Sábado, 17 Diciembre 2016 04:27

La posmodernidad y las letras líquidas

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La posmodernidad y las letras líquidas

Sergio García Díaz

Tal parece que la máxima de que la realidad marca el sentido de las cosas es cierta, por lo menos así yo lo creo y así lo vivo. El viejo Marx una vez dijo que “todo lo sólido se desvanece en el aire”. Y el lenguaje, aunque es un bien intangible, también, se desvanece en el aire. Entre más concreto y fosilizado más rápido se desvanece en el aire. La posmodernidad ha derruido muchos mitos y la poesía no podría ser la excepción. El ser humano no se entendería sin el lenguaje, de hecho, esto también lo pienso es que el lenguaje es la “casa donde habita el ser”, aquí sigo a otro filosofo alemán, Heidegger. Y hubo un tiempo en que los filósofos siguieron a los poetas en su intuición para ver y adelantarse a su época y tal parece que ahora hay que seguir a los físicos o los científicos para renovar las metáforas, que según Agustín Fernández Mallo se encuentran desgastadas, fosilizadas, refriteadas hasta la saciedad por los poetas y como diría Charles Bukowski: “Dios hizo muchos poetas, pero poca poesía”. Bueno esto como colofón de lo que hablaré en este texto que no se me hizo nada fácil, porque yo me ubico a dos aguas en la cuestión estética sobre la poesía, así es mi generación (la que nació en los 60 y comenzó a publicar entre los 90 y los 2000: perseguimos el canon y buscamos la experimentación y nos relacionamos con jóvenes que buscan algo nuevo).     Desde hace tiempo vengo escuchando que la literatura y la poesía en especifico, se encuentra anquilosada, en crisis, refriteando las mismas metáforas. Y  leyendo me encontré con estos dos ensayos, de sendos poetas y ensayistas: Agustín Fernández Mallo, La pospoesía, en Anagrama y el de Pablo Raphael, La fábrica de lenguaje, S.A, también, de Anagrama), que de alguna manera han venido a confirmar mi sospecha. Lo cual no quiere decir que sea la verdad, pero se acerca alguna explicación de lo que sucede en la poesía postcontemporánea actual en el mundo y en México en específico. Vale decir que me he dedicado a leer, seguir, el movimiento poético en México y en la Ciudad de México y su zona conurbada y he encontrado que si existe un verdadero movimiento, un boom de la poesía, una explosión demográfica de poetas, una necesidad y una necedad en generar movimiento, que tiene la característica de la pluralidad, de la diversidad, de falta de calidad y de búsqueda de esa calidad, de pasar de lo amateur a lo profesional, la necesidad de ocupar un lugar en la escena poética nacional, con poca o nula discusión de la estética, de la ética, con a veces mucho ruido y espectáculo, pero también he visto sinceridad y hambre de trascendencia. Bueno, me puse subjetivo, pero qué no la poesía es pura subjetividad del individuo: que habla  con la voz de la tribu, la palabra de la comunidad.  Como sujeto-sujetado que aun soy, me sujetaré fuertemente a Michel Maffesoli, para abundar sobre el comportamiento de la sociedad posmoderna, y ahí va una cita: “Un largo período parece acabarse,  aquel donde las interrogantes del presente debían encontrarse en el futuro. Aquel donde la cuestión principal era el porvenir, programar la economía y la sociedad a largo plazo. Mientras que en el drama moderno encontramos la pretensión optimista de la totalidad —del sujeto, del mundo, del Estado—, en lo trágico posmoderno hay preocupaciones por ‘enteridad’, que inducen a la pérdida del pequeño yo en un sí más vasto: el de la alteridad, natural o social. Si el narcisismo individualista es dramático, la primacía de lo tribal es trágico”. Maffesoli nos plantea el problema de la alteridad y al regreso de lo tribal y con ello de lo trágico. Y muchos poetas también nos hablan de pasar de la lírica, entre ellos José Emilio Pacheco, a la épica, como una forma de enriquecer la poesía que actualmente se está haciendo, quizá como una vuelta de tuerca de lo que ya hicieron en otro tiempo Carlos Fuentes, con su novela La región más transparente del aire, o las novelas de Fernando del Paso: José Trigo y Palinuro de México y un sinfín más, inclusive lo que hizo Octavio Paz en Piedra de Sol, pero mirando al pasado. Pero continuemos adelante “tal vez nos volvamos a ver”. Ergo: “Hoy se asiste a lo que se puede llamar el retorno del destino, que se expresa bajo la forma de lo imprevisible y del presente puro. Esta nueva intensidad del instante explota hacía todas direcciones: desde los videoclips hasta los juegos informáticos, desde las manifestaciones deportivas hasta la fiesta tecno, pasando por la ecología, incluso la astrología. Un universo de rituales, placeres e imaginarios compartidos sustituyen a la ideología del progreso centrada en el individuo atomizado: un verdadero reencantamiento del mundo que se manifiesta en la fiesta y en otra relación con el entorno. La ética que nace de esta sociedad nueva no puede ser otra que la de la tragedia: aquella del consentimiento de la plenitud del instante y de la aceptación lúcida de lo efímero”. Y he ahí el meollo de la cuestión, la poesía viviendo la tragedia. La poesía nació bajo ciertos principios y así se mantuvo durante cientos de años: desde el Gilgamehen, la Biblia, la Ilíada y la Odisea, el Cantar del Mío Cid, y un sinfín de poemas más, hasta llegar a nuestros días: donde vivimos más fiesta, más espectáculo, instante, efímero que eso que persigue a la poesía desde sus orígenes: la trascendencia. Otro elemento que incorpora este teórico es el de el hedonismo de lo cotidiano, irrepetible y poderosos, sostenido y conformando desde la base toda vida social. Con estas herramientas quizá pueda enfrentar alguna reflexión sobre la situación de la poesía de principios del siglo XXI. Pasando a ver a Agustín Fernández Mallo en su libro de la Poesía Pospoética. Quien hace una crítica feroz que pretende destruir o por lo menos minar los cimientos de la tradición poética, que él la denomina ya muy anquilosada, porque repite formas metafóricas desgastadas, tradicionales. Dice Mallo que otras manifestaciones artísticas se han adecuado a la posmodernidad y que la poesía se ha quedado rezagada. Que si queremos que vuelva a dialogar con el presente tiene que ensayar, tiene que renovar sus metáforas.    Mallo parte de la idea de voltear a ver los avances en la ciencia y cómo poder buscar puntos de contacto para renovar la poesía, como antes la poesía ayudó a la construcción de explicaciones científicas o filosóficas. Agustín Fernández Mallo se aventura en una caída al vacío y lanza una crítica a las formas en que se ha canonizado la poesía y en las formas en las que se ha recepcionado la poesía. Afirma tajante que la poesía está en crisis: porque no ha ido con los ritmos de la realidad, con los cambios de paradigma, con los avances de la ciencia. Que se ha rezagado en relación con otras manifestaciones artísticas (música, pintura, arquitectura, etc). Mallo nos dice que la Poesía Postpoética aspira a ser un laboratorio. La postpoesía lo que debe construir son artefactos poéticos “que fluyan desde y para la sociedad contemporánea”. La idea es transformar, modificar, innovar, crear nuevas metáforas (“El corpus científico puede alimentar la metáfora”), donde se trasgreda las fronteras que gravite de manera cuántica, por la heterotopía, salir del dogma. Que la poesía conforme una red, un intercambio de energía que vaya al continuo desequilibrio del sistema poético, bajo el principio de la indeterminación, de lo inacabado, de lo incompleto: bajo el principio de la incertidumbre. En el mismo sentido, que Mallo pero más cercano a nuestra idiosincrasia Pablo Raphael nos dice: que la literatura publicada cobró la misma distancia que la televisión o la política: “se alejó de los ciudadanos de a pie”.  “Unos construyen arquetipos imitables, los otros se construyen desde el aislamiento pero en nombre del pueblo. Desde entonces la literatura decidió regodearse en sí misma, perdiendo el estatus de modelo de diálogo civilizatorio”. “Aunque la imaginación ande desbordada, el lenguaje experimente con todas sus formas y el talento inunde las librerías, los libros que se imprimen hoy no tienen la menor importancia como factor de cambio social”, (La fabrica del lenguaje, S. A., Anagrama 2011, Pág. 21). La crítica hasta aquí plantea: el alejamiento de la poesía de la plaza pública, del ciudadano de a pie y de la construcción de proyectos de libro que transformen la forma de ver la vida, que vayan a un cambio social. Que perduren a lo largo de los siglos, como los poemas y los libros arriba señalados. Y abunda Pablo Raphael: “El neoliberalismo privilegia las marcas por encima de los productos y en la literatura de mercado se privilegia la imagen del autor por encima de los textos”. El neoliberalismo apostaba por la descentralización y desde entonces la periferia fue reclamando su espacio… se acabaron las corrientes y los estilos compartidos…  la literatura se vio obligada a cumplir patrones de mercado”. Nos dice que el consumo ha permeado la poesía, de alguna manera que se escribe poesía para el mercado y no para la trascendencia, como es la tradición de la poesía desde la antigüedad. Y agrega: “Creo que el nuevo escritor latinoamericano está muy lejos de trabajar la lengua, cosa fundamental en un escritor como materia prima”, (retomando a Paz Balmacena, pág. 26). ¿En dónde he dicho o escuchado esto?: “La media de los escritores no discuten sobre los temas que les interesa, normalmente su duda existencial gira alrededor de las editoriales en que publican, con quienes se juntan, si ya tienen agente; la mía se trata de  una generación que apenas se lee y que se insulta muchísimo. En el centro la fama. En vez de que la literatura construya un nosotros, subraya la diferencia, se convierte en isla” (Pag. 49). Sí hay de esto, sobre todo en “La famosa” Casa del Poeta Ramón López Velarde, en los poetas llamados Alternativos o Independientes, siguiendo a Guillermo Fernández Rentería (reflexiones sobre el boom de la poesía en México, también publicado en este libro de ensayos), nos habla del movimiento y de la fuerza de la acción de los grupos y los individuos y también es una de las preocupaciones de los escritores y poetas en esta dimensión de lo alternativo y lo independiente. Una diferencia que encuentro entre Mallo y Raphael es el posicionamiento ideológico, el énfasis o no en la política. Mallo plantea la despolitización de la poesía, por que él habla desde España y viene de oír hablar a los de la generación del 27 y a la generación de la poesía de la experiencia y a parte se lanza contra el Siglo de Oro de la literatura española, para pedir que los poetas entren de lleno a la Era de la Información (leer a Manuel Castels). Pero vista desde América Latina, las cosas se ven diferente. Por otra parte Mallo plantea incorporar las nuevas tecnologías como soporte de la poesía y Raphael nada más utilizarlas para difundir al autor y su obra, como una forma de romper la burocracia literaria nacional, los directores de marketing convertidos en poetas y los perseguidores de becas, la foto y los cocteles. Por ejemplo lo que dice a continuación: “El internet y los blogs se han convertido en un vehículo alternativo y libre de censura (ese es otro tema) para explorar y escuchar nuevas voces y propuestas que nunca serían acogidas por el mercado o por las publicaciones dependientes del Estado, por lo que se han vuelto un vaso comunicante y vertiginoso por el que ha circulado cantidad de información y de relaciones entre los escritores de nuestra edad de lugares tan distantes como Tijuana y Oaxaca o Monterrey y Yucatán. En internet el centro del país no existe y el patriarcado vertical y hegemónico al que nos han acostumbrado ‘nuestros mayores’ se ha ido desdibujando”. En este sentido estoy de acuerdo más con Mallo en la forma de experimentar con la poesía y acercarse a las nuevas tecnologías como soporte de la poesía, pasar a la poesía virtual, al hipertexto poético. Y remata Raphael con lo siguiente: “hay dos opciones o declararse parte de lo nuevo o sumarse a la tradición”. Por otra parte, pero abundando en lo mismo ya Deleuze y Guattari lo habían manifestado en el concepto del rizoma como la transformación de los movimientos en un movimiento de movimientos y que los habitantes del mundo nos toparíamos con una red que no parase de crecer, de organizarse horizontalmente. Creo que la posmodernidad y las nuevas tecnologías vienen a romper con las viejas hegemonías, con los poderes establecidos, con las conductas de dominio, actualmente de manera muy endeble, pero se va manifestando cada vez con más fuerza, lo que ya vaticinaban los teóricos arriba señalados. La crítica plantea que la literatura se desconecto del espacio público y esto ha anulado su poder curativo. Donde los autores hacen prácticas autistas de reflexión, donde el mercado parece de autoconsumo y donde la crítica es muchas veces fagocita. Cómo cambiar este proceso, quizás el famoso podemos vivir  juntos y ser diferentes; aceptar que hay actualmente una pluralidad en el canon y que todas las formas son posibles; que vivimos un momento donde confluyen varios elementos de la posmodernidad como son: los transterritorial, lo transgeneracional marcando el sentido de la pluralidad en las formas y en el fondo en que se está expresando la poesía nacional. Hay un sinfín de propuestas en México y en otras latitudes, por ejemplo: el  jam de escritura es una idea original del escritor y guionista argentino Adrián Haidukowski. Consiste en emular la composición en vivo que practican los músicos de jazz y trasladar esa experiencia al proceso de escritura. Actividad muy actual que inicia en esta segunda década del siglo XXI.  Otra forma es el recitador que realiza performance donde es intérprete y autor de lo que hace en el escenario, como un spoken word. Contra la aburrida presentación de libros o lectura tradicional. Twitter como escritura automática que planteaban los surrealistas. O en México la poesía visual, el Slam que organiza el Rojo Córdova, o la propuesta de Morvoz donde el hedonismo es lo básico de la fuerza expresiva; y la propuesta editorial, de promoción y organización de eventos por parte de Verso Destierro y algunas otras propuestas como es la de Las Casas del Poeta A.C., la mayoría luchando por ocupar un espacio del llamado boom de la nueva poesía nacional. Otro de los elementos que ha caracterizado a la poesía en América Latina, es que la crítica es su punto flaco. La poesía no está en la agenda de la crítica, porque no está en la agenda del mercado. La poesía requiere un esfuerzo suplementario de interpretación. Se trata de un lenguaje “más abstracto”. Maffesoli habla de una estética de la existencia. Donde cada época tiene sus ideas obsesivas, se encuentran en la manera de expresiones societales que son la literatura. Los modos de vida, las múltiples formas culturales, sin olvidar las ideologías, la totalidad de la vida cotidiana puede ser considerada una obra de arte. Nietzsche: “la voluntad de potencia como arte”. La potencia colectiva crea una obra de arte, la atención puesta en el proceso, más que en el objeto. Esta es la ética de la estética: el hecho de experimentar algo juntos es factor de socialización. La estética marginada puede volverse destino. El hueco dejado por la ausencia de proyecto. En la voz de los poetas se manifiesta lo que está ahí y que nadie voltea ver: por ejemplo, en Baudelaire en Flores del mal, que pone el acento en “las lesbianas”. Situacionismo generalizado. “Construcción social de la realidad”, como una ética de la estética, como una comprensión del vínculo social a partir de parámetros no racionales como el sueño, lo lúdico, el imaginario y el placer de los sentidos. Foucault, en El uso de los placeres, muestra la estrecha relación que existe entre este “arte del sí mismo” y la organización de la ciudad. Donde las casas, la calle y sus edificios públicos o parque se habitan de manera colectiva: privada o públicamente. La colectividad es un rondar eternamente en movimiento y agitada, entre la fachada y las cuatro paredes. La sensualidad característica de la bohemia, la frontera une. La vida se justifica sólo como fenómeno estético, sólo así es digna de vivirse. Los aventureros de lo cotidiano, de la intensidad existencial. Hay que buscar en la literatura ese adelanto de lo que aun no sucede. La vida está ahí hay que saber expresarla. Los poetas son inspirados por la fuerza de un destino, confluyen o hacen confluir los tres momentos del devenir: pasado, presente, futuro. Es el dulce desafío que planteaba Adorno. El territorio es el espacio donde suceden las cosas cotidianas, donde se da la fusión-confusión, es un estar juntos, un ser-juntos. Lo trágico, el placer y la solidaridad es un saber animal que reconoce al otro en su mismidad, en su otredad, en su vientre, bien adentro, vivimos en el mismo territorio y nos reconocemos, y en resumidas cuentas es el poeta el que sabe reconocer y apreciar eso en su justa dimensión, el artista tiene el coraje de decir sí. Decir sí a pesar de todo.

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Sergio García Díaz

Sergio García Díaz (México, D.F., 1962). Reside en Nezahualcóyotl. Ha colaborado en revistas y periódicos. Parte de su obra literaria comenzó a ser publicada en antologías de cuento y poesía (La semilla del árbol, Tú vivirás para siempre, Amar el mar). Su obra individual está conformada por Border Lane (Mixcoat, 2002), La pasión por las moscas (cuento, Fontamara, 2006), Dos entradas por un boleto (Jano, 2003), Sueños de un chamán (Coyoacán, 2003), Pétalos de mar (Praxis, 2003), Animales impuros (Fontamara, 2006), Alicia en mi espejo (poesía, Praxis, 2006) y Bajos fondos (Praxis, 2009), entre muchos otros.

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