Foto: Magareth Lince Luna

 

BAR CIUDAD DE LEÓN CON EUSEBIO RUVALCABA

        

Eduardo Cerecedo

 

Eran como a eso de las tres y cuarto de la tarde. Allá por los años ochenta, un grupo de amigos nos reuníamos con fines literarios, fines de amistada para discernir sobre literatura, política, sobre la cultura nacional, sobre fut bol, en antros, cantinas, bares, restarurantes del centro histórico, pero una anécdota fue genial. En el Bar Ciudad de León, una tarde de verano, nos reunimos en dicho lugar para festejar que era viernes, los amigos tenían sendos trabajos, cobraban justo antes de la quincena, muy cerca de ese  lugar, para ser exactos “En el Matías Romero, de Estudios Diplomáticos”, Eusebio Ruvalcaba, Enrique Franco Calvo, Mariano Franco Calvo†, Alfonso Sánchez Mújica y su novia, una hermosura, Armando González Torres, (los que no fueron y que también eran parte de la cofradía, Alfredo Giles-Díaz, Josué Ramírez, Carlos Miranda). Pues bien, después de haber comido bien sabroso -de fondo música de arpa y jaranas- canitas, barbacoa, y líquidos rubíes, cervezas, appleton, bacardy. Enrique fue el único que quedó más tomado, y ya saben, se cayó la cerveza… Total abandonamos el lugar, nos echamos hasta el salero en las bolsas del pantalón, los meseros no tan contentos nos despidieron, bajando los escasos escalones, ya en la avenida Eje Central comenzó la juerga, alguien del grupo aventó un envase de agua mineral, otro,  una de cerveza, en eso iba pasando una patrulla y los vidrios rebotaron sobre el parabrisas del vehículo. Ya nos llevó la madre pensamos. Eusebio Ruvalcaba, el mayor de nosotros, como conocedor de esos menesteres, se puso su gorra y nos dijo adiós, nos quedamos -a la buena de Dios- en pleno desamparo. Sabíamos que la patrulla regresaría por nosotros, que los separos nos esperarían oscuros, tétricos; pero el Salvador se acordó de estos parias y la patrulla jamás  regresó, así cantando, ebrios, gustosos, llegamos al Metro Hidalgo, nos despedimos, con el asombro en la alegría, el metro no tardaba en cerrar, la lluvia se hacía más intensa, mojados abordamos el convoy esa noche de verano.

 

 

 

La alegoría de The Truman Show

RAMIRO PADILLA ATONDO

 

 

 

A Gabriela Torres Cuerva, detonante de este escrito

 

 

Al escribir un ensayo, se invocan mecanismos más allá de la lectura y el análisis de lo leído. Hay de cierto, asuntos como la observación aguda, que, acompañada por las lecturas, permite prefigurar un panorama más amplio. En este caso, puede ser la continuidad de otra idea, o una simple deducción que detona la escritura.

He escrito de manera extensiva acerca de los mecanismos de toma de decisiones. Estos están circunscritos a ciertos factores, que tienen que ver con la cultura del individuo. De manera general en cuanto al sistema político en el que vive y de manera particular con la educación recibida en casa.

Es en extremo inocente pensar que no hay fuerzas determinantes en el desarrollo de esta toma de decisiones. The Truman show es una alegoría de este control total de la vida humana. Truman Burbank es un hombre que ha nacido para ser estrella de un reality show del cual no sabe que es parte. La película de 1998 prefigura la era del control total de los humanos.

En la película flotan los espíritus de George Orwell con su gran hermano y Aldous Houxley y su sociedad perfecta. Por supuesto que el leivmotiv es el monitoreo de un ser humano que por pequeños accidentes va notando la falsedad en la que vive. Igual en las sociedades contemporáneas, el tema del control ha venido convirtiéndose en un tópico importante. La información es una mercancía cuyo valor depende de su capacidad de influencia.

La realidad se distorsiona a medida con la finalidad de establecer ciertos parámetros de conducta considerados aceptables. Se necesita superficialidad para aceptar la sociedad cínica y enferma tal como es. En el caso de la película el telón de fondo es la sociedad conservadora que espera que cada instante de su vida sea previsible. Se acepta ser parte de un engranaje. No hay mucho espacio para alterar el curso pues millones de personas sintonizan día a día la vida de un hombre que no sabe que es famoso. Al igual que los whistleblowers contemporáneos, una mujer corre con Truman a la playa para decirle que todo lo que ha vivido no es más que un montaje, para luego ser arrojada del set por un actor que finge ser su padre alegando demencia.

En las sociedades modernas, aquellos que hablan de las sicopatías asociadas a las sociedades industriales son acusados de locos. El candidato demócrata a la presidencia basó su plataforma en varias medidas basadas en el sentido común. Pero fue insuficiente ante la maquinaria desplegada para elegir a una candidata cuyos discursos pagados por los bancos valen la friolera de doscientos mil dólares y cuyo contenido no ha sido publicado.

La cada vez más pasmosa insanidad de nuestras sociedades tiene que ver de manera precisa con el discurso sociópata (aquel discurso que promete de siempre cosas que no está dispuesto a cumplir)  y la normalización de la violencia. Y aquellos que viven una situación parecida a la de Truman Burbank solo imaginan que viven una vida normal, cuando la realidad es que los controles gubernamentales de manera lenta pero sostenida avanzan para definir  los comportamientos de la sociedad.

El candidato demócrata Bernie Sanders sostuvo que la dictadura de los bancos había destruido el sistema republicano de los Estados Unidos. Una mayoría idiotizada por los medios de comunicación lo acusó de lunático. Primero se le ignoró, luego se le ridiculizó, para terminar siendo arrollado por el status quo. Algo parecido sucede en México. Agustín Basave diagnosticaría al mexicano como un ser esquizofrénico o bifronte, Mexijano por su alusión a Jano, la diosa de dos cabezas.

En las sociedades desarrolladas el discurso tiende a ser de hipocresía limitada. En México se premia la mentira cada elección. Desilusionado de la política el mexicano tiende a comportarse con pesimismo festivo. Como el personaje de la película no ha entendido que tiene la capacidad para escapar de la gigantesca puesta en escena que significa el negocio del gobierno. Contempla la cámara que lo manipula a él con parsimonia y pocas ganas. Porque al final de cuentas le han vendido la idea desde la sociedad paternalista que aquellos que se roban su dinero saben lo que están haciendo.

The Truman Show predijo un futuro en el cual todos podríamos ser vigilados. Lo curioso de todo es que la aceptación de esta vigilancia ha pasado por nuestro tácito consentimiento.  Un teléfono inteligente es la manera más fácil de controlar los movimientos de una persona. Hay una huella electrónica sin necesidad de montar un costoso estudio que vigile nuestros movimientos. Giovani Sartori también lo dijo en su libro Homo videns. Del homo sapiens al homo videns hemos evolucionado sin darnos cuenta. Y es ahora que el homo videns parece mutar en el homo millenial, aquel sujeto totalmente dependiente de los artefactos tecnológicos.

Vivimos en sociedades cuyo sentido común comienza a parecer un asunto extravagante, perdidos en la cultura del consumo, que crea modelos aspiracionales y una distorsión de los comportamientos éticos, donde el mayor cínico es el rey. Al igual que otro filme, Wag The Dog, el mundo evoluciona hacia una gigantesca puesta en escena donde la realidad ya no es real, sino un constructo que necesariamente pasa por el tamiz del dinero. Por eso The Truman Show es una película de espantosa realidad.

 

The Truman Show Paramount pictures

Mexicanidad y esquizofrenia Agustín Basave

Homo Videns Giovani Sartori

Wag the dog New Line cinema

Un mundo feliz Aldous Houxley

1984 George Orwell

 

 

 

La obra de Eusebio Ruvalcaba como una sinfonía literaria

            Para Eusebio Ruvalcaba, escritor jalisciense nacido en 1951 y recientemente fallecido a los 65 años a causa de las complicaciones derivadas de un hematoma cerebral, primero fue la música, el sonido, el ritmo, el silencio, y después vendría el verbo y la seducción total por la palabra y sus hechizos. A través de una vasta producción literaria que comprende los cuatro géneros —poesía, narrativa, ensayo y dramaturgia—, Ruvalcaba consigue crear desde la literatura una obra sinfónica cuyo movimiento preponderante es el narrativo, aspecto presente aun incluso en la creación de poesía. Por otro lado, múltiples son sus textos en los que la música es el elemento protagonista, ya sea mediante el tema, por el título o por las alusiones a compositores clásicos, como se observa en el siguiente poema escrito a partir de la figura del músico originario de Cd. Guzmán, José Rolón:

                        Nacido en Zapotlán el Grande —tierra
                        de Juan José Arreola y de José
                        Clemente Orozco—, desde muy pequeño
                        vivió en El Recreo, rancho de su padre.

                        De su madre aprendió a tocar teclado,
                        y a cantar en el coro de la iglesia.
                        Fue de un maestro a otro hasta dominar
                        el arte de la música. Viajó

                        a París donde fue alumno de Paul
                        Dukas. Se enamoró de una mujer
                        de nombre Mimí. Pero regresó

                        a Guadalajara por otra chica
                        de ojos dulcísimos. Su hija María
                        Luisa honró la memoria de su padre.

En este poema narrativo escrito en el molde del soneto, titulado precisamente “José

Rolón”, el poeta deja entrever sus dotes de extraordinario narrador. Hijo del violinista y compositor clásico Higinio Ruvalcaba y de la pianista Carmela Castillo Betancourt, el autor de la ya clásica novela —llevada al cine en 1995 bajo la dirección de Erwin Newmaier y con la actuación estelar de Diego Luna— Un hilito de sangre, “aunque exploró las formas literarias con la destreza de un concertino, se asumía como un escéptico de los géneros, pues consideraba que todos, de algún modo, están engranados por la misma sustancia: la palabra” (Soto).

            Por lo que Ruvalcaba, becario en su juventud del Centro Mexicano de Escritores bajo la tutoría de Juan Rulfo, con sorprendente destreza y naturalidad, transitaba de la novela al cuento, al poema o al ensayo. En esta diversidad de géneros, sin embargo, casi siempre predomina un discurso narrativo, ya que esencialmente Ruvalcaba era un narrador nato, un escritor que tenía una necesidad genuina de contar, lector de los escritores rusos del siglo XIX y de los norteamericanos del XX, que había abandonado con anterioridad los estudios de la carrera de Historia en la UNAM, al darse cuenta simplemente de que podía escribir y dedicarse a la literatura. Pero sobre todo, Ruvalcaba fue un admirador de los grandes compositores de música clásica, tales como Mozart, Brahms, Schubert, Beethoven, Chaikovski, entre otros, cuyas sinfonías y demás piezas musicales lo deleitaban al calor de la bebida; es decir, en suma, Eusebio Ruvalcaba fue un escritor prolífico —indispensable ya en las letras mexicanas— y un fiel enamorado de la música desde antes de nacer.

 

 

 

Obras citadas

 

Ruvalcaba, Eusebio. “José Rolón.” Eusebio Ruvalcaba: Nadie se baña dos veces en el   mismo Eusebio. <https://eusebioruvalcaba.wordpress.com/2013/11/28/1013/>.

Soto, Ángel. “Eusebio Ruvalcaba, el escritor que sólo pensaba en música.” Milenio.com.

            8 Feb. 2017. <http://www.milenio.com/cultura/biografia-eusebio_ruvalcaba-        escritor-libros-musica-milenio-noticias_0_899310063.html>.

 

 

 

 

 

 

Sábado, 15 Abril 2017 04:45

Impronta a Eusebio / Arturo Alvar /

 

 

 

Impronta a Eusebio

Arturo Alvar

 

Ya no pudimos echarnos ese trago, pero sé que muchos, al momento de tu muerte, poco antes o tiempo breve después, brindaron por ti. Estaba devastado. Recuerdo que, en algún poema, manufactura de por medio, me preguntaste por una palabra: "cauterio". Porque hay heridas abiertas por el mundo, aparentan cicatrices, pero sangran, fluyen por un tajo que nos arrebata la existencia, donde al final "todo se lo lleva el carajo". Tú me enseñaste tus propias heridas, con la seguridad de que la poesía surge del mismo dolor. La noticia de tu deceso iba acompañada de otros testimonios: el hospital, la gangrena cerebral, el golpe contundente del abismo. Preguntaba por ti, Eusebio, según esto te encontrabas mejor. Dijeron: "ya respira por sí solo". Fue lo único que pude escuchar, que ibas a recuperarte. Y justo el día que te moriste, traía encima otra desdicha. Abandono del amor. Para eso son los amigos. Sin saberlo te mantienen con vida, a pesar de sus historias.

Caminé rumbo al velatorio. Dispuse del traje oscuro. Esperaba encontrar amistades en común. Pero la embriaguez me llevó por otros lares. Siempre sucede así, en esta ciudad perdidiza. Deambular al centro dé y encontrarse entre las orillas del vértigo. Cultivamos las uvas de la discordia. Me acordé de los bastardos, de la franca compañía donde solitarios aprendemos a beber. ¿Dónde ubicar el primer sitio de la memoria? Salida a Correo Mayor, estación del Zócalo, qué más cementerio que ver a una anciana confrontar a los custodios del Palacio Nacional. Diletantes cuicapikas haciendo de las suyas. Entrar a la vecindad, subir las escaleras lejos del bullicio ancestro. Que te abran la puerta del infierno gritando: ¡bienvenido! Sabemos de las horas pico y del derrumbe de los eclipses venideros. Mas nada como esta otredad beligerante ante la herrumbre de nuestros pasos, Eusebio.

En qué parte levantar la catedral del llanto pétreo, en dónde subrayar el lugar del traspié. Desnuda la planta de las cuentas de vidrio. Supe platicar de tu presencia, de aquellos lugares donde tomar de la pachita es un asunto de fe. No tengo fe, pero creo en tu literatura. En una escuela de Ecatepec, las maestras les pidieron a los muchachos que leyeran un chorrito de novela tuya. Cuando llegaste al salón, sorprendidos, nos dimos cuenta de que ese hilo puede tejer la madeja de los años, a través de generaciones. Que unas palabras pueden ser suficientemente prosaicas —"no estudien, fajen"— con tu soplo de corazón maledicente, en el alcohol que descifra los insomnios, con la cruda venidera, lúcida, que corrige el más dionisiaco poema. Ahí te conocí, te hablé del rumor de las alcantarillas. Sigo fraguando esa música. Aunque ya no me pertenece, la disfruto.

¿Qué no eras la profunda caricia en el bemol de los arrojos? Sí la sí. Fa sostenido sobre la pústula deshora. El re menor que surge en la hondonada del esqueleto pentagrama. El sol mayor que desconoce las precipitaciones oxímoras de la luna. Trazar las llagas fue la impronta de tu porvenir, entregado a Beethoven, acólito de la música, creada con los besos de aquella a la que llamas luz bel. Coral entre hojas caídas. Mariana con lujuria por amuleto. Higinio como higuera que trama su manar de leche, en los acordes horizontes del delirio. Esa es tu descendencia. Sentado a la vista del averno, Rulfo despidiéndose y Brahms para entregarse a los amigos.

Todo por tu maldita falta de responsabilidad, Eusebio. "Yo no quiero ser Bukowski", afirmabas. Pero nunca te imaginaste, completamente enamorado, que una robapoemas en el Bronx, declamara desde su bella purulencia. Dispuesto a darle unas monedas, aquella mujer de tus sueños sólo te costó decirle que tenías esposa y escapaste muy lejos de un semáforo en rojo. Requiero de tu presencia, colaborador de mi alimento, miembro perdulario de los cuerpos abisales. Mi escritor ceñudo, mi girasol errante. Nunca he cerrado la ventanilla hacia un viaje desconocido, ni he apretado el freno ante la curva del acantilado. Querido Eusebio, aún fantasma, no te despidas.

Arturo Alvar

 

 

Eusebio Ruvalcaba: Epílogos a la siesta de un fauno.

Daro Scarfé

Yo simplemente escribo porque tengo necesidad de contar, tengo necesidad de decir lo que se cuece adentro de mí y que tengo que sacar a la luz: tantos individuos que tengo entre pecho y espalda, tantas situaciones. Para mí es un deleite escribir, armar las oraciones, pulir las palabras, darles a los periodos gramaticales el acabado exacto. Todo eso para mí es una fuente de felicidad espiritual, lo seguiré haciendo. Ignoro si tiene alguna importancia la novela o el cuento. Pero yo tengo que hacerlo.

Octubre, 2016

El 7 de febrero pasado murió Eusebio Ruvalcaba. Aquel día —y noche— de su muerte, Eusebio tal vez ya no tuvo conciencia clara para saber que aquella mañana —y noche— era consagrada por los antiguos romanos al dios guerrero Marte. O tal vez sí lo supo antes de la fatalidad. Tal vez ahí, dentro de esas salas blancas perpetuas, sujetado ya a la muerte, pensó en escribir sobre el dios latino, quien ya le había condescendido morir en su decoroso día —o noche. Vidas paralelas a la manera de la letra escrita por Ruvalcaba. Vidas paralelas. Ambas son (o fueron) de naturaleza bivalente: Marte, señor protector de la pródiga agricultura romana y en contraste, señor fastuoso de la guerra. Eusebio Ruvalcaba, sí, prolífico escritor, pero más prolífico seductor y relator de la musa Euterpe y de su arte consagrado: la Música.

El autor jalisciense halló el recurso de la palabra en la universidad, cuando escuchó a su maestro de Materialismo Histórico, Enrique González Rojo Arthur, en una lectura de poesía. Se dio cuenta que también él podía escribir poemas, le “abrió los ojos” y, en su ignorancia, se dijo “eso es poesía, yo puedo hacer poesía”. Y comenzó a escribir. Aprendió porque esa siempre fue su intención. Sí, un prolífico escritor que amaba —y tenía como primera exaltación— a la Música, él lo dice en su carta a Brahms: “si no hubiera sido por tu arte, mi vida se habría extraviado en el limbo de la abyección”.

A través de la literatura intentó ganarse la vida, lo hizo bien, por supuesto me refiero a la literatura, no a la ganancia. ¿Abordar a la persona, al personaje o al autor? Eusebio casi no delimitó (salvo en lo privado) entre su persona y su personaje público. Su sinceridad era natural y por eso decorosa: “creo que Gildardo Montoya, poeta marginal, se merece más el nobel que mi querido Bob Dylan.” “Cortázar no me gusta, es un bebe. Excepto en El perseguidor”. Hombre gratamente modesto, incluso sabía de las ajenas vanidades ocultas y, que de ellas a la consagración romántica, mundana y elevada solo había un paso: “La vanidad figura en las cartas de los restaurantes majestuosos. Antiguamente, las cartas que se les entregaban a las mujeres en este tipo de restaurantes no incluían los precios. Lo cual pronunciaba la vanidad del caballero”.

Al redactar este rapapolvo en recuerdo de Ruvalcaba, me pregunté qué tan pertinente sería hablar (otra vez) de la diversa y cuantiosa obra literaria del maestro. Lo resolví pronto, otros lectores ya han dado cuenta de eso, mejor, sin duda, de lo que yo pudiera hacerlo.

Lo único ahora en la escritura del narrador, poeta y ensayista a lo que debo aludir es al arte del arte de escribir. Y eso él lo hace de forma diestra —y de forma siniestra. En El arte de mentir, un libro de indagaciones a manera de aforismos y breves ensayos, Ruvalcaba tiene un texto que trata sobre “el arte de lavar los trastes”. El arte de mentir es el arte de vivir. El tópico en sí no es un mito, ni está erróneamente explicado. Es muy claro. El tópico es trivial, baladí, lugar común, frivolidad. Incluso deberíamos considerar usarlo a nuestra conveniencia. Hacer farsa del tópico y tópico de la farsa: “A través de la palabra escrita [fue] que encontré la forma. Eso sí, me sentí cuesta arriba, sobre todo por los temas que a los intelectuales no les interesa. A esos que viven en la Condesa del DF; a ellos no les interesa el arte de lavar los trastes”. El dueño del medio es el dueño del mensaje.

Bivalente apasionado: Música/Literatura (quien incluso descreyó de los géneros literarios, y que además detestaba los cánones, cualesquiera que fuesen) siempre estableció la libertad de entender sus límites: Entre más escribo más me alejo del que soy, y entre más avanza la escritura más me aproximo a mí mismo. Y por eso la Disciplina, que Ruvalcaba llamaría La Vehemencia, La Veneración a la Palabra, era labor diaria, día-noche, noche-día, para él era como beber agua. Es un acto comprobado que escribir y escribir y escribir, depura incluso los sentidos, ya no digamos las emociones. “Aquellos que escriben del arte de la poesía —redactaba Benjamín Franklin en su juventud— nos enseñan que, si escribiéramos lo que vale la pena leer, deberíamos siempre, antes de empezar, formar un Plan y Proyecto metódicos de nuestro trabajo: de otra manera correríamos el riesgo de la incongruencia”. El escritor tapatío no podría negar que la vida y la literatura podrían tomar para bien esta sentencia; cuanto más si la Música ya lo hace desde siempre, Ruvalcaba sonríe y para sus adentros piensa en Brahms.

“Jamás he fijado un Proyecto metódico en la vida —continúa Franklin—, lo cual significa que ésta ha sido una confusa variedad de diferentes episodios. Ahora entro en una nueva vida, dejadme, por lo tanto, tomar algunas resoluciones y adoptar algunos planes de acción para que, de aquí en adelante, pueda vivir en todos los sentidos como un ser racional”. Ruvalcaba escucha las palabras del filósofo y padre fundador de la América imperialista y parece, sí, se convence, que está escuchando hablar realmente a Johannes Brahms. Para el compositor y pianista alemán la pasión no es el estado natural del ser humano, es siempre una excepción o una enfermedad, igual lo piensa Ortega y Gasset, la pasión es un estado patológico. ¿Y Niccolò Paganini, Eusebio? “Cuando el diamante adquiere la forma de un crucifijo, el Capricho desafina. El diamante brilla con luz propia. El Capricho no; su luz proviene del arte del demonio. Cuando se toca un Capricho de Paganini en forma descabellada e irregular, el demonio suelta la carcajada. Tiene una nueva víctima”.

¿Quién no sabe de estas dos caras de la moneda? Lo racional no desacelera los instintos, por el contrario: los depura. ¿Qué es Paganini para Ruvalcaba sino instinto demoniaco y afición noble? El italiano, violinista como el padre de Eusebio, sabe bien que “Los Caprichos no acompañan la entrada al paraíso. Ni al infierno. Acompañan la entrada al alma de quien los escucha”. Paganini y Brahms, dos caras de la misma moneda. La misma moneda que el autor y periodista siempre guardaba en los bolsillos, en la palabra y en la obra. La vida es un desliz, enseña a sus alumnos. Y sentencia: Yo no releo lo que escribo, me siento completamente libre de esas responsabilidades que afligen a muchos autores.

Finalmente, contrario al tópico del artista hedónico súbito y anodino, Eusebio Ruvalcaba nos advierte —porque así lo vivió él— que vocación, instinto y labor rigurosa van entramados mucho más de lo que podamos acaso imaginarnos.  

¿De veras se necesita más para morir? Porque ese riesgo se corre, cuando se escucha esta música sin estar prevenido. Se vale. Es perfectamente válido. Uno no decide ni dónde ni cuándo morir, pero bien puede canalizarse la vida hacia allá. O desviarla, cuando se opta por la pusilanimidad. Mejor educarse para satisfacer el apetito de desfallecimiento que late en cada uno de nosotros.

Daro Scarfé
Abril, 2017

 

 

 

CHAVAS: FAJEN, NO AMEN

El recuerdo de un texto de Eusebio Ruvalcaba

Por: Marco Ornelas

Recuerdo bien. Aunque han pasado dieciséis años, recuerdo bien. Cómo olvidar esta frase: Chavas: fajen, no amen. Tenía yo veintidós años y cursaba el noveno semestre de la carrera de leyes. El penúltimo semestre para terminar mis estudios. Fue en la materia de derecho administrativo, con el Lic. Juárez ―una asignatura para dormirse, que además nos impartían los viernes de las 12:00, a las 13:00 horas, la última hora de clase, y la última hora para terminar la semana―. Me acuerdo que desde la prepa empecé a cargar con mis libros de: poesía, filosofía, cuento y ensayo (lecturas que desde siempre me han acompañado en los momentos más aburridos de la vida). En la Universidad seguí con esta costumbre que adquirí en la E.P.L (Escuela Preparatoria de León). Los libros desde entonces han sido para mí una forma de la fuga. Cuando las clases se volvían insufribles, yo, de manera furtiva, sacaba poco a poco uno de mis libros de la mochila. Lo subía al pupitre y con mucha diligencia cuidaba de que el maestro no me viera. Todo lo demás era fruición: leer y leer. La clase transcurría y yo concentrado en la lectura me hacía uno con las palabras. Seguro que la lectura es una forma de huir, la huida le podrían llamar los monjes en oriente. Pocas veces los maestros preguntaban qué era lo estaba haciendo. Con el tiempo corroboré que leer es una forma de desaparecer. Alguna vez pensé en forrar mis libros clandestinos con una copia de la portada de los libros de la asignatura, para así hacerlos pasar de contrabando por la materia. Leer también es una forma del desafío: una aventura en medio de la rutina de la vida. Nunca lo realice.

Bueno, les decía que fue en la clase de derecho administrativo, cuando el Lic. Juárez me inquirió y dijo: “¿qué lees Marco?” Le contesté con una sonrisa flagrante: “una revista”. El maestro Alberto Juárez era un abogado muy sui generis, una persona culta, al que le gustaba mucho el arte, el teatro y la poesía, pero que tenía una fama de haber corrido a varios de la facultad por estricto, me volvió a preguntar: “¿De qué es la revista Marco?”. “Es de rock” ―le dije. “Muy mal Marco, ―replicó molesto el profesor”. “Es viernes Licenciado, discúlpeme por favor” ―le supliqué. “Entrégame la revista” ―mandó el maestro. Me levanté y fui directo a la esquina donde el Licenciado Juárez permanecía de pie.

Tomó la revista en sus manos y para mi sorpresa, leyó fuertemente el texto del delito:

Chavas: fajen, no amen. Porque sí, porque se lo merecen. Sentir su cuerpo, el de ustedes, a través de la mano de un hombre. Sentir que pueden conocer a un galán por la forma en que las toca, con ternura, con delicadeza o de plano con pasión desmesurada, como ustedes quieran, pero siempre al gusto de ustedes. Fajen, no amen. Amen si quieren, pero no se priven de fajar por no amar. Los hombres nunca lo hacemos. (La Mosca, año 7, número 43, México, D.F.)”.

En ese momento, después de oír al maestro me sonroje, pero la sorpresa no fue de vergüenza sino un triunfo: una victoria. Sabía que me la estaba jugando, pero no pude mantener la risa. Imaginen ustedes la escena: una escuela católica. Con valores sobre la virginidad femenina y la represión, y que de repente, un maestro, en una clase, en la facultad de derecho, sí, de derecho, les profiera a las mujeres: que merecen y deben disfrutar su cuerpo. El acto no pudo haber sido más provocador. Toda una reivindicación feminista.

La lectura del maestro Juárez, ahora que la rememoro, fue como un happening situacionista. El sólo pensar en lo que habría pensado Guy Debord ante semejante acontecimiento, me sigue divirtiendo. Sobra decir, que esta pequeña lectura-alegría en el absurdo de la vida, se la quedé a deber siempre al buen Eusebio. A don Eusebio Ruvalcaba y su sección Hilito de sangre.   

 

 

 

 

 

   

 

 

[i] MARCO ORNELAS (León, Guanajuato, 1978). Poeta y ensayista. Fue seleccionado para la antología Ocho voces de Guanajuato, publicada por la Universidad Iberoamericana, plantel León (2000). Becario del Instituto Estatal de la Cultura de Guanajuato, en el área de literatura, categoría jóvenes creadores (2001). La editorial Azafrán y Cinabrio publicó su libro de ensayos: El mito de Proteo (2008). Asistió al taller de poesía Aprendiz de Brujo con el poeta Sergio Mondragón (2010). La editorial San Roque (actualmente Los Otros Libros) publicó su libro de poesía El concierto reconciliatorio (2011). En Ediciones La Rana apareció su poemario: Variaciones (y dispersiones) de la voz alcanzando el tono (2011). La Universidad Iberoamericana, plantel León, incluyó uno de sus cuentos en la antología Poquito porque es bendito (2013). Fue seleccionado para el Seminario de Poesía Efraín Huerta del Fondo para las Letras de Guanajuato (2016). Obtuvo el primer lugar en el Torneo de Poesía Guanajuato 2014 (Adversario en el cuadrilátero); y recientemente su colección de poemas bajo el título de El insomne es un animal que blasfema ganó el X Concurso de Poesía Libre, auspiciado por el Patronato de la Feria Estatal de León 2017. Coeditor de la revista estatal de literatura y arte Cosido a Mano (2014-2016), ha colaborado para las revistas nacionales: Replicante, Periódico de Poesía, Círculo de Poesía y Punto de partida (en línea, UNAM). Mantiene su sitio web en: http://elmitodeproteo.blogspot.mx/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL ALCOHOL SE FILTRA ENTRE LOS VERSOS, LOS RASPA:

EUSEBIO RUVALCABA.

 

Eusebio Ruvalcaba Castillo Nació en Guadalajara, el 4 de septiembre de 1951, hijo de la pianista Carmen Castillo y el violinista Higinio Ruvalcaba.

La primera vez que vi a Eusebio Ruvalcaba, fue en una Feria del Libro Metropolitano, el antecedente director de la FILCDMX. En aquel entonces, 1995, se hacía en ExBimex. Presentaba una antología de cuentos, llamada Cuentos Pétreos. Ya para entonces había leído: ¿Nunca te amarraron las manos de chiquito? Jueves Santo; Hilito de sangre. Recuerdo bien que la empresa Bacardi, regalaba unos tragos. Eusebio agarro 5 o 6 cuabas y se las llevó a la mesa de presentación, las estuvo tomando mientras presentaba el libro en cuestión. Ese día intercambie unas frases con él, me dijo eres un lector perspicaz y siguió tomando.

Luego ya leí casi toda su obra: cuento novela, poesía, ensayo. Realmente era un escritor prolijo. Un demonio lo poseía de tal forma que sólo se puede explicar la forma de escribir mediante una disciplina férrea. Una vez me lo encontré tomando vino con Andrés (a él lo conocía de tremendas bohemias en El Lobo Estepario, en la calle de Gante, donde se reunía un grupo muy importante de escritores la mayoría nacidos en los 50, de los que Eusebio era parte), quien tenía una librería de puros libros de poesía cerca de la Casa del poeta López Velarde, Mardonio (tiene un programa en el Canal 22 sobre Alas y Raíces, poeta muy bueno y poeta que escribe en lengua indígena), Giles Díaz (poeta y excelente conversador, lo conocí a través de Beto Vargas, el Pornocrata, quienes con Giles Díaz había publicado una revista llamada Enredadera, por cierto Giles Díaz fue uno de los amigos de Eusebio quien lo acompaño hasta el último momento de vida de Eusebio), fuera de la librería había una mesita, los salude y me integre a la plática, ahí recuerdo platicamos de muchas cosas, de pornografía, de poesía, de música, de mujeres.

Eusebio llego a venir varias veces a Nezahualcóyotl, a presentar libros. Recuerdo bien porque luego de la presentación: Las memorias de un liguero y Cuarentonas. En una de esa ocasione me toco llevarlo a su casa, por allá por Tlalpan. Pasamos a echarnos unos tacos en la esquina de su casa. Era un ameno conversador, entre sarcástico y serio. Todo el camino fuimos tomando vino tinto. Realmente sorprendía la capacidad de ingerir alcohol. Creo que nos acompañó Joel Paredes, quien le pregunto de la vez en que agarró el auto de su padre y a la edad de 8 años lo saco de la cochera, dio una vuelta a la manzana y regreso el coche al estacionamiento. 

Después de esos encuentros, nos fuimos haciendo cómplices de borracheras, viajes, confidencias de otros escritores, dos anécdotas: una de Elías Nandino, me conto Eusebio que fue a visitar al Poeta Nandino, ya entrado en años le dijo a cierta hora que fueran al parque, en Guadalajara, que ahí le gustaba ir a ver la belleza. Que salían unos alumnos de secundaria y pasaban por el parque. Elías Nandino iba a ver pasar un mancebo diario un jovencito de 15 o 16 años, hermoso. La otra anécdota fue con mi amigo Alí Chumacero quien en una de esos días de los muchos que vivió Alí, lo invito a su casa, en San Miguel Chapultepec, una bella casa colonial. Aún vivía la Esposa de Alí Chumacero, la galerista Lourdes Chumacero. Estaban tomando alegremente y comentando cosas de hombre cuando llego la esposa de Alí y regaño a Eusebio diciéndole que como era posible que un chamaco sonsacará a su espeso, un anciano y los emborrachara. Eusebio salió de la casa de Alí, desconcertado. Y Alí simplemente guardo silencio. Cuando yo conocí a Alí Chumacero ya había fallecido su esposa (por cierto a la que le escribe el poema, su mejor poema, junto con poema de amorosa raíz, llamado El responso del peregrino, lo escribe una noche antes de su enlace matrimonial)

Puedo decir que en esos ires y venires de la vida, de mi amistad con Eusebio Ruvalcaba…hablamos de alrededor de 20 o más años de amistad. Varias veces lo lleve a Toluca, me solicito un apoyo mi amigo Francisco Javier Estrada que lo llevara en mi coche. Y de ida era un ir tomando y de regreso igual. Y allá platica y platica.

Nos invitaba a sus talleres de narrativa y poesía. En el Casetón, en Cantinas, en bibliotecas, íbamos Alberto Vargas y Yo una o dos veces a platicar con él y con sus talleristas. Y después nos íbamos a alguna cantina a seguir tomando y luego ya noche lo llevaba a su casa.

Fuimos a su homenaje con el Centro Cultural España, cuando cumplió 50 años, filmaron una película, beso a muchas muchachas, tomo y siguió besando muchachas. Como si fuera un Bukowski mexicano. Lleno total.

En Texcoco cuando le publicaron el libro: El sol le hace daño a los ancianos, nos reunimos en casa del poeta Rolando Rosas Galicia, llegó Eduardo Villegas, Marcial Fernández, José Conde Ortega, Arturo Trejo Villafuerte, Alberto Vargas, para celebrar la aparición del libro de Eusebio Ruvalcaba. Igual platicamos de todo, de la vida.

Nos encontramos algunas veces en el Faro de Oriente, en aquella ocasión hablamos de la música, en una de esas ocasiones nos encontramos con Emiliano Pérez Cruz. En otra ocasión lo habían llevado al Faro de Oriente Los Hermanos de la Uva, ya saben fotógrafo, mujeres jóvenes, alcohol y lectura de poemas de Eusebio. 

Como buen melómano e hijo de músicos, quizá a él le hubiera gustado ser músico. Entre sus frases célebres son: “Cuando una mujer escucha a Mozart su rostro se dulcifica”; la otra fuente de inspiración el alcohol: “El alcohol se filtra entre los versos. Los raspa. Hasta hacerlos que sangren. El alcohol es una bendición. Te habré los ojos y los oídos. Beethoven se aprecia más cuando de la sangre bulle el alcohol”; su relación con la beta más rica, los versos que nacen de abajo, del “lado moridor”, como dijera José Revueltas. En este sentido dice Eusebio: “Siempre serán superiores las metáforas emanadas de la sangre popular”. Otro aspecto el goce, el placer, la sensualidad y la sexualidad…el erotismos, por ello cada que veía al Beto Vargas le decía usted es mi maestro en el llevar el erotismo a lo porno sin perder lo literario. Junto al goce la muerte: “Estoy liquidado. Hoy es el día más feliz de mi vida”. Otra parte que apocaba el demonio y la transgresión que lo imbuía, era este. “El recato, la modestia, la prudencia, abren las puertas del alma” también lo vi siendo toda un alma pura. Y con las mujeres era todo un caballero, lo escuche y los vi, en distintos viajes en mi coche, enamorar y seducir a las mujeres (lo demás me lo guardo): “El hombre prudente está dispuesto a escuchar. Siempre inequívocamente”, él sabía escuchar a las mujeres. Descanse en paz este hermano del alma.                  

Poesía

Novela

Cuento

  • ¿Nunca te amarraron las manos de chiquito?, México, Planeta, 1990.
  • Jueves Santo. México, Joaquín Mortiz, 1993.
  • 1994: Cuentos pétreos México, Seix Barral, 1995.
  • Clint Eastwood, hazme el amor. México, Nueva Imagen, 1996.
  • Las memorias de un liguero. México, Daga Editores, 1997.
  • Amaranta o el corazón de la noche. México, Daga Editores, 2000.
  • Por el puro morbo, Daga, 2004.
  • El sol le hace daño a los ancianos. Texcoco, Universidad Autónoma Chapingo, 2006.
  • Al servicio de la música, Lectorum, 2007.
  • Gusanos, Lectorum, 2013
  • Domingo de ramos
  • 96 grados, Lectorum, 2015

 

 

 

 

La superstición en los escritores

Irving Ramírez

 

 

La superstición es intuición organizada, reza un aforismo mío. Como buen supersticioso, apelo a esos signos ignotos venidos de quién sabe dónde. Hay un espíritu religioso que impele a creer que el mundo espiritual opera en este y que hay formas de conjurarlo o estimularlo, según lo necesite. La famosa magia simpatética de Frazer, el etnólogo, en sus estudios a las culturas primordiales, los tabúes y prohibiciones, la contundencia de vaticinios y de actos prevaricados por la nada para afectar al individuo, todo eso que hace que un espíritu crea en conjuros, amuletos, fechas, y ritos.

Para algunos escritores es básico cuidarse así, adquieren manías, muchas veces las supersticiones no son colectivas, sino propias. Walter Banjamin creía que sin su biblioteca su vida no tenía sentido y no podía ser capaz de crear, era una seguridad vital, una base para su trabajo y por ende, su vida. Quienes hemos perdido bibliotecas, lo comprendemos. Dicen que esto precipitó su suicidio en la frontera de España con Francia. También que a Octavio Paz el incendio de la suya, lo agravó más estando ya muy enfermo. Es como leer un signo: quemar y destruir todo lo que implica esa colección de años, de toda la vida, con historias y valores inigualables más allá de los bibliográficos.

Ernst Hemingway, usaba una pata de conejo, y creía fervientemente en rutinas insoslayables, como escribir hasta que se acabara el “jugo”, de pie, y de mañana, y sin que nadie lo desviara de su empeño. En la pesca tenía innúmero de cábalas, pensaba que la mala suerte era real y podría uno atraerla, jugaba con esas fuerzas diariamente. No soportaba críticas negativas a su obra, porque podía afectarle en lo sucesivo al crear, y, en fin, poseía innúmeras acciones para cuidarse o propiciar la buena suerte.

Joseph Roth, el austriaco, no sólo era supersticioso en grado sumo, sino hasta en su obra presentaba el manifiesto y categórico transcurrir de las funestas apariciones azarosas. En Tarabas, una de sus mejores novelas, gogoliana, un hombre al ver a un pelirrojo y matarlo, signará su vida para siempre: será un asesino y un santo. La desgracia lo perseguirá por haber dañado al pelirrojo. En varias de sus obras los personajes son movidos por la buena o mala suerte, una y otra vez de una u otra forma inexorable. Por ello él vivía en hoteles, y era nómada. El desarraigo lo sustraía de los males del mundo.

Francisco Tario, el enorme escritor de culto mexicano, no tocaba metales. Su mujer era quien se encargaba de las llaves y monedas. Poseía una idea fija al respecto sobre la fatalidad irrevocable. Estas manías y otras, lo hacían aún más raro en el espectro cultural mexicano. Solitario, excéntrico, dialogaba con el mundo espiritual al que saqueó para sus ficciones.

Muchos tenemos manías, como no hablar de nuestra work in progress, poner el título hasta el final, no irle al Cruz Azul ni en secreto, si se envía a una editorial llevarla en vivo, escoger seudónimos venturosos, trabajar a ciertas horas nomás, en ciertos lugares,etcaetera.

Paul Auster esgrimía en varios de sus libros la superstición como eje estructurador de las tramas, y en su propia vida, la suerte jugó un papel determinante. Hasta para el éxito de la obra habría que ajustar ciertos pequeños rituales como luz, lápices, silencio, en muchos autores. Para muchos que una falena negra nocturna se meta a su casa, es signo de funestos hechos por venir, un heraldo negro; otro célebre supersticioso fue el poeta Fernando Pessoa, quien hasta hacia horóscopos, y cartas astrales, y era metódico y rutinario. Atisbar el futuro, adivinar los pasos, protegerse, es una manifestación de la superstición, y varios lo somos, como también lo era el italiano Antonio Tabucchi, que creía en la oniromacia, nefelomancia, y los quirománticos. Por ello los gatos son buenos, amuletos naturales que protegen en el mundo espiritual. Compulsión irracional sí, pero es también una forma de comprender y leer el mundo.

bardamu64hotmail.com

 

 

 

Fernando Salazar Torres

Irradiador: motivos de edición

y propuesta estética

 

 

Irradiador. Revista de vanguardia. Proyecto internacional de nueva estética, bajo la dirección del poeta Manuel Maples Arce y del artista plástico Fermín Revueltas, logró tres números los cuales fueron editados durante los meses de septiembre, octubre y noviembre de 1923. Dicho proyecto pertenece a la vanguardia mexicana denominada Estridentismo y es la continuidad de un trabajo previo: la hoja Actual número 1 y el Manifiesto estridentista número 2, de diciembre de 1921 y de enero de 1923, respectivamente. Para tener un mejor acercamiento a estas fuentes, la Universidad Autónoma Metropolitana publicó su facsimilar, en 2012, gracias a las investigaciones de Evodio Escalante y Serge Fauchereau. Esta reciente publicación reúne los tres números y es un material de enorme valía. Considero tres aspectos manifiestos que hicieron posible la edición de la revista Irradiador.

            El primero de tales motivos se asocia a la consecuencia ideológica respecto a la circulación de revistas en la década del 20 del siglo pasado, específicamente las de carácter vanguardista. En ese momento, Francia ya era la cuna de la cultura, la capital del arte moderno, y la ciudad parisina había alcanzado el progreso, y un ejemplo de esto es la torre de hierro del arquitecto Gustave Eiffel, construida en 1889, misma que sería el tema principal en la obra de muchos artistas de la época. Posterior a la primera guerra mundial, 1914-1918, resultaba problemático realizar cualquier trabajo editorial dadas las dificultades geográficas y económicas. No obstante, entre las primeras publicaciones con dicha tendencia, se encuentran las revistas sic, Nord-Sud, La Bataille Litérature, L’Action, La Vie des Lettres, Dada y L’Esprit Nouveau. Así, Irradiador formó parte de esta actividad histórica, que buscaba la fusión cosmopolita; es decir, internacionalizar el arte en sus múltiples manifestaciones.

            El segundo aspecto se asocia al uso del adjetivo “internacional”, añadido en la portada de la revista, y refiere a la intención de Maples Arce por la expansión y la unificación del movimiento estridentista. Dicho fin consistió en aliar arte y revolución. Esto se puede confirmar a lo largo de las páginas, pues son evidentes los contenidos sociales, revolucionarios y el ideal libertario de muchos de los artistas que publican. Entre lo que destaca se pueden mencionar los grabados en madera de Jean Charlot, los ensayos sobre el petróleo y la pintura “Los Mineros” de Diego Rivera. Esta última aparece en la portada del segundo número. Igualmente los movimientos revolucionarios de Rusia, en 1905 y 1917, marcan los intereses políticos y sociales de varias generaciones durante el siglo xx.

Por otra parte, está presente la importancia de una teorización estética. Esto representa el tercer motivo. Aparece un ensayo breve en cada uno de los tres números. El primero de ellos, “A la nariz del guarda- avenida que aprende por exceso de velocidad”, de Polo As, pseudónimo de Pedro Echeverría. De una gramática humorística y cortada en su enunciado, plantea que el arte, hasta ese momento, no había servido más que para contemplar, deleitar y dormir, pero no para aventurarse; por ello, sugiere que el blanco, una forma artística de nombrar a la casualidad y a la causalidad, el pensamiento en blanco es una forma de creación. La diversión del arte consiste en la risa que provoca esta forma de azar y no en la imitación de la realidad.

            El segundo ensayo aparece en el número dos: “El estridentismo y la teoría abstraccionista”, de Arqueles Vela. Comienza con una advertencia: El estridentismo no es una teoría estética. Se invita a crear un arte personal, sincero, puro, desordenado, abstracto, incoherente y arbitrario. Por lo demás, Vela insiste en la personalización del arte; es decir, es necesario llevar hasta sus máximas consecuencias el subjetivismo creador.

Las innovaciones del grupo estridentista: la figura indirecta compuesta y las imágenes dobles—no dobles a la manera creacionista— han revolucionado no sólo [sic], la forma que es lo menos importante en una renovación, sino la ideología, la manera de interpretar la armonía del universo. La poesía está en esa música luminosa desenrrollada por la rotación de las esferas. Y esa simultaneidad de armonías logradas sin tiempo, ni espacio, sin sujeto, es lo que hace nuestra teoría abstraccionista. (Vela, 2012. “El estridentismo y la teoría abstraccionista”. Énfasis mío)

Entonces, el proceso creativo del estridentismo radica en separar o suprimir al sujeto del plano de la realidad (existencia) para que, aislado del mundo, el sujeto construya un lenguaje puro, sin referencia material alguna. Este ensayo es capital para comprender las tendencias estéticas de la revista Irradiador y sus promotores. Finalmente sí existe una teorización para el movimiento artístico.

En el tercer número aparece un ensayo raro y atractivo, “La audición colorida y las sinestesias en los ciegos”. Fauchereau menciona que pertenece a Maples Arce, aunque el texto originalmente se publica de modo anónimo. El autor del documento explica que su acercamiento a la audición colorida en los ciegos pertenece a una investigación que le fue posible realizar en la Escuela de Ciegos de Villeur Canne, en Francia. Es muy posible que la asociación hecha, entre los distintos sentidos, en este manifiesto poético haya sido útil para desarrollar la estructura de la metáfora en la obra de Maples Arce, específicamente dadas las correspondencias que se logran entre los diferentes sentidos, las cuales pueden producir otra realidad nueva, idea que resulta fundamental no solo para el estridentismo, también para todas las vanguardias.

Si a esto se agrega el término figura indirecta, la cual se define como la “visión lograda con dos sugerencias desiguales sintaxicamente[sic], y que ensambladas indeológicamente[sic] establecen una relación incoercible”, se observa que las correspondencias no se limitan al principio de realidad (adecuación entre el objeto real y su representación mental), por lo cual el pensamiento es quien crea tales asociaciones libres sin tomar mucho en cuenta la experiencia común. Esta conceptualización, igualmente, es identificable con la noción de imagen, perteneciente a Maples Arce, misma que ya es manifiesta en la hoja número 1 de Actual.

Esta explicación es idéntica al contenido de otro manifiesto, La creación pura, del poeta chileno Vicente Huidobro, publicado en 1921: “Veremos enseguida cómo el hombre, producto de la Naturaleza, sigue en sus producciones independientes el mismo orden y las mismas leyes que la Naturaleza”. Es necesario especificar que la visita de Huidobro en España, entre los años de 1918-1921, detonó el movimiento ultraísta, pues Rafael Cansinos Assens le abrió las puertas para publicar algunos poemarios y otros poemas sueltos en distintas revistas. Es decir, el creacionismo es el motor inmediato del ultraísmo. Además, habría que revisar el inciso vii de la hoja 1 de Actual donde se afirma que el movimiento estridentisra es un sincretismo de todas las estéticas de vanguardia. Y en el punto xii aparece una negación a la vanguardia italiana, el Futurismo, a favor de una postura actualista.

Por último, tal desconocimiento que se afirma sobre el Futurismo, debería considerarse para revalorar la postura estética del Estridentismo. Los poetas de esta vanguardia mexicana se caracterizan por incluir elementos de la ciudad y su modernización. No ha sido el Futurismo quien,  primeramente, planteó estos rasgos como parte de su estética, con anterioridad el poeta belga, Émile Verhaeren, publicó Las campañas alucinantes (1893) y Las ciudades tentaculares (1895), y estos poemarios ya cantaban a la ciudad moderna de forma bastante visionaria, incluso previo a la vanguardia italiana. Es necesaria una revisión a este poeta para una próxima recuperación.

 

 

 

Eusebio Ruvalcaba la solidaridad entre los derrotados.

cinco preguntas a  César Rito Salinas, escritor oaxaqueño.

 

 

1.- ¿Cuál sería la importancia de Eusebio Ruvalcaba en las letras nacionales?

La primera, la básica: Como pocos conoció la producción literaria de todo el país, no hay otro escritor radicado en CDMX que conociera en mayor medida las letras de los escritores de la República, la llamada escritura nacional si es que hay algo como eso. Su trabajo se basó en dos variantes. La primera en el periodismo, editó semanalmente durante años para la sección Cultural del Financiero una plana de poesía de los estados bajo la dirección de Víctor Roura, que titularon La Furia del Pez, publicó a cientos de poetas; y como lector de su propio trabajo en todo el país, como asesor de los becarios del FONCA. Eusebio tenía muchos lectores en provincia. Esa sería la característica política de su escritura, estar contra  toda forma de centralismo, compartir su experiencia con jóvenes de provincia, incitar a la escritura a partir de la convivencia.

 

 

2.-  ¿Cómo productor de ficciones, cuál es su aporte?

 

 

El trabajo de Eusebio tenía esa característica de toda gran literatura, estar de lado del caído y ante el abismo del alma humana, la derrota. Lo que algunos críticos llaman sentimientos nobles, lo que conforma el ser nacional, la solidaridad entre los derrotados. Su obra abarca muchos géneros, poesía, cuento, novela, ensayo, aforismos. Trabajó el guión de cine. El periodismo cultural, publicaba en diarios y revistas donde difundía la literatura y en talleres de creación literaria.

 

3.- Históricamente, dentro de las letras nacionales, ¿en qué contexto se ubica?

 

Eusebio y su obra significan la transición de la gran literatura nacional de mediados del siglo pasado a las nuevas expresiones urbanas, fue alumno de Rulfo en el Centro Mexicano de Escritores y está incluido su trabajo narrativo en la antología de Jaula de Palabras de Gustavo Sainz, por citar un caso, que recoge cierta modernidad más allá de la literatura de la Onda, digamos cierto asunto contracultural y de vanguardia que asumieron escritores de otras genberaciones, la llamada escritura basura con Guillermo Fadanelli y la generación del Crak y las que le siguieron. Su trabajo literario resulta el paso de una generación a otra, lo que significa la tradición de las letras en este país. Alguna editorial lo quiso ubicar como el Bukowski mexicano, pero creo que su trabajo y su vida están más allá de esa clasificación.

 

 

4.- ¿Se conoce cuál es el número de títulos que tiene publicados Ruvalcaba?

 

Se habla de 60 títulos, pero su obra es muy extensa, no se ha hecho un catálogo serio. Alguien dice que perdió una novela en los últimos días de su vida, él mencionó que le plagiaron dos trabajos de narrativa en sus años de formación. Puedo decir que en Oaxaca publicó un libro de sonetos: 57 hombres y una mujer que no aparece en los registros de los investigadores de su obra. Aunado a esto escribió prólogos, infinidad de prólogos para autores de provincia de los cuales se podrían armar dos o tres títulos. No se sabe el número de títulos que conforman su obra, ese trabajo está pendiente de hacer.

 

5.- ¿Cuál es la enseñanza que te deja Eusebio y su trabajo literario?

 

Que el hacer escritura mata, porque se pone de frente la propia existencia. Pero que bien vale la pena correr el riesgo.

* César Rito Salinas,     

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