DEANA MOLINA

DEANA MOLINA

Poeta, narradora y periodista. Conductora y productora de radio y televisión nacional e internacional. Representante de la Sociedad General de Escritores de México, en el sur de Sonora; colaboradora de revistas culturales, fundadora y cofundadora de empresas y asociaciones culturales, publirrelacionista, funcionario público y privado, conferencista, investigadora, docente, consultor especialista en auditoría de imagen y protocolo, con más de siete libros publicados, entre los que destacan Silencio rojo (2000) y La suma azul (CONACULTA /Apalba, 2006, prólogo de Luis Vicente de Aguinaga). Aparece incluida en varias antologías, entre otras: Poesía viva de Jalisco y Muestrario de letras de Jalisco, aparecidos en los años 2004 y 2006, respectivamente.

Viernes, 08 Febrero 2019 07:03

Ese dolor ya lo he sentido / Deana Molina /

 

 

Ese dolor ya lo he sentido

Deana Molina

 

La primera vez que lo vio estaba de rodillas sobre el piso de tierra endurecida por el tiempo, el riego y el paso enérgico de la escoba; él, con el oído pegado a esa extraña superficie metálica gris abría sus ojos y sonreía por desconocido motivo para quienes le miraban, mientras hacía girar con sus pequeños dedos un enorme botón negro, circundado de líneas y números blancos.

—¿Qué haces? —le preguntó.

—Juego —respondió, sin abandonar aquello que le ocupaba.

El silencio y concentración del pequeño quien permanecía arrodillado le llevó a retirarse y, justo antes de cruzar las cortinas floreadas que cubrían el marco donde un día estaría una puerta, escuchó decir con aguda voz:

—¿Qué es esto?

—No sé; pero mejor déjalo donde estaba —dijo el otro niño sin ver aquello a lo que se refería, por temor; temor que seguramente el niño sobre la tierra no sentía al levantar aquel objeto sobre sus palmas para mostrarlo, con su vista perdida en el vacío pero claramente dirigida hacia quien le acompañaba.

—Sí, pero…

—¿Qué haces? —interrumpió de pronto con gritos un hombre alto y grotesco que corrió a arrebatarle el objeto de sus manos, ante la sorpresa de quien le acompañaba.

—Demonio éste —rugía el corpulento varón con sus mejillas y boca temblorosas como olas de mar embravecido por la furia—. ¡Mujer! ¡Mujer! ¿Quién abrió la caja fuerte?- preguntaba mientras colocaba la pistola dentro del espacio pacientemente descubierto por el niño y cerraba la puerta de metal antes de tomarlo por los cabellos para sacarlo de esa habitación y llevarlo ante su esposa, totalmente cuestionante.

—¿Qué crees que hacía este demonio? ¿Qué crees que hacía? —repitió como si su voz se perdiera en el silencio de la soledad más sólida; ¡pues tenía la pistola en sus manos! ¿Cómo puede ser? ¡Cómo! —insistió como siempre que se dirigía a ella.

—No sé —contestó indiferente la mujer—, el único que la abre eres tú, así que el olvido es tuyo. Seguro la dejaste abierta y ni cuenta te diste; ¡es tu asunto!... como todo en esta casa —dijo entre dientes, como tragándose las palabras para sumarlas a tantas otras que le abultaban el pecho de años atrás.

—Y asunto tuyo cuidarlo —gruñó tras ella exigente—. ¿Qué tal si se mete un tiro el chamaco este? ¿Qué le dirías a sus padres? ¡Qué! Dime, ¡qué!

Sin contestarle siguió ante la estufa, rumiante de palabras sofocadas y cimbrada como columna, segura de que lo siguiente serían unos fuertes manazos en las nalgas del travieso, ante la sorpresa de quien aguardaba su liberación para ir en su busca.

—¿Qué hiciste? —le preguntó el compañero al niño recién golpeado, una vez alcanzada la distancia entre ellos y los enormes desconocidos que irrumpieron en sus vidas, como salidos de insospechada realidad.

—No sé; jugaba —dijo él, sin salir del asombro—. ¿Qué es una pistola?

—No lo sé, apenas la vi.

—Era fría —comentó entrecerrando los ojos—; un tubo frío y delgado pegado a algo más calientito y grande... Lo divertido fue descubrir el botón y la palanca detrás de la puerta de madera y escuchar todo lo que se movía adentro, sin saber qué era y menos que guardaba algo tan poderoso como para hacer rugir de miedo al gigante que me levantó de los pelos- concluyó, alineando sus labios en una sonrisa.

—¿No te asustó cuando te arrastró por el suelo? Fue horrible verlo aparecer y manotear y gritar como nunca he visto a una persona antes.

—No, no me asustó; fue divertido sentirlo temblar y saber que lo que hice le dio miedo… ¿era muy grande?

—Le llegabas a las rodillas, creo; porque yo corrí a esconderme.

—¿Quién era?

—No sé. No conozco a nadie y nunca había visto esta casa. ¿Por qué estaremos aquí?

—¿Y me preguntas a mi? Primera vez que escucho esas voces —le aseguró, llevándole el índice a la boca, como quien se esfuerza en recordar.

Al día siguiente —y muchos otros— amaneció la caja abierta de nuevo, para sorpresa y furia del hombre quien, enfadado por la repetida travesura, gritó enérgico:

—¡A formarse todos! Rápido, en fila y por estatura.

Tomándolo por la mano lo llevó a ella, mientras todos se preguntaban el motivo de la orden, inútilmente. La fila era larga y con personas de todos tamaños y edades, agrupándose frente a la puerta.

—¡El primero! —rugió el gigante, lanzando su voz como rayo sobre todos los niños, quienes empezaron a temblar con excepción de los hermanos que expectantes aguardaban al final, por desconocer los significados de esa dinámica familiar.

El primero en cruzar la puerta y acudir al llamado de la furia fue el más alto de todos, quien hizo salir de aquella boca oscura llantos y gritos de dolor.

—¿Qué sucede? —preguntó a quien tomaba su mano—, ¿por qué lloran así?

—No sé, pero da miedo escucharlo.

—¿Miedo otra vez?

—Sí. Y más y más cuando veo que nos acercamos a donde los hacen llorar tan feo; si pudieras ver la cara de los que faltan… tú y yo seremos los últimos.

—¿Y si no escapamos?

—No podemos… ¿a dónde iríamos?

Al alcanzar la puerta soltó su mano, paralizándose. Su mano resultaba un descanso siempre; su confianza le brindaba a su vez confianza.

—Anda, ve. No tengas miedo —animó con un murmullo. No sabes qué hay adentro; tal vez no es tan malo como se escucha…

—Pero todos han llorado…

—¡Y qué!, nada puedes hacer. Si hay que llorar pues hay que llorar, llorar y gritar como todos porque seguro duele lo que les hacen.

Me hubiera gustado pasar primero… es más doloroso esperar. Casi creo que cuando me toque pasar el dolor se habrá agotado y nada me pasará ya, sin importar lo que pase.

—¿Qué esperas que no pasas? —gruñó el gigante desde el umbral, asomándose por primera vez desde que dio la orden de formarse a los niños que jugaban, unos a las canicas, otros al trompo y otros a la matatena, bajo el sol ardiente de verano que los obligaba casi al desnudo, interrumpiendo sus risas y alegría.

Buscó entonces su mano para apretarla fuerte y tras un suspiro, bajo la amenazante mirada del tirano, fue a su encuentro.

El gigante, con los brazos en alto lanzó con fuerza sobre sus piernas desnudas dos sendos cintarazos que le paralizaron una vez más, por el asombro… nunca había experimentado tal dolor. No hubo gritos aunque sí llanto, un llanto silencioso y profundo que ahogó para no alarmar a quien guardaba siempre en su mano; dolor de saber lo que le esperaba, mientras le era posible tomarlo de la mano para conducirlo por el camino que los otros seguían.

—¡Y ahí se van a quedar toda la noche y sin cenar! —bramó quien azotó a los pequeños con furia, antes de lanzar lejos el cinturón y dejarse caer en el sillón que al centro de la habitación le soportaba, desvencijado, mientras ordenaba su cena, ajeno al llanto de los trece niños.

En el patio, entre las piedras y sus posibles rincones, con el rostro entre las piernas doradas por el sol, lloraban todos, lejos unos de otros.

—¿Qué pasa? —preguntó, apretándole la mano en un intento de brindar tranquilidad a su guía.

—Ven, busquemos un lugar lejos de todos —le dijo hipeando—; creo que eso es lo que sigue… no tengas miedo —murmuró como quien muerde entre los dientes algo que amortigüe las quijadas, con el sudor sobre la piel como salado baño sobre los ojos irritados de llorar.

¿Cuánta desolación es capaz una persona de sentir? ¡Cuánta! Tiempo sin tiempo ni razón, suspendidos en él como el aliento que se aferra al cuerpo, desde el vientre hundido por el esfuerzo. ¿Qué somos entonces? ¿Acaso una hoja seca amenazada por el viento, cuando imperante azota al árbol para desprenderla en su levedad?

¿Cuánta desolación es capaz una persona de sentir? ¡Cuánta! Cuando el silencio domina los espacios circundantes y la esperanza huye sin llevarnos a los parajes donde habita. ¿Cuánta desolación es capaz una persona de sentir? ¡Cuánta!

—No tengas miedo —le dijo una vez más a quien llevaba de su mano hacia un rincón, lejos de todos y cerca del hediondo baño al que debían acudir, cubeta en mano, salpicándose de porquería en su pequeñez.

—¿Miedo? —le respondió con firmeza—. ¿Miedo por qué si todo ya pasó? —le dijo con cierta tranquilidad—. Y el dolor de los golpes pasará pronto. Conozco ese dolor; seguido me golpeo cuando tú no estás, a veces tan fuerte como nos pegó el gigante. Sé, además, que no siempre estás… creo que me dolió más saber de tus golpes que de los míos, por eso no volveré a abrir esa caja nunca más.

Y así fue

Martes, 06 Marzo 2018 04:20

Le pas du vent / DEANA MOLINA /

 

 

 

Paso de viento

 

Deana Molina

 

 

En permanente aliento

descansa de sí, abandonado,

el deseo de ser instante

en el tiempo, de ser

herencia de nada.

Paso ligero fue el tránsito

propio, paso de viento, aroma

de indiferentes aves

mutiladas por los ecos

del estruendo.

 

Hoy, ajeno a los caminos

el espacio dimensiona

ofertas de una marca,

de una voz donde las sombras

ululantes desfallecen.

 

Llega entonces la Palabra

y el caracol de silencio

que me porta, desaparece.

 

 

 

 

 

DEANA MOLINA

Traduction de Miguel Ángel Real

Le pas du vent

 

 

Dans un souffle permanent

se repose de soi, abandonné,

le désir d'être instant

dans le temps, d'être

l'héritage de rien.

Un pas léger fut le propre

passage, pas du vent, arôme

d'oiseaux indifférents

mutilés par les échos

du vacarme.

 

Aujourd'hui, étranger aux chemins

l'espace mesure

les offres d'une marque,

d'une voix où les ombres

qui hululent faiblissent.

 

Arrive alors la Parole

et l'escargot du silence

qui me porte, disparaît.

 

 

Miércoles, 19 Julio 2017 04:52

La suma azul / DEANA MOLINA /

 

 

La suma azul

DEANA MOLINA

 

 

 

1

 

 

Asoma, afila el cristal

de su rumor entre las hojas, muestra

un rostro contráctil, sonriente

de licor y espuma, rigor

caliente, vapor de estrellas

socorridas por la hora fácil

y el deseo persistente, asoma

lanza impulsos, afiebra templos

sudorosos, gime vapores

pestilentes, tañer de escarcha

líquida palabra, entierro

sobre entierro, basura, soles

de migajas guardándose

en la nada miserable

del oculto, el que ruge y sueña

sufre, demanda, exige, mata

desde el feroz encierro, vive

efervescente, la suma azul

que le dibuja el vientre leve

Por eso vuelve, asoma, mueve

las raíces, poda, acecha

desde el rostro de otro rostro

en sigilosa búsqueda, navega.

 

 

2

 

 

El oscuro acecho del crecido enano avanza transparente entre la guarda sombra del engaño irrefrenable, incendio de rencores tras el ojo manso del que aguarda aguzados los sentidos de paciencia, entierro sobre entierro los rumores del momento justo, arribo pudoroso reservado precavido, contráctil rostro migaja de la nada, deseo persistente que levanta sus vapores como rabia filosa entre las hojas de la estrella derribada por la norma y el presagio fácil de quien sabe exige mata, desde el feroz encierro del otro sobre el otro otro.

 

3

 

Estás y no, ciclón de especies

vaporosas, en los ojos

en el ojo zigzagueante, rumoroso

afán, abúlico camino

de cristales sorprendido, en la pendiente

lógica y astuta de la Vida

adormecida por la vida

cotidiana, el ahora anquilosado

Estás y no, disoluta lluvia

desfiguro desleído, filtrándote

en la lengua que sí escapa

del cuerpo, pálida linterna

violenta retorcida entre las sábanas

voraces, artificio y títere

orgulloso fariseo, limo, bufón

y escarcha que abraza la fatiga

fatigada, fermento espumoso

de la espada, flagelo, paso

escalonado, corral, serpiente

de perros escoltada, espinoso

vértigo sedante, cruz y faro

Estás y no, en el plato y en la cama

indispensable, sacudido, putrefacto.

 

 

4

Absolutamente ausente en la presencia sostenida, transformada. Constante demanda, selecta compañía, vibrante instrumento de aire si vence horizontes definidos por el ojo del enigma,  cuando observa desgastándose en el acto mismo de la resta, lenguas zigzagueantes que transitan sin orden la razón paralizada por la inercia: Cuadrícula de horas, memoria, regla escalonada y Él ausente ejerciendo su presencia abrumadora cada instante sin respiro, en el aliento preciso, manifiesto.

 

 

5

 

Llegas, adversa, espuma ácida

de lenguas, temblor, ausencia,

al ángulo sediento, al ritmo

pálido del viento, al cuerpo

de cristales que revienta

en tu presencia, fragmentos

salivados de tormenta

repetida, fervores, trazos

y todo aquello que aglutina

la existencia, estático

deseo, aliento tras aliento

Llegas, la tierra de rodillas

te descubre, manifiesto

acecho, mantis religiosa

disfrazada, marchita casta

de leyendas, trastornada

Llegas y te espero, enfrento

el derrumbe necesario,

la danza de las cruces, tu voz

y el silencio, copioso miedo

derrotado por el paso

firme, deslizado entre el espasmo, vértigo

asumido, dolor, entierro.

 

6

 

 

Manifiesta aversión oscuro erizo al acecho de confiada planta, cristal de brisa, pálido fragmento avizor; enroscada tempestad que revienta al frágil sorprendido por la máscara espumosa de los ángeles caídos en el vértigo, punzante cruz, fervor estático disfraz de la existencia adversa, acrisolado miedo dolor profuso sedimento de raíces donde constante borbotea el deseo macerado por los pasos oscilantes del trastorno.

 

 

7

 

 

Desde la luz, sudorosa

garra, emerge entre disparos

y colapsos, código de sombras

descubierto, rígido escenario

enflaquecido, enredo de lenguas

y sonido, desmagnetizado

espacio, absoluto plano

de limosnas, miserable

cúmulo, basura y más basura

compactándose, concéntrica

negrura, onírico residuo

decantado en la memoria

del olvido, guerra de acertijos

conflictuados, roer de fieras

seducción, hipnosis, lucha

Nada puede contra el láser

verdadero, el cálido deseo

de la llama delatora

cuando aborda, sin reserva

el aliento convocado

por la historia, lumínica

suma, aglutinada fuerza

de los tiempos, que me nombra.

 

 

8

 

Obligado rastro, destierro, sombra redentora, inflexible punto, imperante éxodo desde hacia el incendio puro del todo y nada, sustantivo decantador de oídos destinados al encuentro armónico, cordel exento de figura sobre la pendiente incuestionable abandono convergente, cuerpo desasido, impulso anulador del anclaje absurdo, devenir escrupuloso, tedio, censura: onírico escenario convenido para el vuelo de los hombres manifiestos.

 

 

9

 

Quedas  —reclamo de giros

voluntario, mínimo sistema

de elementos—, reprimido, atrapado

en la miseria; robótica

figura sin historia, registro

de pálida existencia, adorador

de entierros enterrado

sin garganta ni memoria

Quedas —socorro en abismos

enclavado, náufrago confeso,

ardor converso, ingrávido

tormento—, crucificado

en la boca del espasmo

rutinario, huésped del pasado

convenido, redención, cobijo

de cristales para el cuerpo

centro de alimañas, pesadilla

que perfora el alma,

frágil energía, llama

serenísima, lamer de azules

ardorosos que rechaza

prolongada oscuridad

—incapaz, carente, inercial.

 

 

10

 

 

Inapelable condición incorporada cuna rendida sin reserva, perenne ausencia de contrates, inercial estancia donde el gasto asume el curso —autónomo naufragio de rutinas— involuntario, incapaz del pulso alterno, primitivo percusor petrificado en los abismos silenciosos del entierro, intrascendente desafío de miserias, reiterado hastío, inamovible indiferencia imperturbable, isla sustraída de la fuga intermitente que seduce el entusiasmo de ser justificado testimonio de vigías luminosas en la célica muralla de avenencias.

 

11

 

 

Denso transcurrir, persistente

avance, asalto de guaridas

personales, canon manifiesto

compilación continua, el día

abismándose perpetuo, trayecto

de silencios, imágenes

sujetas, resistencia, riña

lubricante de clemencias

Ludir poseso que retarda

el acecho de las puertas

la noche y el derrumbe de los cuerpos

suspendidos en la atmósfera

secreta, vigoroso tiempo

contendiente, opresor criterio

imprescindible, cimbreante

obstáculo, legítimo

ideograma provisto de medida,

vigencia preeminente.

Señal de arena, preceptos

y simiente: nada puede,

aceptado, detenerte.

 

 

12

 

 

Para acabar las percusiones, decidió detenerse y dejar de perseguirlas: inútilmente, en la inercia de saberlas sujetas a su historia.

         Cerradas puertas y ventanas, respiró el silencio de las calles, adentrándose al derrumbe de los tiempos: desprovisto de medidas y señales cesaron los encuentros.

 

 

13

 

 

Se fue, inútil esperar

su rostro en la banda giratoria

soporte de necesidades

y de apegos, incidencias

y desencuentros, aparecer

destinado, providente

constructor subordinado, rienda

pretendida, indispensable

exigencia privativa

Se fue, impacta la ausencia

 —certidumbre aislante—

y la mar intrínseca revienta

sinsabores, miedos incrustados

mimetizándose en la conciencia

del inicio, aterrador racimo

de caminos inesperados

fracturándose en los huesos:

demolición, tormento

angustioso del vacío

Un paso, otro, y el compendio

de presentes aminora

el vetusto cautiverio.

 

 

14

 

Tras la recta conocida aguarda la cuerva el relámpago, instantánea boca de sorpresas donde abundan los instantes del inicio: se fue. Sobre la recta las costumbres, registro indispensable, pulso. Sucesión lunar que la noche aguarda para ser ante la ausencia certidumbre demolida bajo un sol inesperado, luz continua, agua deslizada, mar. Un paso, otro, titubeante... nada en el círculo sin eje.

 

 

15

 

 

Sí, no, obligado, incompleto

años, dedicación, entrega

al otro, por uno, por ellos

incansable, perfecto

luminoso hacia fuera

siempre unidireccional

mente dócil, afortunado

encuentro, sí, no, felicidad

normada, sesudo arrebato

de silencios, amo, te amo

prudente, distante, presente

suspendido en el vacío

de los pasos coordinados

sí, no, camino, desencuentro

doloroso, olvido de uno

que se ama, que se pierde

en las hechuras del programa

establecido, en el juego

riguroso del valiente

sí, no, basta, quiero, no quiero

esta locura desbocada

azotándose en el cuerpo

sí, no, basta de no ser, quiero.

 

 

16

 

Sí, no —repite al despertar—. Y cierra los ojos para ubicarse entre el sueño y la realidad. Sí, no —dice a la vida y a la muerte—, como quien desea la bruma para culparla de la oscuridad que le permanece durante el día. Antes no tenía nada —recuerda—, pero todo lo veía.

         Sí, no, ¿dónde está? Se busca sobre la cama, los cuadros, la cocina y los sillones, sin encontrarse. Entonces corre a la habitación de espejos, donde perdida entre los ‘sí, no’ de los rostros como el suyo, aguarda la hora horizontal de la constante pesadilla: sí, no.

 

17

 

Imperceptible, suma, conforma

la atmósfera circundante, el peso

que interrumpe vuelos: aceptada carga

adquirida, poseedor poseso

insospechado, marchitas alas

invisibles ocultas a la

conciencia, al doloroso deseo

de transitar ligero, con todo

y nada presente ausente

para saber y sentirse parte

tangible de un universo

mientras el instante llega, temido

encuentro del abandono,

el amargo, encadenado

rumiante, sucesión de muertes

tantas, como riendas se sujeten

en los huesos, en las carnes

sorprendidas por el acto

necesario del despojo

ineludible, desintegración

integradora, transformación,

viaje, despedida: arribo

a espacios de tránsito ligero.

 

 

18

 

En ese momento pudo conocerle: la luz emanando desde sí lo permitía.

 

 

 

 

 

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