Martha Lujano Valenzuela

Martha Lujano Valenzuela

Martha Lujano Valenzuela

 

(México DF,1973). Licenciada en Letras Latinamericanas (Universidad Autónoma del Estado de México), actualmente estudiante de la Maestría en Humanidades (Estudios Latinoamericanos). Poeta de verso breve y esperanzado al que define como Poesía Inútil.

 

Haikú Aquí. Vitral de instantes de Elías Dávila Silva

Martha Lujano Valenzuela

                                                                                 

 

                                                                       “La eternidad del instante. Lo que sucede aquí y ahora”

Matsuo Bascho

 

Remontar definiciones es tarea ardua de la especialización. La palabra haikú se ha incorporado al lenguaje literario de nuestros días de una manera casi tecnificada para hablar sobre cierto tipo de poesía. Y si es sobre haikús, el lenguaje se torna escaso, frugal, como este género  que ahora inunda la producción de la poesía en español.

 El haikú consiste en la idea milenaria de un poema compuesto acaso por unos cuantos versículos en un intento de reducir una estructura poética superior a una más corta que aún pueda contener toda la información semántica necesaria. Genialidad y maestría como sólo un antiguo Haijin (poeta del haikú) puede lograr, mediando siglos y geografías, aparece editado Vitral de Instantes (Bonobos Editores/ Chimal Editores, Toluca, México, 2010) de Elías Dávila Silva, un libro que se puede considerar De Autor, crisol de sabiduría y humildad, un auténtico vitral de fragmentos poéticos luminosos, sorprendiendo que tan contundente libro pueda constituirse como un puente entre la visión ancestral de oriente y el profundo arraigo latinoamericano.

La expresión poética de  Elías Dávila procede con fuerza de su raíz mexicana, originaria,  como la cosmovisión náhuatl, primigenia, sin contaminación, únicamente con la necesaria, ejercida por la lengua española de los conquistadores. No olvida que la cultura prehispánica estudiaba el movimiento de los astros,  los cambios estacionales del año y la ciencia del cultivo, los ancestros utilizaban la  medicina herbolaria, desarrollaron arquitectura y sus formas de gobierno y educación funcionaban para la atención de la población.  Contempladores de la naturaleza, como nuestro autor, quien considera su poesía como un pequeño canto a la naturaleza que de alguna manera conecta con el pensamiento oriental.

 Se sabe que el Haiku proviene de la escisión del Haikai, específicamente del Renga, una serie de estrofas compuestas por varios autores, la estrofa inicial tenía el nombre de Hokku, y Haiku se le llama a la estrofa escrita independiente por un solo autor. Quizás proceda el Haiku del Mondoo aquel diálogo de preguntas y respuestas surgido desde el siglo VIII, un collar de Katautas (versos cuyas longitudes en “moras” o unidades fonéticas japonesas fueran combinaciones de cinco y siete) o de las Tankas que constaban de 31 moras en cinco versos, canciones de dos estrofas ya mencionadas anteriormente bajo el nombre general de Hokku (5+7+5 moras,  más dos  versos de siete moras).

 

Si proviene de Zen o Zenna  (la forma japonesa de traducir del chino la palabra meditación) o no, es cuestión filosófica por dilucidar, pues el Haiku mezcla elementos del Taoísmo fundado por Lao Tse, del Confucionismo (Kong Tse muerto en 480 A.C.  Influye y contribuye a culturalizar la poesía Japonesa) y del  Budismo (procedente de la India en el Siglo V  A.C., de ahí pasa a la tradición de la cultura Japonesa). El haiku  evolucionó de arcaico a clásico y de clásico a contemporáneo, por medio de muchos autores consagrados hasta alcanzar por medio de Yamasaki Sokan (1465-1553),Matsuo Bascho (1644-1694, Hai kai o Hoku) y Shiki Mazaoka (1867-1902) la  elevación a rango de poesía y ganar la popularidad en el Siglo XIX.

 

La poética del haikú es un arte difícil de dominar, el del asombro y la emoción que produce en el haijin, la contemplación de la naturaleza. Su estilo debe ser llano, simple, coloquial, ahí radica la estética y la emoción profunda nacida de una escena “suspendida”. No existe duda sobre su preponderancia como género durante el siglo XX por su origen religioso y místico, por su alusión a la naturaleza y a la vida contemplativa, elementos de los que adolecía en mucho la literatura occidental, demasiado preocupada por la versificación.

 

El efecto contemplativo de Vitral de Instantes delinea una poesía “sin pretensión moralizante ni filosófica” en palabras de su autor, dedicado y autodidacta que justamente practica el género desde su posición de haijin –no-oriental. Preocupado por la pureza del género, demuestra que no basta escribir haikú pensándolo desde reglas gramaticales de nuestro idioma y bajo un “desconocimiento de origen, tradición evolución y actualidad”.

Se requiere una guía auxiliar para el entendimiento del desarrollo del haikú, Elías Dávila se propone esclarecer lo que es un haikú de lo que no es, por ejemplo, nos dice: “Hay quienes escriben un terceto, versos de carácter poético libre en temática, con la medida básica del 5/7/5 y desconocen la obra poética de José Juan Tablada,  quien introdujo de manera formal el haiku en nuestro idioma y de Octavio Paz, uno de los grandes autores mexicanos, quien dedicó  estudios profundos a ello. Desconocen a escritores y poetas que escriben haiku y son nacidos en México, como Elías Nandino, José Emilio Pacheco, José Vicente Anaya, Ramón Iván Suárez Caamal. ¿Entonces cómo le debemos llamar a un poema así? Tampoco podría ser poemínimo a la manera de Efraín Huerta; que tal vez haya conocido la poesía nipona; yo encuentro en el poemínimo de Efraín Huerta que conecta con el humor inicial del origen del haiku; que era algo así como una escritura de recreación.  Tal vez al poema breve con tintes del terceto del haiku puede llamársele minipoema, micropoema o poema breve y ya, escrito bajo la pauta silábica: Pentasílabo/Heptasílabo/Pentasílabo; respetando la regla gramatical de nuestro idioma con respecto a la palabra final del verso, aguda, grave, esdrújula; pero no haiku, no me gustaría faltarle el respeto a la cultura y civilización que le dio origen a este género poético”. Paul Valery: Nos dice del haiku, “un pensamiento reducido a tan graciosa simplicidad, que puede confundirse con un temblor, un murmullo o el paso de un aroma en el aire. La emoción concentrada, la simplicidad del haiku, la belleza y su valor residen en las ideas concentradas, simbólicas e intuitivas a través de las cuales debe darse un cuadro”.  Reginald Horace Blyth: “tiene al haiku como iluminación por la que penetramos en la vida de las cosas. Captamos el significado inexpresable de alguna cosa o hecho totalmente ordinario y que hasta ahora, nos había pasado totalmente desapercibido”. Octavio Paz, considera al haiku como una anotación rápida, verdadera creación de un momento privilegiado. El haiku insinúa lo indecible y constituye un medio para atrapar directamente la sensación y ver directamente el alma del hombre. No tengo que escribir las cosas sino ofrecer ventanas a las que pueda asomarse el lector para mirar las cosas nunca antes vistas”.  Alan Watts anota lo siguiente con respecto al haiku: “Un guijarro arrojado al estanque de la mente del lector oyente, que evoca para mirar las cosas nunca antes vistas; que evoca asociaciones de su memoria”.

El haiku está lejos de maniobras intelectuales y su esencia está basada en la intuición y la simplicidad. Donald Keene dice: “El haiku es la expresión del punto de intersección de lo momentáneo con lo constante y eterno”. Roland Barthes determina: “Los trazos de un haiku, diseño silogístico de tres tiempos; ascenso, suspenso, conclusión. Instante privilegiado y sobretodo de silencio”. Para Fernando Rodríguez Izquierdo y Gavala se trata de “un súbito esbozo de la naturaleza presenviado antes de que se borre de la mente”. Un arte milenaria que ha evolucionado hasta instalarse dentro de una gran tradición poética universal

En la actualidad, la voz de Vicente Haya S. es incuestionable entre los teóricos y los estudiosos del arte del haiku japonés, y para muchos, es el mayor experto en haiku de cuantos investigan este campo en lengua castellana actual, para él, el hakú es “la expresión de un silencio profundo y ancestral que es previo y posterior a nuestra existencia como criaturas”.  La adaptación del haiku a Occidente hecha por diferentes autores ha significado ciertas visiones conforme al funcionamiento de nuestro idioma, por ejemplo el haiku de Jorge Luis Borges y Jack Kerouac, o la visión que tienen autores de haiku contemporáneos como Alfredo Lavergne.

 

En la tradición Japonesa, el haiku debe poseer diferentes ingredientes como reducirse a tres versos con diecisiete moras, primer verso cinco moras, segundo verso siete moras, tercer verso cinco moras. Cuando se escribe en español se substituyen las moras por sílabas (esquema 5-7-5). No siempre es la métrica fija, el haiku debe contener una palabra que haga referencia a las estaciones: el Kigo (o tiempo), así como un Kireji, signo ortográfico, punto, coma o guion (mejor dicho una pausa traducida como éstos).  Prevalece la ausencia de rima y se privilegia el uso de licencias métricas para ajustar las moras como unidades fonéticas y permitir su flexibilidad al convertirlo al español. Además y ante todo: brevedad. En la actualidad, pueden emplearse nuevos componentes: la vida cotidiana, la naturaleza modificada y la exclusión del yo moderno, supeditarse a la contemplación es acaso el logro más educativo del haikú. La descripción cede a la belleza, tranquilidad, sosiego, fugacidad del instante, melancolía y específicamente armonía. Incluso el humorismo y la ironía, así como la realidad social tienen cabida siempre y cuando logren convertirse en poesía:

 

Banca del parque:

indigente y su perro

comparten un pan

 

“Al otro lado de la luz” y “La mirada interior” son las dos fracciones en las que se divide  Vitral de instantes, en ambas vemos recrearse el instante, emoción y sensación emanada del haijin, como propósito se fija un recorrido por su entorno próximo, un ambiente de campo, cuerpos de agua y aves migratorias ejercen el  efecto intuitivo que se imprime en esta expresión en apariencia neutra, pero que conserva aquella tácita consigna que dice que la lectura de haikú se encuentra en lo que no se ha dicho;

 

Nada de flores;

sólo un pájaro enfermo

sobre la rama

 

Lo que suceda dentro de un haiku es material e inmaterial, la estructura simple es clave para la comunicación de la emoción, aunque esta simpleza debe ser sutil y respetar los límites culturales, puesto que se puede incurrir en el error que advierte  Vicente Haya: “propagar en castellano un haikú sin corazón”, en su remedio, pueden  usarse las fuerzas del símbolo oriental y occidental como en:

 

 

El relámpago

revela un cuervo muerto

abierto de alas

 

Visual, auditiva y sensorial, son tres aproximaciones que se pueden tener ante el haiku, los artificios literarios sobran, el haijin deja por escrito lo trascendental de la existencia, hechos consumados, alejados del enigma:

 

Al boquear la trucha

se mueve

la transparencia del agua.

 

La enseñanza de la sencillez que promueve un haijin como Elías Dávila  a su  lector  (quien interpreta de manera distinta la sensibilidad japonesa dependiendo de sus límites cultuales) consiste en diferentes instrucciones: la primera resaltar el funcionamiento del poema/haikú, sin purismos,  apropiándonos de su humildad de falsa apariencia, pues su práctica es fundamentada en conceptos y entrenamiento en su aplicación. Segundo: Cada uno es el intérprete adecuado de cada haiku, lo que termina por opacar o sacrificar totalmente el “yo” del poeta. Tercero: las ambigüedades del idioma español y de su simbología pueden tendernos la trampa de buscar metáforas en el haiku, la lectura debe ser inadvertida, el haikú es algo que instala en la mente una  emoción que no se desprende hasta que se logra una valoración estética por parte del individuo.

Los haikus dicen lo que dicen, y tienen ese rasgo de ser representación material de la realidad,  por eso se duda de su carácter filosófico, no así de su carácter espiritual, pues no pretenden la comprensión del mundo ni la iluminación. Hay quien afirma que el haikú no debe ejercitarse como un objeto literario pleno, sino que debe poseer características morales, no provenientes del ego de escritor, esto obliga a la modestia y a un gran respeto por el Haiku. El haijin se sujeta con su  fuerza interior ante la existencia, ante los ciclos naturales, lo que sucede en la naturaleza es abandono ante el entorno, lucha del  estar contra el  tener, las cosas son perfectas como son (taoísmo) y se deterioran según su naturaleza (budismo):

 

Hojas de otoño:

el aire también mueve

mariposas muertas

 

 

Las conexiones entre versos dentro de Vitral de instantes representan la realidad de las estaciones, casi un calendario de actividad, poseen autenticidad humana, fluyen con los ciclos de la  tierra:

 

Se abren las coles:

las manos del sembrador

aún están sucias

 

El deseo del haijin llega a ser experiencia mística, murmullo que no se reprime ,sello personal, afinando los sentidos se detecta sabor de belleza triste (“Wabi-sabi”)

 

Este es el árbol

que en tiempo de lluvias

era mi casa

 

 

 

Elías Dávila nos ayuda a aprender a reconocer las cosas que consideramos sagradas (no religiosas), y que conforman un estado de ser ante la vida,  hacia el camino de la realización única y personal, eso que anida en nuestra voluntad, con la invitación a emplear al máximo la capacidad de asombro progresivo con ayuda de la observación, del guardar  silencios,  para contemplar dimensiones  que definen un microcosmos. El poeta va recogiendo  impresiones que son suyas, como en un largo paseo y  con fidelidad las filtra por los sentidos, y las obsequia, en su tiempo justo y equilibrado, sabiendo de ciencia cierta que toda interpretación es válida :

 Al atardecer

el viento del parque

hojea un libro olvidado

 

 

 

 

Radiografía de un crustáceo de Luis Enrike Moscoso

Por Martha Lujano Valenzuela

 

 

Un nuevo naturalismo, aproximación al comportamiento natural del alma cuando lo dio todo: “Matar los cuervos del alma” (2012). Así comienza el breve recorrido marcado en Radiografía de un Crustáceo (Selección Poética) de Luis Enrike Moscoso (Espantapájaros Editorial, México, 2018) un poeta del que se aprende, generador de conocimiento interno, quien no indaga las razones del no ser, únicamente los resultados: Yo no soy el que se golpea solo el rostro/Y esconde el puño/ No soy ese que se cuenta mentiras/Para sentirse vivo. El conocerse es esencial para enseñar a conocerse a otros, la mejor manera es mostrarse con crudeza, de la manera desagradable en la que no nos piensan los demás, sin dejar de lado cierto determinismo: Yo sólo soy alguien/ F u l a n o d e t a l /TIRANDO/Letras/como migas de pan /Para ՚revlov՚ a casa.

El componente crítico hacia la labor creadora de lenguaje de aquél quien enuncia -mejor conocido como “poeta”- es ácida y ataca la ideología del purista lingüístico; No quiero porque no/ Y punto /Sin suspensivos/Sin comas como topes o como espías/Sin diéresis antiestéticas/Montándose en mis vocales mías/sin acentos incómodos/afeándome las letras/sin nada de esos signitos feos/ que de por sí/ gastan más tinta de la que usan. Luego en Brujulario (2013) la presencia de lo femenino en sus diversas iconografía; madre, hija, santa, hijastra, hermana se funden en el articular silábico: Aguacielotierrasolmadremiamimadredemí, tal vez se refiera a la tormenta que baña la tierra o al terrible paso de una mujer por el acontecer de uno o un mero ejercicio fonético, cómo adivinarlo, los enigmas están presentes en sus cosmovisiones así como en todos los imaginarios sociales, incluido el urbano, como el que detalla en PAYASO ROJO Y OTROS MUERTOS (2014): La ciudad se pudre en silencio/Cantamos la muerte, la ciudad es el lugar donde la reivindicación vital se alcanza a través del amor-sexo: Un niño aprende el sexo aferrado/a la certeza de un clítoris anónimo o La luz que sale de tu sexo,/hábil como una cometa/ La luz que sale de tu sexo/ágil como un felino/ La luz que sale de tu sexo/limpio como un deseo/ La luz que sale de tu sexo/suave como un suspiro.

 

Mirada de un enamorado que desdeña el romanticismo y sus convencionalidades, volviendo al amor más cercano: Abres las piernas amor/ Y yo bebo de tu fuente el té caliente/que regalas, amor próximo, casi realista, única oportunidad de la mesocracia, ésa y la poesía salvífica: Salgamos a la vida amor/Vamos a atascar las calles/Atiborremos las cloacas de poesía/Escrita con fluidos de tu vientre.

Otras biologías, otras tierras, creaturas que van pasando frente al lector, cangrejos, elefantes, monos o al menos sus “gritos” y El paso de todos/jaurías/manadas/parvadas/cardúmenes/piaras/rebaños/gruñendo/graznando/silbando/balando/barritando/creando-lo-todo en POEMAS SUELTOS donde parece que la creación es algo más que papel de un dios natural, es también el trabajo caprichoso de un demiurgo: Y todo fluye/nada hay/Todo fluye/nada existe/SOLO ES LO QUE NOMBRO. Transformando al creador de esta poesía en un omnipotente hacedor de destinos: Yo, insensato patrón/ de los desocupados,/tiendo rieles de acero y carne/donde no existe el canto.

En un mundo donde el espíritu humano no tiene opción otra que la dependencia con cucarachas: ”Miles de seres de toda índole/Caerán en un sueño apacible y lento/ Y solo cucarachas y ratas/ proclamarán el nuevo orden mundial, la lucha por sobrevivir se convierte en móvil de la poesía. La selección natural es ahora una selección social, podría decirse, donde hay desposeídos, degradados que conceden una especial importancia a las pulsiones, al pesimismo del medio donde se vive: MORIREMOS UN AMANECER CUALQUIERA/atornillados a sexos desconocidos/ tiritando de miedo/ante la pérdida de las miradas. El poeta busca una impresión de ateísmo basado en la premisa darwiniana de que sobrevive el más apto: ¿Quién si no nosotros cambiaremos de nombre/para ser Adán y Eva? Aborda las situaciones de violencia con desencanto posmoderno como un mecanismo para retratar la visión apocalípitica de este tiempo: Después del holocausto/sobrevolarán mariposas los miles de cadáveres.

 

Su lenguaje es crudo sin embargo hay tanta delicadeza en SONATAS PARA ARETHA (2015) Vendrás y un torbellino de cristales /poblará las estrellas de la madre./Cómo te digo hermana/hija de mí/que el silencio es una piedrecita/ que uno aprende a equilibrar/En la punta de todas sus narices. Tal vez, canción de arrullo.

 

Esta radiografía captada por Luis Enrike Moscoso, es ante todo, una concepción de la vida, del poeta que no se limita a mostrar lo que mira, sino que haciendo uso de su corazón e inteligencia y con un rigor propio del experimentador revela su actualidad, basta mirar los versos experimentales, los blancos, los cambios de tipografía y las temibles metáforas que le aquejan: TE DIGO, HERMANO: La pureza es un nido vacío,/una madre violada/ un puño de cenizas en la mano/ sudorosa de la ciudad/lodo en las suelas del destino.

La poesía adquiere así valor social en un ambiente donde los instintos han primado sobre la razón. Luis Enrike Moscoso reúne en este poemario recopilatorio, el valor experimental y existencial del humano y su lado animal: un invertebrado artrópodo con el cuerpo cubierto por un caparazón calcáreo con muy poca metamorfosis evolutiva.

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