Domingo, 22 Enero 2017 05:24

 De andamios y pasos transeúntes (reflexiones sobre la poesía y los últimos tiempos)

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 De andamios y pasos transeúntes

(reflexiones sobre la poesía y los últimos tiempos)

 Lucas Matus

Dios es el rey de las vendettas

No culpen a dios de sus mamadas

En estos tiempos vertiginosos, de cronómetros de cuarzo cuántico, horarios de plastilina y manecillas virtuales que giran como perros rabiosos persiguiéndose la cola, hacer un alto en el camino puede ser motivo de un respiro y hasta ocasión de echar una ojeada al reciente pasado, y por extensión, al inminente futuro, y entre ambos, al estado del arte de la poesía en México durante los últimos tiempos; ese inmediato pasado que de tanto correr tras el destino se nos escapa de los ojos y las manos. Con la memoria extraviada corremos tras los sueños, y cuando nos queda tiempo, tras las necesidades más inmediatas, un blackberry o el bus que lleva a casa. Nos acomodamos entre la comida rápida, la obesidad sedentaria y tratar de vivir la vida. Habitamos la tragicomedia muy a la mexicana. En las esquinas, las noticias siempre son urgentes, huelen a nota roja, son imbatibles, persistentes, invariables, una nota supera a la otra, y esta a su vez, a las fantasías más absurdas hasta ese momento jamás imaginadas. El sueño dorado de todo escritor de novela negra.

 Lo absurdo garantiza en este caso, tanto la risa nerviosa, el escarnio y la burla (a las que somos tan afectos), como la tristeza, la desesperanza, la angustia, el desasosiego y el miedo. Pasa la mona bato dice Roberto Romero Aguilar (2010) para describir con palabras y paredones carcomidos de barrio adentro, la realidad que algunos se afanan en esconder sistemáticamente; lo invisible no existe…

 …La noche es un baile de ron con sangre de luna bañando de luz las canciones de condenados que monean ante las burlas. Sueños hipnóticos de necios porque la vida es una soga, una tarascada de atroces amuletos. Vuelan moscas como buitres sobre cadáveres noche de plumas negras, luna de bachas en los anexos, ñeros de “buena voluntad” bajo la tumba sin rezos ante un charco de sangre sin memoria…

Hay una sensación de vacío que llena el ambiente; ha sido tan constante, tan tenaz el sometimiento, el despojo, la saturación infomediática, el aislamiento relacional, la negación de la catástrofe, la obligatoriedad de las ideas del orden social necesario (así, en genérico), la soterrada imposición de una moral no republicana, la inquina a lo diferente del modelo ortosocial, la corrupción y el nepotismo público y privado, incluyendo los premios literarios y el hijismo, entendido este, como el efecto asumido del paternalismo impuesto y por tanto, el beneficiario (cuando le conviene) es dependiente y víctima indiscutible de los otros, así, de pronto, da la sensación de que “todo pasa y no pasa nada”, de que no hay justicia, pero también de que no hay disidencia. Aún con los desconciertos de claxonazos enfurecidos, el traqueteo de las maquinas rodando inmisericordes sobre el concreto de las calles y las consignas de las marchas de cualquier tinte y modalidad, en las calles se escucha demasiado silencio. Tropiezo, del poemario Aprendiz de mar, 1998, Beatriz Sandoval:

Ya no tengo palabras ya no encuentro el sentido de las hojas en blanco ni la voz que dictaba en mi mente. Nada es mío, ni el papel que me mira ni el carbón con que trato de enfrentarlo. Se me escapa la idea, la imagen, los hilos conductores…

Tolerancia a los estímulos dirían los fisiólogos y retracción como respuesta, agregarían los sicólogos funcionalistas para explicar la inmovilidad y la aparente inacción individual y colectiva frente a una realidad apabullante.

 Si yo intentara por una sola vez gritar que siempre fui un hombre solo estoy seguro que nadie respondería. Auschwitz, de Christian Núñez (2010).

 La realidad no reconoce de evasivas, nos incluye a todos, nadie está indemne, es irrecusable. Está compuesta por testigos y testimonios, nos hace actores o espectadores, pacientes mirones del devenir de los sucesos, ensimismados jugadores de play station, escritores mercenarios o muelas del engranaje cotidiano. La realidad es mutable; crisálida en proceso envuelta en espirales de humo, baste un soplo para que se eche a volar convertida en papalótl o por el contrario se desintegre en fino polvo estelar. La irrealidad es espejo, rayo y nube, una anciana de mil años, una cábala... Sin embargo, la realidad es futuro cumplido (no hay mal que dure cien años…), es la evidencia de los actos-efectos del pasado. El pasado pues, es tabique y referente del presente, sobre él se construyen la posibilidad del cambio o la  permanencia del status quo… y como tal, el olvido es polvo, y el silencio es lápida sobre los destinos. Somos producto de los hechos (el pasado), no de los deseos (el futuro). Visto así, desde el corpus colectivo, no nos queda sino la voz y la palabra, ya que la presencia es insuficiente. Hemos sido y somos expropiados, expatriados. Como si fuera una culebra de agua, un tornillo de curado de apio con olor a tierra colorada, la voz de Venancio Neria Candelaria nos recuerda en De filo doble y luciérnagas, 2011, el costo de las despedidas del exilio forzado, la migración por exterminio y la desolación.

…Dejamos allá atrás los cuatro ahogados, nuestro quimil y muchas lágrimas que tomó como prenda de peaje el Río Bravo…

La poesía comprometida no es cábala, ni pronóstico, pero denuncia, externa, visibiliza, le da cuerpo a lo que nuestros ojos cegados no pueden o se niegan a ver, lo nombra y lo hace historia, memoria. La realidad de la irrealidad de los hechos se impone sobre la nada lógica esperanza de los humanos, esté depositada en san Juditas Tadeo, la alineación de los planetas o la física cuántica, y por tanto obliga a la determinación, a mínimamente levantar la voz.

 …Encontré un ciego caminando el otoño, vi a su lazarillo asediado, mordido por hordas de perros insensatos y el ciego con la correa y un cadáver, con los ojos despiertos para la noche. Qué pasa, por favor, decía el ciego, y toda la indiferencia brotó de nuestros labios…

En De nuevo Virgilio, de Álvaro Solís, 2009. Verbo, verbum, voz, símbolo, expresión. El hombre se descubre la garganta, el grito de guerra, el aullido de dolor, el quejido, el llanto, los sonidos guturales que nominan las cosas que le rodean y dejaron de ser ajenas, las palabras que no suenan huecas, que comunican; y al paso del tiempo, presuntuoso de su nueva manera de expresar, anuncia, canta, narra, declama, cuenta lo que imaginó, soñó, vio, y lo que le contaron para que contara. Verba, idea abstracta, signo y metáfora, sueño y vuelo, especulo y deseo, caricia y agravio, complicidad y resortera. La poesía es concreción en constante expansión, contiene y posibilita. De entre las sin cuenta maneras de escribir, la poesía se destaca por surgir en primera instancia desde el corazón, desde la emoción de las sensaciones percibidas, no es la ratio la que describe puntualmente los hechos acontecidos o las reformas enésimas al capitulado constitucional que para eso están los cronistas y los p… políticos que se adjudican la voluntad popular. En esta nada rigurosa disquisición más cercana a la doxa que a la academia, será preferible mantenerse alejados de la tentación de las taxonomías; no es la lista de poetas lo que importa, sino su inclusión en la vida ordinaria, la vinculación de sus creaciones con el devenir de los sucesos, su compromiso con la voz colectiva o en sentido contrario, con la propia individualidad del soy y quiero que lo sepan… soy poeta, germen de la bella parole, no revolucionario; la creación no es revolución cuando se prefiere el confort y se han dejado de lado la irreverencia contendiente y la utopía subversiva, y, en descarga de los términos medios, los que nunca se sintieron tocados por la arbitrariedad y/o experimentaron el hastío del abuso del poder, obligados si no por los años, sí por el hambre y en muchos casos por la pueril presunción literaria. Las vanguardias son irruptoras por definición, no conocen de fronteras ni periodos, estaciones y convenciones de los relatores de la historia, los cronistas de la era y su momento, son enemigas del pasado, de la memoria histórica, la memoria colectiva tan olvidadiza como llena de encasillamientos, de hechos, de costumbres y de supuestos, aunque tienden necesariamente (las vanguardias) por efecto del tiempo, el invencible, a dejar de serlo, para pasar con los años a ser parte activa del zoológico de los artistas y soñar con pertenecer (preferentemente en vida) al panteón de los poetas. Pero la vanguardia no es un lugar común, excepto como pose o blofeo. Para ser vanguardista hay que ser honesto y tener güevos. La vanguardia implica el cambio, la ruptura de manera inicial de los propios paradigmas y la adquisición de nuevos referentes, sin ellos, la creación es repetición y en el mejor de los casos, recreación. ¿Cómo se puede ser un poeta joven y “conservador”?, si el cliché lo define como irreverente, iconoclasta, altanero, subversivo e inconformado con el arte viejo al que es necesario cambiar por uno nuevo. Sin embargo el poeta joven y conservador, cambia la forma y deja intacto el fondo, inmaculados los atavismos más lesivos. Pareciera que atrapar palabras en un documento fuera la satisfacción del deseo primitivo de engendrar, de la permanencia de la especie (homo poeticus), una obsesión por el reconocimiento de la obra tangible, yo soy mi libro y sin libro no soy nada; la voz del poeta para la posteridad impresa en fojas de delicado lino con indeleble tinta roja y filo dorado. Una creación originalmente destinada al oído es atrapada impunemente en hojas para ejemplo, deleite y enseñanza de las futuras generaciones y sentenciada a permanecer perdida en el rincón de alguna biblioteca, esto, en el mejor de los casos; antes del papiro no había angustia por el resguardo tangible y fiel de la poética. La oralidad enriquecía y recreaba los cantos y las epopeyas. El libro como epitafio y lápida; que se olviden de todos menos de mí… y aún sin mí, la estatura de mi sombra se proyecta; siembra un árbol, engendra un hijo y escribe un libro. La quimera del libro, la tangencia del cuerpo extendido, del hijo deseado. La publicación del texto como objeto del deseo y no como medio para la exteriorización del pensamiento más allá de lo individual e intimista. Es tan fácil el vértigo. En una primera instancia, el poeta tiene una necesidad primaria: externarle a alguien (otro-otra) lo que siente, compartir, saberse mutilado o enamorado, calzando sus propias fantasías y frustraciones, arrancándose los pasos más allá de la escritura en un papel o de la guerra en turno, para emerger después de calarse en sí mismo tal como se observa en el espejo de sus manos. De manera primigenia el o la poeta es origen y resguardo de todos los dolores y fracturas. ¡Lo es y lo será siempre! En De las preguntas y de ti (“ciudadesinteligibles”), Tania Espinosa de la Garza, acomete con sutileza y filo de navaja la ubicuidad y la distancia entre los astros celestes y los cuerpos,

 …No me preguntes por qué  las estatuas de sal/ hacen llorar los labios y los cuerpos se desmiembran gota a gota/ —sin que uno quiera/ ni tampoco si es feliz la gente allá, afuera de tu cuerpo;/ o si son sombríos los valles y las conchas azules;/ si sueñan los niños con hormigas y palabras que nunca han dicho porque probablemente no existen —ni los niños ni las palabras—; … con la tesitura ascendente de las guías de la hiedra, insiste,…No me preguntes si somos islotes en busca de orilla/ y si esa orilla es firme como las murallas que queremos evitar… Poco después, el poeta no sólo anhela los ojos del otro-otra puestos sobre las líneas en su ausencia, sino que de manera vehemente quisiera tenerla presente para decírselo cara a cara. Es ella-él, directo con el otro-otra. Ambos son protagonistas del amor, el cielo, el dolor, las grietas, las pesadillas, de ambos mismos en el espejo, cercanos o distantes, llenos de odio o navegando en mares de filigrana china. El poeta enamorado es un indagador de los detalles de su amado-amada, un imaginador de sueños, un elocuente decidor de requiebros y ganas contenidas, ama y desama, ama y desama. Más adelante se libera de sí mismo (o tendría que hacerlo). El aedo es un explorador de simientes y ramas de olivo, de caras caducas y abrigos a destiempo; es un rastreador de las palabras dichas al oído y de los llantos insoportables en las manos de un hombre viejo que da giros en unas escalinatas habitacionales sembradas sobre los llanos del antiguo Tlatelolco antes de derrumbarse famélico; el bardo, recorre despacio los mercados de pulgas y es catador incólume de las humedades y los olores de las casas nocturnas y los hoteles de paso.

  Sucedió que la muerte por doquiera imperaba. No en tu casa, no en otra, no alrededor de nadie. Estaba allí, tendida como un pájaro ciego. Sucias manos querían todo el país su nido. Y sucedió, sin aire, sin luz, que por nosotros la multitud de afanes le dio sentencia y forma. Se cumplieron las suertes, nada quedó en su sitio. Porque hirieron, cegaron, Asesinos de luces. En El retorno, 1953, José Agustín Goytisolo. El poeta comprometido se mantiene lejos de las alabanzas pírricas y los insultos velados, entiende la fuerza inconmensurable del diapasón atrapado en su pecho, se sabe corazón colectivo. Se detiene en las historias de los otros, los techos con hambre, las sombrillas destartaladas, los muertos y las muertas de Juárez, ciudad Neza y Azcapotzalco, el país entero; se mantiene alejado del panfleto y el recurso barato.

VII {Sabiduría} de Alí Calderón (2005)

 —Maestro Basho ¿Cómo volverme un poeta esencial? —Vuélvete puto.

 Este podría ser un ejemplo, donde en un breve texto se presume de irreverencia y acidez, aunque lamentablemente, doquiera se le mire, el argumento es profundamente sexista y discriminador. Para ser congruente, el poeta comprometido se mantiene conscientemente distante de los usos y costumbres, del oportunismo, el protagonismo narcisista, la superficialidad de la palabra, las excusas simplistas, la presunta libertad de expresión sin acotaciones de respeto, el dogmatismo seudointelectual, la fácil autocrítica, la inane poesía de protesta y el academicismo de bolsillo.

Los poetas cegados tienen tapiados los oídos. Los poetas que no son poetas, son ingenuos. Los poetas son humanos. En los albores del XXI, la poesía invita y no hay manera de eludirlo, a subvertir los anclajes de lo cotidiano a través de una exploración sin cortapisas e imaginación igualmente subversivas para descubrir nuevas posibilidades de expresión. La elusión de la otredad no es parte de la poesía comprometida. En este sentido toda expresión pública implica un derecho, pero a la vez obliga una responsabilidad. Dentro del texto todo es posible, la libertad es absoluta, sin embargo la libertad de expresión implica el respeto a los otros, los otros que son aunque yo no los mire, la poesía no es carta blanca para el libelo, la descalificación o el reforzamiento de ideas atentatorias contra los derechos de los que no gozan del privilegio de la pluma, “autoridad” que a algunos les hace sentirse externos a la ética y que esto les autoriza para atentar contra los otros amparados en la licencia poética. El abuso del poder tiene tantas formas…

Los que eran como nosotros,

los del trabajo sucio, los del letargo los nuestros,

 pues, los suyos, los que nos rodean,

los que eran como nosotros,

 los de los tribunales, los de las aguas negras los que se pudrieron,

los que acechan las fotografías del tiempo.

Los que eran como nosotros,

los de las telarañas, los de las cuevas,

los que se esconden del ruido, los tardíos, los lentos.

Sabrán que aún estamos perdiendo el tiempo

 y esperando mientras comemos canciones tristes que nosotros realizamos,

 pero creemos,  claro que creemos.

Ejercicio de cotidianeidad #1,

 de Ulises López en Side A. 2009.

 La poesía comprometida no concita ni cree en la violencia como recurso, invita a la reflexión, a la conciencia y a la responsabilidad individual y colectiva de la ciudadanía activa. La poesía comprometida en su condición de voz, hace usufructo de la vasa vasorum, se derrama más que se diluye, absorbe la historia colectiva, elabora ungüentos y argamasas, levanta los pasos del polvo… Lo demás, son malvaviscos en la feria… Finalmente para cerrar sin ánimos de dar por concluido, podría afirmarse que ¡más valen unas manos escritoras que unos pies con prisa! ¡Animas que no amanezca, pa’ que siempre haya voces insurrectas!

 ¡Santé por los poetas!

Barrio del Coecillo a Junio 14 de 2011

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Lucas Matus

 Lucas Matus. Es fundador y director del Colectivo “de Lobos & Sirenas”, proyecto que difunde la poesía y el cuento como elementos vinculantes de la cultura con las problemáticas sociales. Tiene formación profesional en áreas humanistas y master en sociología. Varios de sus poemas han sido antologados en el libro “cupido internauta” Editorial Generación espontánea, 2009. Recientemente sus poemas han sido publicados en la revista virtual “la otra” http://www.laotrarevista. com/2009/09/la-poesia-de-lucas-matus/. La revista “Sapere Aude” de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Guanajuato, publicó su cuento “El tipo que tejía telarañas” en su edición num. 4, México, verano de 2007, p. 43. Algunos de sus poemas están por publicarse en una antología, editado por Coordenadas de la utopía, FEUM México. Ha colaborado en la sección de cultura de la Jornada de Morelos. Es autor de dos libros de cuentos y una novela, actualmente en proceso en evaluación editorial. Ha producido de manera independiente un audio poemario con la propuesta literaria titulado “Palabras espirales en el café”.

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