Martes, 16 Marzo 2021 18:17

HEMOFOBIA / Aída López /

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HEMOFOBIA

Aída López

 

Cuatro pies entrelazados, las uñas esmaltadas en morado y negro, era lo único que sobresalía de entre las sabanas color bermellón. En la habitación recién iluminada por la aurora, dos mujeres, una a un lado de la otra, sin visibles marcas de violencia, permanecían silenciosas, como dormidas, aunque los que estaban ahí las sabían muertas. Cualquiera podría imaginar que reposaban después de horas de orgasmos; lalente no alcanzaba a ver la diferencia entre estos y la muerte. Los agentes escudriñaron los cuatro metros cuadrados de paredes blancas y alfombra vetusta apenas decoradas con el poster de un grupo desconocido de rock. Registraron cada detalle, el más mínimo podría servir para esclarecer los hechos. El sol había comenzado a hacer sus primeros estragos, el bermellón ahora candente ofuscaba las pupilas que poco a poco iban cediendo al exceso de claridad. Claridad que necesitaban para encontrar las pistas que los llevarían a resolver el crimen, suicidio o lo que fuera.

 La fotógrafa sacó de su bolsa un par de guantes blancos y se los colocó en sus manos temblorosas, mismos que enseguida absorbieron el sudor destilado. Cuidadosamente destapó los cuerpos. Parecía que tenían un acuerdo entre ellos, estaban cuidadosamente acomodados, los brazos de ambas estaban cruzados tocando el sexo de la otra, los dedos de una se perdían entre el vello púbico de la otra. Sus carnes tatuadas, perforadas, escuálidas y descuidadas, dificultaban calcular las edades. Una era visiblemente mayor. Después enfocó con temor la lente hacia el único buró que se encontraba al lado izquierdo de la cama. Encima estaban dos copas vacías, una botella a medio terminar de cerveza Palma Cristal, un cenicero con seis colillas de Benson mentolados y junto a este una cajetilla con aún tres cigarros sin fumar; hojas de papel arroz y una pequeña libreta parecida a un directorio. En el piso entre la cama y el buró, un calcetín de hombre, azul marino, al revés.

 Posterior al recuento de los hechos, acordonaron el sitio y el equipo de investigación bajó del cuarto piso en busca de la salida. Una voz de mujer blasfemódesde el interior de uno de los departamentos cuando los vio pasar: Así tenían que acabar, acotósentenciosa, siempre lo dije, ese tipo de cosas que no son de Dios, tarde que temprano son castigadas. Eso de meterse entre mujeres es del diablo y peor aún,cuando se meten entre varios. El Ministerio Públicoaprovechó la lengua suelta de la mujer, la dejó hablar mientras le hacía preguntas, mismas que eran respondidas a borbotones como lava expulsada de un volcán: verá, varios vecinos ya se lo habíamos dicho al dueño que no debía rentarle a putas o maricones, menos a lesbianas, o a drogadictos, pero con tal decobrar su renta no le importó, ahora a ver cómo sale de este lío. ¿Usted vio algo raro anoche?, preguntó un agente, pues raro todo desde que se cambiaron hacetres meses, respondió. Salían de mano hombres con hombres y mujeres con mujeres, hasta extranjeros.Olían a hierba, como a petate quemado, espetó la mujer.

 Mientras esperaban la llegada del forense para ellevantamiento de cadáveres, la fotógrafa tomó imágenes del exterior. La calle arbolada, uniformada con edificios amarillos de cuyas azotehuelasserpenteaban telas de colores, lograban distraerla de su ansiedad. Los carros estacionados, las placas, los transeúntes, la fachada de la casa de enfrente con el anunció: “Se vende yelo”.

 Intentaron reconocer algún rostro, algo que pudiera despejar el enigma. Parecían envenenadas a laRomeo y Julieta. Nadie hablaba, solo cruce de miradas, como si alguno tuviera la mejor línea de investigación que los llevaría a la verdad.

 En el camino no encontraron nada que pudiera llamar su atención. Algunos bares entreabiertos derramabanagua jabonosa, vendedores ambulantes, una tienda de abarrotes desolada en la esquina. Cien metros a la redonda y sin una pista aparente de lo sucedido en el sórdido departamento de la calle Oyamel del paradisiaco Cancún.

 Cuando llegaron a la oficina la fotógrafa se sintió mareada, con nauseas, pálida y temblorosa pidió permiso para retirarse. A últimas fechas decía que no le hacía bien estar en la escena del crimen, eso la ponía mal debido a que estaba desarrollando fobia a la sangre, afirmación que sostenía aun sin tener diagnóstico médico e incluso en escenas sin sangre. Los síntomas disimulaban el verdadero origen de su nerviosismo.

 Salió a esperar a un taxi. Le urgía avisar al “Cubano”. La botella de cerveza en la habitación abriría una línea de investigación hacia personas de esa nacionalidad, que llevaría a desmantelar la red de pornografía para la cual ella se desempeña en lo mejor que sabía hacer: tomar fotografías.

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 Aída López

Aída López nació en Mérida, Yucatán (1964). Psicóloga, Capacitadora Certificada, Tallerista de Cuento y Correctora de Estilo. Diplomada en Creación Literaria por la Sociedad de Escritores de México (SOGEM) sede Guadalajara y por la Secretaría de la Cultura y las Artes de Yucatán (SEDECULTA). Ha tomado diversos cursos en la UNAM, Universidad del Claustro de Sor Juana, Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia, Escuela de Escritores de México, Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), entre otros. Escribe diversos géneros como son: Cuento, Poesía, Periodismo Literario, Ensayo, Opinión, Entrevista y Guion. Es coautora de diversas antologías, entre ellas “Caleidoscopio XIII” (2016), editada por la SOGEM. Sus cuentos han sido publicados en la Revista del Seminario de Cultura Mexicana, los periódicos El Informador, de Jalisco y La Crónica de Jalisco. Es coautora en “Mérida. Palabras y miradas II” (2018), atlas con motivo del 476 Aniversario de la fundación de Mérida. Seleccionada en cuatro ocasiones con Minificación para antologías de la Benemérita Universidad de Puebla y para la revista Argonauta editada en Guanajuato. Antalogada con narrativa y poesía por el “Movimiento Internacional: Vuelo de Mujer” (2019) Editorial El nido del fénix y para la colección Cuentos del Sótano de la Editorial Endora (2019). Seleccionada por poetas de Guadalajara para la antología: “Entre tintas…Tinto” (2019) y por los poetas de Estado de México para la antología: “Recorrido Mexicano. Una mirada poética” (2020). Seleccionada para el Anuario Literario 2021 de la editorial Al gravitar rotando. Antalogada por poetas de Puerto Rico en: “Di lo que quieres decir 2020” editada por Scriba NYC, entre otras. Colaboradora de la revista Molino de Letras, El Diario del Sureste, la revista cultural Soma, el portal de Este País y La Jornada Maya. Ha realizado cápsulas literarias para el programa Cuenta Conmigo de Televisión Educativa Mx. Ponente en el Congreso Internacional de Poesía celebrado en Toluca (2018). Asimismo en 2020 participó como expositora en el Quinto Encuentro Cultural y Literario: Ninguneadas y fortalecidas. Mujeres en el Tiempo, organizado por la Feria Internacional de la Lectura en Yucatán (FILEY) y UC-Mexicanistas (2020). Participante en la Primera Feria Nacional de Escritoras Mexicanas (FENALEM 2020) y en el encuentro de poetas de Puerto Rico durante la presentación de “Di lo que quieres decir 2020. Antología de Siglemas 575. Traducida al francés para el atlas poético “Résister” (2019) editado por el PEN Francia. Ganadora del Primer Concurso Nacional de Cuento de Escritoras Mexicanas (2018). Obtuvo el primer lugar en el certamen Calaveras Literarias (2019), organizado por la Fundación Elena Poniatowska Amor, A.C. Ganadora del Fondo de Ediciones Literarias del Ayuntamiento de Mérida con el libro de cuentos: “Despedida a una musa y otras despedidas” (2019). Ganadora del Premio Estatal de Literatura 2020 en la categoría de cuento. Miembro del PEN Internacional sede Guadalajara, México.

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