Homenic Fuentes

Homenic Fuentes

Director de la revista digital "la Piraña", Editó la revista "Amargo animal" (Ciudad de México 2006). Fue coordinador de la hoja de poesía "La llama ardiente" en Guadalajara. Ha cursado diferentes talleres de literatura: Aguascalientes, con el poeta Ricardo Esquer. Guadalajara, con los poetas Raúl Bañuelos y Julio César Aguilar. Participó en el seminario "Los fantasmas de la carne" impartido por el poeta chiapaneco Gustavo Ruiz Pascasio en Tuxtla Gutiérrez. Participó en la creación de la revista "A la intemperie", (Aguascalientes). Ha publicado en la revista Orfeo, Verso Destierro, El Sótano (Tuxtla), El Barco Ebrio, Encuentos Cercanos, entre otras. Ganó en el 2007 el primer lugar del Concurso Nacional de Poesía El Laberinto, y fue incluido en el Encuentro de Poetas 2007 de Iztacalco. Es crítico de poesía y narrador. Tiene una novela inédita y actualmente trabaja en su poemario "el primogénito de los muertos", de próxima publicación.

 

Poesía frente a la 4T

HOMENIC FUENTES

 

 

La poesía domesticada no es poesía. Cantarle al régimen cualquier que esté sea es una vendimia atroz. La poesía es una expresión nacida de un corazón en pugna contra toda imposición por muy noble que está parezca. No hay leyes ni enmiendas ni jefe de estado que pudiera emitir un memorándum a favor de legalizar la poesía cuando está se nutre de la clandestinidad y la resistencia, sería un absurdo. Lo que si han hecho es legalizar La infamia imponiendo a veces con sutileza y otras con prepotencia una línea de pensamiento.

El poeta podrá sobrevivir en el sistema político, social,  religioso que haya elegido. Pero la poesía solo podrá tener razón de ser si está viene de un corazón crítico en medio del conflicto. En estos tiempos donde la 4T es un emblema de transformaciones y libertades y un festín de triunfo contra la derecha. La responsabilidad social del escritor no debe caer en la tentación de ser aplaudidor. Recordemos que la ausencia crítica es una realidad que nos habla de la crisis que estamos. Hay que tener cuidado de que la palabra no debe politizarse, creyendo una verdad histórica oficialista y manipulada. Hay muchos autores y muchos libros siguiendo el cliché de publicidad y mercado que ahonda en lo trivial ya que hay un grupo de poder que controlo los deseo y la mente del poeta. Y la 4T no esta exenta de permear un pensamiento a modo.

 

Si hay un poeta que escribió contra la dictadura de Franco es nuestro gran poeta Pablo Neruda que escribió versos desgarradores.

 

 

Solo y maldito seas,

solo y despierto seas entre todos los muertos,

y que la sangre caiga en ti como la lluvia,

y que un agonizante río de ojos cortados

te resbale y recorra mirándote sin término.

 

 

 

Pero las cosas cambiaron tiempo después con la dictadura de Stalin. Pablo Neruda pensaba que la única fuerza ideológica era el marxismo mostró un apoyo contundente a Stalin al grado de escribirle un oda que a decir verdad al principio nunca vio a este hombre como tirano, pero después su poesía se vio afectada por el realismo socialista.

 

 

Stalin alza, limpia, construye, fortifica

preserva, mira, protege, alimenta,

pero también castiga.

Y esto es cuanto quería deciros, camaradas:

hace falta el castigo

 

 

La idea de este articulo no es hablar de Neruda y sus vicisitudes políticas. El objeto del pensador y el poeta es la denuncia hacia actos practicados contra la población por parte del Estado y sus representantes, es decir, aquellos que estaban o están a cargo de proteger a las personas, los derechos civiles y las instituciones y que han incumplido penalmente este compromiso.Hay que tener cuidado de que la palabra no se politice, creyendo una verdad histórica oficialista. El poeta puede olvidar pero la poesía jamas vera que el olvido sea una curación al contrario es una represión no resuelta. La poesía es rebelión contra el estado nos dice ANGÉLICALIDDELLL y continua diciendo: el poder no se combate con un teatro político canónico sino con uno con valor estético y poético no se pueden sustituir los criterios estéticos por objetivos sociales, porque precisamente el problema de la belleza es lo que nos pone en contacto con lo más oscuro del mundo, es lo que nos define y nos funda, y es la verdadera rebelión. Es una realidad que el discurso oficial trata de escribir la historia de acuerdo a los intereses de la ideología dominante.Es así que no debemos engancharnos a la 4T por mucho que la mayoría la vea con buenos ojos. Tampoco se trata de ir en contra ella y difamar por difamar por tener ideas contrarias. La idea no es denostar el proceso de la 4T. Pero Acabo de leer un articulo escrito Por: Aldo Pellegrini titulado: “ Se llama poesía todo aquello que cierra la puerta a los imbéciles” les dejo un fragmento que debemos leer todos aquellos que estamos dentro del compromiso con la poesía

 

 

Los imbéciles buscan el poder en cualquier forma de autoridad: el dinero en primer término, y toda la estructura del estado, desde el poder de los gobernantes hasta el microscópico, pero corrosivo y siniestro poder de los burócratas, desde el poder de la iglesia hasta el poder del periodismo, desde el poder de los banqueros hasta el poder que dan las leyes. Toda esa suma de poder está organizada contra la poesía.

 

 

La premisa es no equivocarnos es ir más allá del placebo institucional. El poeta tiene el trabajo primeramente de observar el mundo a modo de autopsia llegar a lo profundo para dar lectura a todo aquello que escapa a la mayoría de la gente. El compromiso intelectual es reconocer la representación del universo que la alumbra. Por lo tanto la poesía debe ser un arma letal no un producto de bisuterías. Debe ser una puñalada y no un barco de papel que va a donde lo lleva el viento. El poeta debe sumergirse en una sociedad resquebrajada hacia el bagaje ético que se encuentra irremediablemente bajo la superficie. Es la defensa de la utilidad de la poesía que muchos niegan.

Hoy en México la 4T ha traído consigo vientos de cambios pero también un ambiente hostil. Una pregunta forzada ¿ el poeta donde está situado el día de hoy? En la banca partidista o en la inminente realidad que nos abraza.

Viernes, 05 Julio 2019 05:01

EL OTRO ESCENARIO / Homenic Fuentes /

 

 

EL OTRO ESCENARIO

Homenic Fuentes

 

 

 

Esta vez, el último momento  de su transformación y el más placentero fue cuando acomodó la peluca en su cabeza. Dejaba de ser Fabián, para convertirse en uno de los tantos payasos del circo. Enseguida ajustó alrededor de su cuerpo los tirantes. En el camerino, las pinturas y cada uno de los utensilios para el maquillaje esperaban. Miró a través del espejo un rollo grande de cinta adhesiva y pensó brevemente que desentonaba con todos los objetos multicolores. Sin dejar de mirar en el espejo se llevó las manos al cuerpo, sintió una pesadez aprisionando el pecho y su espalda. Hecho un vistazo  al reloj,  un tic tac  no audible se aferró al corazón. Pero esta vez se sintió un payaso perfecto, los grandes zapatos. El enorme traje y  un mínimo movimiento de boca y las líneas marcaban uno redonda sonrisa. Hoy sería un gran día. Camino al escenario hizo un recuento de su viacrucis. Primero las vejaciones en los autobuses intentando hacer reír a todos los pasajeros, para luego recibir a cuenta indiferencias. Luego, las fiestas infantiles a domicilio, ¡cuantas veces lo habían echado a patadas por su aliento alcohólico. Después los burdeles precarios, oliendo a orines. Corriendo  la pintura del  rostro en una vagina oxidada. Las imágenes asquerosas de su vida, serían reivindicadas, nada ha sido en vano. Hoy será un gran día, el odio le brota como agua bendita de las heridas.

 

La función comienza, el payaso brinca, grita, se divierte por primera vez. Aplausos, bravos, carcajadas saliendo de su cauce. La rutina la sabe a la perfección, tantas veces al día, a la semana, al mes, al año… Las personas de pie aplauden, él logra ver los rostros alargados, los cuerpos doblados, y es entonces cuando entiende la verdadera razón del circo: desquiciar, al espectador llevarlo de la mano al sitio más oscuro de su ser para hacer brotar la gran verdad: el gran ridículo de nuestra especie.

 

Los hilos se mueven. El payaso siente un leve roce de la cinta adhesiva  pegado al cuerpo. Las luces se dirigen a él para la gran despedida. Levanta las manos, recibe  los últimos aplausos mientras un olor a pólvora lo desintegran. La explosión extiende sus dedos incandescentes. Hilos delegados de sangre brotan  a velocidad de los oídos, en seguida el circo destrozado, cuerpos mutilados, Mano, hígados, páncreas, dedos, ojos regados por el suelo. Los colores carmesí salpica la vista, el humo crece y forma una gran carpa espesa y negra sobre los cuerpos. El bullicio y la sicosis se desbordan y en el ambiente el gran acto: un payaso desde el otro escenario

                               cuelga

                                         efusiva

                                              carcajada.

 

 

LOS HIJOS DE LA NOCHE

Homenic Fuentes

 

Los hijos de la noche no duermen, son insomnes criaturas que, descarnados, hablan de los senderos oscuros del alma. Para ellos, el dolor y el amor son como una música suspendida en las bóvedas de cristal de la desolación. La noche es el misterio, el lugar donde las pasiones buscan su intimidad, ahondando en las profundidades del corazón.

El poemario Los trabajos de la noche (Homenaje a Alejandra Pizarnik),* escrito por Paul Sanda, apuesta desde el principio a la transmutación de la palabra de la ya icónica poeta argentina, encarna en ella y mira como quien ve sus propios abismos, si bien asomándose al espejo del otro; es, por tanto, un homenaje donde autor no duda en hacer de esa noche su propia oscuridad. Pero he aquí que no estamos ante una vulgar copia y ni siquiera ante una esforzada reinterpretación, sino que nos situamos ante un autor que camina en la misma dirección, afrontando –a su vez– la realidad inasible que lo abraza. Siguiendo las pisadas de Pizarnik en Los trabajos y las noches, Sanda retoma incluso los títulos de los poemas que aquella datara en 1965, pero al mismo tiempo ejerce una alquimia sobre sus más lúcidas sombras.

 

 

Poema

 

Escucha lo que se tiende bajo nuestra noche – el mar, Alejandra,

& una iglesia donde va el tiempo a demorarse. Para el poema,

la carne va a llorarle a las olas & a las noches,

a las sombras; nuestro gozo se purificará en la belleza...

 

 

La belleza es el advenimiento de lo terrible. El lenguaje, una tenacidad que horroriza pues en él queda marcada la identidad existencial, justo frente a la realidad poética que configura al ser. Así las interrogantes subsecuentes vienen a ser: cómo escapar del ritual de los sentidos, cómo huir de la poesía blanca llena de accesorios y llegar al verso más límpido posible…

 

 

Los trabajos y las noches

 

Como una manada que se aleja en el monte,

nos adentrábamos nosotros en las huellas.

Ah, ¿por qué elegir el horizonte de las lejanías?

 

Porque una mañana –& ahí estaba el misterio –

recobré su única ofrenda; había aprendido

a mentir, para padecer y que algo ocurriera:

ternura, convalecencia... & y la lluvia que pasa.

 

Y luego el rencor, & el amor con grandes harapos blancos.

 

 

El poeta advierte –sigiloso– que no conviene escoger la puerta falsa; lo mismo que no se debe depender de quién esté o se quede del otro lado. De ahí que su oficio ha de ser el de un lobo errante que anhela encontrar-mostrar lo que no ha sido visto. Los sentimientos padecen la contrariedad de amores inconclusos; lo anima, en cambio, la sed por el misterio, lo peligrosamente oculto en un horizonte lejano. El amor, si acaso, se erige en un campo de batalla donde el lenguaje es el instrumento de la muerte.

 

 

Las grandes palabras

 

a Laurence Vielle, como un eco

 

 

La lluvia se curva sobre la pena, oblicua

en la marea baja.

 

Es que las palabras se petrifican

(por fin las grandes palabras):

aman tanto lo que no volverá.

 

 

Y así, aunque el lenguaje se transforma no pueden contener el dolor y queda la consciencia de que las palabras son incapaces de transmitir por escrito la perdida de lo amado. Solo queda el duelo ante lo que se fue, la espantosa realidad de lo efímero, los sedimentos sin escrúpulos de un tiempo perdido.

 

 

Verdad de esta vieja pared

 

Es nuestro muro –contra el que destrozábamos botellas

en nuestra infancia, como un juego indolente;

lo escalábamos como un reto, ese muro –

muro–metáfora. Estaba hecho con nuestras promesas

esparcidas, con una verdad sin elegancia;

(huérfanos de amor) éstábamos ya fríos…

 

 

La fragilidad y la pobreza conforman un artefacto poético que nos presenta un panorama desolador, donde encontramos vidas que no importan y muertes que no deben ser lloradas. Somos huérfanos, dice el poeta sin miramientos. Acto seguido, se difumina en su yo lírico y sólo nos muestra imágenes que se cargan de diferentes significados: qué es el frío; qué son la muerte, el olvido, el frío del silencio y lo absurdo. Pero el poeta no es jamás fiel a la vida; no hay elegancia que lo atesore. Su mirada se pierde en aquello que nadie ve.

 

 

Anillos de ceniza

 

a mi amigo Serge Pey

 

¿Qué son nuestros poemas manchados de caramelo,

esas risas enterradas en la infancia hechas cenizas?

En lo más claro de nuestra mar soñabas, &

en voz alta, pues el niño muerto no se anuncia.

 

Tu fe no nació en la noche, Alejandra

–& íbamos a ofrecernos a los trabajos de la dicha;

te encontraba un poco pensativa, una vez más –

alejada de nuestros compromisos.

El tiempo nos perdió, la revolución nos alejó.

La oscuridad invadió nuestras cabezas,

y somos sin embargo tan valientes.

Morir... gritando en el escenario la potencia

de nuestros deseos, sin despertar a nadie.

 

 

En el siguiente poema vemos aplicado un recurso pizarnikiano, el de fraccionarse: la necesidad de encontrarnos con el otro. La noche domina al hablante poético. Hay palabras que exigen silencio, y es el silencio el que se alimenta de la imposibilidad de comunicarse. Hay una tensión entre callar o gritar. El lenguaje no llega a completar sus expectativas: solo el silencio anuncia al niño muerto

 

 

Cuarto solo

 

Sé que estás sola – ¿que tal vez

gozas de mí, al evocarme? –

pero que ya no habrá nada más en este cuarto;

quise retener los trabajos de la noche,

ya sabes, retener tus manos &

tu nuca (la alegría entremezclada en su belleza)...

Ahora sé que estás sola – que

tu gozo carece de poder – oh,

qué profundo es el dolor; & qué agudo.

 

 

El poeta insiste en un diálogo que los sitúa cerca del inicial discurso, pero no deja de haber una reflexión sobre sí mismo, y puede verse incluso en lo más oculto. Se identifica con aquello que mira porque en ello se reconoce, al tiempo que sigue evocando, en todo momento y casi en paralelo el tono y cadencias de Pizarnik:

 

 

Cuarto solo

 

Si te atreves a sorprender

el sentido de esta vieja pared;

y sus fisuras, desgarraduras,

formando rostros, esfinges,

manos, clepsidras,

seguramente vendrá

una presencia para tu sed

probablemente partirá

esta ausencia que te bebe

 

(Alejandra Pizarnik)

 

 

En síntesis, este poemario es un atrevimiento genuino, respuesta a la crisis interior, al hacer del poema un espejo, pero igualmente un laberinto de espejos adicional, que sitúa al lector frente a una dialéctica de la realidad. La poética de Alejandra Pizarnik se desplaza para dejar espacio a un nuevo sentir, el del poeta que se debate entre su autorreflexividad y el germen de la insolencia que ha de inundar sus versos.

 

Entre tanto, la belleza siempre se burla de la palabra insuficiente para dejar paso al silencio final. ¿De qué hablar entonces? Pizarnik ya nos lo había adelantado: “Hablo como en mí se habla. No mi voz obstinada en parecer una voz humana sino la otra que atestigua que no he cesado de morar en el bosque”.

 

También los versos de Paul Sanda quedan aquí en nuestras manos, como un muerto que lo ha perdido todo.

 

***

 

* Paul Sanda, Les travaux de la nuit. Hommage a Alejandra Pizarnik, traducción de Miguel Ángel Real, Saintes (Francia), Eticiones Alcyone, 2018. Edición bilingüe limitada y numerada. 250 ejemplares.

Miércoles, 16 Enero 2019 05:43

TE ROGAMOS, SEÑOR / Homenic Fuentes /

 

 

TE ROGAMOS, SEÑOR

Homenic Fuentes

 

 

 

 

¿Cuántas veces

se tiene que hinchar mi voz

maldiciendo tu VERBO?

¿cuántas veces?

Blasfemar contra ti, Señor

¿cuántas veces?

Huir de tu inmaculada creación

nacer, crecer, reproducirse y morir

¿cuántas veces, Señor?

Señor, cuántas veces

escupir tu cielo

de pobres y camellos

¿cuántas veces?

Cuántas veces

nuestra costilla hurtada

matarte en vida

piedra sobre piedra

¿cuántas veces?

Desahuciar tu mano santa

reproducir tu imagen en probeta.

Dime (dinos):

¿cuántas veces?

¿cuántas veces?

¿cuántas pinches veces?

Cuántas veces

Alabarte

Glorificarte

Amamantarnos

con tu savia de fuego.

Señor cabrón.

Maestro, hermano mayor.

Cuántas , cuántas, veces…

 

 

 

 

 

 

La levedad del instante

Homenic Fuentes

 

 

 

 

Desde el primer acercamiento se percibe en el universo poético de Hugo Garduño un movimiento constante, cierta turbiedad que, en cierto sentido, sugiere una relación con el tiempo. Sabiendo que la poesía está cimentada por la conciencia de la muerte, Reloj de arena* tiende a explicar la angustia existencial: el tiempo y su relación con la vida; la mirada puesta en el otro, con ese otro que es él mismo.

 

 

Con el mareo impúdico de los tragos diarios

           y la nerviosa abstracción de la hierba.

Con la mirada en blanco nos mirábamos

    sin saber hacia dónde nuestro camino iba.

 

Ahora por ahí ninguno anda.

Cada cual en su sitio ocupó su presente inevitable.

          La lástima surge por saber que de ninguno

                     su destino dio una mínima sorpresa.

No hubo quien se atreviera a dibujarlo

   

Ya lo que sucedió con cada cual no es relevante:

                                        

                                          Ya ni siquiera importa.

 

 

Adentrándonos en tal propuesta, podemos entender ese abundar en el trazo ajeno para ahondar en el propio. El poeta parece inclinado a la destrucción: lo íntimamente bello se aproxima al desbarrancadero de los instantes idos, donde el presente se convierte en despojo. Ahora sabe que es un extraño en el mundo. Ni su destino ni su deber están escritos en ninguna parte. Todo lo que existe es obra del tiempo y el azar y de su propia necesidad de trascender. Al final, hay también solamente un cuadro desesperanzado dentro del cual el poeta se percibe enfrascado en sus limitaciones. A él le toca escoger entre lanzar los dados o desoír el paradigma de un juego perdido.

 

 

¿Qué podrían haberme dicho?

todos esos ojos con los que mi mirada

se cruzaba a diario, porque compartíamos

                                  avatares semejantes

en una extensión corta de terreno

    donde nuestras risas provenían

de una libertad que llevábamos a tumbos.

La versión de algo que nunca estuvo bosquejado.

 

Dentro del reducto donde estuvimos juntos

donde en medio de tan todo poco

    buscábamos una extravagancia.

Que era el desoír al paradigma de los blandos.

Apenas arrancarle al margen una precaria rebeldía;

             aunque no sólo la marginación es destino:

la vista miope también arrincona.

Nadie adivina

ni ve más allá de lo que no puede.

 

En un juego de cartas, en un azar

el resultado no es exacto pero sí previsible

porque con poca apuesta nada cambia mucho.

                       

              Y nada se puede reclamar

           a esos que nunca saben a qué juegan.

 

 

En la poética de este autor podemos encontrar a un explorador de la vida íntima. La expresión de la condición humana es una forma de desnudez en que se manifiesta la palabra. Su integración en ese fondo solitario nos lleva a tener un enlace reflexivo entre autor y lector. Saberse estéril es lo que lleva al poeta a crear, esa es su condena y su galardón. No encaja en el engranaje del absolutismo, se niega cualquier aspiración a la perfección y la eternidad; esa es la respuesta al enigma de su soledad. Lo realmente bello no se encuentra en las manecillas del reloj, pues el tiempo mismo es un artefacto inútil que siempre nos aplasta cuando más creemos poseerlo.

 

 

Con una cuerda corta atada al cuello.

Amarre a lo simple y cotidiano de un encierro.

Con mil puertas ocultas, para ninguna hallarse;

no encontrar una sola, en un dudoso Eureka.

Con la imposibilidad de hacer algún recuento

hasta tener

                          los miembros dormidos ante esa parálisis.

 

Hasta ver en otro, la soterrada mutación;

                                   emboscada del tiempo.

 

Parecía que el tiempo estaba estacionado.

Porque así lo parece cuando éste es inútil.

  Sólo dentro de placer y dicha, sí se nota

        y duele que el tiempo pronto muera.

 

La uniformidad y lo estéril

son losas que casi sin sentir se cargan.

Y nada más se haya plena conciencia de ellas

cuando bajo ese peso             uno termina aplastado.

 

 

La palabra del poeta es la propensión al origen que hiere y desgarra la conciencia. Su palabra es el eco que resuena entre poesía y filosofía. Frente a esta unión la poesía (se) revela (con) su sinrazón; no ofrece consuelo sino incalculables abismos; esto porque la palabra se lanza al vacío para sacar de la nada a la misma nada, para dar rostro y nombrar a lo innombrable. La senda del filósofo queda marcada por la persistente interrogación; el poeta, en cambio, es prisionero del delirio, el asombro, la realidad.

 

 

No se traiciona a aquello, en lo que no se sueña.

            Sin embargo queda como sutil sustancia 

    que siempre flota en el aire con una pregunta

    misma que sombrea el perfil de nuestra vida:

 

                    ¿Qué hicimos?

 

Es nada, es la inconciencia de ni siquiera entender

                                  que algo pudo haber existido.

Para descastarse y con justificación

hacer de cada uno un motín contra las sentencias

de lo inamovible, y no querer vivir donde nada pasa.

 

Generación de apresurados viejos.

        Eternos imberbes de orgullo.

Su semblante muy fácil lo mimetizaron con la jungla

   ésa, que sin que lo notaran, les engulló la médula;

                   fue muy fácil someterlos, aún sin látigo.

Ilusos, se encaminaron a un embustero guiño

                 de eso desechable, que como zanahoria

                   siempre ha hecho correr a los crédulos.

 

Hoy igual que antes, ven con mirada mansa

                                   como precoces viejos.

Con el extraño candor del que nada sabe

y nunca ha sabido. Animal costumbre que sólo en la infancia

                                   es lo natural, siendo después inaceptable.

 

Generación sombreada por la mansedumbre.

Sombreada por una inutilidad conveniente para otros.

          Sus espaldas se yerguen sin saber qué cargan.

Sus pasos andan sin saber para qué sirve esa marcha.

Y se refugian sin preguntar, en el cuadro que les fue asignado.

 

Como débiles a los que los años les agotaron la mente.

  Lo que son y fueron desde siempre les fue ignoto.

                           

                                             Jamás atinaron a reclamarlo todo

                                                                                      pobres.

 

                                                                   Ni siquiera un poco.

 

Lo extraordinario de la poesía consiste en buscar en las dimensiones comunes, donde los demás solo ven la piel, la cáscara; sin reparar en lo que hay detrás de las paredes del ser. Es decir, que lo extraordinario muchas veces yace en lo ordinario.

 

 

Las calles se callaban la ruina.

Detrás de sus muros, puertas y ventanas

  sólo se advertía lo desconocido, neutro.

 

Aún los cielos negros en las noches apresuradas

        nada más dejaban ver el revés  de su manto

para nunca algo adivinarles.

 

Se confundían los ojos con la luz impasible de las lámparas.

                    Con los neones coloridos de oculta decadencia.

                 En un tiempo inútil, sucediéndose en esos rostros.

 

Así los sonidos servían para que nada se pudiera advertir.

        Fueron casi todos, soez parte del tránsito en los días.

         Casi imperceptible, engañoso paso.

 

Todo terminó quedando en un testimonio simple.

    Irrelevante tiempo de consistencia laxa, hueca.

Esa que no se veía, y nunca quiso su piel cambiar.

 

Quizá no se le quería ver su talante y tacto:

           intrascendente, artificial y pegajoso

aunque en su superficie burda podía adivinarse.

 

Aunque nunca asomó completamente su cara de farsa

para que quizá termináramos muriendo de nada enterados.

Sin adivinar nuestra condición de extras en una puesta mediocre.

 

Como otras que se sucedían sin verse, una tras otra;

con casi ninguna alteración en esos remedos de libreto.

Para en esa anchurosa y seca carcajada, ser comparsas de la misma.

 

Y ese cielo cotidiano siempre parecía joven

             con sus noches tibias y mudas al destino.

Y aún ahí puestas, no parecían anunciarse ni caer las señales.

 

Parecía que el tiempo estaba detenido, en una laxitud sin prisa

                                        que poco a poco sin nunca advertirse

habría de ir cobrando todo sin tregua.

 

Calló sus labios la época en que caminamos.

Lo habitual sin sorpresa y sin premura es arena movediza.

Quizá así es, para bajar los ojos y esperar donde nada llega.

 

               Parecía una trampa puesta como veneno lento.

O quizá, de tan ordinario que fue su rostro, en él nada pudo descubrirse.

 

 

Estamos sometidos al poder del tiempo que nos instala en el mundo y, a la vez, nos arranca del mismo, pues estamos determinados tanto a nacer, crecer o envejecer, como también a desaparecer. Pero la pregunta del poeta ¿a dónde ir? no es la pregunta filosófica de quienes buscan respuesta, ni la sumisión a su propio reloj de arena. No hay contemplación hacia el infinito, sino la mera afirmación de que no hay futuro alcanzable. Sólo el peso del sedimento que deja el tiempo en su caminar.

 

 

¿A dónde ir?

 

Herrumbre inacabable de sensaciones idas.

     Escenario reseco de tardes de luz y polvo

acumuladas en un desierto solo que se lleva

en la sombra, en la espalda; en ese lejano brillo

que salta a los ojos cuando éstos parecen ya agotados.

 

Espesura de aguas estancadas

de las que nadie bebe por ser ya demasiado espesas.

           Porque tienen el sabor acre de la vida usada.

Las mil sustancias de todo lo que tocaron.

Y juntas, en su lecho aguardan: son todos los caminos apilados

                                        hechos uno solo, un escombro enorme.

          Contiene la infinitud de gestos que ha expresado el rostro.

 

¿A dónde ir ahora?

En esta estadía que se detiene con el mundo afuera.

Donde las vidas ajenas son de extraños inabordables

        que despiden resplandores tenues pero con filo.

Reflejo de nuestras lejanas épocas que hieren

                                       igual a espejos subterráneos

que en el sol inclemente se desentierran en trozos pequeños que cortan

             con sus destellos intermitentes, para mirar lo que ya no somos.

Todo ello surge para inmovilizarnos las rodillas

                            por la sospecha de caminar otra vez hacia otro fiasco.

 

¿A dónde ir?

Si todo lo que se deseó quedara en el olvido, vuelve punzando

    sin detalle específico, sólo como losa que congela al aire.

Se desea nuevamente la renuncia a todo saber.

                       Pero las piernas se mantienen incapaces

       convertidas en el ancla a un cementerio en desorden

que nunca ha podido irse, engendrando siempre el pánico.

        Ese que permanece oculto tras una pared de trampa

para estrellarnos otra vez, y ahí escribir otro epitafio de otra época salobre.

 

¿A dónde ir?

Un martes u otro día de diferente nombre

cuando no se es libre, sí se está atado lo mismo entre dos días

                    una semana y en cada rincón del calendario.

Donde el prodigio no es más que inaudito

y la crispación, es la misma que sombrea a los miles de cadáveres

                                                                     del tiempo que dejamos.

 

 

Algo de muy elocuente hay en este poemario donde el tiempo es un espejo de doble cara, imagen que me remite a Oscar Wilde y su Retrato de Dorian Gray. Un espejo donde el personaje ve retratado el envejecimiento de su propia alma corruptible en tanto su aspecto físico queda intacto. Lo externo y lo interno de la voz poética se manifiestan en la melancolía asociada con el paso del tiempo. Pero, claro, el autor también nos presta su realidad para que intentemos ver nuestro reflejo, inclinarnos al poema como quien se asoma a ver al fin su retrato.

 

 

Las actas

 

Ahora: ¿qué podrían haberme dicho?

Quizá que mi navegar fue de dislates.

Tumbos contra muros, piedras, cercas

y todo lo necio, invencible de construcción que estorba.

 

Nunca hubo algo que pudiera

           merecerme un respeto.

Quizás sólo lo fue el estandarte convulso

donde me reafirmé mil veces descontento.

 

Sabemos bien yo ahora, y la vieja imagen que me mira

           que la culpa se reparte, entre mi caos sin rumbo

        y ese encadenamiento a una suerte entre lo enano.

 

Son de un particular contenido las actas que le muestro.

     Es la verdad en legajo tras legajo, sin ninguna gloria

     lo es también ya sin ningún remordimiento, lo inútil.

Todo es sin rencor auto infligido, porque no hay vergüenza.

 

Lo adverso, lo sucedido en la vulgar materia

de circunstancias pobres entre deslucidos seres

contaminaron como nata gris cada tiempo, y a mí que coopere con todo ello.

Quizá no había otra, y es ya necio encontrar respuesta.

              Porque cuando el pasado se lleva por delante

   es una madeja de jirones que se enredan en los pasos.

Y tras cualquier acontecido, no hay pena que lo cambie.

 

No hay vergüenza y sí entender, pero no todo.

      Porque el explicar preciso del fracaso

es tarea inacabable que sólo sirve para continuar ahí dentro.

 

Y hay que saber, que con dulce, sedas y ventura sólo los tontos se alimentan.

 

                   Hoy no me vive pena alguna al mostrar mi cara.

 

Quizá nada tengo pero soy lo que deseaba

Y ese costal que podría yo odiar de todo lo abortado

                                       

                                                  es sin pena lo que soy 

 

                                                                     el mismo, que por nadie cambio.

 

 

El reloj de arena que confiere título a este poemario da cuenta de la catástrofe del hombre durante el peregrinar de la existencia: simples granos de polvo que se desvanecen o caen sin motivo alguno, que regresan a ser lo que nunca fueron. No hay destino que persiga al poeta. Si acaso lo persigue su propia sombra en la angostura de su muy personal crisis. El poeta no mira hacia a la muerte sino hacia lo estéril del nacimiento; lo trágico no se instala al final sino más bien en la repugnancia del principio. Es así, querido lector, que no te encontrarás ante una lectura fácil de la que puedas salir ileso. Por lo contrario, es este un canto brutal hacia los laberintos de la conciencia, cargado de un veneno mortífero que te llevará quizá al fondo de tu estéril vida.

 

 

Reloj de arena

 

Desde hace un tiempo todo permanece callado.

             No existe un mullido sillón para esperar.

                 Una certeza de agua y oxígeno nuevo.

 

Ya no está aquí la dilatada y sofocante premura

por la desesperación, pues se encuentra adormecida.

Y aunque no haya muerto, está en una laxitud ambigua.

 

Parece neutra y sin embargo su hervor subyace

como un plazo inacabado que después de erigirse escapa

para no ser controlado, ni acabar como borroneada hoja.

 

Pendiente lóbrego en un día soleado. Duro despertar

     pues ahí están las esperanzas y esfuerzos muertos

          de un tiempo en que nos existieron las certezas.

 

Esas que se volvieron el fiasco que siempre nos arrinconó

                              con los miembros pegados a una silla.

Con las copas erguidas de la desmemoria, en el solaz del fracaso.

 

Ese que en abstracto anduvo todo el tiempo agazapado

con su remolino inerte, su sombra en el tiempo estéril.

                                   Con cada vez más secos reinicios

                                   en amaneceres que iban naciendo menguantes.

 

Ahora similares todos

quizá su signo estuvo presente desde el inicio.

Con sombra, las mañanas parecían ser tardes.

Como esas, que después de exhaustas caminatas siguen venciendo.

 

Fueron taimadas en su victoria para recogerse silenciosas.

                    Como el frío y la humedad de lo no evidente

que hace escondida mella, y se descubre hasta que hiere.

 

Ya con el daño de haber enmohecido las paredes.

Debilitando en ese tiempo los ladrillos de la casa.

Esa en la que desde la puerta, contemplamos el panorama.

 

A veces sin mirar, a veces sin saber siquiera

que esa vista es la misma al igual que nuestros ojos.

Ahora ya más arrugados y cada vez menos expectantes.

 

Hasta llegar a la debilidad extrema y conforme

que se llena de ese neutro opaco que todo acalla.

Como callan las aprehensiones, los reclamos y el tiempo.

 

Cuando todo lapso es semejante al que sigue

y sin ninguna extrañeza se acaba caminando lento.

Caminando, no a la consumación del destino

                                      sino sólo

 

                                         al fondo de ese reloj de arena.

 

 

 

* Hugo Garduño, Reloj de arena, México, Camelot América, 2018.

 

 

 

 

LOS BUEYES DE LA ESPERANZA

Y LA UTOPIA DEL SER

Homenic Fuentes

 

La esperanza siempre carga como un yugo la tragedia. El arado con el que se intenta sembrar en la tierra estéril a golpes de sol y aridez. El hombre en su caminar se aferra a  la idea de perseverar en su ser , de seguir siendo hombres. El conflicto entre la esperanza y la razón como el objeto que nos prive de nuestra angustia y incertidumbre son opuestos. Al no haber conciliación nos queda una fe agónica y desahuciada. Los bueyes de la esperanza de Miriam Mancini toman como punto de partida la agonía y la mas intrínseca miseria para su construcción poética. Es en medio de la crisis que hurga en lo imposible, en lo absoluto, lo infinito y eterno.

 

Qué será de tus manos, cuando no labren la esperanza. Qué será de nosotros, cuando nos exilie la vida, y la suerte apenas alcance para morir las banderas caídas.
Qué será de nuestra piel, y su memoria, cuando la lejanía la llame herida.Cuando nos desarraiguemos del sueño, y nos amarre el espanto.Qué será de nosotros con tan poco de ambos, al final del día. Cuando sobrevengan las lágrimas, que queman sin respiro, y nada apacigüe el llanto, cuando nos hartemos de perder, incluso lo perdido.
Qué será de nosotros, sin nosotros, espejismos rotos, soledades concurridas, sin milagro, sin poesía.

 

La memoria en algún sentido es la conciencia de lo perdido. El pasado vive en el presente desde una perspectiva del exilio; es una puerta que se cierra y que es imposible penetrar. De ahí que la vida sea contemplada como una experiencia de pérdidas continuas, sin embargo la poeta se niega a la derrota. La certeza de la desesperanza es menor a la convicción de seguir adelante por muy desgarrador que sea el destino.

 

Sin descanso, camino tras camino emprendí la marcha. Con la daga del ansia en los pies, por calmar los llantos.

Me acurrucaron las piedras sin nombres, las estrellas mis insomnios mecieron,
y en la oscuridad más solemne surgió mi voz potente y ya sin frenos.

No cejé el paso, por los recovecos fui dejando trozos de mí, doblé en cada esquina sin mirar atrás y sin esperar vueltos.

Maltrecha continué, con la irreverencia de los locos que conocen bien lo agrio de la cordura.

 

La esperanza como principio humano para vivir la trascendencia se hace vida en la utopía, esto es, la posibilidad permanente y futura de que el ser humano se realice plenamente. EL ser humano vive en tensión hacia el futuro, como algo inconcluso, inacabado, como ansioso a ir perfeccionando su ser deficiente. De ahí que en este poemario podemos ver en la voz poética un ser que no puede conformarse con lo que hay si es que realmente se busca la libertad. La resignación es algo que la poeta se niega aceptar.

 

 

Traspasamos
desde la fuente del llanto primero,
las huellas pautadas que dejaríamos
Porque hasta el sueño chato de los zapateros sin zapatos, durmieron los héroes.
Fueron las cornisas las que nos dieron el valor para calmar la sed de los pasos ligeros.
La voz que oía los versos que aún no se escribían,
era la que añoraba en la multitud.

Porque rezamos en soledad a las lluvias que nos desguarnecen.

Y la vida pasó,
llevándose los versos de los inviernos sin vos. Pero como dijo Machado,
hoy es siempre todavía..

Tal vez l
a mano que se yergue por el bien, frene la filosa osadía del mal.

Tal vez
los árboles te vuelvan a ver pasar.

Tal vez, la sangre, un día.

 

 

el ser humano es por naturaleza un ser social, De allí que considere que el mundo es un laboratorio donde el mundo se irá construyendo hacia adelante a una sociedad mas justa y posible. Aunque la meta no sea alcanzada pero si perseguida. hay una utopía porque se busca un mundo nuevo, una sociedad nueva que bajo la esperanza ofrece resistencia al mundo dado.

 

Resiste

a los campos anegados, a la garganta deshecha, a los espejos que agonizan.

Resiste
a la vida que simplemente pasa y pasa. A las risas ahogadas,
a las sillas vacías,
a las penas enraizadas.

Resiste
a la caída sin freno,
a los fuegos que se extinguen, a la voluntad perdida,

al palabrerío que hiede,
a las buenas costumbres del hipócrita, resiste.

A la imposición de la rutina,
a las manos filosas,
al silencio de las noches rasposas, a la paz robada,
a la esperanza hecha trizas, resiste.
Al agobio de los días carajo,

¡Por favor resiste!

 

 

La poeta  tiene que contender con todo. Por eso vive a pleno insomnio.  le duele el mundo  lo sufre y lo transforma en música , en canto, en palabra. Y llega a tocar en algunos casos lo mítico, produce una especie de estimulo para reflexionar sobre lo efímero, lo eterno, el amor, la muerte y el motivo por el que estamos aquí.

 

En lo eterno de los árboles y sus silencios, en la fragilidad de las tardes,
en la danza de las aves en vuelo,
en la comunión de las miradas con el cielo, en la sangre que zumba en las venas, en las penas que tejen los miedos,
en la inmensidad de los signos del tiempo, en el equilibrio pasmoso de la flor,

en el himno del viento,
en el cantar del juglar,
en las huestes de lo etéreo, en el brío del caballo salvaje, en las manos sobre el telar, en el espíritu guerrero,
en la caída del inmortal, en las risas de los pequeños, en la poesía radical,

en las piedras que fortalecen, en las treguas del huracán, en el cataclismo de lo nuevo, en las páginas sin estrenar, en el fuego que se reaviva, en todas partes y horas,

juro ante todas las diosas, que es tu voz mi sustento, que es tu paz mi afán.

 

 

 

El corazón es, a su vez, el lugar límite, el linde, donde se recoge toda la vida, una vida que se compone aquí, al parecer de un pasado que por nombrado sostiene la belleza del mundo, aunque esa belleza esté muriendo o haya muerto, y el presente este en decadencia. Este poemario esta lleno de energía y una insoportable realidad sobre la esperanza. Los bueyes de la esperanza es el idilio incómodo e indispensable de los que persiguen un ideal en medio del pantano.

 

 

Cuando la boca arde de verdades largamente silenciadas. Y cae tu nombre como un rayo,
en el abismo de las horas muertas, esas horas donde apremia el delito de extrañarte con rabia.

Mi amor, el olvido es un pájaro azul que vuela inalcanzable sobre el mar de las ansias.

Camino las calles de un pueblo fantasma, buscando la clave que descifre donde van
los besos que no nos dimos.

Y es el cemento donde se estrellan todas las preguntas, esas las que no digo.
Y te veo asomarte, sonriente
bajo un sol con guadaña,
y los brazos se extienden
a lo ancho del mundo,
pero no logro abrazarte.

No estas en la trinchera que construimos, para reconciliar los sueños mas íntimos.

Y te amo con la vida, contra los muros sin derribar de la distancia.

Y te espero, siempre te espero, haciendo equilibrio
sobre un puente

en el borde de la esperanza

 

 

Concluyo esta reflexión en la angustia vital y las confidencias que aparecen en el poemario. La manifiesta preocupación personal vinculada a una fiel convicción del sujeto en la posible llegada de un espacio más mejorable de su entorno. Ante la adversidad y lo ineluctable existe la imaginación y la voluntad para construir los anhelos mas cercanos a la justicia y el amor.

 

Somos los puños
Que se yerguen al final del hastío Somos los ríos invisibles
Que conducen los sueños minúsculos De los rostros enjutos
Caminamos sin pausa, para asir
Y clavarle hondo las uñas a la esperanza Somos los despojos de las ilusiones Hechas añicos
Por aquí
Todo es un ruido sordo
Que abruma a los pájaros
Y clausura la noche
En las gargantas
Somos trozos de horizontes
Vertidos y por verter,
Que se desesperan por ser
Somos las formas
En que pronuncian nuestros nombres
Y los dejan caer
Somos aves escarlatas,
Emigrando hacia lo incierto
Somos los reflejos
De los espejos en los burdeles
Y la ultima línea blanca
Somos las risas
De los niños en las plazas
Y los hijos bastardos
De toda lágrima
Somos el pan y la pluma
El cielo y la sangre
Las cadenas rotas y la fatiga
Somos todos los milagros
Que no caben nunca
En las manos
Ni en el fragor eterno
De las pupilas.

 

 

 

 

 

 

El asidero de la memoria

( MARCA DE AGUA DE MARTHA FAVILA)

Por HOMENIC FUENTES

 

El reflejo es una propiedad de las sustancias líquidas, nosotros somos análogos parciales del agua, que a su vez es sinónimo total del tiempo  y el tiempo fluye como el agua, pero  también lo diluye todo.  MARCA DE AGUA poemario de Martha Favila de la coleccion "hilo rojo" nos muestra un dilatado paisaje donde los elementos del agua , el fuego y el viento  cimientan un largo camino hacia los abismos  de la memoria. En el tiempo, la poeta tiene un diálogo con las cosas y consigo mismo en la experiencia de la pérdida, en la experiencia de la deuda. El tiempo es el problema , es aquello con lo que está constantemente en contacto sin saber qué es, como un interrogante que no se soluciona. El poema no surge como posible respuesta, como resultado de una contemplación, ni mucho menos como una teoría o una hipótesis de la soledad existencial. sino que es la marca de agua donde la poesía eterniza una poética terriblemente amorosa.

 

 

4

Nos tocó

estar separados

por el tiempo;

 

nadie, ni yo, acepta

la distancia:

 

ventana sellada

que revuelve los malos humores

en el interior del cuarto,

 

que sólo permite,

a través de vidrios empolvados,

perderse en lo inalcanzable.

 

 

 

En realidad, la vida interior,  es inabarcable e incomprensible; no podemos captarla, no podemos conceptualizarla es la vida originaria de la psique, que sólo puede ser vivida. La explicación racional sólo puede alcanzarse a través de la intuición. Para la  poeta, la distancia no es sólo dolor y suplicio que provoca la ausencia, martirio o calvario , sino un elemento efectivo y total de contundente seguridad y supervivencia ,es una necesidad urgente para escapar de la muerte.

 

 

15

Déjame rezar por ti, pedir al cielo

que Dios te acompañe.

Me voy de la historia, salgo de cuadro,

me voy sin hacer ruido,

para que cuando lo notes

ya no sientas nada.

 

 

 

La poesía de Martha Favila se caracteriza de manera muy particular por aludir no sólo al hecho amoroso, sino también a todo lo que de alguna forma la acerca y la aleja de lo amado. La imagen que prevalece es la del agua, el cual lejos de destruir construye. Los elementos opuestos se acercan en lugar de abismarse: sol, luz y calor  y viento aparentan oponerse a la noche, lo oscuro,  cuando en verdad son el complemento imprescindible de toda relación,

 

12

Levanto los brazos

 

son dos flechas que apuntan

a las nubes de lluvia

 

son dos chorros de agua

de dos fuentes gemelas

 

que enarbolan la camisa blanca

 

Azotea que me acerca al cielo al mar

cuando la ropa tendida

 

velas infladas por los vientos alisios

parece que llevara la casa

a nuevos mundos.

 

A lo lejos el cerro verde

vivo

 

en las casas de enfrente

inicia el ritual de la luz

el ritual de la merienda

 

Yo espero a que aparezca la luna

luna menguante

 

que alguna vez llegó a mi costa

iluminando el interior

de una botella.

 

 

Hacerse mayor es reconocer la tristeza que oculta un rostro. Esa consciencia de uno mismo, de los demás y de nuestro lugar en el mundo,  no es otra cosa que adquirir conocimiento. COMO UNA MARCA DE AGUA busca en la transposición del dolor un plano de perfección estética. Los ojos de la poeta inevitablemente abiertos como un párpado violentamente levantado a la fuerza ven un mundo atroz que descompone todo. La angustia de ver a lo vivo muriéndose incesantemente:

 

5

Un bordo, un bache

y aquel accidente divino

nos arrojó lejos

para que no nos conociéramos

a tiempo.

 

Si esto no hubiera sucedido

seríamos los primeros

de felicidad entera

y quizá, también,

hubiéramos conocido

el rechazo de los otros

sin acceso al paraíso,

 

como el de aquellos que no soportan

la belleza de las flores

y las ven morir

lentamente

en el centro de la estancia.

 

 

La poeta sabe bien que el único instrumento que conoce para revelar y rebelarse es el lenguaje, es así que nos encontramos con una poeta de mirada limpia, abarcadora, Detiene el tiempo  se abstrae hasta alcanzar una voz plena y distinta, original. La poeta no puede desasirse de la  mujer que la habita y en ese contexto vuelve a los orígenes.

 

1

Despierta bajo la piel

la sensación antigua

                                      la primitiva

la incontrolable.

 

 

Fruto maduro

en toda la belleza

                                     y la ternura

de lo en su punto.

 

La memoria ha llegado a convertirse en el único asidero del yo, Muchos son los recuerdos que se desvanecen para siempre en los abismos del tiempo, saberlos irrecuperables anega de añoranza y melancolía al escritor La lucha contra el poder destructor del tiempo la angustia de no poder detenerlo y pensar que la vida, en un

momento dado, empieza inexorablemente su cuenta atrás no detienen a la autora de este poemario en el olvido. la poesía la sustenta hacia un espacio infinito

 

 

16

Una red de mirada

mantiene unido al mundo

Roberto Juarroz

 

Una red

                          abraza

el mundo.

 

Tejida de pensamientos

                                 brilla

si se mira

                         desde lejos.

 

Entre ese orden

                         en desorden

de hilos de luz

                          te encuentro.

 

No sé cómo funciona

la certeza es

                         que esos cordeles

se conectan

y las memorias

                      las alegrías

las tristezas

                                             las risas

se entrelazan

                          se mezclan

 

en esa red que nube

                              nos envuelve y hace

que nos encontremos

                                       por instantes

en otra línea de tiempo.

 

 

 

Este libro está lleno de ecos, de presencias que siempre acaban de abandonar una estancia a la que siempre llegamos tarde. Lo que ocurrió queda grabado como una marca de agua.Y es ahí cuando comienza el inventario nostálgico y hermosamente triste de todo lo perdido. Sólo eso nos reconcilia con el tiempo.Es difícil poder soportar tanta ternura sin cierta conmoción, ver cómo la voz poética cuida a través del tiempo esa misma ternura, en medio de una noche que parece no tener compasión de quien una vez floreció a la luz y que también en la soledad busca el abrazo:

 

8

Mi amigo sonríe

pero me teme,

cree que esta carne y estos huesos

son de otros confines,

que tienen algo que los de él

no tienen.

 

Mi sarcasmo lo desconcierta,

el dolor que éste revela

no lo cree,

él cree que darse cuenta

trae felicidad,

 

que soy feliz porque puedo

garabatear estos versos

y se aleja

 

y yo lo miro, lo huelo

dejando

ese aroma a yerba recién cortada

 

miro la ligereza de su paso

como meciéndose en el viento

y mi corazón se hace pequeño.

 

Él se va triste,

yo me quedo triste,

con la tristeza

de un potro

huérfano que me galopa

dentro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

la literatura es ante todo oficio de solitarios y un instrumento para soportar el

paso del tiempo y entender la vida; COMO UNA MARCA DE AGUA de Martha Favila es  un ejercicio poético que ahonda en la sensibilidad del espacio-tiempo. asegura no solo la supervivencia de su espacio, sino de todo su territorio

 

 

2

Una vez fui salvada,

quien me salvó nunca lo supo

 

nunca que su huella

quedaba

                              como una marca de fuego

                              como una marca de agua

 

Tuve razón de ser

                                                  aquella vez

el paréntesis se volvió pasado

                                                      agradecí

y empecé a cantar de nuevo.

 

 

 

Amigos de la PIRAÑA , poetas, columnistas, colaboradores , corresponsales y seguidores,

Después de diez años sin pisar la ciudad de México. Regreso al gran evento de

AUTORETRATA ADVERSA VIVA.

Invitación abierta

 

 

 

 

  

 

La poesía como un deporte intelectual

TORNEO DE POESIA 2017

Adversarios en el cuadrilátero

VersoDestierro

 

Convocatoria al X Torneo de Poesía 
Adversario en el Cuadrilátero 2017

Este TORNEO propone la poesía como
un deporte intelectual. Su intención es 
lanzar el poema a todo público ávido 
de versos; provocar pasiones, sanas 
competencias, y sobre todo incitar 
al receptor a que exija más del poeta. 
“La consolidación de la poesía está 
en el enfrentamiento con el mundo, 
es decir, con el público”. Con esta 
idea nace Adversario en el 
CuadriláterO: "poeta versus poeta" 
enfrentándose con su poética. 
Comentaristas, réferi, música,
jurado, todo en vivo, en el 
momento preciso, alrededor 
de un ring: un espectáculo 
cultural digno de cualquier deporte. 

 

 

        

 

 

Primer debate en torno a la muerte de la poesía

HOMENIC FUENTES

 

http://miercolesitinerantesdepoesia.blogspot.mx/2008/05/crnica-de-una-crtica-anunciada.html

 

Andres Cardo, Javier Mardel y Francisco Goñi.

 

 

Por Homenic Fuentes


Crónica de una crítica anunciada
 

 

El verdadero debate comienza al final de la ponencia crítica. Cuando los concurrentes interactúan, no con preguntas como se ve en estos casos, sino ejerciendo el derecho que les confiere este espacio crítico.
El café se encuentra concurrido moderadamente, al fondo un cuadro de Felipe Gaytán nos muestra una sor Juana Inés de la Cruz devota de la virgen de Guadalupe: heroínas las dos parecen saludarse mientras la mano derecha de la poeta toca la cabeza del pintor con familiaridad como si de hace tiempo atrás lo conociera.
A un lado el gran espejo nos recuerda el infinito. Debajo, a unos cuantos centímetros, Javier Mardel y Francisco Goñi, los designados, o mejor dicho ―para no levantar suspicacia― los invitados a la mesa para exponer sus criterios sobre la muerte de la poesía.

El moderador en esta ocasión: saco gris y mirada desinhibida, presenta a los exponentes. Todos atentos esperamos como en el primer día de clase, las primeras palabras. Andrés Cisneros de la Cruz (el moderador) abre el debate: "Abordaremos el tema desde un contexto global. Sobre la política tangible de convertir la poesía en un producto degradado. ¿Hay o no hay un desprecio declarado hacia el arte?, ¿hay una voluntad política, social, cultural para que la poesía no tome parte del mundo?"

―Basta ver cualquier revista o cualquier periódico del mundo ―comienza Francisco Goñi su intervención― para poder apreciar cuán alejados están del acto poético y si bien es cierto que siempre habrá poesía los niveles político-sociales cumplen su función de imposición sobre el quehacer artístico.

Los meseros fluyen en el recinto sirviendo cafés y en algunos momentos intentan razonar sobre lo antes mencionado, o hacen como que piensan. Hay caras conocidas y otras que el tema los atrajo: pues como dijo Mardel más adelante "no están aquí simplemente por que tengan la noche libre". Javier comienza su intervención con gesto agrio. La relación que se hace de la poesía con factores políticos y sociales no le gusta. Ni la relación ni la articulación. Le incomoda severamente.
―Jamás creeré en la muerte de la poesía ―dijo convincente y continuó:
―Jamás creeré ni siquiera en su agonía por que sería la aceptación de que la poesía pudiera morir. Lo mejor sería que nos cuestionáramos: ¿qué es lo que hacemos o dejamos de hacer para la poesía?
Con estas palabras el recinto comienza a dividirse. Las mentes dejan la zona de confort en las que estaban y comienzan a integrarse a este momento crítico, donde las ideas y los criterios abundan, pero que al final podrán nutrirse en este nuevo diálogo nacido del conflicto.
Goñi disiente de Javier, cordialmente, sin perder la compostura argumenta sin prisas:
―La poesía se vincula con la política y la política funciona con poder ―y nos insita a recordar los orígenes en que algunas civilizaciones asumían a la poesía como religión. Tenía un valor que cohesionaba y daba identidad a un pueblo y en muchos casos sirvió de proselitismo. Dio algunos ejemplos como: el Canto del Mio Cid, los Cantares de Gesta― cuado se acaba el mecenazgo ―continúa Goñi ya entrado en calor― cuando se distancia del poder, cuando al poeta ya no se le paga, se margina y paga un costo muy caro. Pero en esa automarginación se ganó la libertad. En esos momentos "el poeta se convierte en el pobre diablo de la existencia", desde entonces cohabitamos entre poetas libres y otros al servicio del poder ―concluye Goñi.
Javier, becario del Fundación para las Letras Mexicanas, ya entrado en ambiente refuta:
―De lo que se está hablando sólo son puntos seductores, eso que es irrelevante, las personas que están aquí es por algo, no tienen la noche libre ―lo dice en tono de que no les hagan perder el tiempo con nimiedades― ¡Se quejan del poder! podrán quejarse ante la Casa del Poeta o frente a cualquier institución académica y echarles la culpa de todos los males a la política o lo social: y si sí, ¿qué? y si no, ¿qué? ―dice con aire de rebeldía. Y continúa: ―¿No será que los poetas cedieron ese terreno? ¿Por qué pensamos nada más en lo que nos llueve y no pensamos mejor con qué nos vamos a cubrir. Parece que el poeta se empeña en buscar el rechazo. A mí qué mi importa que al Dalai Lama o Juanita de las Pitas les dieron el premio. Señores, un solo lector hace al poeta, y sobre la utilidad de la poesía, no hay discusión. La poesía es inútil, no sirve para nada. No necesita referencia alguna.

A estas alturas el debate sobre la muerte o no de la poesía se aislaba del cause. Francisco Goñi habló de la utilidad de la poesía, corrigiendo el concepto de "utilidad" por el de "condición".

―La condición de la poesía sigue vigente ―dice con tranquilidad y modulando bien su voz ―No ha cambiado. Lo que sí ha cambiado es la escala y el impulso. El poeta sigue contribuyendo al vacio de esta era. El compartir la poesía contagia a los otros de que regresen a casa: el retorno del lenguaje primigenio.

Javier contesta a Goñi con apasionamiento.

―No. Nadie quiere regresar a los orígenes ¿realmente los poetas buscan el lenguaje común? ¿Realmente quieren regresarnos lo que nos arrebataron: el lenguaje primigenio? No. ―contesta enérgico y continua ―la poesía se hace acá afuera en las regiones incordenadas. ¿Por qué siempre cuestionan a los lectores? Si los actuales poetas, realmente tenemos poco interés en regresarle la palabra a la gente. Estamos perdidos en nuestro propio canto: hay miles de poetas por colonia, sin lectores.
Goñi revira: ―Sí, hay poetas entregados al oficio, lo que pasa es que tambien hay una doble imagen del poeta contemporáneo. Hay quienes intentan volver la cultura una moda, haciendo pasar por poetas a un sin número de personas, nada más por que sí. Y volvemos a lo mismo: literatura=poder=control. Eso no tiene nada que ver con que no haya poetas.

Javier aferrado dice: ―No entiendo por qué insisten en quiénes manejan la cultura ―en el ambiente se siente cómo lanza Mardel la piedra sin importarle a quién le caiga, dejen de chillar pareciera que dice― lo que pasa es que no nos hemos armado lo suficiente contra los argumentos de quiénes manejan la cultura en los círculos de poder. Hay que mandar al diablo al viejo ―acción metaforizada del real Madrid de Hugo Sánchez mandando al diablo a Benhaker)― y ponernos a hacer lo que nos gusta: escribir.

Ahora sí, todo estaba fuera de su cause y de su casa. Los círculos y los laberintos se habían apoderado de la charla y ya no se encontraba por ningún lado la tal muerte o la no tan muerte de la poesía. El moderador hacia esfuerzo por darle dirección y orden, pero Javier se aferraba a los argumentos aunque sin suficiente sustento, ya que desplegaba sus ideas independentistas enrollándose en sus propias palabras, girando siempre en el mismo eje: el poeta y su falta de conciencia.
Lo que me gustó era el ejercicio, el gimnasio intelectual donde la fuerza de las ideas en los exponentes y en los oyentes se estaba ejercitando. Era el primer miércoles de crítica y poesía, un espacio creado por Verso Destierro con la intención de encontrar a través de la reflexión y el debate un punto de conflicto en el cual las diferentes voces de hacedores de poesía en México se enfrenten.

Como les dije al principio el verdadero debate surgió al final. Hugo de Mendoza dijo que esto parecía una pelea sindical y sugirió hacer poesía, porque el mejor de los premios es que nos lean y mejor aun, nos critiquen. Fernando Salazar "El Conde", aseguró que la charla era insostenible, que no había argumentos, en cambio sí mucha retórica. Alejandro Martínez Lira enfático y con los ojos desorbitados dijo "¡sí!, ¡sí se pretende asesinar a la poesía!", y expuso una tesis sobre la enajenación del arte. Felipe Gaytán y José Manuel Ruiz Regil lo secundaron: sí hay estrategias para comprar el mundo a través de la ignorancia. Y terminó Blanca Roth arremetiendo con miradas de reproche a Javier que ya para entonces junto a Francisco fueron traspasados por las voces en confrontación. A Javier y a Goñi les tocó esta noche la mesa de los sacrificios: ellos lo sabían y hasta el final permanecieron firmes. Había sido un honor estar exponiendo sus puntos de vistas. Aunque al final se llevaron en sus adentros un cúmulo de ideas que no pudieron salir a flote, por diversas circunstancias. Cada quien a su modo se llevó su propia crítica de la noche y tal vez alguno de ellos maldecirá la falta de comprensión o quizá la más profunda crítica: la propia. Sea un bálsamo aliviador en las mentes de ellos.
Yo me quedo con la ansiedad de otro miércoles de crítica, un evento muy puntual en estos momentos de vacío literario. Estoy seguro que los próximos nos llenarán de vitalidad y como diría Ruiz Regil, éste evento es un espacio donde la confrontación nos permitirá conocernos.
Después de un rato el café regresó a la normalidad, propia de un lugar que se dedica a servir café a diestra y siniestra. Los interesados en la poesía y el arte habían desaparecido llevando con ellos la espada desenfundada para el próximo miércoles de crítica. Esta vez no habrá concesiones con nadie, la bola de nieve ha comenzado a girar. No hay de otra, mas que esperar pacientemente lo inevitable: una avalancha.
Esta noche, la poesía dejaba de ser inútil.


 

 

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