los machetes y lanzas era imposible frenar al animal. La gente se limitaba a ver con impotencia los restos de sus mejores terneras y cerdos desperdigados por sus chacras.Montaron rondas de diez colonos armados con lanzas y machete al cinto, pero la astucia del felino siempre era mayor. Impusieron el sistema de los silbatos y el colono que sintiera el gemido de uno de sus animales, debería dar la alarma a sus vecinos más próximos para que acudieran a perseguirle. Todo fue en vano. El manchado se ponía a salvo en la selva virgen, desde donde acechaba los pasos de las rondas desconcertadas.

 

—Debemos de ir a Quito pa´ comprar escopetas —

sugirió Don Víctor a la autoridad de Manuel Quiñonez.

—No deseamos a la tropa por acá de nuevo —respondió.

—¿Y qué hacemos con el manchado?

—Pídanle su arma a Torres… Que se las alquile…

Pero cada vez que el manchado era cercado y acudían al negocio de Torres, más tardaba en llegar el

arma que el tigre en romper el cerco y huir al monte.

—Hay que fabricar trampas —comentaba la gente.

 

Una mañana, Don Víctor Sánchez pidió ayuda a tres de sus vecinos más cercanos para cavar un hoyo profundo, casi un pozo. Demoraron hasta el atardecer sacando lampadas de tierra húmeda, creando una fosa de cuatro metros. La ocultaron con hojas de plátano y de una alfombrilla. Improvisaron al siguiente día una reja de madera rudimentaria. Entrelazaron ramas resistentes y dejaron descansar el armazón al lado del pozo cubierto. La ubicación era la ideal: al pie de la cerca del corral donde encerraba al ganado.

 

—Ahora sí va a caer el muy desalmado —se dijo.

 

Iniciaría para él una serie de noches de insomnio y de vigilia con el rejón calzado entre sus toscas manos de labriego. Consumió considerables cantidades de café para no dormirse y fumó más de la cuenta. Luego de ocho días de esfuerzo inútil, decidió que su ganado no era del gusto de la fiera y durmió normalmente. Se esfumaría otra semana sin novedad. No volvió a preocuparse del manchado.Una noche en que la cosecha de la uña de gato había agotado sus fuerzas y la lluvia transformaba en lodazales las tierras de descanso, escuchó ruidos extraños en el establo. Las terneras se embestían tratando de salir contra la mohosa cerca de troncos en un desesperado intento de huir. Avanzó en la oscuridad con el machete en la diestra hacia la trampa y empujó sobre ella la armazón de maderos entrelazados que había preparado. Su mujer le lanzó una antorcha. Ante la luz irregular de la tea, resplandecían los ojos amarillos y el lomo brillante del predador. Sonó desesperado el silbato varias veces hasta que le contestaron de los predios vecinos. Para reforzar la trampilla de madera, colocó una enorme piedra encima. A la media hora se veían hileras de antorchas dirigiéndose a las tierras de Don Víctor. El manchado se encontraba en una sola posición, taciturno y con la mirada hacia su posible salida. Pronto cambio de actitud fisgoneando las paredes del cráter profundo. Quiso escapar embistiendo la reja a saltos, pero se lo impedían los hombres parados sobre el armatoste y la enorme piedra.

 

—¡Hay que matarlo de una vez! —gritó uno de los

hombres.

—¡Tito!... ¡Anda tráy la carabina de Torres! —le indicaron al niño.

—¿Y si él negocio ya está cerrado?

—Tócale la puerta con piedra, pues, sonso… ¡Corre!

 

La algarabía era general. El azote de El Responso había caído. Severo y majestuoso, optaba por fingirse indiferente ante la muchedumbre que lo iluminaba con teas. Trajeron guitarras y tambores para matizar la espera del arma. Bebieron y fumaron durante casi dos horas y el rifle no llegaba. Por fin regresó el niño jadeando.

 

—Dice que no presta, sino alquila… No quiere saber nada si nuay plata.

—Velo pues al maldito ese…

—Hay que usar lanzas.

—Con rejón nomas hay que matarlo…

—¡Clávenlo! —gritaba la gente.

 

Pero se darían cuenta que la longitud de las lanzas no era suficiente y el animal esquivaba con facilidad las estocadas. Realizó vanos intentos de empujar la armazón de palos y consiguió hacerles perder el equilibrio por un instante a los captores que se encontraban allí parados. Fue inútil.

 

—No se deja el manchado. Nuay como clavarlo.

—Pendejo, carajo…

—Dale pué…

 

Hasta que Don Víctor se acordó del techo que había estado calafateando con brea esa tarde. Recordó cuando en Quito vio a un crío meter la mano, por accidente, en la brea caliente; se la sacaron en esqueleto. “No quedo absolutamente nada”, pensó.

—¡Ya sé, burros!... ¡Lo mataremos con brea!... — exclamó.

 

Fueron en busca del cilindro aún tibio y lo trajeron cargado en un palo. Encendieron fuego suficiente para un último hervor. El tigre, mientras tanto, miraba calmado hacia el exterior.

 

—Ya está… ¡Ábranse de ahí!

 

Muchas manos con trapos transportaron el cilindro hirviente para derramar el denso líquido sobre la reja que cubría la trampa. Pero en el preciso instante en el que él líquido abrazador estaba por brotar, se oyó un aullido poderoso, casi humano, y la fiera escapó con reja y todo de un salto. La proximidad a la muerte había creado fuerzas descomunales en el animal. La efímera sombra desapareció en la oscuridad de la noche y la selva se puso tan quieta y silenciosa como aquella vez que llegó la patrulla.

 

—No ha muerto… ¡Está vivo!

—Es el Mandila…

—El mismo demonio será…

—Anden cojudos… ¡Qué demonios ni que carajos!

¡Busquen su rastro! —gritó Don Víctor Sánchez.

 

Confirmarían después de una larga búsqueda lo que todos temían: no había rastro alguno del manchado.Solo sombras en el camino; sombras como tentáculos de pulpo que acechaban junto a los árboles. Quedaba el grito del búho agorero y cruel, grito que asusta como el trágico fulgor de una puñalada. El silencio se apoderó del pueblo nuevamente. Solo el viento tosía de vez en cuando con su toz de tísico…

El azote había comenzado.

Publicado en NARVÍBOROS(Narrativa)

 

 

 

La perorata dentro de la creación.

Adán Echeverría.

 

 

“Perorata” es el más reciente libro de cuentos del autor Luis Felipe Lomelí (Jalisco, 1975), editado con el apoyo del Sistema Nacional de Creadores de Arte, bajo el sello de Casa Editorial Abismos este 2019. En los créditos señala que ocho cuentos: Arandas, Verde era el color que era, La nueva era, Gabriel se puso malo otra vez, El espantapájaros, El Informante, Epístola del asesino y Somos gente de mar conformaron el libro que obtuvo el Premio Nacional de Literatura “Gilberto Owen” 2017, otorgado en junio 2018 por el Instituto Sinaloense de Cultura. Pero el libro consta además de siete cuentos más para fundar un cuentario de 15 cuentos en 200 páginas.

En verdad que me considero —ahora— un pésimo lector, porque en verdad que me costó mucho leer el cuento ‘Arandas’, el cuento con el que se abre el cuentario. Un cuento de 22 páginas que se alarga demasiado, apuntando para que el lector busque condolerse de la soledad del personaje que ha visto morir asesinada a su esposa bajo las balas de unos sicarios, utilizando un intento de intimismo poético que no le favorece al texto, que permite que uno se conduela de la pérdida del viejo, menos cuando una de sus preocupaciones es cómo avisarles a sus hijos por el teléfono móvil. El texto tiene graves errores de redacción, como en el siguiente ejemplo: “Ahora vengo, viejita, dice volviendo el rostro y abre la puerta. La deja abierta porque eso no es todo, no basta con mantenerse despierto aunque sea lo primero” (Sic)

Supongo que el autor intenta decir que lo primero es ‘mantenerse despierto’, pero en la literatura no se trata de suponer sino de decir y dejar las cosas claras. Y luego avienta frases y oraciones que en la intención poética resultan muy cursis: “para producir el milagro de una pequeña flama”; ¿en serio?, ¿encender un cerillo es un milagro? Y a lo largo de ese trabajo lanza otras como: “Frente a él está la pirámide de piedras y; al otro lado, la pala, el bote de cloro vacío y el hacha talacha”. A lo largo del texto (sus 22 páginas) utiliza 6 veces “hacha talacha”, ¿es en serio? ¿acaso en su investigación se topó con esta herramienta y decidió que la usaría mucho? ¿Acaso el oído no le permite escuchar la rima interna, como para usarla a propósito? El humor involuntario en el que se transforma la palabra mueve a risa en vez de que conduela. O construcciones como: “Sube a la azotea para relojear los ranchos aledaños, para ver si hay presencia de las camionetas o de los hombres armados en alguno de ellos”. O el hecho de meter una palabra del caló argentino como “relojear”, en el texto que narra, lo cual no deja claro el lugar en el que la historia se desenvuelve. Porque el personaje dice al menos dos veces “¡Chingado!”, una palabra coloquial mexicana. ¿Entonces?

Al parecer, y tal como lo indica el título del cuentario, la perorata es lo que pretende funcionar, el mucho hablar, el mucho parloteo interno del personaje.

¿Quién narra esta historia? Al parecer el que narra es precisamente Luis Felipe Lomelí, y eso es algo que se observa dentro del transcurso de la lectura del texto. No parece que el texto sea narrado desde el personaje, el cual no termina de sentirse, aunque se intente construir, no me ha importado la muerte de su esposa, o que lo estén vigilando para que no la entierre, o que lo hayan amenazado para que no lo haga. Nada de eso termina de parecer verosímil. Mucho menos los atisbos de poesía que presenta como: “Ayer le cerró los párpados para que el sol no le quitara el sueño”. ¿Por qué el personaje hablaría con esta poesía? Pues porque el que habla es Lomelí, no el personaje, no el narrador, sino el autor.

Aun así, necesitaré darle otras lecturas, porque en verdad que ahora me siento muy mal lector, puesto que el libro ha sido premiado a nivel nacional, lo que significa que a un jurado les pareció en verdad trascendente frente a todos los otros muchos cuentos que se presentaron al concurso, y de seguro a todo mundo les gustan estos cuentos, excepto a mí.

“Verde era el color que era”, es un cuento interesante, se deja leer, pero igual intenta arrancarnos el moco lacrimógeno con el tema de los desaparecidos y del cómo todos poco a poco sufrimos esta violencia que permea por todos lados en México sin poder dejar de intentar tener una vida normal, ahogando nuestros recuerdos para poder seguir siendo funcionales en sociedad.

Lo que parece interesante de este cuento es su estructura, cercana a la narraturgia (esa fusión de narración y dramaturgia, que prescinde —para la escena— de las acotaciones, lo que lo hace de lectura ágil.

Seguiremos explorando el libro de cuentos de Luis Felipe Lomelí, pero me pareció interesante hacer estos comentarios con el fin de hacerle ver esos errores de los editores en su poco cuidado de la obra.

En un país sumido en una Guerra desde el año 2006 (es claro que la violencia siempre ha estado presente en la historia de México, debido al saqueo continuo que adolece nuestro país), los cuentos de Luis Felipe Lomelí, en este libro vienen a demostrar que los escritores llevan en la piel y en el ánimo. Sucede que a veces el exceso poético no es necesario en la construcción del intimismo. Para estos primeros dos cuentos, el intimismo se ha visto rebasado por los excesos poéticos que he comentado arriba.

 

Publicado en La pluma sobre el ojo

 

El mundo en tus manos

Ramiro Padilla Atondo

 

Eso pensaste a los 18 años. Que tenías el mundo en sus manos. Saliste del rancho   con mentiras, dijiste que ibas a Tijuana a trabajar en la maquila. Pero era mentira. Lo tuyo  era el desmadre. Te gustaba lo de ser pesado. Ya te imaginabas la troconona, las fiestas interminables con viejas bien buenas y las pacas de billetes. Pero nunca te dijeron que también había una alta posibilidad de que te murieras.

El policía que examinó tu cadáver se acordó de ti. Y no porque tuvieses algún rasgo extraordinario, sino porque aquel día que tu cartel hizo una demostración de fuerza en la revu se tuvo que esconder. Se acuerda clarito porque les hablaron por el radio. Les dijeron que se abrieran porque ustedes no se andaban con mamadas. Que se cubrieran porque eran un chingo.

 Te bajaste  emocionado porque fueron esos instantes  los que te hicieron sentirte poderoso. Eras parte de algo, de un grupo importante al que hasta las autoridades le tenían miedo. Ya habías practicado un poco con el AR15. Todavía no te acostumbrabas a su peso pero fingías que pesaba lo que pesaba una pluma para que no dijeran, mira el plebe, no sabe limpiarse el culo y ya trae cohete. El policía sabía que lo podían rafaguear. Se quitó la pistola y la camisa del uniforme, dejó todo en la patrulla y corrió a refugiarse  a una casa de cambio. Ustedes llegaron como en treinta camionetas. Ni siquiera ocultaban el rostro. Eran tan poderosos que se podían dar el lujo de mirar a la gente a la cara con toda la desfachatez del mundo. Y ese era tu rostro. El de alguien que prueba por primera vez el poder. Aunque este fuera limitado; te sentiste vivo, con el mundo en tus manos.

Y el policía te miró porque cuando saltaste de la caja del pick up no traías siquiera zapatos. Andabas en huaraches. Los sicarios en Tijuana siempre han presumido de sus gustos estrafalarios, botas de piel de avestruz, de cocodrilo. Enormes cadenas de oro. Les valía madre. Querían que se enteraran que andar en la maña es redituable.  Tú eras tan inocente que ni siquiera habías reparado en ese detalle. Tus pies estaban prietos del sol del rancho. Por eso ahora, un par de semanas después el mismo policía te reconoció. Traes los mismos huaraches.

Estás lleno de plomo. El policía salta según él entre los casquillos. En la mano izquierda traes el AR15. El brazo derecho reposa contra el  pavimento. Estás tirado en la misma posición que un cristo sangrante, con los brazos extendidos. Y mientras el policía marca el contorno de tu cuerpo con gis, la gente se acerca de a poco al lugar de la balacera. No eres el único cadáver. Otros chicos de tu edad yacen desparramados sobre la calle. Algunos más han quedado en situaciones imposibles dentro de los carros.

En la tarde te llevarán a ese lugar maloliente, el Semefo. Como no tienes ninguna identificación vas a terminar en la fosa común. Y en pocos días, alguien muy parecido a ti, tomará el camión a Tijuana, para convertirse en estadística.

Publicado en NORTEC

 

 

Me llegaron noticias de tu muerte

Alejandro Martínez Lira

 

A Marcella “Sali” Grace Eiler

 

Hoy me llegaron noticias de tu muerte

y no las creo.

Sin embargo, el día

silencio a silencio se vuelve a mi cara

y el aire

poco a poco se confunde

como un vuelo de pájaros que retoñan de tristeza.

Me doy cuenta entonces que es verdad:

que tu cabello,

revuelto de sierra, es

            el acantilado

en que el vértigo de la muerte

desbarranca sus dedos;

               que tu sonrisa

alborozada de luna

estalla de ausencia

como mil libélulas enloquecidas

hacia las sombras casi cielo

                             del ocaso.

Me doy cuenta de que es verdad: las horas y el día

palabra a palabra palidecen,

y te descubro sin fin

con tus pasos detenidos; con un baile

que enmudece;

con la plática interrumpida en tus labios;

             con mi silencio vivo sin el tuyo.

Me llegaron noticias,

                                  noticias tuyas de tu muerte…

 

 

 

No estás

 

El silencio se clava en la lluvia;

no estás, y el vacío de todos

estos días

de muerte, de todos estos años

de madrugadas de septiembre,

se sacude

como el colibrí

de la ceniza y de las sombras,

arquitectura del aire

que cicatriza en la palabra.

Escribo

en la humedad de los aguaceros.

Recojo

algunos restos de la lluvia

mientras mi cara hoy

se desmaya sobre tu muerte,

entonces mi rostro

un poco, se describe,

un poco más muerto.

 

 

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)
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