Adán Echeverría

Adán Echeverría

Adán Echeverría. Mérida, Yucatán, (1975). Investigador Posdoctoral en el Instituto de Investigaciones Oceanológicas de la UABC. Doctor en Ciencias Marinas. Columnista en el Periódico impreso El Vigía, y en portal cultural La Piraña (https://piranhamx.club/) Premio Estatal de Literatura Infantil Elvia Rodríguez Cirerol (2011), Nacional de Literatura y Artes Plásticas El Búho 2008 en poesía, Nacional de Poesía Tintanueva (2008), Nacional de Poesía Rosario Castellanos, (2007). Becario del FONCA, Jóvenes Creadores, en Novela (2005-2006). Ha publicado en poesía El ropero del suicida (2002), Delirios de hombre ave (2004), Xenankó (2005), La sonrisa del insecto (2008), Tremévolo (2009), La confusión creciente de la alcantarilla (2011), En espera de la noche (2015), Trapacería y fiesta (2017); los libros de cuentos Fuga de memorias (2006) y Compañeros todos (2015) y las novelas Arena (2009) y Seremos tumba (2011). En literatura infantil ha publicado Las sombras de Fabián (2014).

 

 

Nombre: Adán Echeverría

Doctor en Ciencias por el Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados del IPN.

Posdoctorante en el Instituto de Investigaciones Oceanológicas de la UABC

Dirección: Calle Isla San Pedro No 1436, entre Isla Tortuga e Isla San Lorenzo, Fraccionamiento Villas del Roble, C.P. 22842, Ensenada, Baja California

Email: adanizante@yahoo.com.mx romeodianaluz@gmail.com

Tel Cel 646 270 4993

 

 

Día del Escritor en Matamoros 2019.

Adán Echeverría.

 

 

Este 20 de diciembre de 2019 celebramos en Matamoros, por segunda ocasión, el Día del Escritor. Celebración que aprendí a realizar todos los 20 de diciembre desde el año 2001, año en que apareciera mi primer poemario El ropero del suicida. Ese año los compañeros del Centro Yucateco de Escritores, A.C., en la ciudad de Mérida, de donde soy originario, me invitaron por vez primera a celebrarlo. Este ha sido mi Día del Escritor número 19, 14 veces lo celebré en Mérida, 1 vez en Morelia, 2 veces en Ensenada, y por segunda ocasión en Matamoros, Tamaulipas, a donde llegué a vivir en julio del año 2018.

Este año celebré la aparición de mi cuadernillo “Ciudad Abierta”, y compartí la celebración con Félix Martínez que este año sacara su primer libro “360 grados”; además José Rodolfo Espinoza celebró la aparición de su libro de cuentos “Para destruir el final”, además de la obtención de la beca del PECDA Tamaulipas. En esta ocasión nos acompañaron, además de mi esposa Larissa Calderón que siempre me acompaña, mi hijo Dante Andrés, José Rodolfo Espinosa Silva, Ronnie Camacho Barrón, Saúl Rodríguez Guerrero, Jorge Luis Caballero, Rosalba González Silguero, Arturo Martínez, Daniel Barrera Blake, Francisco Madrigal, Ruth Martínez Meraz, Félix Martínez, María Guadalupe Olvera Zavala, María Bárbara Compeán Escobar, Elizabeth Martínez Compeán, Édgar A. Rivera y Martín Hernández Torres.

 

 

La reunión para celebrar el Oficio de Escribir se llevó a cabo en el Café Librería Horus, que durante el año ha sido recipiendaria de Talleres Literarios, charlas de literatura, presentaciones de libros, y ha reunido a compañeros escritores y lectores de al menos los cuatro diferentes talleres de literatura de la ciudad, así como de promotores de lectura.

 

 

 

Para iniciar la reunión les hablé de Elvia Rodríguez Cirerol, la persona que ha comenzado esta celebración en Mérida en la mitad de la década de los 90s del siglo pasado. La amistad, el deseo de promover la lectura y la escritura, y de reconocer a sus compañeros de letras, la llevaron a invitar a su casa a los creadores de la ciudad de Mérida. La tradición ha continuado en su memoria, y a mi me ha tocado extenderla a los lugares donde me ha tocado vivir.

El Día del Escritor celebramos el oficio de escribir, el escribir como nuestra segunda profesión. Ésa que nos quita el sueño, nos hace levantarnos de la cama para continuar con la idea que lleva todo el día dándonos vueltas en la cabeza. Porque es justo cuando tienes que levantarte de madrugada, cuando necesitas arrancarle tiempo al trabajo, cuando rehúyes la compañía de las personas para tener esos momentos para ti y la hoja blanca, cuando te descubres escritor. Cuando te das cuenta de que las letras forman parte de tu vida. Pasan de los libros en tus lecturas a ocupar tu mente, pasan de las historias que lees, alguien te cuenta, o experiencias que vas viviendo en el día a día, y como piden salir, brincar hacia la hoja en blanco, en donde habitarán por siempre.

Porque escribir es un acto noble, es un acto que puede enloquecerte en la vanidad y el ego, o puede hacerte compartir con los demás todo aquello que tienes que decir, que te ahoga por dentro, y necesitas contar como cuento, poema, novela, minificción, ensayo, comentario crítico y más.

Gracias, compañeros, por hacer de este Día del Escritor en Matamoros, el momento tan agradable que ha sido. Empecemos ahora otro año de escrituras y lecturas. De muchas lecturas. ¡Feliz 20 de diciembre! ¡Feliz Día del Escritor!

 

 

De la quema de brujas a la quema de libros.

Adán Echeverría.

“Yo nunca me equivoco en mis actos,

pasa que no tienes la capacidad de entenderlos.

 

Todos los libros nos dejan algo, incluso el decir: “¡Qué libro tan malo, jamás vuelvo a leer a este autor!” Y en esta diversidad lectora es en donde ponen sus cimientos las ferias del libro, las bibliotecas, las librerías, la historia del libro, y el poder de la lectura.

Volver a ver a jóvenes mexicanos quemar libros, en esta ocasión afuera de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, Jalisco, es de una total pena. ¿Qué pobre educación permea sobre las personas que presentan su odio sobre los objetos? Ya alguna vez Beatriz Preciado había dicho: “Todo lo que causa placer es un dildo, incluso el pene”. Y desde esa objetualización del placer sexual es cuando se da por terminado el Falocentrismo. Nos hace falta leer tanto.

Quemar un libro habla de Censura. La Censura es un signo de violencia. La violencia es lo que las sociedades buscamos erradicar del imaginario colectivo, de la educación de los niños y de los jóvenes. No podemos seguir pensando en la necesidad de resarcir todo el daño que se ha causado a la mujer, a los homosexuales, a los migrantes, a los pueblos originarios, cargando la violencia como estandarte, porque nos convertimos justo en aquello que nos ha causado tanto daño.

La quema de libros es algo que no podemos permitirnos como sociedad. Ellas queman libros que hablan de “Como curar la homosexualidad”. Un tema tan estúpido. En qué te convierte pelear con un estúpido.

Ya en 1564, la iglesia católica publicó el “Index librorum prohibitorum” que, en español se refiera al “Índice de libros prohibidos”: una lista de aquellas publicaciones que la Iglesia católica catalogó como libros perniciosos para la fe y que los católicos no estaban autorizados a leer. ¡En 1564!, hace apenas un poco más de cuatro siglos. En una época en que la Santa Inquisición torturaba y mataba mujeres acusándolas de brujas, gracias al manual conocido como: “Malleus Maleficarum”, escrito por los monjes Kramer y Sprenger; y de pronto, hoy volvemos a esas épocas, al tiempo en que lo que no nos gusta hay que quemarlo. ¿Acaso no podemos darnos cuenta, que los que se sienten afectados van a reaccionar en nuestra contra? ¿Acaso creemos que aquel que consideramos El Monstruo, se va a poner a llorar por nuestras marchas y cantos, y dejará de hacer maldades? Estamos nalgueando al toro, en marabunta, en jauría, esperando vencerlo por la fuerza, pero el toro ante el acecho igual reaccionará.

¿Qué se ha logrado con el simbolismo de la quema de esos libros? ¿El autor de aquellos libros lo entendió y sacará sus libros del mercado?

Los que están contra de quienes quemaron el libro, y jamás hubieran leído tales conceptos, ahora irán a leer ese libro. Triste sería que, por este acto, las ventas de aquel libro, cuyo tema es “Curar la homesexualidad”, aumentara, porque ahora muchos corran a comprarlo, y el libro comience a tener un número tal de ventas que ni el autor ni los editores hubieran esperado. Ergo, el autor escribirá más y más textos sobre lo mismo.

Los libros no son más que un mercado también. La sana crítica lectora pudo hacer que aquellos libros se quedaran en el olvido.

En una época del fácil acceso a cualquier tipo de tema en el internet, en verdad creemos que la quema de libros ¿cambiará el concepto de quienes creen en dichos temas? La censura es un arma de doble filo. Cada vez que yo Censuro al Otro, siento las bases para que un día, las autoridades de un pueblo tengan las herramientas para censurarnos a nosotros. Tienes que pensar que Tú eres el Otro para los demás. Y los demás un día podrán censurarte a ti.

Apréndete este Mantra: “Podré no estar de acuerdo con tu forma de pensar y lo que dices o escribes; pero defenderé hasta la muerte tu derecho a pensarlo, decirlo y escribirlo”.

 

 

Volver al inicio, encontrar la paz.

Adán Echeverría.

 

 

360 grados se denomina el libro que como ópera prima presentó la tarde-noche de este viernes 22 de noviembre el escritor Félix Martínez en el café-librería Horus. Tuve la fortuna de acompañarlo en esta presentación, a donde también concurrió el escritor Rodolfo Espinoza, que fungió como presentador del evento.

Félix se acercó desde este marzo de 2019 al taller de apreciación y creación literaria que lleva poco más de un año sesionando en las instalaciones del Instituto Regional de Bellas Artes de Matamoros. Desde que comenzó a asistir, pocas han sido las semanas en las que Félix no se acerque con un poema o algún relato para leernos y ponerlo en la mesa de operaciones del taller, para que los asistentes podamos opinar sobre su trabajo, y hacer las indicaciones necesarias para que el texto vaya tomando camino, y que posteriormente el autor, en la tranquilidad de su tiempo pueda hacer los cambios que considere pertinentes luego de haber escuchado a los demás compañeros.

Ése es el actuar de nuestro taller literario (de todo taller literario), llegar con una obra de manera semanal (disciplina de escritor), presentarlo ante los ojos lectores de los compañeros (tener humildad para ponerlo a disposición de los demás), no explicar de qué va la historia, ni discutir con los compañeros, solamente leer la obra. Que el texto se defienda solo, es la sentencia, y todos juntos nos sumamos a esa idea. Ya será después, en los cafés, las charlas fuera del taller, donde los autores podemos dar luz de cómo ha sido el proceso creativo. La disciplina de Félix es bárbara, como es la de Rodolfo, como empieza a ser igual en Lupita Olvera, quienes se han propuesto presentar textos semanales, lo que habla de la disciplina de escritor, para robarle tiempo a sus actividades de todos los días y poder trabajar en su obra.

El libro que nos convocó la tarde del viernes 22 de noviembre, reúne una época del autor. Textos que fueron naciendo en su totalidad bajo la mirada y guía del maestro Ramiro Rodríguez, durante los últimos 4 años. Textos: relatos y poemas, donde Félix Martínez ha puesto una parte de sí, de sus vivencias, de sus amistades, su familia, sus amores: hijos, esposa, hermanos, padres, tíos, haciendo que cada historia, cada poema, cada relato tenga ese toque de ternura, aun cuando el tema del que se trate pueda resultar en la violencia del sinsentido, la envidia, el rencor como en el relato “El viaje”.

El autor nos regaló, mientras comentaba sobre la creación de la obra, a preguntas que el auditorio le iba haciendo, de esas anécdotas que le hacen escribir, que le hacen traer a la hoja blanca las emociones que se recorren su sangre, salpicando cada una de sus células, lo que promete en convertirlo en un autor literario hasta que las fuerzas le alcancen. Anécdotas que le impulsan a seguir en el oficio de escritor, cuando puede constatar que alguna de sus obras pudo mover la fibra de algún lector, como lo ha hecho ya en alguna ocasión. Porque eso es la literatura, ese espacio para el reconocimiento de nosotros mismos en las historias que leemos de los otros. Para, por medio del lenguaje, reconocer al otro que somos nosotros mismos, desde los personajes que se construyen.

Félix lo presiente, lo intuye, e incluso estoy seguro que lo sabe. La literatura es ese acto comunicativo, que nos permite llegar a los ojos y la vida del otro, y desde ese momento pasar a formar parte de muchas vidas. Nuestros personajes, nuestras historias, llegan a ser parte de la vida de aquellos que alguna vez nos leen. Y el objetivo se cumple, cuando aquel lector reconoce la historia que se amolda a su forma de ser, que le mueve las emociones.

En este caso, la presentación de Félix Martínez, me ha hecho sentir ternura, calma e incluso paz, esa paz que se siente al disfrutar de los textos que conforman parte del libro 360 grados (Catarsis Literaria, 2019).

 

Testamento.  / Félix Martínez.

Estos son mis bienes que heredo:

Una casa sin paredes ni techo.

Para mirar la extensión les dejaré el cielo,

donde podrán ver las nubes cambiantes

las estrellas.

Les dejo el mar con sus tesoros

la luz, el cálido sol, para que se extienda

a sus noches frías. Dejaré el albedrío, un bien

heredado de mis padres.

Podrán escoger creer en un Dios benigno,

que está en cada huella, en todos los ojos,

o asegurar que existe lo que está en el horizonte.

Dejo un cheque portador de conocimiento

háganlo efectivo en libros. Ellos abrirán

sus mentes a otros mundos distantes.

El tiempo no se rige por los días o años.

Éstos se acortan cuando pausas la vida

y reciclas el pasado.

Mi mayor riqueza

fueron momentos en familia.

Cuiden sus activos,

separen valores de las posesiones.

Les dono mis sueños y quimeras;

mantendrán despiertos sus sentidos.

Disfrútenlo todo, llénense de sol, lluvia, ríos,

caminen veredas, suban la montaña,

lean ese libro para que vean que el mundo

nunca fue cuadrado.

Este es mi legado,

tomen posesión,

es suyo el universo.

 

 

 

La perorata dentro de la creación.

Adán Echeverría.

 

 

“Perorata” es el más reciente libro de cuentos del autor Luis Felipe Lomelí (Jalisco, 1975), editado con el apoyo del Sistema Nacional de Creadores de Arte, bajo el sello de Casa Editorial Abismos este 2019. En los créditos señala que ocho cuentos: Arandas, Verde era el color que era, La nueva era, Gabriel se puso malo otra vez, El espantapájaros, El Informante, Epístola del asesino y Somos gente de mar conformaron el libro que obtuvo el Premio Nacional de Literatura “Gilberto Owen” 2017, otorgado en junio 2018 por el Instituto Sinaloense de Cultura. Pero el libro consta además de siete cuentos más para fundar un cuentario de 15 cuentos en 200 páginas.

En verdad que me considero —ahora— un pésimo lector, porque en verdad que me costó mucho leer el cuento ‘Arandas’, el cuento con el que se abre el cuentario. Un cuento de 22 páginas que se alarga demasiado, apuntando para que el lector busque condolerse de la soledad del personaje que ha visto morir asesinada a su esposa bajo las balas de unos sicarios, utilizando un intento de intimismo poético que no le favorece al texto, que permite que uno se conduela de la pérdida del viejo, menos cuando una de sus preocupaciones es cómo avisarles a sus hijos por el teléfono móvil. El texto tiene graves errores de redacción, como en el siguiente ejemplo: “Ahora vengo, viejita, dice volviendo el rostro y abre la puerta. La deja abierta porque eso no es todo, no basta con mantenerse despierto aunque sea lo primero” (Sic)

Supongo que el autor intenta decir que lo primero es ‘mantenerse despierto’, pero en la literatura no se trata de suponer sino de decir y dejar las cosas claras. Y luego avienta frases y oraciones que en la intención poética resultan muy cursis: “para producir el milagro de una pequeña flama”; ¿en serio?, ¿encender un cerillo es un milagro? Y a lo largo de ese trabajo lanza otras como: “Frente a él está la pirámide de piedras y; al otro lado, la pala, el bote de cloro vacío y el hacha talacha”. A lo largo del texto (sus 22 páginas) utiliza 6 veces “hacha talacha”, ¿es en serio? ¿acaso en su investigación se topó con esta herramienta y decidió que la usaría mucho? ¿Acaso el oído no le permite escuchar la rima interna, como para usarla a propósito? El humor involuntario en el que se transforma la palabra mueve a risa en vez de que conduela. O construcciones como: “Sube a la azotea para relojear los ranchos aledaños, para ver si hay presencia de las camionetas o de los hombres armados en alguno de ellos”. O el hecho de meter una palabra del caló argentino como “relojear”, en el texto que narra, lo cual no deja claro el lugar en el que la historia se desenvuelve. Porque el personaje dice al menos dos veces “¡Chingado!”, una palabra coloquial mexicana. ¿Entonces?

Al parecer, y tal como lo indica el título del cuentario, la perorata es lo que pretende funcionar, el mucho hablar, el mucho parloteo interno del personaje.

¿Quién narra esta historia? Al parecer el que narra es precisamente Luis Felipe Lomelí, y eso es algo que se observa dentro del transcurso de la lectura del texto. No parece que el texto sea narrado desde el personaje, el cual no termina de sentirse, aunque se intente construir, no me ha importado la muerte de su esposa, o que lo estén vigilando para que no la entierre, o que lo hayan amenazado para que no lo haga. Nada de eso termina de parecer verosímil. Mucho menos los atisbos de poesía que presenta como: “Ayer le cerró los párpados para que el sol no le quitara el sueño”. ¿Por qué el personaje hablaría con esta poesía? Pues porque el que habla es Lomelí, no el personaje, no el narrador, sino el autor.

Aun así, necesitaré darle otras lecturas, porque en verdad que ahora me siento muy mal lector, puesto que el libro ha sido premiado a nivel nacional, lo que significa que a un jurado les pareció en verdad trascendente frente a todos los otros muchos cuentos que se presentaron al concurso, y de seguro a todo mundo les gustan estos cuentos, excepto a mí.

“Verde era el color que era”, es un cuento interesante, se deja leer, pero igual intenta arrancarnos el moco lacrimógeno con el tema de los desaparecidos y del cómo todos poco a poco sufrimos esta violencia que permea por todos lados en México sin poder dejar de intentar tener una vida normal, ahogando nuestros recuerdos para poder seguir siendo funcionales en sociedad.

Lo que parece interesante de este cuento es su estructura, cercana a la narraturgia (esa fusión de narración y dramaturgia, que prescinde —para la escena— de las acotaciones, lo que lo hace de lectura ágil.

Seguiremos explorando el libro de cuentos de Luis Felipe Lomelí, pero me pareció interesante hacer estos comentarios con el fin de hacerle ver esos errores de los editores en su poco cuidado de la obra.

En un país sumido en una Guerra desde el año 2006 (es claro que la violencia siempre ha estado presente en la historia de México, debido al saqueo continuo que adolece nuestro país), los cuentos de Luis Felipe Lomelí, en este libro vienen a demostrar que los escritores llevan en la piel y en el ánimo. Sucede que a veces el exceso poético no es necesario en la construcción del intimismo. Para estos primeros dos cuentos, el intimismo se ha visto rebasado por los excesos poéticos que he comentado arriba.

 

Miércoles, 18 Septiembre 2019 04:15

Leer en los aeropuertos Adán Echeverría.

 

Leer en los aeropuertos

Adán Echeverría.

 

Mi trabajo me hace viajar en ocasiones. Matamoros tiene la tragedia de ser una ciudad fronteriza a la que no le interesa mucho tener intercambios con la Ciudad de México o el sureste del país. Consciente de que su mundo económico tiene su base en el Norte (Monterrey, Saltillo) o del otro lado del Río Bravo, ha menospreciado tener un aeropuerto que sea funcional. Una línea aérea única en el aeropuerto de la ciudad, hace que los matamorenses tengan que viajar a Reynosa para tomar el avión, o ir a Monterrey. En Reynosa tampoco se soluciona el asunto, la aerolínea de tarifas económicas apenas hace un único vuelo los miércoles, jueves y viernes. Volver de la Ciudad de México un viernes en la noche se hace complicado. Deja uno el hotel a las 13 horas y tiene que esperar en el aeropuerto hasta las 20 horas para abordar. Y eso si no se nos atrasan los vuelos, como ha ocurrido en muchas ocasiones. Uno vuelve a Matamoros a eso de la 1 de la mañana del sábado.

Cuando uno es lector saber utilizar las horas. Las librerías son una muy buena oferta en el aeropuerto de la CDMX, y sabedor de ello me di a la tarea de conseguirme el nuevo libro que reúne los cuentos del escritor uruguayo Mario Levrero (1940-2004), pero —para no variar— el encarado de la librería dice que no tiene idea de quién es dicho autor. Tuve que deletrearle su apellido, para que me diga: “Ah, es con UVE, no con BE. No tengo ningún título con su nombre”, lo cual me pareció una tragedia, porque encontré dos reseñas de este libro incluso en la revista que la aerolínea pone a disposición de los pasajeros. Así que tuve que buscar para ver qué libro podría llamar mi atención.

Intento que mis lecturas me permitan usar los libros para ilustrar ejemplos en mis tardes de taller literario, y me topé con una Antología de la prosa breve mexicana, titulada “El vuelo del colibrí” (coedición de Secretaría de Cultura y Editorial Atrament, 2018), coordinada por Beatriz Espejo, y cuya selección de textos corrió a cargo de Ana Rosa Suárez Argüelles, Halina Vela y la propia Espejo, y cuenta con una nota introductoria de Jesús Gómez Morán.

A los 44 años, y después de quince años de impartir talleres literarios, dirigir revistas de creación literaria, editar revistas y libros, uno lee de forma diferente. Quise saber quiénes estaban incluidos en el libro, cuál era el alcance; y con revisar un poco vi la primera enorme ERRATA. El último autor que se enlista en la página 320 es Armando Alanís, y dice que nació en 1986.

En México uno se topa con dos autores con el nombre Armando Alanís, un narrador y microficcionista, y el gran poeta de Nuevo León que incluye en su firma su segundo apellido: Pulido, quien es el creador del proyecto Acción Poética. Uno tiene que valorar muy poco a los escritores mexicanos contemporáneos para no saber esto. Ninguno de los dos Armandos Alanís, es nacido en 1986. Ninguno. Así que quise ver su ficha, que encontré en la página 265, y efectivamente se trata del narrador y microficcionista, nacido en Saltillo, Coahuila en 1956.

El error no queda solamente como anécdota de edición, sino que al final de las “Justificaciones previas”, en las páginas 15 y 16, y firmadas por Beatriz Espejo, menciona: “El primer escritor que aparece nació en 1803 y el último en 1986”, lo que hace evidente que Beatriz Espejo no conoce el libro que coordinó, puesto que corregido el error de la fecha de nacimiento de Arnando Alanís en su ficha, la antología no contempla a ningún autor nacido en 1986, haciendo que Alberto Chimal nacido en 1970 sea el escritor más joven que fue incluido.

Más adelante incluyen el cuento “Días de Feria”, de Carlos Martín Briceño, del cual dicen al menos dos veces, primero en la página 104, y después en la página 324 que es un texto inédito, cuando pertenece al cuentario “Al final de la vigilia (Editorial Dante, 2002), que además ha sido recogido en la antología que junta su obra titulada “De la vasta piel” (Editorial Ficticia, 2017), un excelente texto breve de Carlos, que los yucatecos que conocemos su obra reconocemos de manera inmediata. Pero que en una antología nacional señalen que es un texto inédito, me hace creer en la falta de profesionalismo respecto de los antologadores que acompañan a Beatriz Espejo en este proyecto. Uno puede encontrar hasta diversos ensayos publicados en diversas revistas, como el de Mauricio Carrera en la revista Casa del tiempo, donde se habla de la obra de Martín Briceño y se menciona el cuento que se incluye en esta antología coordinada por Espejo. Pero más allá de estas erratas, que evidencian la soberbia —y falta de profesionalismo— que siempre validará a algunos antologadores, y muchos compiladores, uno tiene que quedarse con las obras, los autores y sus obras. Razón que tiene que importarnos más a los lectores.

Al mismo tiempo, y aprovechando los atrasos en el aeropuerto, me di a la tarea de comenzar a leer “Perorata” (Editorial Abismos, 2019), es el más reciente libro de cuentos del autor Luis Felipe Lomelí (Jalisco, 1975). Y tengo que reconocer que me costó mucho leer el cuento ‘Arandas’, con el que se abre el cuentario. Más allá de que en la siguiente entrega presentaré el análisis de este libro, no puedo dejar de apuntar alguna línea de ese cuento que me parecen errada en su redacción, la reproduzco tal como está publicadas “La deja abierta porque eso no es todo, no basta con mantenerse despierto aunque sea lo primero”. (¿Y?) Sin embargo, hay que añadir que el cuento ‘Verde era el color que era’, es un cuento interesante que promete, por lo que abundaremos en esta lectura.

 

 

Pasos para escribir una novela.

Adán Echeverría.

 

El siguiente método fácil ha hecho a muchos de mis alumnos construir sus proyectos de novela, novelar sus historias, y obtener satisfactorios trabajos, desde que daba clases en la Escuela de Escritores, hasta ahora que doy talleres a distancia o presenciales. Espero te sirvan:

Partamos siempre de que para todo escritor se necesita talento y dedicación. La dedicación tiene que estar acompañada de la disciplina; esto implica que uno tiene que tener la disciplina para dedicarse a valorar el oficio de escritor. Hay que tener horarios para escribir y horarios para leer. Pues buscar y encontrar el tiempo para leer es lo más importante en esta carrera de escritor. Uno debe leer al día, lo menos unas 50 cuartillas, esto implica al menos un cuento largo, o un buen fragmento de novela.

Para escribir una novela puedes seguir los siguientes pasos.

1. Apunta las ideas que tengas para contar una historia. Todo lo que vives, escuchas, piensas, te cuentan, observas, te dará las ideas necesarias. Se escribe para llenar esos vacíos de lo que tú mismo gustas de leer. Por ello cuando lees, cuando alguien te cuenta algo, cuando vives algo, vienen a ti ideas que te hacen pensar: Quisiera escribir esto. Apunta la idea en un cuaderno, graba la idea como una nota de audio en tu móvil. Apunta cuantas ideas vengan a tu mente.

2. Una vez tengas la idea que quieras novelar, harás un argumento, en una sola cuartilla. Busca no pasarte de las 27 líneas que forman una cuartilla. En ella vas a desarrollar el argumento. Dirás de qué trata la novela. Te lo contarás a ti mismo. Te dirás qué pasará. (Tú aún no sabes cómo la vas a contar, pero dirás todo lo que quieres que ocurra). Lo harás para que tú mismo sepas qué es lo que pasará en tu novela. Buscarás que todo aquel que lea tu argumento tenga ganas de leer la novela.

3. Ya que tengas el argumento, éste te hará desarrollar los capítulos de tu novela. De esta forma lo que harás será capitular tu novela. Piensa en esto: para que tengas un libro necesitas al menos 60 cuartillas, menos de 60 cuartillas forma un cuadernillo (plaquette). Considerando que necesitas 60 cuartillas, entonces dividirás el argumento que has escrito en 6 capítulos de 10 cuartillas. Necesitas escribir los títulos de cada uno de esos capítulos. Tu plan ahora será escribir 6 capítulos de 10 cuartillas cada uno. Recuerda que para ser breve se necesita un gran esfuerzo, no creas que escribir poco es fácil. Se dice que un padre quiso escribirle una carta a su hijo. Cuando el hijo leyó la carta, esta constaba de 18 páginas. Al final de la misma el padre le decía: Te he contado todo esto porque no he tenido tiempo para sentarme a escribirte a conciencia. Apenas tenga tiempo te escribiré solo una cuartilla.

4. Una vez que tengas el argumento de la novela, y tengas los seis títulos de tus capítulos, entonces harás el argumento de cada uno de esos capítulos. Buscarás responder: ¿qué pasa en cada capítulo? Harás lo mismo que al inicio del ejercicio, harás que el lector tenga ganas de leer ese capítulo. De esta forma tendrás toda tu novela bocetada. Sabrás qué ocurre en cada capítulo, y lo que vaya ocurriendo en cada capítulo será lo que dará luz a la historia de toda tu novela. Recuerda que cada argumento apenas debe estar contado en una sola cuartilla. De esta forma tendrás una cuartilla del argumento general, y tendrás igual 6 cuartillas extras de los argumentos de cada capítulo. Como es muy seguro que desde el primer argumento general hayas soltado el nombre de algunos personajes, la capitulación te podrá hacer contar cada capítulo desde la mirada de un solo personaje, o ser más creativo y contarla desde la mirada de varios personajes. Cada capítulo podrá ser contado por un diferente personaje.

5. Una vez que ya tengas esas 7 cuartillas, ya tendrás el esqueleto completo de tu novela. Puedes con cada idea que tengas armar los proyectos de novela que quieras, y tener esas 7 cuartillas para cada una de tus novelas.

6. Siempre ten cada capítulo de tu novela en un archivo separado. Esto para que te dediques cada que puedas a escribir y mejorar cada uno de tus capítulos. Luego escribirás 10 cuartillas para contarnos lo que dijiste en los argumentos que pasaría en cada capítulo. Cada vez, y para cada capítulo, vos podrás dedicarte a sólo 10 cuartillas (quizá te pases de cuartillas, eso no importa, lo que no debes hacer es escribir menos de 10 cuartillas, a menos que tengas más capítulos).

7. Una vez que tengas esos 6 capítulos, si la historia lo requiere, construye los argumentos para los capítulos extras que necesites y requieras. Primero el argumento, y luego escribir las 10 cuartillas.

8. Una vez que ya tienes toda la historia contada en tus capítulos, entonces quitarás los títulos que creaste para ellos y podrás cambiarles el orden, el capítulo que antes era uno podrá ser el seis, o el diez, dependiendo de cómo quieres que el lector la conozca en su versión final. Y sólo tendrás que escribir los conectores necesarios. Puedes suprimir o dejar los títulos, puedes incluso no tener capítulos. Una vez con todo el esqueleto, la ventaja será que tú tendrás la decisión final.

Te deseo suerte. Ya quiero leer tus argumentos, como también leer tus novelas.

 

 

Mátenlas a todas. No dejen ni una viva.

Adán Echeverría.

 

 

El tiempo de la sangre ha llegado. El tiempo de acabar con todo. Armagedón es el nombre de cada una de nosotras, hartas ya de vivir bajo el puño de la violencia. La puta de Babilonia guarda silencio, espantada, vilipendiada, macerada en su espíritu aterrado. Lilith vuela de nuevo, tiene sed de venganza, sus gritos son la tocata en fuga que nos levanta del camastro, rompe nuestras cadenas, nos abre la celda, nos quita el grillete, nos arranca las costras del dolor y el miedo. Cada escoba es el arma, el símbolo que como insulto nos han lanzado, ahora será herramienta para defendernos. Cada tacón puntiagudo será afilado para usarse en la cacería, en la persecución. Cada brassier será mordaza, de cuerda para maniatar, de horca para la justicia. Las mujeres sabemos usarlo todo. Nos hemos preparado. Por más cinco siglos hemos sabido parir en silencio, y prepararnos en la sangre y el fluido, tuvimos que aprender a llorar en silencio, a educarnos a escondidas, a morir en silencio y ahora tuvimos que aprender a encendernos. Estamos Hartas. Esto es el Hartazgo. Hemos sabido lamernos las heridas, y las heridas de los nuestros, de todo a nuestro alrededor, de todo aquello que alguna vez quisimos y de lo que todavía queremos.

Nos violan en la infancia, en la primera infancia, en el vientre. ¿Qué de erótico tenemos cuando somos bebas y olemos a caca, mocos y leche materna? ¿Qué de erótico tiene nuestro cuerpo, la cortada, la enorme raja que les alienta a penetrarnos así, cuando somos indefensa? Podemos crecer indefensas, pretenden que crezcamos indefensas, nos obligan a crecer indefensas, quieren que crezcamos domesticadas, inofensivas. Nuestra raja primero, nuestra sangre luego, nuestro ano, nuestra boca. Acaso nuestros huecos no sirven más que para ser hurgados noche y día, vida y muerte, dolor y quemadura. Acaso no existe la piedad para nosotras. Los huecos que tenemos, lo huecos que parecemos. ¿Somos hueco sin memoria?

Hemos aprendido a amarnos entre nosotras, a querernos sucias, a querernos agresivas, a querernos musculosas, a reconstruir nuestro cuerpo, grasa músculo, grasa músculo, nada débil, ni nuestra risa, ni nuestra voz, nada que les haga creer que somos la debilidad encarnada, nada que les haga creer que no regresaremos el golpe, aprendimos a armarnos entre nosotras. Juntas somos un arma de destrucción, si es necesario.

Queremos que los huecos de ellos también se llenaran de dedos, que escurrieran sangre, se llenaran de vergas, de palos y bates, de todo lo que sea posible introducir en ellos. ¿Acaso piensan en lo que siente una niña de 0 años, una niña de 1, 2, 3, 4... 14 años cuando meten sus dedos, meten sus manos, meten palos, botellas, cuando muerden su nuca, cuando azotan su puño contra los pequeños huesos que aún no terminan de desarrollarse?

¿Y quién nos cuida? No lo hacen los adultos de la casa, no lo hacen los adultos de la escuela, no lo hace los adultos de la fiscalía, menos los perros policías, los lobos policías, los monstros policías, los sarna-policía, porque nos violan en la calle, en el carro patrulla, nos secuestran, nos entregan a los secuestradores, nos dejan tiradas en los moteles, nos regentean, sabedores de la impunidad nos lanzan al desagüe, nos lanzan a la basura, en la brecha, en el monte, para que nuestros cadáveres sean descarnados por las bestias y las aves de rapiña.

Los recuerdos de la mujer que ha sido violada permanecerán toda la vida en su memoria, en el olor de su cuerpo, al cerrar los ojos, presas siempre del insomnio y del terror, siempre perseguidas por el cuerpo de los violadores, mientras que a estos malditos apenas 15 años como máximo para que sean sustraídos de la sociedad. Los liberan y vuelven por nosotras, al tomar el autobús, al ir a la escuela, al bajar del metro, al caminar por las calles iluminadas, al andar en grupos Los violadores, los depredadores sexuales presumiendo que se cogieron a cuánta niña pudieron; ahí, usando el músculo para doblegar maricas, sacándose la reata para hacer que otro hombre de barba crecida y rasposa se la meta en la boca, y les haga terminar.

El tema para los hombres tiene que ser siempre llenarlo todo de semen, en el semen se les escapa la vida, como sus máximas victorias, en la expulsión del semen se basa toda su creatividad, en ello se basa todo deseo de permanencia, toda su maldad apenas alcanza para lastimar mujeres y niñas y ancianas. Creen que el semen que lanzan sobre la mujer, sobre la anciana, sobre la esposa, la novia, la amante, la hija, la ahijada, la prima, o cualquier maricón sobre el que quieran correrse, es la marca de su hombría: Me he cogido a tantas, ¿y tú?

Basta; devolveremos el golpe, devolveremos la punzada, devolveremos las penetraciones, los empalaremos si es necesario, por las calles, para que todos los vean, en tu casa, en tu familia, mataremos, arrancaremos penes, morderemos brazos, lanzaremos granadas sobre todos aquellos que intenten violar a una mujer,

apretaremos cuellos, los envenenaremos por abusar de un niño o niña, lastimar a una anciana, robar, secuestrar a una jovencita.

Este es el reto y el punto final, la línea que nos debes cruzar, esta es la claridad del pensamiento. No habrá camino de regreso, no importa la cárcel, nada importa ya, quemaremos edificios públicos; estamos hartas y quemaremos las oficinas que guardan violadores, iglesias que someten pensamientos, diputaciones que se asocian con los pornógrafos y los giros negros; es la hora de la sangre, se acabó el lagrimar en silencio aguantando el dolor.

Tengan miedo, cuiden a sus hijos varones, cuidan cada cosa que digan, cada cosa que escriban, somos marabunta, somos jauría, somos cardumen, piara, manada, somos la muerte que se cierne sobre las ciudades en busca de los penes colgantes. Claro que buscamos venganza, claro que ya no queremos el diálogo, ¡estamos hartas, no lo entienden! Claro que todo ha terminado ya, se acabaron las reuniones, la niña de Azcapotzalco fue la última mujer violada sin una respuesta violenta, por cada mujer habrá hombres muertos; empecemos por los propios, los cercanos.

Aléjense, reconstrúyanse o aténganse a las consecuencias de sus propios actos, de sus decisiones. No hay hombres inocentes, no hay penes inocentes, no hay miradas de varones que sean inocentes. Muerte al varón, seremos íncubo, seremos bruja, seremos hoguera que lo incendie todo.

 

 

De antologías y libros colectivos.

Dr. Adán W. Echeverría-García.

 

¿Cuál es esta necesidad, este impulso, este deseo, de aparecer publicado en algún libro colectivo? ¿Acaso nos ha hecho mal aquel adagio popular de: ‘para decir que has vivido tienes que haber tenido un hijo, plantado un árbol y escrito un libro’? ¿Qué nos alienta a publicar libros sin ton ni son, en verdad la promoción de la literatura, la cultura, guardar en papel la memoria de los otros, o tal vez, y únicamente, el dinero?

Yo en verdad espero que no sea el dinero lo que alienta a ciertos editores. Y lo digo porque desde la edición independiente, editar y publicar libros no es gran negocio, no te harás rico con ello. En muchas ocasiones algunos escritores-editores, aprovechan el apoyo económico de quienes pagan por publicar un poema o un cuento, para lograr ellos mismos publicar su propia obra. También se encuentran aquellos autores que son al mismo tiempo promotores culturales que organizan Encuentros de Escritores, en los que cobran por la participación de autores de todo el país, o de autores extranjeros radicados en México, para nombrar su Encuentro como “internacional” con la intención de dar realce a sus eventos.

El autor paga para poder asistir al Encuentro, y la cuota que pagó le asegura salir publicado en uno de esos libros colectivos. Lo triste es el desnivel de la obra que aparece publicada en esos libros, que las más de las veces va de bajo a medio en cuanto a su contenido estético, en lo que al arte literario se refiere.

Muchos alumnos del Taller Literario me preguntan ¿si es correcto participar en dichos Encuentros por los que pagan su cuota, y si aquellos libros colectivos, valen la pena? La respuesta que les doy siempre es la misma: Dependerá del objetivo que persigues como Escritor. La búsqueda que cada autor tenga para el desarrollo del oficio de escritor. Si lo que quieres es que tus textos sean leídos, o sólo que sean publicados. ¿Quiénes son los lectores de esos libros colectivos? En ocasiones, ni siquiera los mismos participantes de aquellos libros leen los textos de todos los participantes con los que comparten páginas. ¿Entonces cuál será el logro como autor?

Y esto ocurre porque las más de las veces, los promotores culturales-escritores-editores y hasta antólogos de dichas obras publicadas ni siquiera juzgan las obras, no las revisan, y mucho menos las corrigen antes de publicarlas. Eso requiere oficio, lecturas, escoger entre lo bueno y lo malo. Y o no quieren ser quienes juzguen, o simplemente no quieren dejar fuera a nadie porque eso ocasionaría merma económica en el negocio.

Aun así, hay autores que aprovechan para publicar las obras que han trabajado en el Taller Literario, y quieren participar leyendo sus textos en los Encuentros, conocer a otros autores, convivir con ellos, y darse la oportunidad de visitar nuevos lugares. Y eso me parece correcto.

Porque antes de los promotores culturales-escritores-editores lo real es que cada autor que participa de esos libros colectivos es el verdadero responsable de las obras que presenta para asistir a esos Encuentros, y aparecer en dichos libros.

Autores que asisten a uno o dos talleres, que en cada taller tiene la disciplina de corregir sus trabajos, de presentar textos en cada sesión, y de ir leyendo nuevos materiales de autores reconocidos que le permitan mejorar cada día más.

Pero pensar que todos los autores que participan en dichos Encuentros (a los que asisten no por selección sino por pagar la cuota que les piden, además de pagar sus boletos de avión, o irse manejando en carretera, pagar su hospedaje en cualquier ciudad de la República mexicana, asumiendo siempre todos los gastos necesarios), pensar que todos los que asisten tienen esa constancia y disciplina, es ser en verdad cándido en el pensamiento, todo un romántico de la literatura.

¿Qué es lo que quieres como autor? ¿Cuál es tu objetivo en la literatura, cuál es tu búsqueda? La comunicación del pensamiento siempre será lo principal en el uso del lenguaje, pero el artista tiene la obligación —además— de buscar hacer del lenguaje y de la palabra, la herramienta necesaria para la expresión artística, y esto deviene en buscar siempre la estética, el decir las cosas de la mejor forma, el siempre preguntarse: ¿es lo mejor que lo puedo decir? Revisar, leer, trabajar, tallerear sus propios textos antes de presentarlos a cualquier Encuentro, a cualquier antología, a cualquier revista, y a cualquier libro colectivo.

Cada quién tendrá que asumir esa responsabilidad.

 

 

Tan sólo un verso de los poetas mexicanos. Parte 2.

Adán Echeverría.

 

 

Para seguir registrando algunos de los versos de los poetas mexicanos nacidos entre 1960 y 1989, y que fueron considerados en el Mapa Poético de México publicado en el año 2008, me animo a presentarles un verso de poetas de la Ciudad de México. Los versos que acá les presento pertenecen a poemas que fueron incluidos en dicha compilación.

Ciudad de México. Zaría Abreu Flores: “en el bravo río de tu saliva nadan trasatlánticos de acero”. Flor Aguilera García: “En este libro de las horas dibujo yo mi jardín de delicias”. Gustavo Alatorre: “Era suya la violencia de las rosas”. Alejandro Alonso: “En las formas del fuego revive la mirada de la bestia”. Odette Alonso Yodú: “Tengo un extraño miedo de que nada me salve”. Luigi Amara: “Hay puertas que son una extensión de la pared”. José Enrique Argoytia Miranda: “Voy por mis catacumbas preguntando por ti”. Cuauhtémoc Arista: “Muchas niñas se pierden en el mismo lugar donde despiertan”. César Arístides: “El gesto de mi padre se hunde en los escombros”. Luis Armenta Malpica: “Y vuelvo a ser un árbol: el punto de donde parte el sueño a las alturas”. Adriana Arrieta Munguía: “Vagamos sin brújula entre lo que nombramos compasión y mentira”. Gabriela Balderas: “Un colibrí derrama polen sobre mis ojos”. Manuel Becerra Salazar: “Me destruí en sus caderas con esa enfermedad tan parecida al tango”. Ricardo Bernal: “Si cierro los ojos soy un punto en el centro exacto del mapa”. Raúl Blanqueto: “Qué sucederá cuando la libélula se confunda con el diablo”. Mónica Braun: “Virgen de catorce años, fiera insomne”. Alí Calderón: “Mi muchacha es el verano”. Laura Calderón: “Imposible dejar de mirarte cuando la noche es sol y no se puede callar a la sirena”. Sirac Calvo Mejía: “La lluvia hace una herida y deja la cicatriz donde surgen los árboles”. Rodrigo Cano Márquez: “Trágate mi corazón abórtalo cuantas veces quieras”. Guiomar Cantú: “Las mujeres mestizas cantan y llenan sus cántaros de agua ordeñan a sus hombres en la madrugada”. Jade Castellanos: “Decir adiós sin conocerte todavía, cuando tan sólo comenzaba a imaginarte mío”. Diana Castilleja: “Abren una por una, miran su pulpa, sus formas, sus hendiduras, reconociendo otros sitios humanamente femeninos”. Silvia Eugenia Castillero: “amar para encerrarnos entre paredes de madera a escuchar una voz añeja”. Rodrigo Castillo: “Ahí donde hiede la misericordia está cristo”. Tonatiúh Catalá: “Las palabras se preñan de árboles”. Ibet Cázares: “En ti comienzo y vuelvo a ti multiplicada”. Rocío Cerón: “Nada quedará cuando el invierno haya vuelto”. Abraham Chinchillas: “Hasta que la misericordia me alcance en un aplauso”. Andrés Cisneros de la Cruz: “Para escribir sobre ángeles hace falta curtirse la espalda”. Jennifer Clement: “Afuera el color azul cuervo de la lluvia nocturna”. Dalí Corona: “Éste es un amor de calle solitaria”. Fernando Corona: “Hoy quiero vivir, vivir y ser un viaje”. María Cruz: “Es amargo el sabor de esta noche que cruza mi pecho con su tormenta de ceniza”. Manuel Cuautle: “Pequeño qué hijo de puta te enseñó a prostituir tu infancia”. Marcos Davison: “La voz hecha de roca se hunde en el silencio como en agua quieta”. Lucía de Luna: “Y yo miro llorar al cielo y no lloro”. Gerardo Escalante Mendoza: “Cierra los ojos y duerme en las manos del enemigo”. Rose Mary Espinosa: “Tengo la vergüenza de quien se desnuda y la tristeza de quien pierde una contienda porque nunca quiso competir”. Mariano Fernández: “Ahora el beso es luz y navaja”. Jorge Fernández Granados: “Aquel verano donde rompimos los frascos delicados de la infancia”. Malva Flores: “Todo es perfecto si lo miras de golpe”.

Y perfectos son los poemas cuando están bien construidos, cuando el oído nos permite atraparlos de forma inmediata y guardarlos en nuestra memoria. Espero que algunos de los versos acá presentados sean impulso para que te acerques a los poetas mexicanos, a estos y otros autores, que descubras el mundo que los poetas nos presentan.

¿Qué te han parecido? No dejes de recordar siempre, que todo texto literario debe contener al menos tres principios básicos: imagen, ritmo y sentido. Espero que estos versos, te inviten a conocer a los autores de la poesía mexicana.

 

@Adanhombreave

 

 

Dos libros de poesía que no vale la pena leer.

Adán Echeverría.

 

 

En primera instancia hay que señalar que los poetas mexicanos han decidido que "amarse antologías", es lo que funciona para poder llegar a un público mayor. Mientras más "poetas" se incluyan en la obra, se tiene la esperanza de alcanzar un mayor número de lectores.

Muchos editores de poesía (que las más de las veces también se presienten poetas: yoteedito-túmeeditas), imprimen, copian, editan, compilan, los poemas de sus poetas admirados, amigos admirados, amantes admirados, compañeros que pueden unir su nombre al suyo y ser una dualidad artística editor-autor-editor: "Edité a Fulano, y cuando alguien hable de este Fulano, sabrán que yo lo edité, y hablarán también de mí".

En segunda instancia hay que señalar que al menos 60 páginas forman un libro; ya sea de poesía, cuento, de lo que sea. Sesenta páginas tienen que ser lo mínimo. Todo aquel texto que tiene menos de 60 páginas, es un cuadernillo, al que en el medio literario conocemos como plaquette.

En tercer lugar, hablemos del tamaño. Los libros deben estar en un tamaño que va, de la media carta al medio oficio. Pero la mayoría de las editoriales independientes apunta incluso al 1/4 oficio o al 1/4 carta, y con eso juegan para alcanzar el número de mágico de las 60 páginas, y poder tener UN LIBRO, aunque el original del autor apenas alcance las 20 páginas Esto con la finalidad de ahorrar recursos para la impresión.

En México, para los editores de poesía, los libros que tienen que formar parte de su colección son: al menos un becario del Fonca, al menos un poeta con un premio nacional. A éstos hay que pagarles la edición o, mejor dicho, a éstos no hay que cobrarles. Y sumados a los mencionados, faltará incluir a los novios, novias, amantes, a ésa chica que te prometió las nalgas si la editabas, y los amigos de borrachera y drogas, pero claro que sí. Gran parte del mundo editorial en México viene con estas presunciones.

Es por eso que siempre he hablado de los Altibajos en la Poesía Mexicana, porque se notan los desniveles entre la obra de los autores, entre los libros de un mismo autor, e incluso el desnivel puede observarse en una misma obra, entre un poema y otro, e incluso hay casos —donde la soberbia y la falta de taller predominan— en que los poemas se caen, es decir, un mismo poema no se sostiene.

Los premios municipales, estatales, regionales, nacionales, no son el sitio donde uno puede encontrar a los mejores poetas, ni los mejores poemas, y nadie podrá decirte lo contrario. Baste que leas a los autores. Porque la repartición de presupuestos siempre seguirá

amarrada a las intenciones de quienes convocan y de los que acaban siendo jurados. Por ello los libros de estos poetas de al menos 60 páginas, puede contener dos grandes poemas, apenas, algunos versos rescatables, y paren de contar. Son libros que no se sostienen con 60 páginas.

Y de esos libros, acá les presento algunos:

1. "El tema de la escrofularia", de Maricela Guerrero. Editado en el 2013 por Editorial Piedra Cuervo y Ediciones de La Esquina. Cuenta con un dibujo en la portada creado por Amaranta Caballero Pardo. Entonces de nuevo vemos: la amiga Amaranta, buscando que editen a la amiga Maricela. ¿Y la poesía? Bien, gracias.

El contenido "poético" del cuadernillo es escaso (el trabajo se presenta en 56 páginas, siendo siete las primeras páginas de portadillas y créditos, y seis páginas más en blanco y contraportadillas para cerrarlo). El 'texto poético' de Maricela Guerrero va de las páginas siete a la página 48. Es decir: un texto de 41 páginas.

¿Y qué se encuentra uno mientras lo lee? Se encuentra con cosas tan 'interesantes' como: alusiones al Himno Nacional (una bestia en cada hijo te dio / un hígado en cada hijo te dio); alusiones a rondas infantiles (las mariposas se columpiaban / sobre los brazos / de una araña), que vuelve a repetirse (una niña se columpiaba sobre la tela de una araña / como veía que resistía); interacciones con una canción del grupo ochentero de mujeres que se llamó ‘Fandango’, y cuyo único éxito fue: Autos, Moda y Rock and Roll, y con la letra de la canción Imagine, de John Lennon, alusiones a la saga de Rápido y Furioso, con tal de criticar el operativo, que bajo el mismo nombre permitió que miles de armas se introdujeran a México, y desaparecieran en manos de los grupos del crimen organizado. La crítica social, la crítica al estado, bien. ¿Y la poesía? El panfleto no funciona, la poesía menos.

El lenguaje poético que la autora intenta es más o menos en este tono, permanentemente: "Rápido y furioso, qué buen nombre que puso el director de la oficina de alcohol, tabaco, armas de fuego y explosivos: en el 2006 le llamaron receptor abierto traspiés y puntapiés y malos juicios".

¿En serio? ¿Escucharon ustedes el lenguaje poético, disfrutaron ustedes la poesía que la autora plantea? Pero claro que no, tienes más poesía muchas columnas que aparecen en los periódicos. Subirse a la mesa del panfleto, de la crítica social y de gobierno, requiere una gran atención poética. Bertold Brecht siempre logró evidenciarlo en el poema Hollywood, en el que dice: “Para ganarme el pan, cada mañana / voy al mercado donde compran mentiras. / Lleno de esperanza, / me pongo en la cola de los vendedores”.

Y eso es todo. ¿Ves, Maricela? El intento de la poesía panfletaria, de la crítica social se agradece, pero en este poemario hizo falta mucho más.

Pero, bien, anímense a leer la obra. Si quieren no me crean. O mejor no lo hagan, pues no vale la pena perder el tiempo en algo que no genera ninguna emoción. Ahora que, si se animan, yo los invito a detenerse apenas en el poema: "Desapariciones", de la página 37 del poemario. Quizá éste texto sí pueda funcionar.

2. Repasemos un segundo libro de poetas mexicanos que no vale la pena leer. Hablemos de: “La doncella negra” de Esther M. García. Editado en el año 2010 (cuando la autora cumplía los 23 años), por Regia Cartonera, Monterrey. Consta de 76 pp. La autora escribe pensando “que todos sus dramas son poesía”, buscando en casi todos sus poemas el “efectismo”; y lo que es peor, piensa que tenemos que condolernos con sus letras. Esta soberbia en la escritura nos hace percibir que la autora es incapaz de mirar la serie de errores que comete al escribir. Sobre todo, la falta de taller literario, la falta de autocrítica sobre lo que escribe. La autora divide el libro en seis apartados: ‘Ojos de niño’, ‘La doncella Negra’, ‘Eros’, ‘La Galería’, ‘Lugares para habitar’, y ‘Entropía’. Los descuidos de la autora son varios, pondremos algunos ejemplos: “Mi dedo índice decide el destino de la hormiga”. ¿Alguna letra “d” más? En general, en ese primer poema denominado ‘Destructor’, la autora escribe 43 veces la letra “d”. (página 11)

Podemos contar incluso las rimas internas y los ecos rimados, que la autora produce: “Me venden en el supermercado caro de la vida”(pág. 12); “de un antiguo y rojo pájaro / que hace años” (pág. 12); “Con tu puchero-lucero”; “Levitas levemente y te lleva el viento, / junto a las hojas de los árboles marchitas por la arena del tiempo” (pág. 15); “envuelta en papel viejo sin un tarjeta / sin un “te quiero” ni abrazos ni besos” (pág. 16); “Creó suaves telas con sus acordes / que llenaban de color las habitaciones” (pág. 19); “a las cucarachas en ruiseñores y / a las tarántulas en flores”.

Hasta acá llevamos 19 páginas de las 76 que contiene el libro. Es decir, el 25% del poemario está lleno de errores. ¿Qué se está cantando en este libro? Apenas efectismo. Los pobres niños, los malos padres, bu, bu, bu, y nada más. Pero sigamos evidenciando las rimas internas de la autora: “Sólo con mi madre y un perro / que por las noches ladra al viento”. “No tendrían miedo de tomarme de la mano / Nadie me vería con desagrado” (pág. 20). Usted recuerde que la rima se basa en la terminación de las últimas vocales de una palabra, puede ser una rima idéntica, o una rima fónica como en el caso de los ‘versos’ de la autora. Sigamos, esto es una joya: “como costra marranosa” (pág. 22), maravilloso símil que la

autora ha creado. Una más: “y entre ida y venida un poco de ellos se iba / despacio por el agua de las cañerías” (pág. 23). “que me roza el oído como un cuchillo” (pág. 36). “es lo único que siento y veo la tenue luz en el techo” (pág. 37). “agarrados de la mano”, (pág. 40) ¿Es en serio, poeta? “Pero el mundo sigue girando, / el sol alumbrando” (pág. 45). “Ahí mismo llega tu musa roja y / algo en tu interior se descontrola” (pág. 46). “Hay pasillos de interminables recuerdos, / así como habitaciones llenas / de retratos y ecos viejos” (pág. 60).

Pero eso no es todo, además tendríamos que enumerar los errores de redacción: “arrullándose en ratos”, “La casa se cae en pedacitos” (pág. 15); “Mi hermano teje sonidos / con sus manos en su guitarra” (pág. 19). “Todo él recorre el líquido rojo / en mis venas que es su nombre” (pág. 35). Llegamos, con mucha disciplina, a la mitad del libro y esto sigue mal.

Porque todo tiene que ver con la falta de taller, con la falta de autocrítica, la falta de revisión, la falta de saber qué es lo que hay que borrar. He acá un claro ejemplo: “La perfecta maldad / nacida del vientre de la poesía / dormita entre sábanas de rosa y espinas” (pág. 38). La autora es incapaz de borrar el tercer verso, que hace que se caiga la idea. Porque lo que es grande en el inicio: “La perfecta maldad / nacida del vientre de la poesía”. Para qué agregar más. Y lo peor, para qué agregar rimas internas: “poesía, dormita, espinas”, cuando pude terminar el verso en “poesía”. Esto es la clara evidencia de cómo el autor puede arruinar su propio trabajo, por no corregir.

Errores ortográficos: “para decirme cuanto me amaba”, (que desde la pág. 16 se repite al menos tres veces) ¿acaso ‘cuanto’ no debe llevar tilde, y escribirse ‘¿cuánto’?; el equivocado uso de los artículos como: “envuelta en papel viejo sin un tarjeta” (pág. 16). El equivocado uso de la palabra “porque” como en “por que los ciegos no los pueden ver” (pág. 60)”. Se trata de un trabajo editorial tan fallido, que incluso repita un poema en la página 40 y en la página 65, todo un poema de dos páginas. O el desconocimiento del lenguaje, tanto de la autora como de sus editores: “De las mujeres con el pelo pringoso / y embarañado”. ¿Embarañado? ¿No habrán querido decir ‘enmarañado’, es decir hecho una maraña de pelos? (páginas 40 y 65).

El tremendismo de la autora es tan cándido: “Yo amo estas calles / aun si huelen a mierda”. “Las mujeres golpeando al niño”. “Aquí huele al vómito de la muerte”. Su efectismo, tan cursi: “y lloran, amargamente, por que los ciegos no los pueden ver” (pág. 60). “y sus enormes ojos tristes de tanto ver / la felicidad” (pág. 60). Porque ocurre, y mucho, que no puedan entender que “no todos tus dramas son poesía”, y como no lo entienden, escriben

y publican cosas como: “los recuerdos de un padre y esposo que se fue / junto con el último gramo de comida / y el último rastro de felicidad”. O pretenden ser críticas sociales: “Primero cómprate las tetas de silicona más caras y / luego cambia tu rostro” (pág. 70).

Pero como pasa cotidianamente con los poetas mexicanos. En este libro, uno puede quedarse con algo; que aunque pueden ser poemas también cargados de efectismo y tremendismo: “la rosa que no tiene pétalos sólo espinas”; al final se puede encontrar con buenos versos, como: “masticadas por el gran diente fervoroso de la religión”. Y es precisamente el poema que da nombre al poemario. Se trata del poema: ‘La doncella Negra’, (pág. 27), al menos los fragmentos I y II. Porque el fragmento III, es de un tremendismo tan vomitable; que si se quita del poema el poema crecería y mucho.

O también quedarse con el fragmento II, del poema titulado: “Henri Ford Hospital” (pág. 49), y hablo del fragmento II, porque luego el poema vuelve a caerse por el “tremendismo” y el “efectismo”, que la autora quiere imponer a fuerza en sus textos. El no saber dónde terminar el poema, vuelve a hacer que el poema se le caiga, y las rimas internas y los descuidos vuelvan a aparecer: “No quiero llorar, no quiero, / pero a veces hay un petirrojo en mi pecho”. Y si uno avanza un poco más, quedarse con el poema “Árbol”, de la página 62.

A manera de conclusión tenemos que repetir que no todos los dramas del autor son poesía. Pueden volver poemas, siempre y cuando el artificio en la hechura del texto presente el esfuerzo del poeta. La idea personal está ahí, en la universalidad de la emoción. El autor tiene que alejarse del texto, escucharlo en voz alta, corregir. Un autor no puede darse el lujo de publicar un texto donde se observan errores ortográficos en su trabajo. Del trabajo editorial tal vez no pueda hacerse responsable, pero sí lo es de la obra escrita. Es necesario abandonar el tremendismo, abandonar el efectismo en la poesía. Si todo está dicho, es labor del poeta decirlo de una forma nunca antes dicha.

Página 1 de 5

Invitados en línea

Hay 5930 invitados y ningún miembro en línea