Miércoles, 03 Marzo 2021 22:06

NOTAS SOBRE LA POÉTICA DE HOMENIC FUENTES / Luis Alfaro Vega

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NOTAS SOBRE LA POÉTICA

DE HOMENIC FUENTES

Luis Alfaro Vega

 

En su libro Dialéctica de Job, el poeta alza la temperatura de su voz para referirse a ese tránsito de inquietudes atemporales: los seres humanos reclamándole a Dios por las vicisitudes que no discurren según su ansia y temperamento. Y para ello recupera la paradoja del emblemático personaje bíblico, el patriarca Job, justo y noble por antonomasia, y que, sin mediar motivo, fue vilipendiado y despojado de todo su peculio material, incluso de los patrimonios del ámbito sentimental: su propia familia.

El libro se decanta en una dirección de acciones convergentes en la historia: enfrentar con ímpetu el horror de un dolor que devasta, enconosa espina que zurea en lo más abierto de la herida, esponjándola, inoculándole el veneno que la pudra. Y todo ello, el castigo, el despojo, sin que medie justificación.

Homenic Fuentes plantea la punzante epopeya con versos descarnados, de hondo devenir amargo en la urdimbre de hilvanar conceptos de reprobación frente a lo recibido:

Soy el Job errante dentro de los abismos

que tus manos construyeron.

 

Homenic Fuentes, con sus versos de doloroso aliento, bosqueja intensidad en la ruptura, esbozando crudos y amargos planteamientos de humano devenir, imprimiéndole fuerza a la voz de su poética, colocado a ras de suelo, manoteando mientras se observa sangrante en el espejo, pregunta:

 

¿Quién soy en verdad bajo tu látigo?

Y en otro poema:

¿Debo pedir perdón por los horrores

/que has propiciado contra mí?

 

La intención del libro Dialéctica de Job propende a una vibración continuada, un adherirse a la ácida amargura expuesta por Job, aquel respetado hombre, ecuánime y manso del Viejo Testamento, que se atrevió, en atención a los acontecimientos que sufrió en carne propia, de desvalijamiento e indecible desconsuelo, a cuestionar el discurrir de su vida frente a Dios, dador e infalible esencia de lo creado.

Sin dar oportunidad a una recomposición anímica que restablezca una cierta normalidad entre el Creador y su criatura, haciendo gala de una postura de firme garbo, en tono desafiante, el poeta plantea:

Aquí me quedaré en la rapiña

que has traído a mi alrededor.

 

El ser humano está en el paraíso que Dios creó, y dándose cuenta de que tiene conciencia de su rol de individuo creado, y estando disconforme con las circunstancias en la que está inmerso, y más, no solamente disconforme, sino enojado por el ritmo y lógica de la naturaleza que lo envuelve, un ritmo de agónicos días que lo aprisionan, y una naturaleza que no corresponde a la norma implícita de recibir según lo actuado, lanza el grito de desacuerdo al cielo, son cuestionamientos que circunscriben, en su filosa trama, una gravísima respuesta, un vestigio de réplica, exposición de elementos tácitos que se pretende que se tomen en cuenta. Con incontrolada furia se desgarra las vestiduras y con encono se revuelca en el polvo, exponiendo no sólo desacuerdo, sino confusión:

 

Quizá vivo una realidad inversa

el dolor es mi Dios.

 

Y más:

Solo me arrastré como río de aguas negras

/fuera del Edén.

 

Altisonantes versos con los que el poeta chilla su dolor, contundente en su decir, portentoso en la descripción de una angustia fáctica que le crea un conflicto. Situado en el umbral de una exégesis recóndita, sin contemplaciones ni ambigüedades en su tendencia y formulación, pregunta:

 

¿Me condenas para justificarte?

 

Homenic Fuentes, en su turbado delirio de creador de imágenes referidas a la inasible relación entre Dios y los seres humanos, reconoce, haciendo referencia a símbolos de una trascendencia metafísica, y por encima de la barrera del sufrimiento físico, que:

La filosofía y la poética están lejos de mí.

Hágase la luz.

Y me cubrí de pus.

 

Y otro verso:

 

Las cenizas de mis huesos es tu divertimento.

 

Humanizando el sueño de una relación directa con el Omnipotente, el poeta, con versos de doméstico contenido, imágenes que incorporan una lucidez en hálito familiar, objetivando la referencia básica entre padre e hijo, expone, con resonante eco:

Fui huérfano en el seno de tu aliento

recibí látigo en vez de besos.

 

Es la de Homenic Fuentes una voz en absoluta soledad, un desgarrador pálpito en la región de la memoria, entrecortado decir sin posibilidad de reivindicación. El poeta intuye, y así lo plantea, que, por norma constitutiva de ocultamiento del Creador, sus inquietudes no arribarán al estrado divino, y por eso, condesolado y desesperado albur, lanza el conjuro:

¿Por qué la osadía de escribir tu nombre

con mi propio vómito?

 

Y también, en el mismo sentido de dirección:

…donde el único líquido es el mugir

de la carne desahuciada.

 

Y suma, asimismo, con el resuello más iracundo, referenciado de angustia y sobre todo de impotencia:

Solo puedo escuchar la risa de

tu adversario.

 

Frente a la impotencia de no encontrar salida a la proterva realidad que enfrenta, ni alivio a las reabiertas cicatrices que supuran, recurre el poeta a la intensidad que no permite reconciliación, grita, procurando poner en el desahogo todo el dolor de que es capaz, grito-chillido suplicando que se cierre ya la noche por completo, que caiga el último vestigio de la ruina, que se acabe de golpe la tórrida hora de la existencia:

Deseo el sepulcro y me lo niegas.

Y agrega:

Bebe mi maldad de un sorbo

y dame la tumba como rescate.

 

En el poemario es común, asimismo, colisionar con versos de auto inculpación, excitación sucesiva de juzgarse maldito, indigno de la nutricia luz que se despliega por fuera de sus razones, de su concepción del yo frente a la realidad:

Pésame en mi maldad

y sólo encontrarás

la integridad del mal

que habita en mí.

 

Y suma:

Huyo sin que me persigas

me oculto sin que tu mirada esté sobre mí.

 

A pesar de lo anterior, acontece a lo largo del poemario Dialéctica de Job, una altruista conexión de ímpetus, e incluso, tras la desastrosa experiencia, circulaun soplo propicio para la sobrevivencia, un expuesto júbilo, mínimo y endeble, pero sincero y esperanzador. Un genuino hilo que conduce al lector a degustar un fidedigno rejuvenecimiento, válido suspiro para recobrar fuerzas, ámbito de la resiliencia:

La ira y los terrores me han hecho fuerte.

Conjuntamente:

No contenderé más:

eres el misericordioso

el tres veces santo.

 

El libro de poesía Dialéctica de Job, del poeta mexicano Homenic Fuentes es una aportación sincera y valiosa que suma a la interminable carrera que emprendimos los seres humanos por encontrar respuestas, escenario de acción en el que, con la entraña expuesta, hacemos uso de la razón para intentar comprender qué situaciones trascendentes nos habitan, quién o qué está antes y/o después de nosotros mismos.

Es un libro inquietante, referido a una temática que no pierde vigencia, porque, aunque está escrito en referencia al patriarca Job del Antiguo Testamento,historia acontecida miles de años atrás, la trama que expone se ancla en la realidad del homo sapiens de todos los tiempos, alude a la íntima inquietud de saber quiénes somos.

Luis Alfaro Vega

Costarricense. Autor de los libros:

Poética de la muerte, poesía.

LIBO, poesía.

Luces y sombras de otro tiempo, relatos.

Los tristes pájaros del parque, novela.

El legado, novela.

El mundo es un instrumento musical, poesía.

 

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Luis Alfaro Vega

Luis Alfaro Vega nació en Santa Bárbara de Heredia, Costa Rica, el 27 de abril de 1961. Es licenciado en sociología por la Universidad de Costa Rica (UCR). Ha publicado obras como «Poética de la muerte» (Editorial Oro y Barro, 1998), «Libo» (Ediciones Colección Acosta, 2000), «Cabálicas» (Ediciones del Valle, 2006) y «Luces y sombras de otro tiempo» (Corporación Educativa para el Desarrollo Costarricense, 2009). Su novela «Los tristes pájaros del parque»» fue publicada por Ediciones Oblicuas de Barcelona en 2018. En 2019 la Editorial Montemira publicó su novela «El legado». 

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