Jueves, 04 Marzo 2021 20:12

Orquídeas endemoniadas / Mònica Martz /

Escrito por
Valora este artículo
(1 Voto)

 

Orquídeas endemoniadas

Mònica Martz

 

 

                                                 

Desde la esquina pude mirarlo; su cabello despeinado, esas canas que brillaban como brisa espumosa y salada.Siempre con un cigarro en la mano, su cabeza inclinada mirando al piso, su saco negro, ese rostro cuadrado, la barba descuidada. Era él.

  Miré con cariño el letrero luminoso del “Arista Café”. Aquel lugar donde solíamos reunirnos tantas tardes, tantas noches después de la fiesta. Llorábamos, hacíamos burbujas con el popote en la malteada, reíamos sin parar para después encarar a la nostalgia de nuevo.

Me quedé un momento parada, mirándolo y lentamente, casi flotando, entré por la puerta, donde siempre sonaba una campanita. El volteó, hacía ya cuatro años de la última vez que nos vimos. Después de un introspectivo abrazo nos sentamos y comenzó su monólogo.

 

Al final, todo se vuelve Binario.

Aquí ya llovió, hizo mil noches y ella nunca volvió.

Que hago, ¿la espero, o vuelvo a la comida? 

 

–Moví la cabeza de lado a lado queriendo responder, pero levantó la mano en señal de “alto”

 

Carajo, tengo 42 años y las piernas se me doblan al querer trepar la escalera. Soñando con pastelitos, GrandMarnier, la batidora descompuesta, los baresuchos en el centro de madrugada, y claro, mis chicas Europeas.

No pienso pintarme las canas, sé escuchar muy bien, y por eso esperaré la aurora boreal vestido de negro.

Que risa, me encuentro desfragmentado; miro los árboles desde mi ventanal y quiero estar ahí, quiero ser parte del mundo.

He vivido mi vida entre mis piernas , contestando a los llamados de ese señor que nunca se sacia con nada. Necesito  volar, necesito estarme quieto, quiero recuperarme, nunca he sabido quien soy.

Pero adoro esos duraznitos tiernos meciéndose al compas de mi pincel.

A que sabe el espíritu, tu, conoces bien ese sabor, verdad?

 

–Sonreí de lado, y continuó hablando.

 

Será un sabor neutro, o amargo como las noches en el apartamento de la San Miguel?

O dulce como esos días en el sanatorio después de mi ultimo coma diabético.

 

–Hizo una pausa, y le dio un buen sorbo a su café, que ya era el tercero–

–Escúchame, dijo tomando mi barbilla con su mano temblorosa.

El tono de su voz comenzaba a sentirse por todo el espacio.

 

Cuando digo vámonos es por que yo ya estoy tarde. Yo, Yo ,Yo, encima de mi mismo, ausente de aquellas mañanas radiantes cuando me despertaba y sonreía.

Estoy a punto de llegar, lo se.

Tomo el elevador, y me multiplico en sus espejos, bajo las escaleras eléctricas  de espaldas, subo las de caracol hacia la azotea, el viento me lanza una maldición, y me dejo ir por el tobogán de emergencia.

Y abajo, las noches viciosas de post punk, sentimentalismo de polvos blancos, me alimento del bies negro de mi kimono narcisista.

 

-Tenía tanto que decirle, pero mi referencia en su espejo era insultante, así que me limite a escucharlo, con esa nueva paciencia que había ganado en esos años de ausencia. Él no se inmutaba de mi necesidad de comunicarle que pronto tendría que marcharme de nuevo de la ciudad, y esta vez no sabía cuando iba a volver-

–Continuó hablando, ya sus ojos parecían desorbitados

 

En este sótano necesito una lámpara para iluminar los pocos días que me quedan de Paris.

Ya de madrugada, regreso al apartamento y entro en la tina con ropa.

Tres o cuatro días tirado en la cama,, me abraza mi colchón olvidadizo del verano.

Una paloma despistada choca con mi ventana y al fin despierto.

Me levanto vociferando en contra de los eclipses Lunares para personas con tal sensibilidad, yo definitivamente me quiebro.

Envidio al borracho perdido que se estrangula diariamente desde el fondo de la botella, el tampoco sabe quien es, pero no le importa.

El solo quisiera saber hacia donde lleva ese listón rojo que emana del pavimento al medio día.

 

–Hizo una pequeña pausa, y después de un largo suspiro, me miró fijamente: te ves linda eh? Andas con alguien?

–Ya te contaré, eso si me dejas hablar en algún momento, bromee.

–Déjame decirte lo que he estado sintiendo últimamente, me dijo juntando sus manos palma con palma-

-Sonreí-

 

Yo a veces quisiera haber nacido mujer, para no ser cobarde, para entregar hasta los huesos cuando de amor se trata, por lo menos pintarme los labios y desgarrar mi ropa de vez en cuando me hace tirar las mascaras .

En desnudez, deseo caer al piso sin miedo de nunca maslevantarme.

Los hombres demoniacos somos mas atractivos, por quesomos infinitos, y debajo de las alas siempre llevamos una flor.

La cordura siempre fue bebida fácil, y  jamás me libero, en cambio, siempre he tenido un futuro abierto, en el que me visualizo descolgando los adornos superfluos de mis repisas. Y​en cámara lenta voy girando agangrenado por el triple nudo de mi gazne de seda atado al cuello.

Siempre he dicho que en el amor la decadencia puede ser lenta y asfixiante cuando la expectativa te arrastra.

 

   –Comenzaba a sentirme ansiosa; quería gritar, quería llorar.

–Me levanté de golpe, saturada de palabras e imágenes, y sin decirle nada ,camine rápidamente al baño. Abrí mi enorme bolso, buscando rápidamente mi pastillero. Saqué un Rivotril y lo partí a la mitad echándolo al túnel místico de mi garganta y la tragué, así, sin agua. Me recargué en el lavabo, mirándome en el espejo, mis ojos reflejaban alguna tristeza vieja, esa nostalgia que iba desgajándose como un delicioso cítrico anaranjado. Y sí, lo era.

Volví a la mesa .Ya sentía el efecto de la amable pastillita, así que me senté en calma, le acaricié el cabello y le dije:

 

Mira, la verdad siempre ordena.

La verdad sobre uno mismo, sobre quien fuiste de niño, y quien eres ahora.

Cuando vivía en Jalapa, me gustaba salir muy temprano al bosque.

Correr, persiguiendo el largo vestido gris de la neblina. Ygritar.

Gritar me liberaba, gritarme a mi misma.

Hoy quiero gritar y no puedo hacerlo, no como mujer, por que sigo siendo una niña.

Así la catarsis de la vida: comienza en la punta de la cola de un gato, y termina….

¿Donde termina; cuando una imagen te toca  por dentro sin tocar tu superficie primero?

Recuerdo cuando me sentaba en la banqueta a platicar con mi hermana. Compartíamos las mismas imágenes del alma , como una fuente descontaminada, mientras el agua de la lluvia pasaba por debajo de nosotras ,trayendo con si brazos y piernas de plástico, desechos de la fabrica de muñecos que estaba en la esquina de mi casa.

¿Dónde quedaron esas aguas limpias, aquellos borbotones de risas y cuentos?

 

-Después regresábamos a casa, subíamos al estudio por la escalera de caracol metálica que siempre rechinaba. Enencendíamos el tocadiscos. Ella casi siempre elegía el disco de Peter Murphy “Love Hysteria”

Mirábamos la portada y nos enamorábamos de su cara afilada .Parecía una navaja antigua, sus ojos oscuros eran un espejo donde nos gustaba reflejar nuestra siempre curiosa mirada.

 

-Hice una pausa, mi mirada abstracta en un cuadro de colores pastel colgado en la pared que retrataba un helado Banana Split-

 

 –Siempre me ha gustado mucho bailar –continué. Siento que cuando lo hago, me olvido de todo, y siempre,aparece puntual la sombra que gira, y desvanece losrecuerdos que no me dejan dormir.

Después de una gran noche de baile, despierto a la mañana olvidadiza de un corazón perforado.

La sombra deja de ser un arquetipo punzante y dolorosocuando uno la reconoce como una parte vital de la propia vida.

 

–¿ A qué viene lo del baile?- preguntó.

- No sé, el hecho de bailar siempre me recuerda a nosotros, o más bien, a ti; cada Viernes, con tu atuendo negro..

–Permanecí un momento en silencio, recordando una noche de día de muertos en el antro al que asistíamos con frecuencia. –Me preguntó: por que te quedaste callada?.

–Recuerdas esa noche, cuando íbamos disfrazados con  capas negras y nos pintamos la cara con los maquillajes que me trajiste de tu último viaje?Bajamos la escalera hacia el área de fumadores, el humo casi no dejaba ver el juego de luces violetas y a toda la gente bailando, perdiéndose en notas oscuras y Martinis color violeta también. Me jalaste de la mano y me llevaste detrás de la puerta del baño, me alzaste acomodando mis nalgas en la pequeña orilla de la ventanita, recuerdo que rasgue mi falda negra de gasa.

Comenzaste a besarme y morderme el cuello, yo tenía la copa en la mano y la dejé caer, para entregarme a ese sudor extraño sabor a tabaco y chicle de menta añejo. Mordías mis pezones mientras introducías dos dedos en mi vagina que brotaba como cascada. Yo gritaba y reía al mismo tiempo, pero mis gemidos eran imperceptibles para la multitud. Tu estabas de espaldas al baño pero yo miraba de frente gente entrar y salir, se tambaleaban, fumando y bebiendo, miraba el reflejo de las luces en sus cabellos decolorados y el delineador de sus ojos caía con el sudor como lágrimas negras. Nadie se percataba de nuestro juego, así que bajaste la bregueta y me penetraste. De verdad pocas cosas me prenden más que el sexo en lugares públicos.

Terminaste pronto. Nos quedamos un momento recobrando el aliento y mirándonos con complicidad. Sabíamos que era solo ese momento y nada más, cada uno con sus historias personales, sus amores no concretados sus tristezas en soledad.

Pero eso me daba tranquilidad, para mi era casi imposible tener sexo con alguien que me agradara sin enamorarme y terminar hecha pedazos por nos ser correspondida después.

Lo nuestro me recuerda a esas épocas, de discos de vinyl, de platicas tontas en la banqueta, de dulces de colores que revientan en la boca, de bombas gigantescas de chicle, de….

 

El me miraba, entre sorprendido y deseoso, yo sabía que había encendido en el esa dependencia que conocíamos los dos muy bien, y quería provocarlo, quería quedarme, pero cerca de él, aún así, sabiendo que los dos éramos incapaces de amar libremente

 

-¿Cuando te vas?- me pregunto, levantando la ceja derecha.

-Aún no compro mi boleto.

 

Él sacudía su camisa color gris, abanicándose del calor que su cuerpo había generado. Yo sabía que estaba deseoso de tenerme de nuevo, después de tantas metáforas y música y ausencia y ganas de reventar el colchón de tanto dar vueltas mientras la música nos rodea siempre como un espiral que continuará hasta nuestro último respiro.

 

 

 

 

 

 

 

Visto 114 veces Modificado por última vez en Jueves, 04 Marzo 2021 20:26
Mònica Martz

Mónica Martínez M (México D.F. 1974)

 

La poesía de Mónica tiene como base la propia experiencia y la atemporalidad de los sentidos. El mundo onírico, las noches oscuras y los recuerdos  de la infancia como imágenes repetitivas que forman una especia de mantra u oración

Su deseo es que qué las imágenes alcancen a documentar en  su trabajo los que existencialmente vive una conciencia o una alma en constante búsqueda..

Observadora del silencio y  de las cosas más íntimas y nostálgicas de la naturaleza.

 

En este momento dirige un proyecto de poesía sonora en el que se acompaña la poesía con atmósferas musicales colaborando con diferentes músicos y artistas sonoros. En el se experimentan los alcances de la memoria emocional que evoca  a la música como una entidad viva que la ha acompañado desde la infancia.

 

Deja un comentario

Asegúrese de introducir toda la información requerida, indicada por un asterisco (*). No se permite código HTML.