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La Piraña - Elementos filtrados por fecha: Enero 2019

 

 

 

TEN CUIDADO CON LOS SUEÑOS

 POR: ARIANA ITZAMARA VILCHIS Y

MANUEL ALEJANDRO Q. CEBALLOS

 

 

En el último cajón se encierra el aroma de la primavera y se reconocen varios objetos que simbolizan la alegría. Están guardados algunos pétalos de casi todos los colores, y algunas páginas que tuvieron vida, y un día se desvanecieron. Esta habitación parecerá marzo o abril, lugar del nacimiento de las flores, si así lo deseas.

Camina, siéntete libre; son necesarias estas formalidades mientras me presento. Quiero mostrarte que no todo está perdido. Cuéntame tu relato de amor. Escoge la mejor parte, o háblame de alguna que no hayas vivido, yo te contaré más de los misterios que encierra esta habitación. Tengo un par de líneas que me he robado, y tal vez me guste algo de lo que me cuentas y lo use para ponerle el final a determinada historia que me interese. A veces mi sentido del humor es extraño, ¡no te asustes!; la culpa es de los diarios y sus secretos íntimos. (Ríe).

La última ocasión hice una correspondencia escrita con varias historias, pues me llegan muchas anécdotas inconclusas. ¿Alguna vez escuchaste de una pareja que se conoció años antes, y de repente se reencontraron y ahora viven felices? Algo así es este lugar, esta habitación a veces ayuda a algunos.

Por eso insisto que me cuentes lo deseado, sin que importe el tiempo que te lleve. En lo referente a las lágrimas, mi capricho actual es otorgarle a la luna el extenso mar, así que ten cuidado de no regarlas en cualquier lugar, nunca se sabe a dónde llegarán. Si llegaran al mar, todo acabaría, no habría retorno y la historia se olvidaría de inmediato. «La primavera llega en el momento más oportuno, incluso cuando ya no es temporada de flores».

Si te parece que todo está en orden, cuéntame tu historia, toma ésta fruta que simboliza un dominio. Usaremos una fresa del futuro, que represente la fecundidad y la sensualidad.

Camina despacio con ella cercana a la boca, gira en dirección de las manecillas del reloj, alrededor de aquel mueble y su cajón; cuando sientas frío en el pecho, muerde la fresa, roba su primavera. No te detengas si ves en el piso polvo de otros sueños.

Por ahora ya no te diré más que «Ten cuidado con tus sueños: son la sirena de las almas. Ella canta. Nos llama. La seguimos y jamás retornamos». Es tu turno.

 

 

Publicado en NARVÍBOROS(Narrativa)

 

SEIS POETAS EYACULAN EN LAS CENIZAS DE SÓCTRATES

J. M. Lecumberri

 

 

 

Caber en el mundo es  una de las cuestiones más estudiadas

El fenómeno aeroespacial de la dimensión equis

Aquellos que formulan sus indagatorias sobre tan fútil cuestión terminan en psiquiátricos

Hablando con los riñones de Dionisio

Bebiendo de las tetas de Minerva

Mujeres cursis y malcogidas

Que aceptan la poesía como un orgasmo

Negros esclavos que trabajan mezclando rimas baratas

En un secuenciador digital

Descendientes de algodoneros

Hip hop y crimen

Lo más parecido al amor posmoderno

El hombre caucásico

No sangra

No escribe poemas

Pues los poetas ya no salen del fondo gris y sin sustento de la melancolía

Esa hembra inteligente y deliciosa

Que nació del metal de Durero

Dama de la guerra

Ángel de la traición

Los poetas se masturban en la osamenta de la filosofía

No hay quien los corra

El cráneo es marrón como un pedo

Delgado como pétalo de lirio

Como huevo de ámbar es traslúcido

Enigmático

En sus vetas se puede distinguir el perfil de Hermes

Tres veces abortado

No deseado [del mismo palo del relámpago que nos ha enloquecido]

 

El semen se escurre como un rebaño

Que huye de los lobos del delirio

Escurre entre los dientes negros

Entre la noche y el insomnio

Como una sed mística

Como un oficio infame

La tinta me lame

Y lame el final de cada silencio

De cada reparo

 

Hoy amaneció gris

Nublado el centro del pecho

La ciudad bosteza vapor de aguas negras

Entre el día y la ensoñación

Crecen estalactitas de carne frustrada

De labios perdidos en una marisma

De lodo pardo

De aguas con mierda

De modelos de lujo

Buscando una rajadura en el negro velo de Netflix

Una espina para clavarse en la pupila

Un casting

Donde pronunciar las palabras vacías

De bardos vacíos e idiotas

Líneas de fuga

Para tramas sosas

 

 

Sócrates es el vómito

Discursivo

De esta generación

Hipersensible

Obsesionada con vanidosas

Compasiones

Con efímeras espiritualidades de vitrina

Y luces neón

Con música robótica y alucinógenos

Bastardos de hippies

Luces en un estanque profundo y más negro que la noche

Más negro que la tinta

Hombres que simulan ser hombres

Tristes machos cabríos

Que buscan ser degollados

Por la hoja sagrada de una bruja carmesí

Asesinos

Esclavos de una hombría conceptual

Desvencijada

Hijos de la baratija y el espejito

El hombre que sombra el hombre

Tras unas barbas perfumadas y aceitosas

Músculos de en polvo

Leche de Hades

Músculos de huecos

Pan ácimo el hombre

Alimento maldito de una feminidad en crisis

Especie destinada al laboratorio

Somos nuestro propio experimento.

 

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Publicado en ZONA DE DESASTRE
Miércoles, 16 Enero 2019 05:43

TE ROGAMOS, SEÑOR / Homenic Fuentes /

 

 

TE ROGAMOS, SEÑOR

Homenic Fuentes

 

 

 

 

¿Cuántas veces

se tiene que hinchar mi voz

maldiciendo tu VERBO?

¿cuántas veces?

Blasfemar contra ti, Señor

¿cuántas veces?

Huir de tu inmaculada creación

nacer, crecer, reproducirse y morir

¿cuántas veces, Señor?

Señor, cuántas veces

escupir tu cielo

de pobres y camellos

¿cuántas veces?

Cuántas veces

nuestra costilla hurtada

matarte en vida

piedra sobre piedra

¿cuántas veces?

Desahuciar tu mano santa

reproducir tu imagen en probeta.

Dime (dinos):

¿cuántas veces?

¿cuántas veces?

¿cuántas pinches veces?

Cuántas veces

Alabarte

Glorificarte

Amamantarnos

con tu savia de fuego.

Señor cabrón.

Maestro, hermano mayor.

Cuántas , cuántas, veces…

 

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)

 

 

El suave tiempo y otros poemas

José M. Viniegra

 

 

El suave tiempo remueve las hojas 
que aferran con ansia la precariedad
de algún árbol y el campesino piensa 
que han cambiado su fuerza por debilidad

 

Labrador
en girar el mundo el universo 
deja de ser estático

 

Ni el crepitar del fruto ni su deseo
vertiginoso por separarse de la rama
ni aun su estrepitosa caída

-¡sabe!-
dirá que el fruto desde la fronda cae

cuando su mejor edad llega

 

Hay hojas verdes que también caen gustosas
sólo por pintar otoños

 

 

 

 

Encuentro en la cocina

restos de tu hambre como fondo del plato
fantasmas en el baño
que lavan transparencias
y máculas antes tuyas

No digamos ya la alcoba
que terca llena el aire
con recuerdos que custodian
mi cama cuando ésta duerme

 

Lo juro y no exagero

el problema no soy yo
sino estos ojos necios
o el hechizo con que ven
en tanto sitio y en tanta cosa 
reclamos de tu ausencia

 

 

 

 

Abrevar nuevamente

como antes -amén-
la misma sustancia amarga
manicomio antiguo donde vengo

a contar huesos
y coleccionar penurias
por impuro placer macabro

 

Atisbo así
hacia la nada

 

Enciende
Clemencia
tu veladora
pero aprende a conjurar conmigo

-y por mí-
para que vea en ella
la tibia luz y no el mismo

encantador cirio de sombras

 

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)
Miércoles, 16 Enero 2019 02:36

EL SECRETO / Columba Moreno Rodríguez /

 

 

EL SECRETO

Columba Moreno Rodríguez

 

 

¡Mamita, ya no quiero a mi papá!

 

Sé que ahora estás viejo y enfermo. No he querido ir a verte al hospital, no tengo ganas. Y estoy consciente de lo que mis hijos me han dicho: que los doctores no dan esperanzas y que es cuestión de días.

He tirado las cobijas, las almohadas y las sábanas de la cama porque huelen a ti. Si pudiera arrancaría, magullaría y me desharía de cada recuerdo tuyo, pero sé que los llevo adheridos a mí como retazos de cadáveres zurcidos a mi cuerpo, al igual que la criatura concebida en una noche de tinieblas por el doctor Frankenstein. 

 

¡Mamita, ya no quiero a mi papá!

Me sorprendo al oír el enunciado. Directo y ansioso. Palabras de Matilda, mi hija, de mi aún pequeña hija, la segunda de cuatro y un quinto en camino.

Está ávida de contarme por qué no quiere a su papá. Yo la escucho muy atenta y conforme su relato avanza, siento como mi piel, mis huesos, mis entrañas, todo en mí se torna frio y sudoroso, para devastada desplazarme a la oquedad más fétida.

 

Ahora son los cuates: Pedro y Ricardo, mis hijos, los doceavos y últimos, los que insisten en decirme que preguntas por mí, que te sorprende ¡No! Que te exaspera que no esté ahí, acompañándote.

¿Y cómo podría estar? ¿Por qué debería estar?

 

Llorando recoge su muñeca de la cama para abrazarla fuertemente. No comprende que el líquido que se le ha pegado en las manos y que ha manchado a su muñeca, también la ha ensuciado a ella.

Mira entre sus piernas y su inocencia es precursora de malos augurios; cree que ha sido herida. No sabe que ya ha traspasado el umbral de la muerte a pesar de continuar con vida. Aterrada por la mezcolanza de semen y sangre se repliega sin dejar de llorar, con el fin de que su atacante no la vuelva a tocar. Agresor con el que lidiará por el resto de su vida.

Once añitos contra treinta y uno. Un combate desigual.

 

Mi papá está muy grave y tú insistes en tu desinterés. ¿Cómo puedes ser tan cruel? No sólo es tu esposo, también es nuestro padre. Su estado de salud debería conmoverte… no te comprendemos.

Es Matilda, mi hija y ahora madre de tres hijas, la que gira su cabeza con dirección hacia mí para decirme con la mirada: no te preocupes mamá, yo sí te comprendo.

Y yo no puedo eliminar de la mente aquella declaración: “mamita, ya no quiero a mi papá” como tampoco puedo disipar del corazón la culpa, porque si hubiera sabido que aquella tarde, ella, mi pequeña, escuchaba escondida detrás de la puerta, yo nunca me hubiera atrevido a revelar mi secreto.

 

 

 

 

 

 

 

 

Publicado en NARVÍBOROS(Narrativa)

 

 

TANGO PARA SAÚL IBARGOYEN

Roberto López Moreno

 

 

Ayer miércoles 09 de enero de 2019, falleció en la Ciudad de México el poeta Uruguayo-Mexicano Saúl Ibargollen, luchador por las causas justas en América y en el mundo.

 

Domador de distancias
tu paso ha caminado
por la tierra del hombre,
que se ha vuelto tu paso.

¿En dónde está tu casa?
Estará siempre al lado
del camino que traza
compañero y hermano.

De donde sos Saúl
de todas partes
en donde posen el pie 
los caminantes.

De donde es esa luz,
la que compartes
entre tus versos 
de cerebro y corazón.

Poeta generoso
de poemas alados,
luna y sol del camino,
norte y sur decantados.

Hoy quiero saludarte
con las riendas de un tango.
Ibargoyen, hermano
que renace entre cantos.

De dónde sos Saúl
de todas partes
en donde posen el pie
los caminantes.

De donde es esa luz
la que compartes,
entre tus versos
de cerebro y corazón.

Badoneón de bacanes,
de garufas de otarios
que se espiantan fayutos 
porque vos sos el tango.

 

 

R.L.M.
México. América.
09 de enero de 2019.

Publicado en La nave de los locos

 

 

Principios de un poema final Mario Santiago en la ruptura

Ignacio Bajter

 

I

 

Hay elementos incontestables para suponer al poeta como un discípulo de Marx. Es difícil, en cambio, adivinar quién es el fanático de Heidegger que encubre el poema. Se puede suponer a alguien que tiene el tiempo y la paciencia para insistir con la pregunta milenaria: “¿Por qué hay ente y no más bien nada?”. También sobran elementos, en la poesía y en el mito, para creer que Mario Santiago no recayó en el “aburrimiento profundo” que conduce a la revelación del “ente total”, metafísico. Su experiencia en la poesía sí deviene de una existencia radical, pero está tan ocupada en el cuerpo, en los sentidos y el deseo que no toca lo abstracto sino tangencialmente. No tiene lugar la “fascinada quietud”, angustiante, pues la enunciación es un movimiento, una huida. Llega a la “quintaesencia” después de haber recorrido y agotado el único camino posible para transfigurar la realidad: su propio lenguaje. La penetración en la materia del mundo, traducida en imágenes, “en astillas”, y la constante apropiación de sí mismo son los fines de un discípulo de Marx que escribe su gran poema inicial antes de cumplir 22 años. La meditación del fanático de las entelequias, que Mario Santiago crea como antagonista, está quebrada y agredida por voces que invaden el silencio, voces y martillazos, ya en su origen. El poema activa la escritura posterior —como un plan lanzado al futuro—, avanza en una producción sin pausas, entra en la economía del gasto y la quema de energía en medio de una naturaleza abundante. La verbalidad de Mario Santiago, su “respiración” es, desde 1975, a la luz de Consejos de 1 discípulo de Marx a 1 fanático de Heidegger, vibrante y resistente a las convenciones. Entre los artistas mexicanos de 20 o 30 años en los tiempos del poema (o 40 y 50, da igual), ¿quién llegó a funcionar como una máquina metaforizante de características similares a aquella, que empezaba a rodar ya como una  cabeza cortada? Esta cuestión no considera el pedestal que le hizo Roberto Bolaño y en el que Mario Santiago Papasquiaro, con todo el nombre, aparece como el ángel negro que recorrió su propio laberinto antes que nadie, sino que formula una curiosidad tras la lectura de los poemas conocidos, reunidos en los últimos años, separados todo lo posible de circunstancias, casualidades, destinos, prejuicios, rencillas. La pregunta, a fin de cuentas, no tiene importancia, pues daría respuestas ajenas a la poesía. En cuanto al fenómeno de la lengua, pocas veces tratado, los fanáticos de Heidegger deberían hablar con rigor. Hasta ahora han reducido al discípulo de Marx a una cuestión. “¿Qué pasa con esta nada?”.

 

II

 

No es suficiente leer a Mario Santiago a partir de la familia que él mismo nombró para su poesía: la vanguardia de los 60, en general, el movimiento Hora Zero de Perú sobre todo; algunos poetas que se expandieron desde Casa de las Américas; los chilenos que derrocaron los últimos pedazos de la poesía que se escribió desde Rubén Darío; los traducidos (no sólo poetas) en México y en otros países del continente; los marginales que recorrían las periferias más allá de la literatura y sus modo de intercambio. Descontando las alianzas latinoamericanas que emulaban a los movimientos de guerrilla, e imponían, en la escritura, los sintagmas de la extroversión y la rebeldía, la fuerza vital del lenguaje, Mario Santiago crece con el ruido de fondo de la beat generation, que repercute en su sintaxis y también en su actitud, en su papel de poeta. Ahora aquello se ve como la última turbulencia de la poesía angloestadounidense que tuvo en México su frontera más cercana: casi en paralelo al nacimiento de los beats los mexicanos leyeron la revista El Corno Emplumado/The Plumed Horn, que establece afinidades entre poetas del inglés y el castellano y cuya estela no se acaba en la década en que sus números se publican (1962- 1969). Cuando escribe Consejos de 1 discípulo de Marx a 1 fanático de Heidegger, aquellas reuniones de escritores —que descentraron, al fin, las tensiones de la poesía española— de seguro resuenan en el joven desconocido poeta, ex tallerista de la unam, ex alumno del poeta Juan Bañuelos, quien tenía noticias de la revista bilingüe que fundó Margaret Randall.  El instinto rítmico, el fraseo que Mario Santiago extiende en cadenas de versos mayores y por supuesto el arrojo contracultural, se ligan a lo beat más primitivo. Incluso con las traducciones de José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal a la vista, cercanas, Mario Santiago se abrió su propio camino. En los días posteriores a la escritura de Consejos…, diciembre de 1975, entra en California: una fotografía lo deja ver, junto a Rubén Medina, parado sobre unas rocas en la bahía de San Diego. El viaje es siempre una decisión poética, no una casualidad. De regreso a México escribe su manifiesto infrarrealista, una posición personal, corpórea, en la que cultura es “la fluidez de los nervios”, y entra en el año 1976 llevando de un lugar a otro —y escribiendo en los márgenes— sus libros de la colección “Penguin Modern Poets”. Un tiempo después, alentada por él a continuar la traducción del Paterson de William Carlos Williams, Ana María Chagra recibió de Mario Santiago su humedecida edición del libro (New Directions, 1963), con un recorte de prensa acerca de la muerte de George Cukor (1983) y un paquete aplastado de cigarrillos alemanes entre las páginas. Aunque otras historias de libros también vienen al caso, con relación a la poesía del país de al lado, prefiero ubicar el poema “The Long Street”, de Lawrence Ferlinghetti en A Coney Island of the Mind, publicado en 1958, para establecer un parentesco con los fines de Mario Santiago desde la juventud más precoz. No me refiero a la forma (Ferlinghetti usa un tipo de unidades rítmicas y pausas más acotadas que los períodos de Santiago) sino a la naturaleza del poema, que condensa la idea que flotaba entre sus colegas y que se expande en otros y que será la bandera de otros jóvenes, lejos de San Francisco: la vida como una calle que atraviesa el mundo. Adaptado a lo que hará en el año 1977, en Europa, entre Barcelona y París, la poesía/calle es un “sueño sin fin”. “Take a walk on the wild side, canta Lou Reed y ese es el camino para viajar a través de esa espiral, en esencia, luminosa”, dice Mario Santiago en su recta final. En la materialidad de la escritura —incluso en las licencias tipográficas, visuales—, es la poesía anglosajona, adaptada al entorno verbal mexicano, la que revela sus estructuras, renegadas de la tradición hispánica cuyo último gran hito había sido la generación del 27, la de Luis Cernuda, aludido en el poema de manera lapidaria. Aquellas formas pretéritas que envolvían una concepción esperanzada del hombre, no tocaban el mundo que se da 94 en fragmentos —como dice el disparo de partida de “Consejos…”—, como tampoco (las variantes son ligeras) entre aquellos años de formación de Mario Santiago y nuestro presente. Si ahora pudiera decirse quién era el profeta en 1975, Allen Ginsberg, Philip Lamantia y Gregory Corso están más cerca de esta realidad que Juan Ramón Jiménez o Efraín Huerta, de cualquiera que escribiese en español, fuese heideggeriano o marxista.

 

 

III

 

 

Desde 1975 en adelante puede escribirse la historia de la derrota del arte, con la poesía a la cabeza. Si en Consejos de 1 discípulo de Marx a 1 fanático de Heidegger la salida es —como lo quiere Santiago— el Arte, la “blancura” del final del poema, la “blanca agonía” de Mallarmé, habría que admitir el fracaso total de ello, y la muestra es el propio devenir de la poesía y la figura del poeta, el lugar que ambas ocupan. No me refiero por supuesto a la práctica individual, pues el arte es todavía la salida, sino al fracaso de la práctica colectiva que acabaría en la subversión de valores, en la puesta en funcionamiento de células que forman redes y amenazan a otras (en poesía: oficiosas, conservadoras, no siempre mediocres) que ejercen el control sobre todo lo que es ajeno a sus retóricas y corre en otra dirección. Con los infrarrealistas o a solas, siempre opuesto a “todo un sistema real y simbólico de poder literario y cultural”, como dice Rubén Medina, Mario Santiago puso empeño en una lucha mordaz en la que gastó la vida y la escritura. Traslucía el orgullo de vivir en una “fraternidad de outsiders dispuestos a todo”, comuna cuyo efecto (ético y estético, como se decía) ha tendido rotundamente a cero. Pero la caída no corresponde solo a la neovanguardia latinoamericana, donde se recupera la sombra del infrarrealismo y donde se inscribe Mario Santiago como “figura radical”, como también dice Medina, sino a todo un silencioso derrumbe cultural. Nadie puede hacer nada por arrebatarle el “santo” a una fraternidad, y es injusto atacarlo sin adivinar por lo menos una de sus múltiples razones. Habría que tratar de salir de las claves en la que insisten, a veces con redundancia, al leerlo, otros discípulos de Marx y otros fanáticos de Heidegger. No se discute —entre “marxistas”— que Consejos… sea el gran poema del fundador  del infrarrealismo, de cuanto pueda caer bajo ese nombre, y que en su forma extensa contiene la visión de un sujeto y los propósitos de otros, no sólo cercanos al poeta sino diferidos, reencontrados en un tiempo en suspensión. En pocos días del último tramo de 1975 se levanta una poética que activa a un movimiento, afecta a quienes se adhieren a él y se filtra en la calle central de la literatura, la narrativa, nueve años después, si se tiene en cuenta el tributo que le hace el título Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce, que Bolaño y A. G. Porta escribieron en Barcelona. En el 75, entonces, Mario Santiago introduce en el fluir de un texto los temas que 20 años más tarde los lectores, ahora sí multiplicados, admirarán en las ficciones de Bolaño, su más fiel y efectivo promotor: pasiones románticas (“se aman rabiosamente como perros callejeros”), paisajes de ciencia ficción, crímenes, detectives (“los que conocen en persona a la muerte”), espectáculo, declaración de horror y miedo, sexo, guerra fría y rebeliones, entrega completa a la poesía, sueños que se abren a otros sueños. Si se aíslan las palabras que Mario Santiago escribe en relieve, mayestáticas, puestas en orden, se tendrá un mapa conceptual de su obra y la de su amigo, que no dejó de rendirle homenaje: Absurdo, Realidad & Deseo, Azar, Ternura, Paraíso Terrenal, Mezcalina, Amor, Arte, Materia-Energía, Poesía, Desolación, Aventura, Existencia, Adiós, Historia Épica, No, Sí, Belleza. Estos son puntos del mapa mental, del palimpsesto y la enciclopedia de un extralimitado poeta.

 

 

IV

 

La causa política está a flor de piel y no es la única fuerza que empuja a Mario Santiago, aunque sí la que crea la imagen del mundo y funda su lírica. No sé si hay un poeta que haya quemado tantas calorías en hacer de su propia voz un intento de ahuecar la “superestructura”, la zona donde se entierran los valores y las formas y donde se dictan los juicios. Aquello que el horazeriano Tulio Mora dice sobre Mario Santiago, “el más renovador poeta mexicano de la segunda mitad del siglo xx”, puede revisarse a la luz de Poesía en movimiento. México, 1916-1966, editada por Octavio Paz, Alí Chumacero, José Emilio Pacheco y Homero Aridjis, quienes trabajan en la cúspide del sistema literario. Es necesario repasar las posturas de los enemigos para recobrar los  trayectos de quien no es un ente que cae de la nada, sino una voz que emerge de las dicciones y contradicciones, de la dialéctica de la historia de su lengua y de su ámbito. Aunque también hay coincidencias con Consejos de un 1 discípulo de Marx a 1 fanático de Heidegger, es Sueño sin fin (escrito en 1977 y publicado recién en 2012, en Barcelona) el poema a través del cual conecta con el solitario Manuel Maples Arce, artífice del estridentismo, primera vanguardia de México. Lo que ahora a un lector le puede parecer pasado rico y perdido, está en el presente de la poesía de Mario Santiago Papasquiaro como lo estuvo para Maples Arce, con su precepto: “Vivir emocionalmente. Palpitar con la hélice del tiempo. Ponerse en marcha hacia el futuro”, según uno de los puntos del “manifiesto estridentista” firmado en Puebla en 1923. A Mario Santiago podría aplicarse (sobre todo entre pacianos) lo que Octavio Paz escribió sobre Maples Arce: “nos ha dejado algunos poemas que me impresionan por la velocidad del lenguaje, la pasión y el valiente descaro de las imágenes. Imposible desdeñarlo, como fue la moda hasta hace poco”. Este comentario es parte del prólogo a Poesía en movimiento, que quiere hacer la “trayectoria de la modernidad en México” y que no tiene una continuación de su altura y su preponderancia. El prólogo de Paz está firmado en un año que tuvo buenas noticias para la “tradición de la ruptura”, 1966. Para empezar, le dan el premio mayor a Enrique Lihn en La Habana y se publica Poesía de paso. Volver a la antología que Paz presentó y discutió no tiene el propósito de provocar a los fieles de Mario Santiago ni a todo aquel que sufrió el desplante del intelectual que recortaba la historia y se resistía a lo contemporáneo. Por el contrario, la comparación pretende dar una muy amplia perspectiva de quien lo leía todo y era capaz de dar sentido y escribir (es el centro estridente de Consejos…). “No hay angustia ahistórica”, no hay poesía al margen de la continuidad de espíritu que está en la tradición. Paz había establecido el punto: Maples Arce llega con el golpe del estridentismo, y por confrontación, hasta Xavier Villaurrutia y Gilberto Owen, Carlos Pellicer, Salvador Novo y José Gorostiza, a quienes Santiago (en sus síntesis brutales) había leído con apropiación antropofágica. Hay casos dentro de su obra que hacen converger un punto lejano con otro improbable y distante. Sobresale la lectura de “Never ever”, poema en el que Novo trabaja un verso dilatado. Si bien la música se basa en períodos más largos que aquellos que eran del gusto de Mario  Santiago, tienen en común el “poner a dique a la criminalidad ambiente”, que se traduce a una libertad rítmica. Con Gorostiza sólo existen contradicciones (aquel podría ser visto como un fanático de Heidegger), pero el desenlace de Muerte sin fin, en el que Paz observa que la poesía “se fue efectivamente al diablo: se volvió callejera”, abre el camino a expresiones desconocidas hasta entonces en México. Que a su vez Mario Santiago confronte su título Sueño sin fin con el clásico de Gorostiza, como señala Bruno Montané en el prólogo a la edición del poema, lleva las tensiones otra vez a la “tradición de la ruptura”. La precariedad de circulación que tuvo hasta 2008, fecha de publicación de la antología Jeta de santo, tanto el poema de Mario Santiago que nos trajo hasta aquí como en general su poesía, es un signo del desastre en que cayó la suerte del rebelde. Que la poesía se vuelva callejera ya en 1939, con el desenlace de Gorostiza, y que poco después sea Efraín Huerta “el primero en sacar partido de la nueva situación” (Paz dixit), debe considerarse como el origen de una historia que acaba en la irrupción, de perfil bajo, de Mario Santiago en el frente cultural de su ámbito. Paz reprobó —siempre en el prólogo de Poesía en movimiento—, a razón de “desafortunados poemas ‘políticos’”, a quien sería llamado “Infraín” por el propio Santiago y sus camaradas infras, que reivindicaban y practicaban la poesía de la calle (escribir, caminar), una desconocida psicogeografía del DF, un situacionismo mexicano. Efraín Huerta es un antecedente cuya afinidad, en la escritura, es más pesada y sugestiva para Mario Santiago que la que tuvo con José Revueltas. Con Efraín se reúne lo “antipoético”, lo rebelde y lo sutil de la observación mundana. “Revolucionario a veces, siempre desesperado, Huerta no concede cuartel a su convicción de proyectar su protesta en todo lo que toca. Pero si en esto estriba su originalidad, también ha de observarse que su espíritu, así se muestre nutrido de violencia, se sustenta en un amor por sus semejantes que impregna toda su poesía”. Así como más arriba se supuso intercambiable con Mario Santiago lo que Paz consideró de Maples Arce, aquí —en esta ficha anónima de Poesía en movimiento— lo es con Huerta. El poema “Declaración de odio”, de Los hombres del alba (1944), adelanta algunas funciones estructurales de Consejos de 1 discípulo de Marx a 1 fanático de Heidegger, así el uso de la conjunción dentro de los esquemas rítmicos, en los “montajes” y en las anáforas. Donde Huerta interpone una ciudad concreta, Mario Santiago se pasea por una ciudad indefinida, por una construcción en el tiempo y en los nervios de quien  recorre sus propias impresiones. Pero es la pausa de Huerta lo que planta una distancia con respecto a Consejos…. A la luz de la escritura-taladro de Mario Santiago, ante su velocidad, la poesía de Efraín parece la de un anciano que recorre un parque. Pero hay impulso original, en ambos, que está en la composición sonora, una cualidad menos advertida que la de “revolucionario desesperado” que hace parientes a uno con otro. La frondosidad de la poesía escrita en México, con su “tradición de la ruptura”, continuó después de 1966 aunque Paz le interpusiera todo el peso de su negación. Había tenido reservas ya, en el orden de la polémica, con los jóvenes de La espiga amotinada (1960), entre los que se encontraban el maestro del taller de Mario Santiago, Juan Bañuelos, y Jaime Augusto Shelley, representante de la “tradición de la aventura”, según lo presenta la ficha de autor de Poesía en movimiento, probablemente escrita por José Emilio Pacheco. Consejos de 1 discípulo de Marx a 1 fanático de Heidegger tiene, por ejemplo, una deuda con “Occidental saxo” de Shelley, quien traduce a su manera algunos aspectos del estridentismo y se hace parte del sacudón anglo que sería moneda corriente a través de El Corno Emplumado. Al igual que los poetas más inquietos de la generación anterior a la suya, la discordia de Santiago con Paz, que era quien ataba los cabos de la poesía, es política: aquel denunciaba “los necios preceptos del ‘realismo socialista’” y descreía en la poesía como factor de cambio en la sociedad (“Esta pretensión, en la segunda mitad del siglo xx, puede hacer sonreír”). Claro que todo se estrelló contra el muro de la historia. Aunque con el tiempo la poesía se vino abajo y su lectura no sale de la cárcel de lo efímero. Cuando Santiago hace suya la tradición de la ruptura y radicaliza líneas que se mantenían vivas en México, con una mezcla de voces que bajaban del otro lado del Río Bravo, no hay pensamiento que trate con la escritura, la materia y la forma, y dé lugar a lo que desprende de Maples Arce vía el grupo de Contemporáneos y luego se esparce en la neovanguardia. La confrontación previa a Consejos de 1 discípulo de Marx…, en el inicio, se da expresamente con Bañuelos, a quien Santiago hace pasar a la galería de poetas perdidos como un maestro ingenuo. Si se leen los poemas del encargado del taller, capaz de hablar de las visiones de William Blake, ralentizado en su prosodia, exclamativo, cercano a una ridícula exposición de la mitología clásica, la diferencia está en que apuesta al énfasis dentro del texto, en la escritura,  cuando su alumno lo hace afuera, no en la página sino en el espacio donde el poema tiene efecto. Si aquel es “el Trueno”, en el forzado sistema de signos en el que Paz lo coloca, Mario Santiago es la tormenta que se desata bajo el mismo cielo. El comienzo mítico de Mario Santiago es el de un francotirador de extraña e inadvertida puntería. Sería tosco, ante sus poemas, creer que era su lado de crítico agresor lo único que mantenía viva su figura de poeta. No puede ser sólo la rebeldía (que está en su generación, en su tiempo) la única marca de fábrica. Más allá del “terrorismo cultural”, Mario Santiago es renovador por lo que creó con los recursos del lenguaje: un poema de percusión ligada a un ritmo vocálico tenso en las esdrújulas, un tipo de texto cinético cercano a la action painting. Como conocía bien las potencias de la lengua, tenía conciencia de lo que significa transfigurar la realidad y revelarla “en su desollada quintaesencia”. En 1975 domina un ritmo doble: el del sonido y el de la imagen, que funde en secuencias de estrofas de largo aliento, en el máximo que permite el idioma. “Lee las vocales de unos de sus poemas, lo que a él le interesa es ese ritmo encadenado y vocálico, esos cinco fonemas que le dan forma a sus poemas”, dice Leo Eduardo Mendoza en la introducción a una entrevista escrita que se publicó en El Universal, en 1996, tras la publicación de los poemas reunidos en Aullido de cisne. Después de 20 años de Consejos de 1 discípulo de Marx a 1 fanático de Heidegger la expresión se mantenía intocada. Habían pasado más de dos décadas desde su primer “aullido”, del origen de la temperatura corporal, de la voz restallante de un poeta que no da otro consejo que su propio ejemplo, su vocación que tiende a la belleza “radicalizada”, a la pérdida pues, al desastre, a la derrota. Conceptualmente, el título Aullido de cisne, final, sobrevuela su poesía de una manera enigmática y es una posición perspicaz en el interior de las tradiciones poéticas que pueden reunirse, para empezar, de manera limitada, en los cada vez menos audibles cisnes de Baudelaire, de Yeats y de Darío. Qué es el aullido sino la voz que sigue al dolor y acaso precede a la agonía, ahora del cisne, de aquel ideal de belleza al que el epígrafe de Consejos… le escribe su epitafio, con “Bucolics” de W. H. Auden: “También es hora de recordar que nada / es bello, ni siquiera en Poesía, que no es el caso”. Qué fue del arte y la vida, del sentido de la historia, del canto y la belleza. La “poesía en movimiento” se estancó hace décadas. Mario Santiago, entre 100 los últimos, le dio a la ruptura un color de apocalipsis. En su ley integra la banda de los postergados porque todo fue para los poetas, desde el tiempo del infrarrealismo, postergación y derrota. ¿Ahora dónde están, qué es lo que queda? Aunque se dejen ver, algunos, y levanten su murmullo, como en el poema de Lee Masters “Todos, todos están durmiendo, durmiendo, durmiendo en la colina”.

Domingo, 13 Enero 2019 05:57

ALCOBA / Víctor Manuel Pazarín /

 

 

 

ALCOBA

Víctor Manuel Pazarín

 

 

He venido aquí a ciegas.

La luz de mi cuerpo ilumina la alcoba, describe a la perfección las formas de las carnes y yo soy carne. Acabo de estar sobre el piso y de las rodillas del muchacho ha surgido la sangre: la sangre me gusta, su derramado líquido me atrae. Despedazada luz la de la sangre: de las articulaciones brota como un signo: lo sé porque he venido yo también de hinojos, he entrado a la habitación vacía y mi ser la entibió, porque los cuerpos se incendian en la compartición.

Vengo de permitirme; provengo del placer; camino al goce.

Bajo la luz del foco he estado desnuda.

Su luz cegó mis ojos; los cerré pero la purpurada imagen permanece dentro de mí, es como si hubiera tenido una premonición, porque después de ofrecerme al placer del muchacho, sus rodillas se mancharon de sangre, y esa mácula iridiscente ha despertado mi interés: es como si mis ojos se hubieran encontrado, de pronto, con un signo, pero no entiendo el significado.

Vengo de la luz, y vuelvo hacia ella.

 

No sé hace cuánto tiempo llegué a este pueblo.

Bajo las arboledas, en la plaza grande, vendo mi cuerpo: me ofrezco al mejor postor; digo a los hombres que pasan mis gustos y despierto sus apetitos.

Le he descrito al muchacho, alguna vez en el jardín, el repertorio de placeres, de disipaciones, de perversiones de las que soy capaz.

—Me gusta que me den por atrás...

Pero él, esa ocasión, mostró su clara sonrisa.

—Te dejo que la metas por donde orino...

No dijo nada.

—Vamos al hotel de aquí cerca y te daré lo que quieras, te permitiré hacerme lo que se te antoje.

Mas se ha reído. Luego se alejó, quizás porque al otro lado de la plaza estaban dos hombres que me han disfrutado ya.

Esta noche lo encuentro: venimos del cuarto contiguo de ofrecernos placer.

 

 

Mi nombre es Celia —digo.

La alcoba se llena de miradas.

Hace un instante me entregué a este otro muchacho; ahora les pido que no me dejen descansar; quiero seguir: ahora corresponde al joven moreno entrar en mí. Me ofrecen agua, pero yo deseo continuar. Luego le corresponderá al niño, que apenas tiene once años y me mira desde el fondo de su ser.

¿Hace cuánto llegué a este pueblo?

 

 

Me han pedido que baile; yo cumplo sus deseos.

Hace un instante estuve en el placer: uno de los muchachos, que es casado, ha logrado en mí un amplio y fino orgasmo. Lo he sentido venir como vino la luz a mis ojos y me he quedado ciega.

Sin la luz de la mirada recibo al niño: me hurga, me humedece los labios vaginales; entra su mano hasta encontrar la más profunda intimidad. Me han disfrutado muchos hombres, pero esta es la primera vez que un niño se deleita con mi cuerpo. Entra hasta el fondo.

Cierro los ojos: la purpurada sangre del muchacho, que destrozó sus rodillas en el improvisado lecho, me llama.

Su sangre me atrae; es mi deleite.

Me incorporo. Me mira el muchacho de pie.

Me derribo ante él.

Beso su sangre.

Publicado en NARVÍBOROS(Narrativa)

 

 

 

 

Mi triste canción [para JF]

Rocío Prieto Valdivia

 

 

 

 

Sin pensar me enamoré;

De tus gestos al hablar.

De tus risas.

De tus manos.

De lo mucho que amas

la poesía y los cuentos locos de tus viajes.

De esa figura que has perdido.

Y De la juventud que ha quedado atrás.

Y volví a sonreír sin darme cuenta,

amar sin saber que era de ti,

de todos los momentos y de cada uno de los silencios.

Pero tú de mí no.

Tú sigues pensando en esa

que hace heridas a tu corazón

Y me llené de rabia al escribirte está triste canción.

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)

 

 

VINCENT CALVET

Traducción de Miguel Ángel Real

 

 

In memoriam Mahmoud Darwich

 

La tierra era tu sangre

una tierra demasiado estrecha

para ti

para un pueblo de fantasmas

 

Un recuerdo de infancia

cuando huías bajo las balas de los Amos

a través de los olivares alumbrados por una luna de leche

dejando tras de ti todo lo que tus antepasados

pacientemente habían construido

con el sudor de su frente

con sus manos callosas de campesinos

 

Y cuando volviste

el pueblo había desaparecido

arrasado por los bulldozers

de los hombres del Arca

sólo quedaba esa misma luna de leche y algunos árboles pelados

y la misma tierra polvorienta que es tu sangre

 

Este poema que de niño habías escrito

con tu tinta azul de colegial

con tu propia sangre

para decir el sufrimiento de tus padres

quedó inmediatamente prohibido

por los hombres de la Opresión

de la antigua Alianza

 

Los que fueron perseguidos

se volvieron perseguidores

hablaban una lengua bíblica

una lengua de hierrro y de fuego

y de bombardeos de fósforo

que hendía el tronco del árbol con la espada

ese roble milenario a la entrada del pueblo tuyo

 

Un hombre nació en Belén

entre el buey y el asno

entró en Jerusalén

caminó sobre ramos de olivo

llevó la Cruz

murió entre dos ladrones

coronado de espinas

llevaba un mensaje universal

que ellos no querían

lo que querían era verle hervir en el Infierno

en una marmita de excrementos

 

Tú que fuiste el testigo de todas las revueltas

de todas las derrotas

la guerra de las piedras

Sabra y Chatila

Kipur y los Seis Días

el asesinato de Rabín ese hombre santo

llevabas en tus versos una Esperanza sin freno

una Esperanza que no acabará nunca

mientras corra la sangre por las venas

de aquéllos que tienen la Justicia por bandera

el olor de los jasmines pegado al cuerpo y la hermosa luz

de Galilea en las mañanas de primavera

en los campos de Cisjordania mortalmente dividida

 

Te encarcelaron para que callaras

pero nunca callaste

no nunca

(¡no se hace callar al poeta!)

el poema nunca calla

que borbotea en las venas de sombra

que viene del sol

que viene de la tierra de los antepasados

que vuelve al Mar

el Mar que lleva sus barcas

cargadas de peces dorados

el Mar que canta a la Vida

 

Aquéllos que la Guerra mutiló

aquéllos que la Opresión hizo callar

aquéllos que la Noche nunca abandonó

con sus miles de millones de estrellas rutilantes

aquéllos que tienen la Justicia consigo

aquéllos que tienen el Derecho de su parte

aquéllos que están listos a verter su sangre

para encontrar sus techos y sus campos de centeno

oh

Palestina bien amada

te quiero

a ti

a quien tan bien cantó el poeta Darwich

los ángeles no te abandonarán

sobrevivirás a través de las cenizas

como el fénix de la leyenda.

 

 

Sacado  de la antología colectiva Requiem pour Gaza,

que será publicado por Color Gang en 2019.

 

 

 

Machado duerme en Collioure

 

Tres pasos te bastaron

fuera de España

y aquí estás Antonio descansando

al lado de tu madre tan piadosa

en este cementerio oloroso y tranquilo

bajo las hojas tiernas de los plátanos

donde acudí con el corazón abierto a cuchillo

un día de fuerte tramontana

en invierno

y de sol crudo y caprichoso

con mi propia madre que me hablaba con dulzura

para que juntos recordásemos

a mi abuela que también venía de España

pero que a penas sabía leer ni escribir

y que limpiaba casas en Carcassonne

para criar a sus cinco hijos

 

Las barcas duermen como ángeles

de alas enjarciadas y blancas

barcas multicolores como alegría

de vivir

estamos aquí en país catalán

andamos por las calles de Collioure

llenas de turistas que comen helados

entre olores de anchoas y de vino de Banyuls

recuerdo un poema tuyo que me recitaba

mi abuelo cuando yo era adolescente

en esta lengua castellana oh cómo me acuerdo

hablaba de un niño que soñaba con un caballo

de cartón

y luego del amor y de la muerte

esa parábola filosófica la guardaré

en un rincón de mi memoria

y las palabras que cantan son las tuyas Antonio.

 

Antonio nnunca has estado tan vivo

como en este día de marejada

aquí al borde

de la costa del Mediterráneo

cuando escribo este poema sobre tu tumba

y hace sol

y las palabras se acumulan en mi cabeza

que está llena de poesía y de fe

explotan como un tapón de champán

entre los coloridos múltiples de las banderas

que decoran la tapia de piedras secas

contra la que tu cuerpo descansa

tranquilo

lejos del Duero de tu Castilla y de tus campos

de sus campesinos laboriosos y sus asesinos de leyenda

lejos de las extensiones de olivares y encinas

de la provincia de Soria que hizo tu leyenda.

 

Machado duerme en Collioure...

 

 

Inédito

 

 

 

 

VINCENT CALVET

 

In mémoriam Mahmoud Darwich

 

 

 

La terre était ton sang

une terre trop étroite

pour toi

pour un peuple de fantômes

 

Un souvenir d'enfance

quand tu fuyais sous les balles des Maîtres

à travers les oliveraies éclairées par une lune de lait

laissant derrière toi tout ce que tes ancêtres

avaient patiemment construit

à la sueur de leur front

avec leurs mains calleuses de paysans

 

Et quand tu es revenu

le village avait disparu

rasé par les bulldozers

des hommes de l'Arche

il ne restait que cette même lune de lait et quelques arbres chenus

et la même terre poussiéreuse qui est ton sang

 

Ce poème que tu avais écrit enfant

avec ton encre bleue d'écolier

avec ton propre sang

pour dire la souffrance de tes pères

fut immédiatement interdit

par les hommes de l'Oppression

de l'ancienne Alliance

 

Ceux qui furent persécutés

devinrent des persécuteurs

ils parlaient une langue biblique

une langue de fer et de feu

et de bombardements au phosphore

fendant le tronc de l'arbre avec le glaive

ce chêne millénaire à l'entrée du village tien

 

Un homme est né à Bethléem

entre le bœuf et l'âne

il est entré dans Jérusalem

il a marché sur des rameaux d'olivier

il a porté la Croix

il est mort entre deux brigands

couronné d'épines

il portait un message universel

dont eux ne voulaient pas

eux qui voulaient le voir bouillir en Enfer

dans une marmite d'excréments

 

Toi qui fus le témoin de toutes les révoltes

de toutes les défaites

la guerre des pierres

Sabra et Chatila

Kippour et les Six Jours

l'assassinat de Rabin ce saint homme

tu portais dans tes vers un Espoir sans frein

un Espoir qui ne finirait jamais

tant que coulera le sang dans les veines

de ceux qui ont la Justice pour bannière

l'odeur des jasmins collée au corps et la belle lumière

de Galilée dans les matins de printemps

dans les campagnes de la Cisjordanie mortellement morcelée

 

Ils t'ont mis en prison pour que tu te taises

mais toi jamais tu ne t'es tu

non jamais

(on ne fait pas taire le poète !)

le poème ne se tait jamais

qui bouillonne dans les veines d'ombre

qui vient du soleil

qui vient de la terre des ancêtres

qui retourne à la Mer

la Mer qui porte ses barques

lourdes de poissons dorés

la Mer qui chante la Vie

 

Ceux que la Guerre a mutilés

ceux que l'Oppression a fait taire

ceux que la Nuit n'a jamais abandonnés

avec ses milliards d'étoiles rutilantes

ceux qui ont la Justice pour eux

ceux qui ont le Droit de leur côté

ceux qui sont prêts à verser leur sang

pour retrouver leurs toits et leurs champs de seigle

ô

Palestine bien aimée

je t'aime

toi

si bien chantée par le poète Darwich

les anges ne t'abandonneront pas

tu survivras à travers les cendres

comme le phénix de la légende.

 

Extrait de l'anthologie collective Requiem pour Gaza, à paraître Color Gang 2019.

 

 

 

Machado dort à Collioure

 

Trois pas te suffirent

hors d'Espagne

et te voilà Antonio reposant

aux côtés de ta mère très pieuse

dans ce cimetière calme et odorant

sous les feuillages tendres des platanes

où je me suis rendu le cœur ouvert au couteau

par un jour de forte tramontane

en hiver

et de soleil cru et fantasque

avec ma propre mère qui me parlait doucement

pour que nous nous souvenions ensemble

de mon aïeule qui venait d'Espagne elle aussi

mais qui savait à peine lire et écrire

et qui faisait des ménages à Carcassonne

pour élever ses cinq enfants.

 

Les barques dorment comme des anges

aux ailes gréées et blanches

des barques multicolores comme joie

de vivre

nous sommes ici en pays catalan

nous marchons dans les rues de Collioure

pleines de touristes qui mangent des glaces

dans le parfum des anchois et du vin de Banyuls

un poème de toi me revient que me récitait

mon grand-père quand j'étais adolescent

dans cette langue castillane ô je me souviens

il parlait d'un enfant qui rêvait d'un cheval

en carton

puis de l'amour et de la mort

cette parabole philosophique me restera

dans un coin de la mémoire

et les mot qui chantent ce sont les tiens Antonio.

 

Antonio tu n'es jamais aussi vivant

qu'en ce jour de mer agitée

ici au bord

de la côté Méditerranée

quand j'écris ce poème sur ta tombe

et qu'il fait soleil

et que les mots s'accumulent dans ma tête

qui est pleine de poésie et de foi

ils explosent comme un bouchon de champagne

parmi les multiples colorations des drapeaux

qui décorent le muret de pierres sèches

contre lequel ton corps repose

tranquille

loin du Douro loin de ta Castille et de ses champs

de ses paysans besogneux et des assassins de légende

loin des étendues d'oliviers et de chênes verts

de la province de Soria qui a fait ta légende.

 

Machado dort à Collioure...

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