Martes, 07 Marzo 2017 22:37

DE: ALDEAS EN EL ESPEJO / Javier Alvarado

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DE: ALDEAS EN EL ESPEJO

MENCIÓN ESPECIAL PREMIO DE POESÍA PARALELO CERO 2017

 

 

 

 

 

 

DESIGNIO

 

¿Por qué vienes hasta aquí,

Ahora que no hay delta

Que no hay mar,

Que toda franja de tierra es imposible?

Porque estoy aquí, porque me niego una metáfora

Para estar demasiado temprano, demasiado tarde, junto a este alma bella que me han colocado por designio,

O el alma fea que se contempla en su espejo y también llora

Y también crece y le cambia la voz como en la pubertad y escudriña todos los rostros como en el fondo de un lago

Y hay cisnes apareándose, bosques supremos que me anuncian alguna destellada 

En la gabarra pobre,

Mientras los habitantes tragan niebla en las inmediaciones del faro.

Un enmohecido cordel me invita a esperar la quietud de las aguas.

Hasta aquí he venido a encontrar una criatura,

A besarla en los poros y en las vértebras,

A tocar su fuego, su espalda, sus genitales;

A culminar ese orgasmo que serpentea por el collar de islas de mi país.

Camino por el cordel y no reconozco este gravitar,

Esta canción que repentinamente acude a mis labios,

Esta parábola que me recrea la persecución de Dios,

Mi colectividad en solitario,

La fe por todas partes.

 

 

 

RENÉ CHAR

Una estrella que se ha acercado, la muy loca, y va a morir antes que yo.

R.Ch.

 

 

Tú no has dicho nada, nadie dice nada, todos se callan sus muertes.

Algunos se atreven a marcharse después de mascar tus hojas de hipnos,

Buscando esos utensilios posibles para acumular la vida,

(La cuchara paralítica)                 (El plato ciego)

Y yo penetro en otra hipnosis

Cuando deambulo por tu poesía

En este nuevo espejo que la historia va a desertar;

Amigo en lo improbable,

En el incendio de la tundra donde se aprende a escribir

Y a discrepar contra la cacería furtiva o reglamentada

Cuando un cervatillo riela en la otra orilla,

Elegido por la circunstancia de la presa

Ante el ojo caníbal               ante lo nupcial devastado

Y las noches podían concebirse a través de un prisma,

Leyéndonos a nosotros alguna argumentación por la metáfora o el lenguaje llano;

Ese intangible destierro hacia la originalidad, cuando se empieza a acostar

Tu poema predilecto,

En medio de los niños que ríen de gozo en la primavera de los poetas.

¿Acaso también no habrá un otoño o un invierno o un verano para esos seres

Que desechan el fárrago carnívoro, un arcoiris en el cuello, una rosa que grite de terror al saberse viva,

Tan roja en la alienación de la sangre, tan sanguínea en la prueba de ADN,

Una puerta falsa para esconderse y tiritar de fuego

Cuando nos encontremos              cara a cara              con el sucesor de Ulises

Tocándonos el destino de ser errantes en la condenación de las ínsulas

Y el mar sea ese mensaje cifrado que nos cuesta entender

Muy adentro, muy adentro de la botella rota que es el origen

Cuando nos posesionamos juntos del microbiótico espejo

Y hay una noche que sucede hasta encontrarnos en el vuelo del águila

Y todo sigue siendo noche        más que noche     que agujero negro      que agujero lunar

Y allí estás tú en medio de los polvos cósmicos, en medio de las explosiones de asteroides

Y eres tú

Una estrella que se ha acercado, la muy loca, y va a morir antes que yo.

 

 

 

ROGATIVA POR LA LLUVIA

Va a seguir siendo mía la lluvia cuando yo muera

Francisco Madariaga

Mi padre saloma bajo la lluvia

Y no cree en las profecías

Que se devienen del guaro.

Espera que alguien salga desde las tinieblas

Portando un vaso de luz en medio de la tierra roja.

Hace mucho calor e imploramos que cese el periodo

De las sequias. 

Hay animales recuperando la copla,

Recobrando el aleteo en medio de nuestras sombras que se aman.

Yo escucho la saloma de mi padre como si fuese el himno

De una cascocha acercando el cuerpo del agua,

Como si fuese una caravana etérea de arrieras voladoras.

La tierra misma lo espera con ese lamento  del totorrón

Cargado de yerba,

Con ese lenguaje de los espejos que se abren

Y que convidan al instante pleno de dormir,

Al instante tembloroso de todo despertar.

Hace un instante que empezó a vibrar el tejado

Con el sonido de falanges chasqueadas que se mojan. 

Algunas ranas habitaron el estanque del poema. 

Mi casa es un estanque donde deambulan

Los sapos; donde se rememora esa danza de la orquídea flotante

Como un inmenso patio nublándose de peces, como un inmenso prisma forjado por raíces.

Llueve y esta vez recorremos los caminos y los viajantes que se fueron,

Los que nos dejaron alguna centella en la piel,

Algún parto

Innumerable

Para los caimanes cómicos que cuidan a los niños,

O un enjambre en los deseos que repiquetee con la vieja campana

Acostumbrada al lambisqueo del sol.

Yo estoy implorando desde mi cuarto seco la caída del agua.

Va a seguir siendo mía la lluvia cuando yo muera.

Mi madre la demanda desde la cocina

Calculando

La música de las lentejas, el orgasmo verdulero de la sopa.

Yo escucho la lluvia caer

Y algunos fantasmas zapatean llamando al trueno.

Se oye una invocación

Y es mi padre que saloma.

Es él recobrando el canto del hombre,

Es él pactando nuevamente el agua para la tierra,

Es ese japeo la ambientación de nuestras sombras que se aman.

 

 

HAY UNA ALDEA HECHA CON LOS POEMAS DE LEDO IVO

 

 

Lédo Ivo es un hombre viejo que vive en Brasil y sale en las antologías con cara de loco.

Juan Carlos Mestre

Ya los cangrejos caminan sobre Ledo Ivo

Sobre las casas y los sueños

O los promontorios en la tierra de Maceió,

Ya se volvió mar bajo los barcos

Y desató sus palabras como gaviotas en el muelle

Silbando esta vez           ese acorde funéreo            para las carnes de Hermengarda

Para esa ebriedad que traspasa las boquitas de los murciélagos y las colillas de cigarro

En la caverna más oscura donde tintinean las almas como oseznos,

Donde se mancha la oscuridad con esa iridiscencia de tus constelaciones

Increpando la resurrección del gallo,

La leche estelar de las espuelas

Y el plumaje irredento corajeando entre los patios y entre las casas marinas

Donde los niños se sientan en el lomo del caracol

Y las niñas fijan su belleza a las estrías teologales de las conchas.

Esta es tu aldea donde un niño llamado Ledo empezó a escribir sus poemas en la arena

En los pétalos de la caña y en los trapiches donde el pueblo suda

El jugo inmemorial de la caña

El jugo equinoccial de la caña

El jugo demencial de la caña

El jugo sexual de la caña

Junto al aroma infinito del cacao, junto a las flores del cacao, junto a las semillas del cacao,

(La carne del cacao sobre la lengua que es el sabor que magnifica el trabajo de los pueblos.)

Donde

Clareas esta vez sobre las piedras, sobre el testamento de una negra bailando samba

Silba que te silba el vals funéreo

Para las carnes de Hermengarda

Y eres tú caminando mulatamente sobre las nucas vacilantes de los cangrejos

Sobre una iracunda hoguera de agua, sobre los pilotes azarados

Por la espuma reinante,

Abriéndose tu palabra como un lecho de hojas,

Como una almohada de árboles sobre esos sueños gualdos

Que van a la memoria del camino y terminan en los pies

De los infantes y se ponen a correr

Y rechinan como abejas o mariposas al cuidado de la nieve profunda,

De la nieve inventada y del sol que ordeña los milagros de las cabras

Donde hay brujas y mujeres explicando la redondez de la tierra

Con rituales dibujados en las esferas monacales del coco

Y muchachas extrayéndose del corazón cardúmenes de peces.

Ya los cangrejos caminan sobre Ledo Ivo en la tierra de Maceió.

Allá en el Brasil hay una aldea

Donde aprendió a escribir poesía

Un niño antologado con cara de loco,

Separando las patrias de las lenguas,

Emigrante e inmigrante de la lengua portuguesa

Haciéndola tierra,

Haciéndola jugo de caña

Haciéndola cacao,

Haciéndola cangrejo sobre las playas de Maceió.

Allá en Brasil hay una aldea hecha de los poemas de Ledo Ivo.

 

 

MUERTE DE UN POETA NATURALISTA

Esta es la primera noche en que el anciano, tomando su meditada lámpara nos dirá:
“Hoy empieza el ayuno por Seamus Heaney”...
Entonces, nos levantaremos de la mesa y soñaremos con las migajas del banquete de la jornada anterior.
Ya no queda agua, ni siquiera una brizna de algún alimento para las aves pendencieras.
Es la nostalgia de un cosechador sobre sus piñones de saliva;
Un toro inmenso que va aguardando la puesta de sol para ir a resoplar con las luces del terruño.
Yo aguardaré el paso del calor al frio observando el prisma del hogar y la danza de las luciérnagas sobre los contornos ágiles;

sobre estas pequeñas epopeyas donde un labrador puede ser Ulises,
Mientras haya metáforas hibernando con los animales en sus madrigueras
O rebullendo en medio de un estanque junto a los huevecillos de los anfibios, copulantes en su furia
Mientras se encienda alguna chimenea y el humo arengue
Que hay poesía sobre los marjales
Una rapsodia para la hambruna mientras arrancamos inquisiciones a las estirpes de la hierba,
Un intervalo de voces que entran y salen de las cocinas,
Horneando alguna tarta de cerezas o de frutillas del bosque para que el viejo Seamus
Vaya satisfecho a reencontrarse con los muertos;
Con William Butler Yeats y las almas generadas,
Limpiándose los labios luego y entonando un credo que se hinche como una levadura sobre los aguajes y los páramos
Aunque no se tenga una litera en donde arrullar a la conquista,
Una espada gradual que vaya ascendiendo
Entre la grupa de plantas parasitarias,
Entre las cosas mortales que se culebrean por los campos de Irlanda,
Por donde avizora
El alpinista su último suspiro antes de tocar la cima;
Antes de encontrar el caldero con las monedas de oro y la continuidad del arcoíris,
Ese envejecimiento prematuro de nuestro pasado, de las clínicas boreales
En su tambor de carne viva,
Cuando en tu poesía oímos las detonaciones y los bombardeos en Belfast;
Y escuchamos también a una rana croar infinitamente en nuestro pecho, en nuestra cueva del azar
Demarcando fronteras, recogiendo pequeñas imágenes del condado de Derry para engarzar en nuestros parietales,

En nuestros riñones colmados, en nuestras manos que toman un azadón para cavar en la tierra,

Para pulir esa música de las asombradas esferas,
Esa inclinación de reencontrarnos con nuestras generaciones enterradas,

Dispuestas a retoñar ahora que te observo sonreírme destapando la botella de leche y beber a grandes sorbos
Esa lactescencia del mundo
Para saber que estamos solos,

Para saber que estamos solos,

Para saber que estamos solos,
En ese dolor hirviendo de los mares poseídos,
De la lluvia ancestral,
De la tiniebla coagulada que tintinea en la escarcha de los tejados
Como una antigua herida
Que sigue supurando
Los eriales en nosotros;
Esa marcha caduca de los espejos como un secreto del aire,
Como la pieza de cacería llevada en hombros, que con algo de nostalgia mira el paisaje dejado atrás
Donde te has quedado copiando imágenes de la tierra,
Plagiando entonces la muerte de un naturalista.

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Javier Alvarado

Javier Alvarado- (Santiago de Veraguas 28 de agosto de 1982).  Hizo sus estudios en el colegio Panama School y después obtiene el título de Licenciado en Lengua y Literatura Españolas por la Universidad de Panamá en el año 2005.   Candidato al Master en Bellas Artes en Teatro por la Universidad de Panamá.  Ha dado lecturas de sus poemas en Cuba. Chile, Nicaragua, Costa Rica, México, Inglaterra, Guatemala, El Salvador, Escocia, Colombia, Quebec, Canadá, Argentina y Uruguay; así como también la aparición de sus poemas en varias antologías de Poesía Hispanoamericana.  Ha sido galardonado con el Premio Nacional de Poesía Joven de Panamá Gustavo Batista Cedeño en los años 2000, 2004, 2007 y 2014.  Premio de Poesía Pablo Neruda 2004 y Premio de Poesía Stella Sierra en el 2007. Poeta residente por la Fundación Cove Park, Escocia, Reino Unido 2009. Mención de Honor del Premio Literario Casa de las Américas de Cuba 2010 con su obra Carta Natal al país de los Locos (Poeta en Escocia). Primer Premio de los X Juegos Florales Belice y Panamá, León Nicaragua con Ojos Parlantes para estaciones de ceguera. Premio Centroamericano de Literatura Rogelio Sinán 2011 en poesía con el libro Balada sin ovejas para un pastor de huesos.  Premio Internacional de Poesía Rubén Darío de Nicaragua por su libro El mar que me habita. Premio Internacional de Poesía Nicolás Guillén 2012 por su libro Viaje Solar de un tren hacia la noche de Matachín.  Finalista del Festival de la Lira (Ecuador) 2013 por su libro Carta Natal al País de los Locos (Poeta en Escocia). En 2014, un jurado conformado por el poeta español y Premio Cervantes, Antonio Gamoneda, el poeta peruano Rodolfo Hinostroza y Julio Pazos de Ecuador, le otorgaron el Premio Medardo Ángel Silva a obra editada por su libro Carta Natal al país de los Locos.  Premio Nacional de Literatura Ricardo Miró de Panamá en poesía en el 2015.

 

Obra Publicada  Tiempos de Vida y Muerte (2001) Caminos Errabundos y otras Ciudades (2002); Poemas para caminar bajo un paraguas (2003); Aquí, todo tu cuerpo escrito, 2005, segunda edición 2006; Por  ti no pasa nunca el Tiempo (y otros poemas al espejo) (2005), No me cubre de edad la Primavera (2008), Soy mi Desconocido (2008), Carta Natal al País de los Locos, México (2011), Ojos Parlantes para estaciones de ceguera, Nicaragua (2011),  Balada sin ovejas para un pastor de huesos, (2011), Viaje solar de un tren hacia la noche de Matachín, México (2013), El mar que me habita, Nicaragua (2013), La vida en mi plato de pobre (2015), El libro de tus posesiones (antología-poesía y testimonio) publicada en Chile en el 2015.

 

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