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La Piraña - Elementos filtrados por fecha: Noviembre 2018

 

 

 

Mi Matamoros querido ¿qué te ha pasado?

Adán Echeverría

 

 

Mi Matamoros querido ¿qué te ha pasado?

Dr. I:

Hola. Espero se encuentre bien de salud.

Por ahora no tengo teléfono celular, y seguimos escondidos en un hotel a las afueras de la ciudad, en la salida de la ciudad rumbo a Victoria. No sé qué está pasando y estoy terriblemente golpeado.

Te cuento:

A las 8.00 de la mañana, del jueves 25 de octubre de 2018, mientras estaba esperando para abordar la pesera (camión), junto con mi esposa, mi hijo de 1 año, y nuestra perra, justo en la esquina de la Avenida Lauro Villar; del lado de la escarpa a las afueras de la clínica del Seguro Social sucedió. Abordé el camión, y de inmediato me percaté que, desde la escarpa, mi esposa me llamaba a gritos, pidiéndome que me bajara. Detuve al camionero y me bajé inmediatamente de la pesera, mientras mi esposa me gritaba que habían atropellado a nuestra perrita. Corrí entre los automóviles que se habían detenido, y tomé a la perra entre mis brazos, la recogí de en medio de la calle; caminé hacia mi esposa y mi hijo, y una joven mujer, muy amable, se acercó a ayudarnos, se ofreció para llevar a la perra con un veterinario.

Abordamos su camioneta; íbamos la mujer, mi familia y yo, aún con la perra entre los brazos. Ella temblaba, tenía los ojos abiertos, y los músculos de las cuatro patas tensos, demasiado tensos. Yo iba hablándole quedito, y besándole la cabeza, acariciándola para que se calmara. Avanzamos unas cinco cuadras sobre la misma Avenida Lauro Villar, y justo en la esquina donde se encuentra una gasolinera, doblamos a la izquierda para llegar a la clínica.

El médico atendió a la perrita, estaba solamente asustada por el suceso, pero fuera de peligro. Luego de haberla atendido, nos regresamos caminando hacia la casa. Para ello tuvimos que cruzar la Avenida Lauro Villar, y caminar por la entrada del Coppel, el Soriana, en la puerta de las salas de Cinépolis, y cruzar el amplio estacionamiento, hasta llegar a la Avenida División del Norte. Cruzamos la avenida, pues como la perra estaba lastimada, decidí acompañar a mi esposa e hijo, junto con la perra lastimada y asustada, por lo menos encaminarlos hacia la casa.

Atravesamos la avenida División del Norte, para entrar por una calle del fraccionamiento Fresnos, y caminar hacia nuestra casa en el fraccionamiento Las Arboledas. Como tenía que alcanzar a llegar a la Universidad, porque tenía que acudir a impartir una conferencia a las 10 de la mañana, y al medio día, participar en una reunión a la que el rector había convocado, para hablar sobre la maestría en ciencias en la que yo estoy dando clases; así que me despedí de mi familia luego de haberlos encaminadp, y regresé a tomar de nuevo la pesera para ir hacia la universidad donde laboro, que se encuentra al otro lado de la ciudad de Matamoros, Tamaulipas, como usted recuerda.

Caminé de nuevo por el estacionamiento del Soriana de la Lauro Villar, y en la puerta de la tienda Coppel  me abordaron dos sujetos, cerrándome el paso. Uno cargaba un bate de béisbol, era moreno, poco más alto que yo, delgado, de cara redonda, llevaba un pasamontañas, pero lo traía levantado como si llevara solo puesto un gorro de color negro. Abrió su chaqueta y me enseñó el bate que llevaba en la mano derecha. El otro era de piel blanca y cabello amarrillo, traía barba crecida rubia, y tenía los ojos verdes, él fue quien hablaba, llevaba un arma, y me pidió acompañarlos sin oponer resitencia, porque lastimarían a mi esposa e hijo.

Me subieron a un carro, me pasearon por varias calles, me quitaron el celular, la computadora, mis memorias usb, mi cédula profesional (¡qué ladrón se lleva tu cédula profesional!); tres horas y media después cuando me liberaron, me devolvieron mi cartera y mis tarjetas. En la cartera no tenía ni un solo peso, pues justo antes de que me atraparan estaba hablando por el teléfono móvil con una maestra, que es mi alumna de literatura, y le estaba explicando la situación del atropellamiento de mi perra, para que me depositara 1200 pesos, y así poder pasar a pagarle al veterinario que nos la había atendido; el dinero me lo iba a dar por concepto de un libro que le estoy haciendo; pero los sujetos me quitaron el celular, justo cuando hablaba con ella.

Los comentarios de los sujetos, al abordarme y durante todo el trayecto, fueron que yo me había metido con una mujer y le había faltado al respeto, y que ella pidió que me presentaran, para matarme o para hacer que de manera inmediata me fuera de Matamoros. “Nosotros tenemos orden de levantarte, tomarte fotos, mandárselas, y ella y nuestro jefe decidirán qué cosa haremos contigo”.

Huelga decir que yo llegué a Matamoros invitado por una mujer para trabajar en un centro de investigación, que está siendo financiado por el consejo nacional de ciencia y tecnología (conacyt), y que esta mujer me pidió dejar mi lugar de residencia, donde tenía trabajo, y venir a Matamoros, con la finalidad de que yo ocupara una plaza de investigador que ella me ofrecía. Fue justo éso lo que me ofreció.

Llegué a Matamoros en el mes de julio. Y desde mi llegada, ella (esta mujer que dijeron dio orden de golpearme), decidió que yo me integrara al Núcleo Académico Básico de la Maestría que comienza a desarrollarse en el centro de investigación. Pero desde ese mismo mes comenzaron a ocurrir sucesos que me parecían extraños respecto del comportamiento y liderazgo de dicha mujer (que pertenece al Sistema Nacional de Investigadores y es SNI Nivel 1):

En primer lugar, no me ofreció una plaza como había dicho, sino apenas un contrato por tres meses, por lo cual me trajo a Matamoros con mentiras. Yo había dejado todo para trabajar en la plaza que me ofreciera, pero no había tal plaza.

Luego ella, en reuniones hablaba de las golpizas que habían sufrido algunos otros doctores antes de que yo llegara a Matamoros. Incluso, en el informe de la tercera etapa del proyecto, que entregó al conacyt, en el Apartado de Riesgos a Futuro, esta mujer señala: “En realidad existe el riesgo constante y latente de la integridad física de los recursos humanos comprometidos en el Proyecto. La situación de inseguridad ha provocado bajas en el personal por situaciones de 1 levantamiento a uno de los investigadores, 3 situaciones de asaltos a tres investigadores más. Dentro de los terrenos de la Universidad se han vivido 2 persecuciones y balaceras, esta situación ha mermado el rendimiento y la estabilidad de los investigadores.”

Lo cual, ha todas luces, se nota que es una forma de querer culpar a la ciudad y la zona de Tamaulipas, de todo aquello que le ocurre al personal que trabaja con ella. Pero es muy interesante que no le ocurre al resto del plantel que trabaja en el centro de investigación, ni le ocurre a ella. Tampoco le ocurre a todos los otros profesores que trabajan en la universidad. Sino que solamente le ocurre a los doctores y doctoras que trabajan con esta mujer. Doctores y doctoras que esta misma mujer hace que lleguen a Matamoros, a los que luego busca desprestigiar y lastimar, con el fin de que se vayan de la ciudad, y con el fin de decirle al conacyt, que todo lo que no logra cumplir, es por cosas ajenas, y de violencia, en el que ella tiene que trabajar. A aquellos doctores la habían acusado de pertenecer al grupo delincuencial de la ciudad. Pero esta mujer, lo contaba en reunions como si se tratara de una broma,  y se reía, haciendo sus cómplices a todo el personal de ingenieros, y bachilleres que trabajan con ella, y a quiens les dice que ella es quien les paga.

Toda vez que no se le ha podido probar nada a ella, los doctores se han ido, las doctoras se han ido igual, unos golpeados, ellas desacreditadas, acusadas de infidelidades, cuando nada de eso ocurre.

Los sujetos que me levantaron me estuvieron paseando por la ciudad, yo no sabía dónde estaba, pero me di cuenta que me sacaron de la ciudad. Les pregunté si me matarían, y ellos me golpeaban. Escuchaba y me daba cuenta de que dejamos atrás la ciudad, se metieron en brechas fuera del camino, me llevaron a una bodega, donde me bajaron a golpes, me pusieron un sweter en los ojos para que yo no viera donde estaba, y me llevaron atrás del automóvil. De pie, me hicieron poner mi frente en la cajuela del auto, extender las manos, y me golpearon salvajemente con un bate, y a golpes y patadas, la espalda, la nuca, los glúteos, las piernas, los muslos, y las costillas. Me desmayé del dolor, y caí al suelo.

Siguieron golpeándome, y me sacudieron para despertarme. Uno de ellos a cada rato decía que tenían que matarme, y me puso una pistola en la cabeza; hablaron por el teléfono móvil con una mujer, le enviaron fotos de mí antes de golpearme y después de golpearme. Se tomaron fotos abrazándome, como si yo golpeado fuera motivo de orgullo para ellos. Así estuve, amarrado mientras ellos estuvieron golpeándome. Me tomaron videos, y se los enviaban a su contacto. Sacaron mi celular, estuvieron revisando mis contactos, revisando mis fotos, donde tenía imágenes de mis hijos, hablando de las fotos de las chicas que tengo de contacto.

Me pidieron la clave de mi computadora, se llevaron mis memorias usb. Dijeron que si aquel que los había enviado encontraba algo que fuera comprometedor, me matarían y estaban esperando órdenes. Volvimos al auto y seguimos andando por la carretera, me di cuenta por el ruido del tráfico que iba haciéndose espaciado en el paso de carros o camiones, y porque dejó de escucharse el barullo de las personas, y por esos ruidos, igual pude darme cuenta que volvíamos a la ciudad. Me llevaron a casa de alguien, entramos en un garaje, uno de ellos se bajó con mis cosas y las entregó. Volvieron al auto y seguimos dando vueltas.

Les volví a preguntar si iban a matarme, pero ellos en respuesta me pegaban e insultaban. Dijeron que ellos harían lo que les ordenaran hacer. Que yo ya estaba viejo y que ya había vivido demasiado para andar preocupándome.

“Con alguien te metiste, a alguien le faltaste al respeto, y por eso te agarramos, así que tú sabes bien lo que hiciste. Ésa persona no quiere verte en Matamoros, así que te conviene ir y pedir dinero, consigue dinero, y yo te recomiendo que te vayas de Matamoros, pero hoy mismo.”

Me dijeron que tenían a una de mis compañeras.

Me mostraron la foto de una mujer que estaba golpeadísima, y me decían: “Es tu amiga, tú sabes quién es, mira como la han puesto, en cambio a ti, apenas te dimos una paliza”.

Me dijeron luego: “Ya la libraste. Te vamos a llevar a la puerta de tu casa. Sabemos todo de ti –y me describieron el accidente de mi perrita, la ropa de mi esposa, el color de la ropa de mi hijo, la carreola; dijeron qué carros había estacionados cerca de mi casa-, si no te vas hoy, mañana volveremos por ti. Si vemos a la policía o al ejército rondando tu casa, vendremos por ti. No tienes escapatoria, porque te conocemos muy bien, porque sabemos todo de ti”.

Yo ya estaba enterado, como tú y todos en el centro de investigación, y enterados por la misma mujer-coordinadora, sobre que algunos decían que ella pertenecía a La Maña, al crimen organizado de Matamoros, y ella solo se reía, mientras lo contaba como si se tratara de un chiste.

Ahora comprendo que era una forma velada de amenazar.

Es sabido, y por ella misma que no para de decirlo, así como por otros trabajadores del centro, que dos doctores, Dr. E…, Dr B., e incluso tú, Dr I., que estaban en este centro de investigación antes que yo, acá en Matamoros, que igual fueron asaltados y golpeados en su momento, además de acosados por esta mujer-coordinadora que además trabaja en la universidad juarez del estado de durango.

Los que me atacaron sabían dónde vivía yo. Me dijeron exactamente todo lo que hice en la mañana, cómo estaba vestida mi esposa, que atropellaron a mi perra, que una enfermera nos llevó a un veterinario, que regresamos, que dejé a mi esposa, que en mi casa estaban otros compañeros de ellos esperándome, y que si encontraban cualquier rastro comprometedor en mi celular y en mi computadora portátil, entonces volverían por mí.

Tengo mucho miedo, no sé qué hacer, y hago responsable a quien dio esta orden (y a todos los que estén involucrados), de cualquier cosa que me pase a mi o a mi familia.

(He pasado ya los nombres de todos los que trabajan en el centro, a mis familiares y a mis amistades, así como a la prensa local y nacional, y a los contactos de las otras universidades donde he trabajado, para que los contacten a ustedes, para exigir una explicación que permita llegar a la justicia, si algo me pasara).

Quiero saber si aquellos que le brindan la oportunidad de trabajo a esta mujer, pretenden mantenerla en su puesto toda vez que su comportamiento como líder (ha contratado y despedido a más de 15 personas para el centro de investigación, en menos de un año, y a muchos de ellos los ha acosado laboralmente, difamado, desacreditado, acusado de robarse equipo, pero jamás presenta demandas por robo ni nada; solo dice todo esto una vez que los doctores y doctoras se han ido).

Estimado Dr, esto me pasó a mí, y ya le ha pasado a otros tres doctores más del centro de investigación; a dos doctoras que esta mujer ha corrido, las ha intentado desacreditar: diciendo que se robaron cosas, equipos, cables de los equipos científicos.

Esta mujer-coordinadora incluso ha enviado a sus sirvientes (los jóvenes que trabajan para ella), para que construyan historias respecto de mí, con tal de desacreditarme. Han ido a contar a otros que Yo fui agredido porque me metí en problemas con mis vecinos de Las Arboledas. En Matamoros, solo estamos mi esposa, mi hijo de un año y yo; ¿a quién acudir?

¿Acaso esperan que los que dieron la orden de golpearme hagan que les pase a otros doctores igual, para reaccionar, en Matamoros, en Durango, en Coahuila, sitios todos donde ella se desenvuelve?

Sé que la misma mujer que me ofreció trabajo es responsable de estas golpizas, pero no hay forma de probarlo aún.

Ayúdame, quien hizo esto es un sicópata, porque nada, ninguna razón hay para lo que hizo, tiene que ir a la cárcel, se le tiene que detener, y jamás debe estar a cargo de ningún grupo de investigación, deberían quitarle su licencia para ejercer como científica.

El jueves 25 de octubre era la auditoria de la maestría donde trabajo y solo no quisieron que yo llegara a la reunión.

He hablado con personal de la comisión de derechos humanos, y con organizaciones sociales que trabajan contra los secuestros, porque necesito protección para mí y mi familia.

Enviaron a golpearme y a amenazarme con matar a mi familia.

Ahora, pregúntate doctor: ¿si lo que me hicieron es algo que deseas les ocurra a otros doctores o a tu propia familia? ¿Acaso por una cuestión de diferencias en el trabajo, o porque te niegas a hacer bullyng a otros doctores, es justo que una persona te mande golpear? ¿o porque te das cuenta que los alumnos de la maestría no cumplen ni con el perfil para estudiar la maestría, y se les está dando becas y aprobando las materias, sin que tengan los méritos, porque la jefa así lo dispone, y tú te niegas a servir de comparsa, y acaso eso es motivo para que sufras un atentado?

¿Acaso alguna de estas ideas es motivo de que se de orden para que te asalten, golpeen o amenacen de muerte?

Publicado en NARVÍBOROS(Narrativa)

 

 

SIRENIDADES,

DE AGUSTÍN MONSREAL

UNA SIRENA PARA CADA QUIEN

Por Eduardo Cerecedo

 

                                                      

De momento, al instante nos damos cuenta que el autor de minucias literarias, es un hombre alegre, divertido, de buen humor, al menos eso desgajo de este reciente material literario cuyo tema son las sirenas en toda su amplitud. Eso pues, arranca la sorpresa dispuesta para, el que las quiera descubrir en esta voz festiva, lo haga y no se arrepienta de lo que se lee. Al contrario, recibirá una dosis de  júbilo en porción de distintas medidas de acuerdo a cada lector.

       Tengo en mis manos un libro pequeño que el mismo autor, tuvo a bien obsequiarme en la Feria nacional del libro en Tláhuac, 2018, CDMX, dedicada en su honor,  es decir,  un homenaje al autor nacido en Mérida, Yucatán en 1941. El título es Sirenidades, minificción se indica a manera de “ojo”. Pero el lector menos enterado se preguntará ¿qué es eso de minificción, micro relato, o cuento breve? Esas posibilidades de contenido abarca ese nuevo género literario. Pero veamos, que se entiende por minificción,  es un texto brevísimo cuyo eje céntrico es que el autor apuesta al golpe de ingenio, en primera instancia, surge la carcajada como respuesta a esa lectura, quien cuenta debe tener un humor corrosivo hacia sí mismo, es una literatura fractal, segmentada, donde esa carga de energía expresiva sea una explosión de alegría, tristeza, según convenga al autor; también el texto breve debe poseer las cualidades en las que,  el cuerpo verbal roce, coquetee con los límites del chiste, refrán, la fábula, el aforismo, el apotegma, la sentencia, el poema, la canción, el soneto, sin serlo, esa es una de las posibilidades de su contenido, además se mide por caracteres, cuya extensión lo hace más interesante, debido a que se reduce de manera importante, así el mensaje toma el colorido necesario para comunicar con menos palabras dicho contenido.

Así Agustín Monsreal bautiza su primer impacto con este minificción, cito:

 

¿Será que un hombre

rejuvenece diez años

cada vez que hace el amor

con una sirena?

 

La fuerza expresiva del texto ahí está a la vista de todos los lectores que quieran gozar las brevedades de este género literario. Veinte minificciones componen este libro también breve en su formato, mini libro para estar en equilibrio con lo que se dice, se expone en su interior. Del tamaño de una carta de baraja española.

 

Por quererte

de aquí hasta el sol,

Sirena,

ya me quemé.

 

A manera de dossier, el librito tiene un poema narrado, cuyos versos se pueden leer de arriba hacia abajo y viceversa, el texto parece no terminar, cuando llegas al verso final vuelve a empezar. Así son las brevedades de Agustín Monsreal, cuyos frutos literarios te cambian el estado de ánimo o lo que es peor, te vuelven cómplice de su literatura.

Agustín Monsreal, Sirenidades, Edición conmemorativa a sus 70 años, Cultur Servicios,  2011.

Publicado en Boca de río

 

 

 

Fotografía  ©Minor White

 

 

 

2 poemas de Jonatán Reyes (Puerto Rico, 1984) 

Traduction de Miguel Ángel Real 

 

 

 

 

 

SIGNO DE JULIO

 

la sed de julio fue un alivio

la bifurcación en el tiempo

donde la danza nunca ocurrió

la retrospectiva, la delicada arruga

como una orilla de un labio muerto

o de una ruina que crea una memoria

donde se forma otra raza de elementos

 

fingiendo una condición humana

en medio del efluvio de la ceniza

perdíamos la gracia y el verano

 

 

 

 

 

RESIDUOS

 

1.

soy borde / borde contra esquina

al ras de la grieta próxima

 

arista deforme por la sombra

espacio-nada / o / preparto

 

astillado como una escena

mi cuerpo el sopor de un recuerdo

 

 

2.

pero no decirlo en voz alta

que me escuchan los vecinos

y dirán que sigo aquí:

 

borde contra borde

vórtice de todo / al socaire

de la permanencia

 

entrando en fisuras transitorias

llegando a ninguna parte

naciendo / incansablemente

 

 

3.

ese día no nací / fue el otro

del otro año / quiero

decir / ese / pero al revés

 

hacia declive

o / bajo un eclipse enfermo

sobre una arena desplazada

 

mejor dicho / día de verano

 

 

4.

pero no / ese día no nací

fue alrededor de los vecinos

sobre una mesa de ping pong

debajo del sol de julio

 

allí estaba / memorizando

el vacilar de los reflejos sobre

las miradas inanimadas

 

y sentí el persistir del instante

la insistencia de la vida

 

 

5.

nací de una herida

la atravesé para salir

a la intemperie

 

 

6.

mi pierna izquierda fuera

mi pie rozando la superficie

 

una muchedumbre reunida

eufórica, mi cuerpo mudo

 

una luz asquerosa se mete

en todo lado / y desfigura

 

aún el mundo no es nada

 

 

8.

estoy presenciando el final de todo

¿eso me hace cómplice?

 

 

 

 

 

2 poemas de Jonatán Reyes (Puerto Rico, 1984)

Traduction de Miguel Ángel Real

 

 

SIGNE DE JUILLET

 

la soif de juillet fut un soulagement

la bifurcation dans le temps

où la danse n'eut jamais lieu

la rétrospective, la délicate ride

comme une rive d'une lèvre morte

ou d'une ruine qui crée une mémoire

où se forme une autre race d'éléments

 

en feignant une condition humaine

au milieu de l'effluve de la cendre

nous perdions la grâce et l'été

 

 

RESIDUS

 

1.

 

je suis rebord / rebord contre angle

au ras de la crevasse proche

 

arête difforme par l'ombre

espace-néant / ou / préaccouchement

fendu comme une scène

mon corps la somnolence d'un souvenir

 

2.

 

mais ne pas le dire à voix haute

car les voisins écoutent

et ils vont dire que je suis toujours là :

 

rebord contre rebord

vortex de tout / sous le vent

de la permanence

 

entrant dans des fissures transitoires

arrivant nulle part

naissant / inlassablement

 

 

3.

ce jour là je ne suis pas né / ce fut l'autre

de l'autre année / je veux

dire / celui-là / mais à l'envers

 

vers le déclin

ou / sous une éclipse malade

sur un sable déplacé

 

ou plutôt / jour d'été

 

4.

 

mais non / ce jour là je ne suis pas né

ce fut autour des voisins

sur une table de ping pong

sous le soleil de juillet

 

j'étais là / à mémoriser

l'hésitation des reflets sur

les regards inanimés

 

et j'ai ressenti la persistance de l'instant

l'insistance de la vie

 

 

5.

 

je suis né d'une blessure

je l'ai traversée pour sortir

à la belle étoile

 

 

6.

 

ma jambe gauche en dehors

mon pied frôlant la surface

 

une foule rassemblée

euphorique, mon corps muet

 

une lumière dégoûtante rentre

partout / et défigure

 

le monde n'est toujours rien

 

 

8.

 

j'assiste à la fin de tout

est-ce que je deviens un complice ?

 

la maldición del diluvio,

una historia sobre ciclones en cuba

Mauricio Escuela

 

 

“Todo estaba oscuro, ni un alma había en la calle, recuerdo que pasó un heladero muy tarde en la noche y debajo de la llovizna. Di tú, mira qué cosa más extraña”, así recuerda Pedro Miguel Mendoza aquel temporal de noviembre del año 1986, que arrasara la costa norte de Villa Clara, el mar entró hasta algunas de las vías principales de la ciudad de Caibarién, “aquello fue un diluvio, la Villa no volvió a ser la misma”.

El alma del huracán ha estado presente en el imaginario de los cubanos desde antes de la llegada del colonizador europeo, varias figuras de las artes han dedicado obras para hablar de la naturaleza terrible y enigmática de estos fenómenos: Casal, Heredia, Lezama Lima. Y es que las costas del mar Caribe no están jamás aseguradas contra los tentáculos de viento y las toneladas de agua, contra el terror, contra el misterio. Cuenta Mendoza que “dos días antes, un viejo pescador llamado Mariano me dijo que había capturado dos peces que no eran propios de la bahía de Caibarién, era un indicio de que había un trastorno en las corrientes marinas”. El temporal sorprendió a los caibarienenses, quienes no se esperaban la rudeza del golpe. “Por la tarde estuve en la casa de mi hermano, quien hace casquillos de voladores para las parrandas, y vi cómo el salitre y la humedad fastidiaron el papel con que se fabrican esos fuegos artificiales, porque el mar penetraba hora tras hora”, dice Mendoza mientras se persigna para que nunca más pase algo parecido por su amado pueblo.

 

Kate fue un fenómeno natural que devino en tormenta el 15 de noviembre de 1986 al este de las Bahamas, creció en intensidad hasta pasar por Cuba con categoría 2 y luego viró en dirección norte-noreste con rumbo a la Florida. A lo largo de su trayectoria por varios países mató quince personas y causó daños materiales calculados en 700 millones de dólares. A decir de los expertos, se trató de un huracán tardío, con un andar bastante errático e impredecible. “Según los partes, se pensaba que pasaría cerca de Cuba, pero el ciclón llegó a entrar por Caibarién, en plena noche, a robarnos las tranquilidad, yo recuerdo los cangrejos saliendo de los huecos de las calles y refugiándose en los portales, parece que hasta ellos tenían miedo”, dice también Mendoza que fue la madrugada más insegura que vivió, hasta que los partes oficializaron la llegada de Kate a través de la Villa Blanca. “Óigame, sentimos el choque del vórtice como si se chocara contra una pared de concreto, menos mal que una parte de mi casa era de placa y ahí nos metimos, porque los techos de cinc y de tejas volaron como Matías Pérez”.

Al día siguiente, la otrora ciudad próspera, llena de palacetes y de muelles, parecía condenada para siempre. “Hubo quien dijo que Caibarién no se levantaría jamás, fíjate con la fuerza que entró aquello que un barco de los que estaban en el refugio del puerto fue a dar a Cayo Conuco, a la cima misma del cayo, el viento lo puso allí”. Edificios emblemáticos desaparecieron, el mar entró hasta el centro de la ciudad junto con varios metros de grosor de algas marinas. “En la base de pesca (yo trabajaba allí) los barcos se fueron a la deriva, otros se hundieron, algunos cogieron por la calle Jiménez para arriba como perros por su casa, el mar acabó con todas las oficinas, nos montamos en un bote y salimos a la bahía, donde encontramos muebles, equipos electrodomésticos, animales muertos, todo mezclado, pero lo único que nos interesó fue una caja de salsa china intacta, así que estuve comiendo arroz frito mucho tiempo”, cuenta Mendoza que no hubo muertos, pero que la ciudad estuvo como detenida durante un par de meses, “la gente desde entonces le temió mucho a los ciclones”.

 

“Muchos vecinos nos pusimos a trabajar, hubo solidaridad, las casas de Caibarién eran y hoy todavía son de madera, imagínate que estamos hablando de un mar que tapó toda la parte costera de la ciudad y allí la gente a veces construye sobre pilotes, tú te parabas en la loma del pueblo y aquello no parecía un pueblo, es que la Villa está fundada sobre un terreno arenoso, inestable, que los arquitectos le robaron al mar”, aborda además Mendoza cómo el imaginario popular enseguida le endilgó una leyenda a lo sucedido con el huracán: “la gente empezó a acordarse de una gitana que pedía agua y nadie se la daba, y que por eso aquella mujer lanzó una maldición y dijo que algún día el agua iba a tapar a Caibarién”. Superstición o historia concreta, aquel ciclón quedó como una metáfora más acerca de un poder misterioso e impredecible.

“Los servicios de electricidad y de telefonía estaban en el suelo, mucha gente lo había perdido todo, yo recuerdo cómo la televisión captó la imagen de unos caibarienenses remando en un bote a través de la ciudad, aquello debió impactar a toda Cuba”, cuenta Mendoza que él ha leído la antigua prensa local y que no halló referencias a situaciones ni fenómenos tan fuertes como el Kate, por lo que la villa recibió un golpe sin precedentes. Todavía hoy, cada vez que algún ciclón se acerca a nuestro país, hay quien menciona aquel desastre y se habla de la leyenda de la gitana. Mendoza quien ama a Caibarién y tiene sus creencias, vuelve a persignarse.

Publicado en ISLA FABULANTE

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