Jueves, 18 Abril 2019 05:55

Literatura infantil y migración. Un acercamiento a caminos de luces y sombras / Dra. Rocío García Rey. /

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Literatura infantil y migración.

Un acercamiento a caminos de luces y sombras

Dra. Rocío García Rey.

 

Caminos de luces y sombras es un libro elaborado por la Organización Internacional para las Migraciones. Se trata de una edición del 2015. La coordinadora del programa es Sofía Salas Monge. El libro es una recopilación de testimonios migratorios de niñas, niños y adolescentes.

Generalmente los estudios que hay en torno a la migración versan más hacia los rubros demográficos o económicos. Sin embargo, cada migración tiene su historia y esta puede darle forma a miles de testimonios que nos permiten conocer lo que se considera la parte “privada” de la migración. Pero bien sabemos desde hace años, que lo público es privado y lo privado público. En este trabajo destacaremos tres historias de adolescentes que tuvieron que migrar debido al abuso sexual que vivieron.

Es mediante el discurso directo que los testimonios reproducen la voz de las adolescentes que se vieron forzadas a migrar de sus países de origen. En este caso no haremos un estado del arte en torno al testimonio, más bien nos apoyaremos en él como un anclaje de lo que no se redujo a la simple oralidad. Es por medio de los relatos incluidos en el libro que podemos afirmar que la migración unida a la violencia sexual imposibilita que las futuras adultas puedan ejercer lo que la filósofa Graciela Hierro llamó “La ética del placer”. Esto significa que la buena vida y el tránsito para construirnos “mujeres para sí”, como lo planteó Simon de Beauvoir sigue siendo una asignatura pendiente en la agenda de la comunidad.

Hay de facto varias deudas pendientes, pues podemos preguntarnos ¿cómo, en el caso de las mujeres, podemos devenir “mujeres para sí”, cuando los primeros derechos quedan en la utopía. Me refiero a los derechos de la niñez. No podría escribir este texto sin recordar que ya desde 1928, en Buenos Aires, Argentina, fueron expuestos por Gabriela Mistral, Los derechos de los niños. Noventa años han pasado sin que los gobiernos logren hacer realidad lo que en palabras de Mistral fue planteado como:

1.- Derecho a la salud plena, al rigor y a la alegría –lo cual significa derecho a la casa, no solamente salobre, sino hermosa y completa; derecho al vestido y a la alimentación mejores.

La infancia servida abundante, y hasta sucesivamente por el Estado, debería ser la única forma de lujo […] que una colectividad honesta se diera, para su propia honra y su propio goce […]

El cúmulo de deudas son la sumatoria de una sociedad desgastada que parece no poder ofrecer alternativas de crecimiento a la infancia ni a la adolescencia. Un ejemplo evidente es lo señalado por la UNICEF:

 

NUEVA YORK, 28 de noviembre de 2018 - “UNICEF está profundamente preocupado por la seguridad y el bienestar de los más de 1.000 niños migrantes que se desplazan por México o esperan en la frontera en Tijuana para que sus solicitudes de asilo sean escuchadas por las autoridades de inmigración en los Estados Unidos.

Estos niños tienen acceso limitado a muchos de los servicios esenciales que necesitan para su bienestar, incluidos nutrición, educación, apoyo psicosocial y atención médica. También corren el riesgo de ser explotados, abusados o de ser víctimas de trata durante su viaje o en las inmediaciones de los campamentos y centros de descanso en la frontera.

Estas condiciones tan difíciles se suman a su huida de la violencia, la extorsión, la pobreza devastadora y la falta de oportunidades en sus países de origen en el norte de América Central.

 

En Caminos de luces y sombras la mimesis constata que la voz con la que se arman las historias del libro dan cuenta que la literatura infantil y juvenil no es únicamente aquel cúmulo de cuentos clásicos ni de Hadas. El texto permite confirmar lo que Robert Darnton en “Los campesinos cuentan cuentos de mamá la Oca”, señala como la historia del cuento. El cuento y en este caso, los testimonios están tarde o temprano anclados a la sociedad, a su ethos y a la vida cotidiana. Es así que se comprende que la literatura infantil y juvenil no sea per se edulcorada ni bonita, no está llena de arcoíris y se va conformando con relatos, en el caso de Caminos de luces y sombras, de relatos donde los sueños no se cumplen. Las adolescentes narran los que pierden, lo que sienten y la salida de su país de origen. Es pues, el testimonio de lo vivido por miles de adolescentes que particularmente pertenecen a la región centroamericana.

 

El libro está disponible en formato digital y en de su origen podemos leer:

La OIM, a través del Programa Regional Mesoamérica (con fondos

de PRM), espera que este libro llegue a ser un material de apoyo en el

fortalecimiento de capacidades de personal de instituciones de gobierno

y sociedad civil en la región mesoamericana. Pero más aún,

aspira a que los caminos de luces y de sombras de 15 niñas, niños y

adolescentes migrantes de la región que aquí se relatan, refuercen en

quien los lea, su compromiso por trabajar a partir de enfoques de derechos

, género, diversidad, interculturalidad e interés superior

del niño/a, incidiendo positivamente en la calidad de vida de las

personas menores de edad.

Para la elaboración de este material se contó con la valiosa colaboración

de los institutos de niñez y adolescencia de diferentes países de

la región mesoamericana, así como de organizaciones de la sociedad

civil, albergues y centros de atención de niñas, niños y adolescentes,

que por su labor cotidiana, tienen mayor proximidad con la realidad

de estas personas.

 

LA INFANCIA COMO CONSTRUCTO

En este trabajo queremos mostrar cómo la adolescencia y la infancia se vuelven sujetos de enunciación. Cabe decir que esto es posible porque vivimos en un tiempo en que infancia y adolescencia son construcciones sociales legitimadas y, por tanto, reconocidas. En este caso los testimonios que presentaremos se remiten a abusos sexuales como parte de un entramado patriarcal que no sabe diferenciar el respeto del sometimiento.

Se rompe así la construcción de la niña y del adolescente feliz. El libro aquí estudiado, rompe así un estereotipo y de esta manera se visibiliza, entre otras, la infancia y la adolescencia vulnerable.

Pero qué pasa cuando un niño o adolescente se convierte en sujeto de enunciación. Representa la voz que ha parecido ha permanecido en la guarida del silencio y de la invisibilidad. Es con publicaciones como Caminos de luces y sombras que se legitima una versión extra oficial de la historia contemporánea de niños y adolescentes.

Era un vecino que hacía todos los arreglos en la escuela donde yo estudiaba. Un día, me esperó a la salida y me arrastró hasta un lugar feo y oscuro donde abusó de mí, amenazándome de que no podía decir nada de lo que había pasado. Pero yo le conté todo a mi papá, y él buscó al tipo y le reclamó por lo que me había hecho. Sin importarle nada, el hombre atacó a mi papá con un cuchillo y hasta amenazó con matarlo”.

Para salvar su vida, el padre de Alicia tuvo que huir a los Estados Unidos, acogiéndose a la esperanza de encontrar un mejor futuro para él y su familia. Mientras tanto, Alicia vivía angustiada por las amenazas que recibía. “Ese hombre que me agredió y apuñaló a mi papá siguió haciéndole daño a mi familia. A una de mis primas la secuestró por 13 días y su mamá y su papá tuvieron que pagarle los 15.000 (moneda local) que pidió para devolverla. Después, hizo lo mismo con otra prima, advirtiéndome que él no estaba jugando conmigo y que yo nunca podría escapar de él. Toda la familia estaba en peligro. Hubo un momento en que me sentí valiente y puse la denuncia contra ese hombre en el Ministerio Público, pero me fue peor, porque amenazó con matar a mi familia, yo ya no sé qué hacer, no tengo salida”. Fue entonces cuando Alicia, impulsada por el miedo y la necesidad de encontrarse a salvo, decidió migrar.

 

Por lo anterior podemos decir que se presentan historias de una adolescencia rota, resquebrajada. Por desgracia textos como estos, quizá no causen más que conmiseración. Esto se debe a que seguimos pensando en la infancia y adolescencia como etapas edulcoradas, en la que se es feliz por el hecho de ser joven. Leamos parte de la historia de Mónica:

Como me abandonaron fui entregada a una señora que dijo que era mi abuela… Pero eso no era cierto. Ella me explotaba y luego de                                     

aprovecharse de mí, también me abandonó.                      

Luego de todas estas experiencias de rechazo y dolor, Mónica se encontraba sin casa, sin hogar, sin familia y sin aspiraciones, llena de desilusión y tristeza, solo conservaba una pequeña luz de esperanza que la impulsó a migrar, sentía que aún no debía resignarse. Pero mientras atravesaba el país vecino del norte, fue detenida por las autoridades migratorias por su condición irregular. ¿A dónde iría ahora?

 

  Estos relatos no son sino la versión contemporánea -sin hablar en este momento del canon literario- de historias de Caperucitas mexicanas o centroamericanas cuyo camino se ha visto empañado por los lobos posmodernos que siguen el patrón heteropatriarcal llevado a la hiperbolización.

Una migración, seguramente debe ser dura de afrontar, mayormente cuando se está sola y no se tiene la experiencia ni la madurez de vida para afrontar los avatares. Por ello se entiende que el lugar de enunciación sea desde la vulnerabilidad de estas niñas y adolescentes. La inseguridad ante la vida es el factor omnipresente en estos testimonios. He aquí parte del testimonio de Daniela:

Mi papá se fue para los Estados Unidos buscando una mejor vida. Yo estaba tan pequeña que ni me acuerdo de él. Mi mamá se puso a buscar trabajo, pero solo lo consiguió en un bar. A mis hermanas las llevaron a un Hogar, porque no había quién las cuidara, entonces yo me fui a vivir con unas amigas que también se habían quedado solas”.

Pero esa no era la vida que Daniela quería para ella, entonces despertó la ilusión de encontrar a su padre, del que apenas tenía un vago recuerdo. Decidió emprender el viaje, lleno de penurias y dificultades para una adolescente de apenas 15 años. Ella no contaba con que su precaria salud la traicionaría y truncaría su sueño a mitad del camino. Cansada, con fiebre y con asma, fue incapaz de continuar la aventura y fue detenida. En ese país, la llevaron a un albergue para personas migrantes, donde se sintió triste, sola y

enferma, sin nadie a quien acudir ni nadie que la reclamara. Ella no quería que la regresaran a su país con su madre y fue entonces cuando vino a su mente un recuerdo lleno de color: “En esos momentos de soledad y angustia, una imagen vino a mi

rescate: ¡El abuelo! lo sentía tan cerca, recordaba su nombre y su corazón

amoroso. En el albergue en el yo que estuve me ayudaron a buscarlo,

porque estábamos en el mismo país en que él vivía”.

Es por medio de la escritura que estos relatos provocan a la memoria y a la visibilización de la otra, la subalterna: la niña - adolescente migrante que no es vista en su subjetividad porque generalmente nos perdemos en cifras de por sí alarmantes, pero en pocas ocasiones nos preguntamos por las historias de vida y los quehaceres de la historia oral que rescata una anécdota inmediata. La oralidad también permite prender un foco de alarma para darnos cuenta cómo se han normalizado las historias presentadas. Así que no deberíamos conformarnos con conocer y re-conocer la otra cara de la historia de las mujeres. El conocimiento de estos casos nos exige en términos axiológicos echar a andar estrategias como sociedad para impedir la propagación de vidas rotas.

 

Con lágrimas en los ojos, Anita evoca lo vivido a lo largo de sus 14 años, mientras su mirada se pierde entre confusos recuerdos que, en ocasiones, no logra hilar correctamente. Ella era una niña cariñosa, con ilusiones, como cualquier otra niña, a quien le gustaba jugar, correr y estudiar. También era confiada y creía en las personas que la rodeaban, especialmente en su familia, donde se sentía segura, como debería ser.

Apenas cumplía los 7 años, cuando fue abusada sexualmente por su tío, un hombre adulto que vivía en la misma vecindad que ella. “Al principio yo trataba de defenderme, de gritar y pedir ayuda. Pero él me amarraba las manos y me tapaba la boca. Conforme pasó el tiempo, entendí que no tenía salida, y que no podía hacer nada para evitarlo. Entonces ni siquiera tuvo necesidad de amarrarme para lastimarme.

Yo se lo conté a una amiga de la escuela y ella me aconsejó denunciarlo y me animé a decírselo a mi mamá y mi papá. Jamás me imaginé que iban a reaccionar así: mi mamá me regañó y me dijo que toda la culpa era mía y mi papá me empezó a tratar mal y me prohibió jugar con mis hermanitas. Eso me dolió tanto, yo necesitaba que me protegieran ¿Por qué no entendían que yo no quería que me abusaran? ¡Yo intenté evitarlo! Pero no pude ¿Por qué me trataban así?”. Tantas críticas y desprecios llenaron

la casa de oscuridad, así como a Ana, quién poco a poco fue apagando su luz. Como muñeca de cuerda debía girar de acuerdo a la voluntad de los demás, ya no tenía vida propia. ¿A quién podría recurrir Ana en estas circunstancias? La confianza dejó de tener sentido para ella. No confiaba en su familia y tampoco en sí misma.

[…]

 

“Yo seguí en la escuela y ya tenía 13 años. Un día, unos amigos de la escuela me invitaron a dar un paseo en lugar de entrar a clases, insistieron tanto que me convencieron. Me sentía bien decidiendo por mí misma, parecía una aventura divertida, casi una travesura. Entonces empezamos a caminar, pero cuando los caminos se pusieron cada vez más solitarios, comencé a sospechar que algo no estaba bien.    

Llegamos a una casa alejada del pueblo, sentí miedo, pero ya no sabía

qué hacer ni cómo volver, fue entonces que los cinco abusaron de mí…

me dijeron que sabían que mi tío ya me había “iniciado”.

No sé cómo la Directora de la escuela se enteró de lo sucedido y

habló con mi mamá, pero de nuevo, mi mamá me culpó a mí. Alguien denunció mi caso al Ministerio Público y de ahí en adelante, me separaron de mi familia y me llevaron a diferentes hogares y refugios, donde seguí sufriendo maltratos y abusos. Una vez hasta fui violada por un grupo de niñas sin que nadie hiciera nada para defenderme.

Por eso, me escapé varias veces de esos lugares, huyendo en busca de otra salida.

[…]

Fue entonces cuando Ana tomó las pocas fuerzas que tenía y la fantasía de una vida mejor y las metió en una mochila liviana, junto a una blusa, una foto y un cuaderno, en el cual escribiría su travesía. Migrar era su forma de huir, de empezar una nueva vida, alejándose de su pasado cruel. Cuando el sol le quemaba la piel y el cansancio se reflejaba en las ampollas de sus pies, cerraba los ojos por unos minutos y se repetía a sí misma que podía lograrlo. (Ana 38-40)

 

La subjetividad de las niñas entra al texto y en él se despliega para mostrar una parte más de lo que Focault llamó “la prosa del mundo”. He aquí que el mundo se despliega en su historia cotidiana como una suma de acontecimientos donde ora la infancia, ora la adolescencia puede posicionarse como sujeto de la historia en tanto su palabra es considerada para que por medio de la escritura quede fijada su narración y relato de vida. La escritura de Caminos de luces y sombras legitima, así la palabra que durante mucho tiempo ha sido ausente: la de la infancia. Por ello suscribimos lo escrito por Daniela Brito Contreras:

[El testimonio] al ser un género que muestra otra realidad y le da voz a los sujetos subalternos que han sido históricamente silenciados por los demás géneros literarios y por las instancias de poder plantea una revisión del canon literario.

El testimonio retrata la historia viva, a diferencia de la historia a largo plazo que trabaja con el mundo de los muertos, como señala Certeau. Por el contrario, las que hemos presentados son las narraciones de aquellas mujeres que luchan por que no las alcance la muerte. Se trata de niñas y adolescentes auto- representadas en un presente en el que lo principal es sobrevivir.

Podemos decir que exhortos y bregas propiamente latinoamericanas con respecto a darle la voz a la infancia, han quedado completamente inhumados en el mundo líquido. En la ignorancia o en el olvido hemos dejado palabras como las que José Martí escribió en 1889, en su revista La Edad de Oro, para incentivar a los niños a escribir cartas que serían publicadas en la revista. Otro olvido más, ya lo hemos mencionado son los Derechos de los niños proclamados por Mistral.

Creo que Latinoamérica debe colocar en su agenda una pronta revisión de propuestas ya reformuladas que por desconocer o por creer que son decadentes, hemos tirado al olvido.

Es urgente que todas y todos los migrantes puedan emitir su testimonio de vida para que no nos quedemos únicamente con la lectura desde los cubículos. En este sentido bien nos haría recordar y poner en práctica las siguientes palabras de Freire:

Los hombres no se hacen en el silencio, sino en la palabra, en el trabajo, en la acción, en la reflexión. Mas si decir la palabra verdadera, que es trabajo, que es praxis, es transformar el mundo, decirla no es privilegio de algunos hombres, sino derecho de todos los hombres. Precisamente por esto, nadie puede decir la palabra verdadera solo, o decirla para los otros, es un acto de prescripción con el cual quita a los otros el derecho a decirla. Decir la palabra referida al mundo que se ha de transformar, implica un encuentro de los hombres para esa transformación.

Se trata, entonces de que las voces sean eso, una colectividad para que, en este caso, en América Latina la vida de la infancia y adolescente migrante no queden como una noticia más de un diario que se perderá en la triste noche de la indolencia colectiva.

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Rocío García Rey

 Doctora en Letras por la UNAM. Es autora de los libros "La otra mujer zurda" , Mapa del cielo en ruinas y La Caverna.

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