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LA TORMENTA INSISTENTE

Acerca del número 2 de Humo Sólido

por Cristian Galicia

 

Un rostro atormentado, desahuciado, viene a ser el acceso a la hoja de poesía "Humo Sólido" en este segundo número de su segunda época. El trazo de la gubia es un presagio de lo que ya estaba dentro de aquella criatura desesperanzada. Las líneas que construyen brazos, pecho, rostro, todas esas líneas son un aguacero sólido, macizo, lluvia densa que da forma a los sentimientos de lo oscuro. "Cefalea y yo", grabado del artista Rubén Galván, da noticia de lo que se aproxima, de lo que ya habita dentro, pero no ha comparecido ante la luz y quizás apenas pueda hacerlo. Las manos que tratan de consolar la propia cabeza, con los dedos entreabiertos son el resultado de una acción que no tendrá frutos, una acción para calmar la cefalea, acción de la cual tanto la cefalea como la vida misma se ríen. Buscamos el consuelo, a veces sin alternativa. Nos llevamos las manos a la cabeza, a sabiendas de que eso nada podrá contra ese específico padecimiento, contra la desesperación o contra la tristeza. La madera misma sobre la que se ha plasmado esta experiencia hace lo suyo, acompaña al artista y le sugiere cosas, le susurra la voz de los materiales, acto místico en el cual, como siempre, no es sólo el artista es el que habla a través de los medios. Las burbujas que se hallan en la cima del grabado nos aproximan a un mundo enrarecido, bien pueden ser la imagen del dolor, de la orfandad, el rostro de los sueños, bien pueden ser un fondo espacial. "Cefalea y yo", es un umbral, una trampa, una puerta, y nosotros al fin la cruzamos.

Si damos la vuelta a la hoja y aceptamos la invitación del grabado, nos topamos con la obra de Greta Rivara Kamaji. Estamos ya templados, o al menos avisados, para el difícil recorrido que siete breves poemas nos presentan por delante. Cada poema recorre el trayecto de la noticia, de la elegía y de la resignación obligada. ¿Quién da noticia de la pérdida que atravesamos en nuestra soledad más propia? Acaso uno mismo. Un canto reiterativo es el que escucha/enuncia Greta Rivara en estos poemas, y ella simplemente da cuenta de ese canto, hasta donde puede, hasta donde le permite el lenguaje, que casi nunca alcanza ante todos los acontecimientos, sobre todo cuando la existencia se nos planta de frente y tenemos que asumirla. La muerte de la madre, la muerte de los hijos, la muerte de los hermanos, la muerte de las mascotas, es una de las formas en que la vida por fin se hace evidente y nos recuerda qué tan olvidada estaba para nosotros, qué tan habituados estábamos a lo cotidiano.

En el libro "Orfandad", de la misma autora, la muerte es también el motivo de sus palabras. Tarea difícil para la poeta, habitar el territorio de la muerte, morar en la habitación de al lado y escuchar todos los días el viento del pasar del tiempo. Y aunque desde las primeras páginas de Orfandad, un lector superficial podría sentir que ya se dijo todo o se agotaron los recursos, cosa extraña y por demás equivocada sería opinar eso, pues equivaldría a decir que con el primer llanto de una pérdida se agotó la pérdida. El duelo, la nostalgia, el abandono acontecen siempre día tras día, y no se agotan. Una vez tras otra vienen el vacío en el centro del estómago, los dolores de cabeza, la flaqueza en piernas y manos; nunca se agotan. De esta manera, la obra reciente de Greta Rivara tiende a ser una incesante reiteración de eso siempre nuevo: un recordatorio de la muerte que libera nuestros días de su difuminación en lo cotidiano. Estos poemas nos acompañan en la pérdida, pero también nos recuerdan que todos somos seres próximos, muy próximos, a morir. Entre la elegía y el réquiem, la poeta reitera figuras y adjetivos una y otra vez porque así sincera su corazón, y nos demuestra además dos cosas: primero, que el poeta enfrenta su propia sustancia en la muerte de los otros, y que él como nadie se viene abajo con tales acontecimientos, ya por el dolor mismo, ya por el hecho de que su oficio con las palabras revela su mediocridad ante la “poesía encriptada de la naturaleza”, como diría Schelling, por lo que acá la poeta inclina la cabeza, pero no guarda silencio ante los gritos agonizantes del alma que se enfrenta a un mundo sin aquello que acaba de perder. Y segundo, la pérdida del valor de la palabra, de su carácter poiético, es decir, de su carácter creador de mundo. Greta reitera los vocablos, además, porque ¿cómo podría decirse más fácil y de una sola vez eso que se siente? Horror. Pánico. Orfandad. Desgarro. Sin embargo, siempre afecta la inmensidad de esas palabras que intentan vanamente nombrar algo tan innombrable. Así una figura recurrente de esta obra es la negación, fenómeno contradictorio si caemos en cuenta que alguien que habita tan de cerca el tema de la muerte todavía piensa en su negación. Para nada es así. Esta figura es más bien la constancia del minúsculo poder de la razón; la prueba de que la ola gigante, la tormenta implacable, el desierto infinito de la experiencia propia, de la subjetividad afectiva, nos rapta y nos coloca frente a nosotros mismos. Así lo dice Rivara al ser que ha muerto: “Olvidaste darme /el mapa que cruza este desastre, / devastación que arrolla/ fuerza de la desolación/ la de mi alma.”

Este reciente número de "Humo Sólido", entonces, es un número urgente, un aviso de que la obra artística conmueve y acompaña. Mediante el trabajo de sus creadores, esta hoja toca nuestra sucia ventana y nos recuerda el paso del tiempo. Muerte, enfermedad y angustia se evidencian y nos hacen comparecer, preguntarnos por lo que hacemos. Hay aquí una fuerte carga de sentimientos, que lo mismo puede conmover al que lo lea en la universidad, que a quien lo lea en cualquier transporte de camino a casa, así sea con pocas ganas ya de leer nada. Un número que ofrece además versos directos, figuras contundentes, trazos como hechos innegables, expresión que no deja dudas. Toda esa luz, esa claridad, toda esa fácil comprensión para transitar territorios oscuros. La distribución de la hoja es gratuita, búsquenla o por aquí se las dejamos; les toca continuar por este camino poético-gráfico a ustedes solos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Miércoles, 29 Enero 2020 22:00

Cito lo que cito / César Rito Salinas /

 

 

Cito lo que cito

César Rito Salinas

 

 

1

El tiempo es un juez severo sobre el arte,

la poesía envejece.

 

Para obtener consuelo en un mal día

nada mejor que preparar

un té de canela

con arándanos.

Presta oídos:

hervir agua,

que el tiempo corra sobre la lumbre,

detén la mirada

sobre agua y fuego,

los opuestos.

Contar con el sitio visto forma

las horas de toda existencia.

Mirar es un riesgo,

las cosas toman forma

de quien las mira.

La naturaleza impone mudez,

el fuego crece sobre el agua

hasta el hervor.

El momento de la desdicha

requieres acción,

vierte canela y arándanos,

inhala.

Respirar salva la vida.

Los labios humedecidos forman

principio de la recuperación,

eres un perseguido.

¿Qué cosas digo?

Buscar consuelo será una mierda.

Bebe té de canela con arándanos,

estarás de regreso

incluso la mañana fría

de noviembre

cuando los días

parecen

correr hacia el final.

 

2

Té de canela con arándanos,

bien caliente.

Tendrás en tus manos

la dicha que acompaña

las bebidas de la gente sola.

 

3

Pajaritos, mugir de vacas,

el cielo abierto.

 

Estamos literalmente inundados de mentiras.

Ella dijo: “Mira al cielo”.

El viento frío corre entre los pinos,

mis manos de tierra caliente

sienten frío –nos marcan derrotas,

la infancia perdida.

Ella dijo: “Mira al cielo”.

El abismo del universo se reduce a un enunciado.

Tras la reja se abre la tierra roja,

el polvo rojo

crece

como en los valles de Marte.

El aire trae amarguras,

en las montañas la terracería se hunde

como la infancia del hombre viejo

-toda derrota resulta memorable.

“Mira al cielo”.

Sobre el frío están las estrellas,

sobre las estrellas el silbar el viento,

el camino que llama a casa

como una madre en la hora

de la cena.

 

Luna, Venus, Júpiter, qué más da,

estamos literalmente inundados

de mentiras.

 

 

4

Cuando volvimos a la habitación nos recibió

la música de los Beatles,

nos sentamos junto a la estufa,

con una taza de té de arándanos

con canela.

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)

 

Rapsodia inconclusa para Miguel Hernández

Yabel René Guadarrama Rivera

 

 

A menudo tu recuerdo emerge

en las notas melancólicas

del canto que se desgrana

en la voz de Serrat.

 

En otras aparece cuando

se habla de Orihuela,

sus olivos, sus almendros,

su paisaje que se refleja

en las márgenes del río Segura.

 

A menudo te recuerdo

y enciendo mis labios

con tu canto libertario.

 

¡Que arda la palabra

transfigurada en poema;

que arda y no calle

hasta que los desprivilegiados

sean emancipados!

 

Mira Miguel, mira

la sangre derramada

que enjuga el sufrimiento

de los desposeídos.

 

Mira Miguel,

mira pasar el tiempo

y lo que ha sucedido:

 

Un golpe,

las heridas,

la sangre que

g

 o

  t

   e

      a

de la boca

hasta el suelo.

 

Te encarcelan,

te apalean,

te escupen…

 

Quieren silenciar

tu voz encerrándote

entre una reja y tres paredes.

 

No habrán de lograrlo

tu palabra se enciende

y flamea aires de albedrío;

rompe el silencio

también el vacío.

 

Se convierte en relámpago

también en verso,

destrenza en el aire un secreto:

Para alcanzar la libertad

hay que luchar, sangrar y vencer;

después vendrá la muerte

y tus ojos no se podrán cerrar,

 

¿Acaso porque en ti

hay un pendiente?

 

El pobrecito de tu hijo

y tu esposa alimentándose

de hambre, cebolla y pan.

 

Miguel Hernández

ya no te duele el mundo

pero si vivieras

cada día te dolería más.

 

La lucha por el respeto

a los derechos de los pobres no ha cesado;

el neoliberalismo se ha robado la paz.

 

A menudo tu recuerdo emerge

y con él llega la nostalgia.

 

Miguel Hernández;

tu muerte, tu vida,

tu recuerdo por siempre.

 

 

Capulhuac de Mirafuentes, México

 

 

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)
Miércoles, 11 Diciembre 2019 05:20

Lux / José Miguel Lecumberri /

 

 

Lux

José Miguel Lecumberri

 

 

 

Cancina el jade de los años

El corrupto Ángel diluvia

De sí musgo

Arcos de alianzas rotas

Yacen en tu respiración

Lóbregos arquitectos de las sombras

Un pirul arrasado por la tormenta

Aguijones de granito

Costillas de Prometeo

Sangre de una bestia mineral

Sangre que el fuego recuerda al diluirse en los rostros

Llaga que hiende el espíritu de un cedro

Cíclope recuerdo

Endrina

Seta mis labios en tu vientre

Cría el sol tus senos

Jaguares en la noche de los lienzos

Tu corazón polígono que nieva

Cerezo con vocación de arteria

Negro diamante fumaba mi lengua

Negro demonio

Careta de cisne tu espalda

Áureo rosetón custodian tus glúteos

Fugaz como Amazonia la respiración

Ofídea acariciada entrepierna

Tacto de algodón la nuca

Las tejas ronroneo

Tu voz caleidoscopio

Febril guijarro lame tu espinazo

Nácar el gemido

Perla acuifera

Fulgor que tu piel bautiza.

 
 
 
 
Publicado en ZONA DE DESASTRE

 

 

Jacques Vincent, « LITERATURA DE ESTACIONES »

Traducción de Marceau Vasseur y Miguel Ángel Real

 

Ella me dice bromeando: tú tienes miedo de sedentarizarte y yo soñaba que me iba de viaje dejando mi morada a cielo abierto.

El agua de las lágrimas recogidas con paciencia se derrama sobre un andén. Un altavoz anuncia: retraso prolongado, sin precisar la duración. La suerte está echada y surgen las líneas de un texto tan esencial que desaparece enseguida. En la sala de los pasos perdidos el altavoz profetiza mientras un relojero se olvida de la hora y se duerme sin poder recomponer los pedazos.

Yo la miro alejarse y sigo esperando, pero ella no se da la vuelta y deja su lugar a la escritura.

Dicen que los cielos de Noruega son aún mayores que los de la Puerta de Montreuil. Mientras entro con alivio en un pliegue del tiempo entre Burdeos y Le Mans, Vladivostok y Los Ángeles, Gdansk y Seattle, se ofrecen los refugios en donde podría escribir el libro ideal. Tal vez hubiera debido afeitarme, hacerme más presentable, no para las cámaras de seguridad sino para mostrarme digno de los árboles, de los océanos de donde vengo, de la página que me acoge y de la que ignoro todo.

En la conversación, alguien declara que no le gusta la gente que da rodeos de manera indigna en torno a sus deseos, aquéllas y aquéllos que evitan las miradas de sus miedos, y luego añade como una confidencia: la cuestión espera en el interior de una casa que guarda abiertas las puertas de sus habitaciones para que nos refugiemos hasta que nos hayamos inventado.

La ausencia ya ha sido anunciada en el andén A, donde los castaños comienzan a oscurecer. Es el fin del verano. Apunto en mi libreta que entre ayer y hoy no hay más que el espesor de una hoja.

Tan cerca de estar lejos en el desfile de las letras de los paneles anunciadores cuya combinación nos designará en breve, ¡huyamos, amor mío, hacia lo que no esperamos! En este tren ebrio encallado en la orilla de un río nunca tendremos una suerte semejante. La corriente que nos enlaza ha separado el vagón de los raíles inmóviles y nos arrastra hacia otras vidas.

En la estación desierta, con el hocico pegado al tope de un andén de llegada, una locomotora resopla. Como para tranquilizarla, tiendo mi mano sobre su flanco caliente mientras que, bajo nubes moradas que se estiran, otros trenes confían los relatos de sus fugas a los pasajeros adormecidos.

Unos días antes de un viaje, recorro distraído los estantes de mi biblioteca en busca del libro que satisfaga por completo mi deseo de lector. La obra abierta en cualquier página se leería en un orden cualquiera, con cada lectura despertando un nuevo sentido. El diálogo de las palabras haría aparecer una carne. Habría también dibujos cuya presencia viva sería lo bastante familiar para tranquilizarme y lo bastante extraña para tensar mi deseo. Aún lo espero, a pesar de mis años.

¡Oh Diablo, sepárame, divídeme en mil viajeros esparcidos por los andenes de destinos nunca anunciados, fragméntame en miles de palabras! Tras su rigidez, nada teme tanto el futuro liso como nuestros porvenires.

La espera tiene sus pasadizos secretos, sus inmediateces que abren otras lejanías donde no nos esperamos; las palabras, esas intrusas, los recorren a veces para liberarse.

 

(Texto publicado en francés en 2015, en la revista Dissonances).

 

 

 

 

LITTÉRATURE DE GARES

 

 

Elle me dit en plaisantant: tu as peur de te sédentariser et je rêvai que je partais en

voyage en laissant ma demeure à ciel ouvert.

L'eau des larmes recueillies avec patience se renverse sur un quai. Un hautparleur

annonce: retard prolongé, sans précision de durée. Les dés sont jetés et

surgissent les lignes d'un texte si essentiel qu'il disparaît aussitôt. Dans la salle des

pas-perdus le haut-parleur prophétise pendant qu'un horloger oublie l'heure et

s'endort sans recoller les morceaux.

Je la regarde s'éloigner en espérant encore mais elle ne se retourne pas et

laisse la place à l'écriture.

On dit les ciels de Norvège plus grands encore que ceux de la Porte de

Montreuil. Alors que j'entre avec soulagement dans un repli du temps entre

Bordeaux et Le Mans, Vladivostok et Los Angeles, Gdansk et Seattle, s'offrent les

gîtes d'où je pourrais écrire le livre idéal. J'aurais peut-être dû me raser, me rendre

plus convenable, non pour la vidéo-surveillance mais pour me montrer digne des

arbres, des océans d'où je viens, de la page qui m'accueille et dont j'ignore tout.

Dans la conversation, quelqu'un déclare ne pas aimer les gens qui tournent

indignement autour de leurs désirs, celles et ceux qui évitent les regards de leurs

peurs, puis il ajoute en confidence: la question attend à l'intérieur d'une maison qui

garde ouvertes les portes de ses chambres pour qu'on s'y réfugie le temps de

s'inventer.

L'absence est déjà annoncée sur le quai A où les marronniers commencent à

brunir. C'est la fin de l'été. Je note dans mon carnet qu'entre hier et aujourd'hui, il

n'y a que l'épaisseur d'une feuille.

Si près d'être ailleurs dans le défilement des lettres des panneaux annonceurs

dont la combinaison nous désignera bientôt, fuyons, mon amour, vers ce que nous

n'attendons pas! Dans ce train ivre échoué sur la berge d'un fleuve jamais ne

retrouverons pareille aubaine. Le courant qui nous enlace a détaché le wagon des

rails immobiles et nous entraîne vers nos autres vies.

Dans la gare désertée, mufle collé au butoir d'un quai d'arrivée, une motrice

souffle. Comme pour la rassurer j'avance la main sur son flanc chaud tandis que,

sous des étirements de nuages violets, d'autres trains confient les récits de leurs

fuites à des passagers ensommeillés.

Plusieurs jours avant un voyage, je parcours distraitement les rayons de ma

bibliothèque à la recherche du livre qui satisferait totalement mon désir de lecteur.

L'ouvrage ouvert à n'importe quelle page, se lirait dans n'importe quel ordre,

chaque lecture éveillant un nouveau sens. Le dialogue des mots ferait paraître une

chair. Il y aurait aussi des dessins dont la présence vive serait assez familière pour

me rassurer et assez étrange pour tendre mon désir. Je l'espère encore malgré mon

âge.

Ô Diable sépare-moi, divise-moi en mille voyageurs répandus sur les quais de

destinations jamais affichées, fragmente-moi en milliers de mots! Derrière ses

raideurs, le futur policé ne redoute rien autant que nos avenirs.

L'attente a ses passages secrets, des aussitôt qui ouvrent des ailleurs où l'on

ne s'attend pas, les mots, ces intrus, les empruntent parfois pour se délivrer.

Publicado en VENTANA FRANCESA

 

 

ÁLVARO HERNANDO

Poèmes de “Chicago express”, Pandora Lobo Estepario Productions™ , Chicago 2019

Traduction par Miguel Ángel Real

 

 

Treinta y nueve eclipses

 

La mano sobre el pudor.

El pudor en la mortaja.

La mortaja detrás de la vida.

La vida sobre la ausencia.

La ausencia antes que el olvido.

El olvido ante el silencio.

El silencio cuando el dolor.

El gemido tras el llanto.

La esperanza contra la fe.

La verdad desde el honor.

El honor sobre el veneno.

La víbora en una cuna.

La cuna bajo el poder.

La voz de la madre muerta.

El pan junto con el hambre.

Tus pechos junto a mis labios.

Los versos bajo los números.

La puerta sin cerradura.

Los muertos tras la venganza.

La luz bajo un párpado muerto.

Camille tras el cincel de Rodin.

La lava que limpia el suelo.

El bostezo ante la ciencia.

Bach dentro de un violoncello.

La infancia sobre la arena.

El agua sucia de arena.

La sal de la sed para el agua.

La ceniza en el tiempo.

La palabra para el necio.

La mentira sobre el amigo.

El guiño del hombre tuerto.

Los amores sobre el fuego.

Las alas en el infierno.

La leche caliente en invierno.

La sangre sobre la nata.

La victoria del hombre muerto.

Las cometas en el cielo.

Una mano sobre la piel.

Tu nombre en un pensamiento.

 

 

 

 

Trente-neuf éclipses

 

La main sur la pudeur.

La pudeur dans le linceul.

Le linceul derrière la vie.

La vie sur l'absence.

L'absence plutôt que l'oubli.

L'oubli face au silence.

Le silence quand la douleur.

Le gémissement après les larmes.

L'espoir contre la foi.

La vérité depuis l'honneur.

L'honneur sur le poison.

La vipère dans un berceau.

Le berceau sous le pouvoir.

La voix de la mère morte.

Le pain avec la faim.

Tes seins près de mes lèvres.

Les vers sous les chiffres.

La porte sans serrure.

Les morts après la vengeance.

La lumière sous une paupière morte.

Camille derrière le ciseau de Rodin.

La lave qui nettoie le sol.

Le bâillement devant la science.

Bach dans un violoncelle.

L'enfance sur le sable.

Le sel de la soif pour l'eau.

La cendre dans le temps.

La parole pour l'idiot.

Le mensonge sur l'ami.

Le clin d’œil de l'homme borgne.

Les amours sur le feu.

Les ailes en enfer.

Le lait chaud en hiver.

Le sang sur la crème.

La victoire de l'homme mort.

Les comètes dans le ciel.

Une main sur la peau.

Ton nom dans une pensée.

 

 

 

 

Insomne

 

Ya no duermo.

Pienso en ti y en qué decirte.

Me cuento que todo esto es una esperanza,

un dolor unido al hueso en hilvanado flojo.

Practico la mirada, con ojos cerrados,

la cara de uno mirándose al espejo

en una oscuridad más densa.

No duermo. Todo desaparece con el dolor.

Cada contracción, cada espasmo

es una conversación a punto de acabar.

Me esmero en certificar las diligencias

que me exige el protocolo

antes de enfrentarme a ese fragor

en que se ha convertido nuestro cruce de miradas.

Te miento y te revuelves contra mí.

Pongo todo mi ejército en una sola línea

dándote la espalda y preparando la defensa.

Repaso el guion, voy a contarte.

Repaso tu papel en la escena,

y hasta el del apuntador.

Repito las oraciones del final,

pues no quiero olvidar el texto en mitad

de nuestra charla.

Tardas en atacar, pero cuando empiezas

allá vas, con tu arma inesperada:

apareces con café y me interrumpes con la taza,

que tiene esa manía de tomar mis labios

y embastarlos con la sangre negra que me regala

una excusa para no llamar al insomnio por tu nombre.

 

 

 

Insomniaque

 

Je ne dors plus.

Je pense à toi, à quoi te dire.

Je me raconte que tout ceci est un espoir,

une douleur reliée à l'os par une faible faufilure.

Je m'adonne au regard, les yeux fermés,

mon propre visage qui se regarde dans la glace

dans une obscurité plus dense.

Je ne dors pas. Tout disparaît avec la douleur.

Chaque contraction, chaque spasme

est une conversation presque terminée.

Je m'applique à certifier les démarches

que le protocole m'exige

avant de faire face au fracas

qu'est devenu l'échange de nos regards.

Je te mens et tu te retournes contre moi.

Je mets toute mon armée sur une seule ligne

en te tournant le dos pour préparer ma défense.

Je révise le scénario, je vais te raconter.

Je révise ton rôle sur scène,

et même celui du souffleur. Je répète les phrases finales

car je ne veux pas oublier le texte au milieu

de notre conversation.

Tu mets du temps à attaquer, mais quand tu commences

tu y vas, avec ton arme inattendue :

tu surgis avec un café et tu m'interromps avec la tasse,

qui a cette manie de prendre mes lèvres

et les bâter du sang noir qui m'offre

une excuse pour ne pas nommer l'insomnie par son nom.

 

 

 

 

Luces

 

Las luces son anuncio de la muerte,

de la oscuridad que esconden.

Los silencios anticipan al grito,

y la suciedad al agua pura.

Así funciona el nacer de una estrella,

dentro de un ojo que hoy es ciego,

pero mañana un color con forma de pregunta.

 

 

 

Lumières

 

Les lumières sont l'annonce de la mort,

de l'obscurité qu'ils cachent.

Les silences anticipent le cri,

et la saleté l'eau pure.

C'est ainsi que fonctionne la naissance d'une étoile,

dans un œil qui aujourd'hui est aveugle,

mais demain une couleur en forme de question.

 

 

 

 

Tristeza

 

Reposar las manos en un vientre frío

componer una sinfonía de silencio sobre una página en

blanco

en piel del árbol muerto,

y conformar una palabra nueva que explique el color negro

cuando todo alrededor es ruido de fuego

caricia de humo.

Empezar la frase por la condición,

enterrando a un palmo de la superficie

la constelación que rige las inecuaciones

que atan los sueños a los logros.

Da igual el resultado de la rima

pues siempre habrá que masticar sal.

 

 

 

 

 

Tristesse

 

Reposer les mains sur un ventre froid

composer une symphonie de silence sur une page

blanche

au pied de l'arbre mort,

et constituer un mot nouveau qui explique la couleur noire

quand tout autour est un bruit de feu

caresse de fumée.

Commencer la phrase par la condition,

en enterrant tout près de la surface

la constellation qui régit les inéquations

qui lient les rêves aux réussites.

Peu importe le résultat de la rime

car il faudra toujours mâcher du sel.

 

 

 

 

 

Calles perdidas

 

Mis palabras son calles

de direcciones cambiantes

enmarañados cruces

atestados parques.

Mis palabras son ciudad vieja

aldea humilde

pequeña plaza en una villa olvidada

y suerte de suburbano enhebrado en el alma.

Mis palabras son pocas,

hermanas de mis hermanos,

susurros para iniciados

y gritos para los ausentes.

Amo los laberintos del lenguaje

en los que transitamos

para encontrarnos

los que vivimos perdidos.

 

 

Rues perdues

 

Mes paroles sont des rues

aux adresses changeantes

des carrefours enchevêtrés

des parcs bondés.

Mes paroles sont une vieille ville

un humble hameau

une petite place dans une ville oubliée

et un quelconque train de banlieue enfilé dans l'âme.

Mes paroles sont rares,

sœurs de mes frères,

des murmures pour initiés

et des cris pour les absents.

J'aime les labyrinthes du langage

où nous circulons

pour nous retrouver

nous qui vivons perdus.

Martes, 10 Diciembre 2019 02:12

Hueso para el perro / César Rito Salinas /

 

Hueso para el perro

César Rito Salinas

Cuando encuentro

en este mío silencio.

Giuseppe Ungaretti, Despedida

 

Un gusto ligeramente excéntrico

 

Un perro, su cola mocha.

Con sus ojos busca mis ojos, suplicante.

Los perros buscan cariño con la cola, y con los ojos.

Algo de excéntrico hay en el gusto

por el perro de cola mocha

(Eliot dice: todos hemos de tener un gusto

ligeramente excéntrico

para tener verdadero gusto).

 

Hueso para el perro

 

La flor de cartucho en el cieno, demasiada

blanca y bella para poseer

tan larga vida

en el fango;

por las mañanas,

junto al lavadero,

observo a la eterna blanca flor

mientras lavo trastes.

Regreso

 

Mal cocida avena

que hace

la luz

de la memoria.

 

Cavando en el bosque

he encontrado

avena.

 

Sabe dulce la avena mal cocida

entre

el frío pinar,

en la boca del lobo.

 

Eternidad

 

Los niños divisan zopilotes en el cielo azul,

puntos que giran sobre nuestra cabeza.

¿Alguien quiere morir?

Los zopilotes limpian el camino de las almas,

una suerte de ruta celeste para los finados.

Los zopilotes hablan con su vuelo

de un regreso que sólo contemplan

los niños.

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)
Jueves, 21 Noviembre 2019 06:02

LuciÉrnagas y Elegía Por: Marco Ornleas

 

 LuciÉrnagas y Elegía

Por: Marco Ornleas[i]

 

 

LuciÉrnagas

 

Las palabras se encienden y se apagan:

 

luciérnagas.

 

Son como el rastro de una mujer hermosa,

 

el poeta enceguecido

las busca a tientas.

 

 

 

 

Elegía

 

Parvada melancólica de pensamientos

que vuela hacia el interior.

 

 

[i] Marco Ornelas. León, Gto. 1978. Poeta. Fue seleccionado para la antología Ocho voces de Guanajuato, publicada por la Universidad Iberoamericana en el año 2000. Becario del Instituto Estatal de la Cultura de Guanajuato, en el área de poesía, Jóvenes creadores en el año 2001. Asistió al taller de poesía Aprendiz de Brujo con el poeta Sergio Mondragón en el año 2010. La editorial San Roque en conjunto con Los Otros libros, publicaron su libro de poesía El concierto Reconciliatorio en el año 2011. La editorial La Rana de Guanajuato, publicó su poemario: Variaciones y dispersiones de la voz alcanzando el tono en el año 2011. Fue seleccionado para el 1er, Seminario de poesía Efraín Huerta, del Fondo para las letras de Guanajuato en el año 2016. En 2017, ganó Los Premios de Literatura de León en el área de Poesía Libre. La editorial, Ediciones sin nombre, en 2017, publicó su libro de poesía: Aquí no es Neverland. En 2018, fue selecciondo para la antología-muestrario de poesía (Aguascalientes-Guanajuato): "Las avenidas del cielo", editado por la Universidad Autonoma de Aguascalientes, compilación realizada por el poeta Benjamín Valdivia. Ha colaborado para las revistas nacionales: Replicante, Periódico de poesía, Círculo de poesía y Punto de partida en línea UNAM.

 

 

 

 

 

 

 

 

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)

 

Poesía Chilena Actual DOBLES

Eugenio Dávalos Pomareda /Ignolia Mardones

TERCER SET

Selección: Víctor Hugo Díaz 

 

 

 

UN ÁRBOL DE CEREZO


En esta cosa diaria de la vida y de la muerte
Un árbol de cerezo en pleno invierno 
Aguardamos quizás por esos frescos brotes
Y redimidos somos la floración rosada en la cresta de la
Cordillera de los Andes al atardecer
Si un hijo muere o un padre se suicida 
No habrá ese otro posible encuentro de hombres que se aman
sino la nutrida podredumbre de la tristeza: una casa que ya
nunca nadie construirá 
Letreros de luces led por la noche: sonreímos 
Todo se termina / no quisiéramos que fuese de esa manera
menos un ser querido / lo acompañamos al hospital / pasamos
días en la UTI / nadie nos dice nada / el árbol crece con una
fuerza interior silenciosa / conmovido muerdo mis uñas / fumo
aturdido: brotes de luz solo en las pipas de agua
viejas puertas llenas de grafitis 

Incertidumbre / pero insustancialidad / ya mañana
regresaremos como soldados derrotados / llenas las cabezas de
nostálgicas esperanzas / llenas también de batallas inútiles e
insulsas satisfacciones / a querer empezar de nuevo
hartarse de hábitos mecánicos sin sentido
A comer sentados ante una mesa llena de fantasmas               
A vivir como si estuviésemos muertos
A morir sin un acordeón sonando o un ser querido que deje por
uno la ilusión prendida a una mesa de arrimo / brutal maraña
de existencia escrita en ninguna parte / un doblar la esquina
para dar
Con una banda de jazz al té de las cinco de la tarde tocando
El sombrerero loco de Chic Corea

O bien ocultando la vida travestida en los malls
Amanecer contigo abrazados sin perder el tiempo
Amándonos: una broma antes del desayuno

Cubrir con cal los esqueletos / adorarlos en su abrazo            
Al tiempo identificarlos con un número 

Esta eres tú mi amada un fémur con el número 14
Y este hueso roído soy yo querida con el número primo 2   
 
Las naranjas en el anaquel / almuerzo del guardia de turno en
la bodega del museo

Eso / por lo menos: intrascendentalidad
 
 

 

FESTÍN
 
 
Todos sacan una tajada de uno
Y los versos que se escribieron se van a la
Basura
Por dónde empezarán estos miserables 
A desbaratarte?
Huesos tras huesos te lamerán como un amante en celo
No habrá palabra que les sirva
Te gozarán como un manjar
Harán recetas contigo: 
Si con pimienta si con sal si con harina
O un poco de miel para endulzar la piel agria 
Del agobio
Y cuando ya se hayan saciado -si ocurre tal cosa-
Te abandonarán pero llevarán consigo el sabor
De tus tripas y entre sus garras garfios trompas o
Dientes trozos de ti saboreándote aún                                                                                                                             Mientras otros comensales se te apropian 
Para dejar puro hueso y pellejo y uñas
Creciendo y pelo creciendo 
Sin nada más que se parezca a ti
Excepto un intragable y vano anillo 
Que memoria que algún día tal vez 
Fuiste feliz o llevaste a tus hijos al campo
O miraste las estrellas
O te tuvieron entre los brazos
Alimentándote 
Para este festín  
 

 

 

 

 

ESTACION CENTRAL

Estamos solos en medio de este montón de buses taxis y trenes
madrugadores 
Tú me has abandonado aunque vives conmigo 
Da lo mismo que estés o no estés en casa
Da lo mismo que sea un poeta borracho apocalíptico o
Consumista 
Todo se ha perdido 
No existe para mí el otro ni epifanías
Tú eras mi último cable a tierra 
Muchas mujeres hermosas caminan a diario por la ciudad
Pero ninguna eres tú
El amor es una piedra negra cuyo corazón es hierro fundido
Dejemos las cosas así nomás 
sin aspavientos 
Sin hacer de nuestras vida otra mala película de Hollywood 
No nos alcanza para dramas shakespereanos 
Dejemos las cosas como están
Que fluyan 
Yo en mi inmensa soledad
Tú al lado mío
Sola en un auto que se aleja 

 

ESTACION CENTRAL; Eugenio Dávalos Pomareda, Faroaustral Editores, Santiago de Chile, 2019. 

 

 

- Bibliografía

2019 Publicación séptimo libro de Poesía : ESTACIÓN CENTRAL

2015 Publicación sexto libro de Poesía : MITOS O LOS OJOS DE LA PIEDRA

2007 Publicación quinto libro de Poesía : IN MEMORIAM: SANTA MARÍA DE IQUIQUE.

2004 Publicación cuarto libro de Poesía : EL HOMBRE SIN MISTERIO.

1994 Publicación tercer libro de Poesía : ESCRITOS SOBRE ARENAL

1992 Publicación segundo libro de Poesía : NATURALEZA MUERTA

1990 Publicación Primer libro de Poesía : LA COPA DE NEPTUNO - Página/s

 web del autor http://eugeniodavalosp.blogspot.com https://es-la.facebook.com/eugenio.pomare

 

 

 CERDA PIEL, Ignolia Mardones, Ed. Cuerpos Troquelados, Santiago de Chile, 2019

 

Nadie pudo llorar ese día

 

Una postal con los colores ocres de la madre
avisaron la partida del abuelo.
No alcancé a visitar la tumba,
la muerte había hecho su camino,
un camino de cordones mal amarrados,
un surco.
Nadie pudo llorar ese día,
la juventud y la bestia
no permitió tal gesto,
gritar, huir,
fue un sueño.
Desde ese día
miles de huachos maldicen a sus padres,
miles de hijas lloran a sus padres,
miles de padres
son como pájaros,
se echan a volar.
 
 
 
Perras negras
 
La voz de la perra nunca se
escucha,
hay muchos perros ladrando.
Esa noche había despertado con
las perras negras,
esas que cadenciosamente
llamaba Cortázar.
De alguna forma
fui una de ellas.
Una perra oscura y rabiosa.
 
 
 
La herida y el póquer
 
Hay días en que uno desea hacerse daño.
Meter el dedo en la herida.
Atarse a los recuerdos de la infancia.
Perderse en los amores tortuosos.
Sacar a pasear al pitbull.
Despreciar al próximo y al prójimo.
Ser el otro.
Mirar de reojo.
Y soltar el humo con cara de póquer.
 

 

Ignolia Mardones, Santiago de Chile, 1982. La poesía ha sido parte de su vida, a partir de los noventa no ha dejado de escribir versos.

Integró talleres literarios, participó del Colectivo poético “Las Perras Románticas”, realizador de ciclos de poesía con un enfoque de entrevistas

a distintos autores de la literatura nacional, especialmente poesía y narrativa.

Socióloga de la Universidad ARCIS, magister en Comunicación Política de la Universidad de Chile.

 

 

 

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)
Martes, 12 Noviembre 2019 06:50

Luz revelándose / MIGUEL TONHATIU ORTEGA /

 

 

 

 

Luz revelándose

MIGUEL TONHATIU ORTEGA

 

 

 

Retorno al mismo espacio

donde las lecturas de día

se resuelven con lámparas fijas;

se leen, como yo las leo,

en forma de antiguas historias.

El eco de esquina a esquina

aborda el segmento de sonido

de un trozo de relato

descrito en pasado anterior:

con una taza de café en las manos,

hecha de un brillo matutino e imberbe;

una frígida luz revelándose

ante los nubarrones exiguos y el sol:

son las ocho.

Amaneció la superficie húmeda

como si la lluvia tuviese un rencor escondido,

como si la noche, como si la lluvia, como si el rencor,

como si el día o la nube fueran determinantes para escribir.

 

Las palabras no existen,

sólo es mi eco.

 

 

 

 

 

 

 

Cuerpo desnudo en Uruguay

 

I

 

¿Hubo ciudad para ti,

en ese bosquejo de formas:

el concreto y la naturaleza

que renunciaban por ver a la muerte?

 

Pudo, quizá, no existir vuelo

que tuviera el fondo de Chet Baker

y la trompeta inusual para seguir la música

sobre la orografía; los ríos y ciertos mares.

 

Tu cuerpo fue un árbol frondoso y sutil,

en marzo desprendió su aroma

único (vuelta), impelido por la forma del aire.

 

Fue la gracia, el tintineo del aire

y el fruto cayó lejos del durazno;

y tus manos como cuerpo desnudo en el Uruguay

ya no poseían sentido franco.

 

 

 

 

 

 

 

 

II

 

Se revelarán las piedras en tu jardín.

El mármol afilará el brillo del amor,

nunca estuvo dirigido al sitio del encuentro.

 

Mis palabras secas sólo son útiles

ante un viento inmortal que niega la pérdida.

 

Hay un canto en una habitación vacía:

lo trazas para siempre y el sol lo valida.

 

Volverán las hojas de un cuerpo de otoño;

no estaremos, entonces,

porque el viento tramará venganza

por este encuentro fallido,

nunca llegó al puerto alguno:

bajar las escaleras, mirar tu maleta;

eran sólo una parte del sueño

(ningún mago celeste pudo interpretarlo).

 

 

 III

 

La ciudad no era para ti,

Chet Baker se oye en el ambiente.

El mapa no permanecerá más sobre la mesa;

las efigies de tu jardín ya no se moverán,

sabrás que fui yo por ese viento,

nunca cesó de agitar el árbol

de ese jardín ficticio en que respiras.

 

 

Un cuadro antiguo[1]

 

 

Aparece en el suelo,

el cuadro donde un Cristo y su luz

emanaban desde una habitación vacía.

 

Otra vez, escuchaba,

la madera entre crujidos;

la cual los artesanos

teñían en retablos de óleo:

dominaban los nudos del benjuí,

la luz dentro del círculo:

cierta herida punzaba interminablemente.

 

Y el hombre hacía un movimiento

en dirección a la llaga: ¿Cristo?

 

Yo era uno que alumbraba

y veía mal,

miraba la luz

no tan próxima:

la luz, dije.

El vértigo era para ella:

una antorcha,

y algunos hombres;

la imagen de los aceites;

luego, la luz, el cuerpo y la llaga.

El olor de parafina.

 

Tomás, como yo, tocó la herida,

la luz me cegó.

Había nudos en los colores:

“Es cierto”, dijo Tomás.

Yo sólo pude decir que sí,

nunca más volví a ver el cuadro.

 

 

 

 

Caza del toro

Mugía el cielo nocturno.

Tomas Tranströmer

 

 

Animal mestizo como su fruto,

sumergido en un odio antiguo,

dormía a la intemperie,

la luna su luz:

un célebre día,

una bestia es un espejo.

 

Animales salvajes para ti,

para un cielo innecesario; eres el toro,

y el firmamento restañe,

la luna mata con sus astas desde anoche;

 

vuelve a tus ojos rojos con un arma sagrada,

baja la colina, intacto,

esconde cierto mugir y cierto odio:

el filo saldrá de la vaina durante el día;

 

estoy seguro:

será en tu contra.

 

 

 

 

El sonido de tu cuerpo al caer

 

 

Cuando Mi funny Valentín ya no resulta

en el cielo cerrado de las calles sin amor:

Haz dicho que ninguna nota sobra en el jazz.

¿Qué hiciste?

La trama de la historia en Francia indica:

Aún se escuchaba la trompeta en los bares del centro

cualquiera reconocería tu sonido entre el polvo.

 

No he vuelto por las mismas calles

Y luego, la metadona, hace tiempo;

mi corazón sonaba al ritmo de esa trompeta.

 

Escuché tu música,

aquella noche, Gerry Mulligan te acompañó.

Una mujer negra bailaba conmigo.

He olvidado,

He dejado atrás la piedad del poema.

Me devora la historia

Y tu tocas la trompeta con toda calma:

Autumn leaves” suena y desintegra las hojas.

He olvidado quién soy,

no deseo escribir, hermano.

Algo de Ámsterdam,

algo de ese vacío en el edificio

tu cuerpo vuelve a tierra.

Aunque un hombre como tú se lance

desde la ventana del hotel.

(porque la metadona no fue suficiente):

Autumn leaves

y el último sonido de tu cuerpo al caer:

he olvidado quién eras, Chet.

 

 

 

ALONE TOGETHER

(Chet Baker y Bill Evans)

 

Justo así con tu sonrisa,

Cuando aún no construías

El mundo con el sonido de la trompeta

(un regalo de tu padre).

 

Aún el susurro no delibera

“me han dejado solo”, dices,

El saxofón responde y yo creo que sí.

 

No han muerto aquellos

Que te escucharon en Europa.

No eres tan viejo.

LA trompeta deja a la luz vulnerada:

El tiempo posee el miedo

De cometer el erro al pasar a través del sonido:

En los metales dorados, Chet.

¿Qué se escucha? ¿Son las percusiones?

El aliento es un dios.

Abre la puerta al fin, silencio;

Nadie se espera la vuelta,

 La trompeta utiliza la mudez como arma

Solo develada en el periplo de un sueño.

Chet Baker, sí, silencio, sí Chet…

 

 

 

El sol no ha dejado de llover

 

Se han hecho matemáticas

Con el polvo sobre los muelles;

La insana quietud del viento se revela:

No volverá jamás.

 

Si un guarismo cubriera

Toda significación del viento,

Si por soplo entendiéramos un número

Enlodado, seco o revuelto

Entre las cosas viejas del mundo.

 

El viento sí,

El viento sedicioso

Levanta cualquier rebelión sobre la tierra.

El aire, padre, ahoga cualquier murmullo

Como agua destilada por siglos en una colina olvidada

- nos resulta imposible reconocerlo como hombres.

 

En la laguna, el viento azotaba

Los candiles con hachones

Y movía la hierba con serpientes.

 

El hombre confundía

El amor con el bambú.

 

Es que era el viento mismo

El que ha visto la caída de las eras

Y sus hermosas ruinas:

Era el viento asiático del alba.

 

Como alimento del fuego,

El fuego se convierte en su hijo devoto y solo:

Silente, enamorado de la materia.

 

El viento imbécil que hostigas la tierra,

Viento de vuelta al laberinto de Asterión,

El viento de mi mesa, en mis manos.

 

Este viento que me hace inortal

Por un instante seco.

 

Las matemáticas lo tocan todo,

pero desconocen

el viento es sabio sediento,

aun viejo puede vencer.

Silencio, silencio, viento.

 

[1] Basado en La incredulidad de Santo Tomás de Sebastián López de Arteaga (1610-1652).

 

 

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)
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