Martes, 13 Agosto 2019 03:46

En algún lugar Daniel Verón

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En algún lugar

Daniel Verón

 

 

El tiempo resultó ser, también, una estructura mucho más compleja de lo que parecía. Si bien hasta la 17º dimensión parecía ser circular y poder unir sus extremos, tal como hemos visto, más allá aparentaba tener otras formas. Para algunos sabios de esos milenios, el Tiempo, como un todo, poseía una estructura parecida a la de un 8 tridimensional, adonde se podía “subir” y “bajar” escalones de tiempo que representaban edades enteras. Para otros, en cambio, representaba alguna extraña estructura laberíntica pero “vertical” que permitía el ida y vuelta. Pero esto no era tan simple. Sus características parecían depender del punto de referencia que uno tomara. En otras palabras, el tiempo no parecía ser el mismo en las escaleras, en los túneles o en las galerías. En realidad, el tiempo se comportaba de acuerdo al medio, como si se tratara de algún elemento químico.

A esta altura es necesario decir que las galerías representaban unas macro-estructuras cósmicas que tenían la singularidad de englobar inmensidades de tiempo con ciertos objetos llamados Masas, cada uno de los cuales equivalía a miles y miles de universos. En base a ciertas observaciones, los sabios estimaban que las galerías conducían a sectores nuevos o diferentes de la Casa. Demás está decir que la polémica era grande sobre objetos tan increíblemente lejanos, pero resultaba apasionante. Aún en este tiempo estaban los partidarios de la existencia de una Habitación única y los que sostenían que había varias Habitaciones, llamando Casa a la totalidad. En este sentido también hay que decir que los apkon y los humanos colaboraron estrechamente en nuevas investigaciones.

Los viajes o traslaciones realizados a esas regiones fantásticamente lejanas fueron verdaderas aventuras en lo desconocido, ya que no había forma de saber algo como no fuera yendo personalmente. Es así que, luego de los viajes del comandante Sarrer, aparecen los del Supremo Irvins al mando de nuevas flotas de la Federación para acceder a esos lugares. Pensemos que, para entonces, se había convenido en medir las distancias por UL (Universos Locales); 1 UL era nada menos que unos 40.000 millones de años-luz. Pues bien; se creía que el acceso a las galerías estaba más allá de los 200.000 millones de UL. Sólo un dominio muy completo del mundo multidimensional posibilitaba traslados más o menos seguros y rápidos a esos lugares. El “salto” representaba, por lo tanto, ir mucho más allá de donde estaban los Señores de la Luz, por ejemplo.

La primera vez que la Flota llegó, pues, a una Masa de las primeras galerías que encontraron, Irvins y los demás se encontraron con algo que no esperaban. Ellos podían contemplar ese objeto que, potencialmente, era un Universo completo con trillones de formas vagamente equivalentes a galaxias y estrellas. Pero la gran novedad era que el tiempo no transcurría en absoluto. No se trataba, por lo visto, de un mero fenómeno local sino que, literalmente, estaban situados “afuera” de la corriente del tiempo. Desde luego, algo tan importante fue necesario comprobarlo una y otra vez en distintos viajes. La conclusión fue que, al parecer, en las galerías, el tiempo simplemente no existía. Lo que había era eternos ahora (EA, como fueron llamados para designarlos como unidad de medida). De modo que las galerías tenían bien puesto su nombre: era como corredores o pasillos para observar diferentes cuadros en un museo. Como es lógico, la realidad de cada pasillo nada tenía que ver con la de los cuadros expuestos. Estos cuadros eran, efectivamente, las Masas.

En las galerías, pues, las incontables Masas podían ser apreciadas en detalle sin que interviniera en lo más mínimo el paso del tiempo. Eran como “instantáneas”, como una foto sacada al paso de una escena cualquiera. Irvins se interesó particularmente en el por qué de estas galerías, cuál era su verdadera función y demás. Pare eso se realizaron diversas investigaciones en cada una de las Masas que iban encontrando. Para eso, también el instrumental debió ser muchas veces mejorado para que fuese útil. Las primeras observaciones dieron como resultado que, de alguna manera aún poco clara, las Masas mantenía alguna clase de interrelación con el resto de las estructuras de la Casa. Era difícil explicarlo, pero las Masas eran algo así como la cúpula de una habitación del lado de adentro, reflejando gran parte de todo lo que sucedía “abajo”.

Cuando los sabios de la flota se reunieron en pleno, la emoción era grande. Aparentemente habían descubierto, en ese tipo de objetos, algo que podía estar señalando uno de los límites de la Casa, algo así como el techo. Sobrevienen entonces interesantes debates cosmológicos sobre la naturaleza de tales estructuras, aunque los datos aún eran pocos. ¿Será que realmente estaban en el techo de la Casa o se trataba de una simple ilusión por el hecho de encontrarse tan distantes de todo? La acción continúa ahora con nuevas investigaciones. Los resultados siguen siendo sorprendentes. Al parecer, las Masas constituyen en sí mismas, unidades de tiempo estático (EAS) de cadenas de universos, como fotografías de la Totalidad, en un momento determinado, que luego hubiesen quedado allí para su exhibición. Por disposición de Irvins se investigó aún más. El sabio Agur, de los apkon, dio tal vez con la mejor definición: se trataba de universos de tiempo con fragmentos espaciales de ese único momento.

Lo más interesante vino cuando se empezó a estudiar el contenido de las Masas. Tal como sugerían los teóricos, estas contenían fragmentos temporales de cada región de nuestro Universo Local y, por supuesto, del de muchos otros, vaya a saber en qué cantidad. Como no se trataba de momentos elegidos al azar, lentamente fue quedando claro que había una Masa completa para un momento A de cadenas de universos, otra Masa para el momento B y así indefinidamente. Por lo tanto, intrínsecamente, las Masas conservaban todo lo que había sucedido en cada universo, incluyendo el nuestro. De algún modo misterioso, en una Masa se conservaba una escena determinada y luego, en otra Masa, venía su continuación.

Esto planteó nuevas posibilidades. Irvins se reunió de nuevo con los sabios para definir mejor qué era lo que tenían delante. Más allá de cuál fuera su mecanismo, las Masas de aquellas galerías conservaban el tiempo, algo que al hombre siempre le pareció tan fugaz. Daba la impresión que en aquellos parajes, ellos u otros podían volver a ver y recuperar cualquier momento en particular de la Historia Universal y del lugar que fuera. Era como la posibilidad de “manipular” el tiempo, no ya simplemente trasladarse por él. Pero no era todo. Las galerías eran muchas, incontables. Cierto censo realizado  más o menos al azar reveló, sin embargo, algo que parecía ser un ordenamiento inteligente, como todo lo que venían encontrando en la Casa. Las galerías, en cierto modo, también semejaban ser pisos, escalones o niveles en donde la ubicación dependía del pedazo de tiempo que contuvieran las Masas. Agur, una vez más, lo planteó de otra forma: las galerías eran como estantes de una biblioteca.

Irvins apenas lo podía creer. ¿Acaso estaban en frente de una colosal Biblioteca del Tiempo? Agur le asegura que esa es una buena analogía. Evidentemente allí el tiempo se conserva intacto y así lo demuestra una serie de sondeos realizados en las Masas. Una de ellas, específicamente, les mostró una “foto” de cómo era el Universo Local unos 3.000 M.A. después de su creación. Fácilmente se podían reconocer galaxias primitivas y condensaciones desiguales de materia que darían lugar, mucho después, a las Burbujas. En otro momento diferente, otra Masa les mostró nada menos que la Vía Láctea aproximadamente, en la época en que fue formado el Sol, hace ya 5.000 M.A. Al recoger estos datos, la visión que obtienen es muy curiosa. Todo se ve tan pequeño que necesita ser ampliado, y la única sensación de movimiento la dan las cámaras que recorren la imagen de una galaxia a otra. Todo lo demás permanece absolutamente estático.

Aquí se plantea de nuevo un importante debate. Si en el Universo Local la historia ha sido modificada, ¿cuál será la que se conserva aquí? ¿Persistirá el mal o no? Esto lleva a hacer nuevas investigaciones pero los métodos de que disponen son aún muy primitivos. De hecho, están en lugares que nadie sabía ni que existieran. Ahora bien; lo que sí descubren a través de ciertas mediciones es que, de alguna manera inexplicable, las Masas interactúan con los universos que reflejan. Este intercambio se produce a través de un elemento extremadamente sutil que apenas puede ser medido. Cierta vez que Irvins medita ante una imagen de un grupo de Masas de una galería en particular, Agur se acerca con las últimas noticias.

  • No sé cómo explicárselo, pero haré lo posible –asegura– Supremo Irvins, las Masas son “Filtros”.
  • ¿De qué? –interroga éste.
  • Algo que los humanos designan como almas, aquello que da conciencia a cada ser viviente, no sólo los humanos.

Irvins queda perplejo. Al igual que ellos contemplan las Masas, las almas se corporizan en los universos insertándose en las Masas para “caer” o aparecer o nacer en alguna parte. Esa es la interacción que hay entre las Masas y los universos. Ahora bien; ¿cómo se lleva a cabo este proceso? Por lo pronto, parece evidente que el origen de las almas se encuentra en otro lado y que las galerías son únicamente los lugares en donde se lleva a cabo la “selección” de adónde irán. Es algo así como si una persona que mirara un cuadro, de pronto se pudiera insertar  realmente en lo que el cuadro está mostrando. Además, Agur le comenta que tal vez ellos mismos estén en condiciones de “sumergirse” en cualquiera de las unidades de tiempo de las Masas.

Aunque para Irvins no es algo tan importante, Agur procede a demostrárselo. Una vez que es localizada una Masa con la “foto” del Universo Local, el apkon elige uno de los mundos clásicos de Tau Ballena. A través del haz que los conecta visualmente le demuestra, experimentalmente, que se puede enviar cualquier objeto allí, en el año 3500, sin que nadie lo note ni eso altere nada importante. Un alma, en cambio, no quedaría librada al azar sino que lo lógico es, que se inserte en el cuerpo en formación del vientre de una madre. Teóricamente, le demuestra que esa alma no puede recordar nada de dónde viene, porque es un espíritu sin memoria física; simplemente anhelará volver al lugar de donde supone que viene. Irvins lo interrumpe. Para él, eso también demuestra que las almas no hacen una elección voluntaria, sino que son instrumentos de la voluntad de otro. Lo que dice Agur es exacto, pero no sería ese el final de la cadena sino que las almas dependen, a su vez, de un poder superior. Tal vez de quien ha creado todo este andamiaje portentoso que constituye la Casa.

A continuación, Agur le demuestra que no todas las almas son iguales sino que poseen distintas categorías. Hay que averiguar cuáles son las que usan las Mentes Galácticas, por ejemplo, para compararlas con otras. Pero, además, es menester saber cuál es el motivo exacto por el que hay almas que parecen ser “escogidas” y otras no. Tema difícil si los hay. Por eso, Irvins decide asignar un cierto tiempo a estas y otras investigaciones. Están apenas en una parte de su misión. La idea es que, luego de explorar las galerías, deben seguir adelante rumbo a las nuevas estructuras que puedan encontrar en la Casa. La posibilidad de haber encontrado lo que podría ser uno de los límites es extremadamente interesante, ya que ahora parece más cercano el momento de establecer si se puede trazar un plano de la Casa o si fuera de esta existen todavía más cosas. A esta altura, los cosmólogos ya no estaban muy seguros. Todo lo encontrado hasta ahora no sólo revelaba una inteligencia infinita, sino una organización realmente admirable pero cuya finalidad y propósito estaban muy lejos de ser conocidos y entendidos. Nadie se explicaba realmente a qué obedecía la existencia de un Cosmos millones y millones de veces mayor de lo que se había creído por siglos o milenios de historia. Pero también quedaba claro que, efectivamente, alguna finalidad debía tener. Semejante ordenamiento de estructuras no podía existir sin que hubiera alguna razón verdaderamente importante.

Así es. Pensemos que, para entonces, la Federación y demás civilizaciones e Imperios aliados, sabían que nuestro Universo es sólo uno entre miles de millones, cada uno de un tamaño y complejidad equivalentes o mayor todavía. Por donde fueran siempre había algo más, de modo que cualquier conclusión a la que hubieran llegado hasta entonces siempre tenía que ser modificada por los nuevos descubrimientos. Pero he aquí, que iba a suceder algo importante que les iba a llevar a conocer misterios que, de otra manera, nunca habrían podido determinar por el simple hecho de viajar de un universo a otro. Sucedió que, después de un tiempo, Agur y sus colaboradores lograron explorar franjas del espectro electromagnético prácticamente ignoradas. De pronto, a bordo comenzó a sonar una especie de alarma proveniente del mismo instrumental. Irvins se presentó en el puente a ver qué era lo que sucedía. En varias generaciones de exploradores nunca se había dado un caso así. Lo increíble es que, a partir de ahí, una parte del instrumental comenzó a funcionar solo y las luces de a bordo comenzaron a apagarse. Lentamente, empezó a distinguirse una especie de figura delante de ellos, tremendamente luminosa, hasta resultar enceguecedora. Es allí entonces cuando se escucha claramente una peculiar voz que, les dice:

  • Bienvenidos. Sean ustedes muy bienvenidos.

Irvins no comprende y replica que en realidad ellos le dan la bienvenida, sea quien sea. Curiosamente, el otro replica que no es así.

  • Nos han encontrado –dice– Dígannos qué es lo que desean.
  • Nosotros no deseamos nada en particular, hace mucho tiempo que tenemos lo que queremos. Sólo me interesa saber quién o qué es usted.
  • Yo soy un alma superior. Nadie más ha llegado nunca hasta aquí. Es un honor recibirles.

La figura terminó de formarse delante suyo, con un aspecto vagamente humano. Los federales parecen haber descubierto algo completamente insospechado.

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Daniel Verón

Daniel Verón, 

Argentina, autor de obras de ciencia ficción,

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