MANUEL MAPLES ARCE, CONSTRUCTOR DE UNA CIUDAD.

Rocío García Rey

 

José Carlos Mariátegui afirmó en Arte, Revolución y Decadencia: “El arte se nutre siempre, conscientemente o no –esto es lo de menos- del absoluto de su época”. En efecto las vanguardias estéticas trataron en gran medida de hacer un gran pacto discursivo con su presente, por ello no permanecieron ajenas al anhelo de que su creación fuera producto de un programa estético, político, incluso social que tuviera como eje discursivo lo nuevo, lo des-cubierto mediante la operación artística. Ello en contraparte con lo que hasta algún momento podía ser considerado una tradición literaria. Las vanguardias fueron hijas del cisma y la vorágine de inicios de fines de la década de 1910 e inicios de la de 1920.

En este trabajo el hilo conductor será la construcción discursiva e incluso de imaginarios que de la ciudad hace uno de los representantes del estridentismo mexicano, Manuel Maples Arce (1898 -1981). Nuestra tesis es: La construcción – invención de la ciudad se inserta en lo que Paul Ricœur ha llamado el todavía no, entendido como un espacio de espera, en el que el anhelo y el deseo es por lo que aún no existe.

Maples Arce, como otros escritores de Latinoamérica, miraron en la ciudad el paraíso desconocido (no perdido) que acaso podía trasladarlos a un espacio y a un momento de reivindicación de cierta rebeldía irónica. Las formas y prácticas caducas no tenían espacio sino como parte de un discurso que las nombraba para, acto seguido, desautorizarlas. Aquellas prácticas y sus representaciones compartían el significado de lo establecido, de lo legislado, por ello el estridentismo se nombra: “sinceramente horrorizada de todas las placas notariales y rótulos consagrados de sistema cartulario, con veinte siglos de éxito efusivo en farmacias y droguerías subvencionadas por la ley […]”.[1]

Lo que nombra Maples Arce, al inicio de su proclama, es sólo una porción de la ciudad: Se trata, tomando prestado el término de Ángel Rama, de una expresión de La ciudad escrituraria, aquella cuyo grado de urbanización no sólo está en la traza, también en los letreros, en los rótulos. Significantes, según la vanguardia, vacíos de significados.

A través del orden de los signos, cuya propiedad es organizarse estableciendo leyes, clasificaciones, distribuciones jerárquicas, la ciudad letrada articuló su relación con el Poder, al que sirvió mediante leyes, reglamentos […]  y mediante la ideologización destinada a sustentarlo y justificarlo.[2]           

 

En Actual, la desacralización está en manos de otro grupo letrado, aquellos jóvenes como Maples Arce cuya estridencia e hiperbolización del discurso acallaba, opacaba, y por qué no, anulaba aquella otra ciudad de México, la que aún vivía en estado de guerra.

En 1921, la prensa mexicana informaba la existencia de un serio conflicto ferrocarrilero, el deseo del gobierno mexicano de que Tampico tuviera un servicio aéreo; daba a conocer la pavimentación de las calles de la ciudad de México. Eran anunciados también productos comerciales como el depurativo Raichel, las gotas balsámicas Dr. Nick, el jarabe Ner- vita, cuyos distribuidores, recalcaba el anuncio, eran Sanborn Bros.  El gran almacén “El Puerto de Veracruz promovía “la últimas novedades de París.”

            Estos ejemplos escuetos, pueden darnos la pauta para afirmar que la ciudad escrituraria seguía formándose a través de los anuncios comerciales, a la par de la difusión de las noticias nacionales y extranjeras. Empero para los estridentistas (como para muchos otros vanguardistas), los signos expuestos, vueltos noticias, letras, discursos para dar a conocer o apoyar el estatus quo, carecían de legitimidad. La verdad debía estar colocada en las sensaciones y en el interior del individuo.

Mi locura no está en los presupuestos. La verdad, no acontece ni sucede nunca fuera de nosotros. La vida es sólo un método sin puertas que se llueve a intervalos […]

La verdad estética, es tan sólo un estado de emoción incoercible desarrollado en un plano extrabasal de equivalencia integralista. Las cosas no tienen valor intrínseco posible, y su equivalencia poética, florece en sus relaciones y coordinaciones, las que sólo se manifiestan en un sector interno, más emocionante y más definitivo que en la realidad desmantelada, como puede verse en fragmentos de una mis anticipaciones novilatitudinales: “Esas rosas eléctricas”. [3]

 

En efecto, se trataba de una doble construcción: Por un lado en los poemas (que aquí comentaremos) y en  Actual, Maples Arce postula una nueva legitimidad para la ciudad, aquella relacionada con la creación de un novedoso discurso poético capaz de soterrar la verdad evidente y tangible, y por otro brega por posicionar al individuo como sujeto sensible cuya posibilidad para salir de las verdades evidentes estaría, en el caso del poeta, en la creación; y en el caso del lector, en las sensaciones y en el goce estético hallado en el poema. En este sentido vale la pena preguntarse si es posible extrapolar aquello que los historiadores llaman constructivismo, pues si de acuerdo a esta corriente “lo único que conocemos en la lectura de un relato histórico es una construcción discursiva del historiador”, ¿no se trata en el caso de Maples Arce – y acaso de los escritores en general- de construir desde la inventio una visión del mundo? ¿No se trataba, además, de hacer visible únicamente a un sector de la población? Aquellos hombres (en su mayoría) alfabetizados y además conocedores de un discurso particular: el literario.

Vale la pena considerar que el constructivismo al que aludimos es opuesto al “espíritu constructivo” al que exhortaba Siqueiros, en el mismo año de la publicación de Actual. Es posible hallar, al interior de las vanguardias, matices en los programas estéticos y políticos. De acuerdo con Bosi:

David Alfaro Siqueiros ya proponía tanto la preponderancia del espíritu constructivo, sobre el espíritu decorativo (una propuesta que viene de Cézanne) como “la comprensión del admirable fondo humano del `arte negro´ y del `arte primitivo´ en general.[4]

 

En el caso de los estridentistas, el otro - los otros son nombrados como parte de un escenario de urbe industrial. La otredad, en “Urbe” son los obreros que representan una eclosión de elementos y consignas. Son, estos obreros, unidos a los otros elementos del escenario, muestra de lo que Sarlo anota  (y que podemos extrapolar, en cierto grado, al caso mexicano): la ciudad ha vencido al mundo rural […] el modelo económico superpone el modelo con la realidad”.  [5]

 En efecto, en Urbe, Maples Arce se posiciona como el enunciador capaz de propalar las características de la nueva ciudad. La nueva ciudad como icono de la industrialización es también espacio en el que será posible la asimilación de los nuevos movimientos políticos de renovación, de revolución social construida – inventada para una ciudad inexistente, para una ciudad en la que los habitantes seguían siendo mayoritariamente de origen rural.

Los pulmones de Rusia

soplan hacia nosotros

el viento de la revolución social.

Los asalta braguetas literarios

nada comprenderán

de esta nueva belleza

sudorosa de siglo,

                                   y las lunas

                                   maduras

                                   que cayeron,

                                   son esta podredumbre

                                   que nos llega

                                   de las atarjeas intelectuales.

 

En el poema, la nueva belleza, equivalente a un nuevo tiempo, está ligada a su oposición: el pasado; un pasado cuyas lunas no sirven para alumbrar porque son el desecho de un tiempo carcomido. Luego entonces, si no hay un pasado al cuál asirse y el presente es un tiempo de reconstrucción, es decir si el presente es tan evanescente como el propio pasado porque está cimentado en una ciudad que en realidad no existe, está apoyado en una industrialización que es mera parafernalia de un discurso de anhelo, ¿a qué podían apostar – además del trabajo estético- los poetas como Maples Arce? Es en este sentido que creemos podemos utilizar lo que Paul Ricœur ha llamado un todavía no. El todavía no está inmerso en el espacio de experiencia y en el horizonte de espera. El espacio de la experiencia es el habitus en el que se ha convertido la suma de la historia, una suma que no es simple cronología, por ello es posible que el horizonte de espera sea convertido en anhelo, proyecto para un nuevo tiempo, esperanza en un devenir de tiempo y de estados de cosas. “Es el futuro vuelto presente, vuelto hacia el todavía no. Si por otra parte, aquí hablamos de horizonte y no de espacio, es para señalar la potencia del despliegue tanto del rebasamiento que acompaña la espera.”[6]  Hay que entender esta semántica aplicada, dice Ricœur a la producción textual, más que al estado de cosas.

Se trata, con base en el planteamiento anterior, de considerar que el correlato textual en los poemas de Maples Arce está impregnado de ese todavía no que es la esperanza y la construcción discursiva del espacio anhelado: “una ciudad internacional” ¿acaso cosmopolita? Una ciudad en la que el despliegue de las consignas de obreros desplaza al pasado inmediato de la revolución rural por antonomasia; desplaza incluso al mismo presente en el que dicha revolución se desdoblaba.

Oh la pobre ciudad sindicalista

andamiada

de hurras y de gritos.

                                   Los obreros,

                                   son rojos

                                   y amarillos.

Hay un florecimiento de pistolas

después del trampolín de los discursos,

y mientras los pulmones

del viento,

se supuran,

perdida en los obscuros pasillos de la música

alguna novia blanca

se deshoja.

 

            La vista aérea, la construcción de las imágenes desde la altura marcan una perspectiva a partir de la que es posible pensar al poeta como el ser omnipresente pues, precisamente por estar arriba, puede ocupar el papel del dios creador. El dios creador estridentista basa sus adjetivos en los colores porque estos permiten aludir a una posición política, en el caso de los obreros, o a un tiempo muerto y espectral, en el caso de los “obscuros pasillos” y de la “novia blanca”.

 

 

Jorge Schwartz afirma: “En verdad, motivados por la Revolución mexicana de 1910 y  por la Revolución rusa de 1917, los estridentistas se distinguieron por lanzar un movimiento de vanguardia que trató de aliar la creación estética con la revolución”. [7]Sin embargo, nosotros creemos que tal alianza fue parte de una operación de fuga,  pues  en el caso de Urbe, no se trata de un poema en el que la mimesis, como tradicionalmente se ha entendido, opere como factor determinante del discurso. Ello a pesar de que en el poema hallamos ora sustantivos, ora adjetivos propios de un discurso social y político.

Y ahora, los burgueses ladrones, se echarán a temblar

por los caudales

que robaron al pueblo,

el pentagrama espiritual del explosivo:

He aquí mi poema:

Gallardetes de hurras al viento,

Cabelleras incendiadas

Y mañanas cautivas en los ojos.

 

            Es el todavía no vuelto poema de espera, el que puede hallar cierta síntesis en el último verso citado: “mañanas cautivas en los ojos”. El mañana como futuro atrapado en la mirada mediante la cual se observa o se ignora el “paisaje” social y político de la ciudad de México.  Un dato que puede ilustrar la contraparte de la ciudad escrituraria y de la urbe construida por Maples Arce, podemos encontrarlo en la siguiente cita:

[...] Durante el periodo de 1920 a 1940, se fundaron o se reorganizaron un conjunto de instituciones de atención y protección social que se orientaron a mitigar los estragos más evidentes que había ocasionado el movimiento revolucionario en diferentes zonas del país. Entre esos estragos podemos mencionar las epidemias que asolaron a amplias regiones del territorio nacional; la desorganización de las familias, producto de los movimientos y            desplazamiento de los grupos y fracciones políticas y sociales; la situación de abandono y orfandad en la que quedaron hombres, mujeres, niños y niñas y como consecuencia de los enfrentamientos armados y de la búsqueda de zonas de mayor seguridad.[8]

 

La ciudad industrial y cosmopolita se enfrentaba, además, en los inicios de la década de 1920 a los avatares de un nacionalismo que, en efecto, trataba de reglamentar el ser y hacer de los poetas mediante la política cultural oficial a cargo de José Vasconcelos. Frente a tal reglamentación de “los colores del día”, los estridentistas exhortaban: “Cosmopoliticémonos. Ya no es posible tenerse en capítulos convencionales de arte nacional. Las noticias se expanden por telégrafo; sobre los rasca- cielos, esos rasca- cielos tan vituperados por todo el mundo”.[9] Los cosmopolitas tenían, entre otros, un ícono programático del discurso y del anhelo: los edificios, la rasca- cielos, de los que en realidad, en la década de los 20, México, prácticamente carecía.

            Ahora bien, podemos inferir que el anhelo de urbanización fue una derivación de lo que Antonio Cándido ha nombrado una dialéctica entre localismo y cosmopolitismo. Lo anterior halla un punto de apoyo en la hoja Actual: “Hacer arte, con elementos propios y congénitos fecundados en su propio ambiente”.[10]

            Cada discurso literario que toma como eje la ciudad promueve implícitamente una imagen de ésta como espacio físico y como espacio de producción y re- producción de imaginarios.[11]  Con base en este planteamiento podemos entender que la ciudad inventada por Maples Arce, sea calificada de “fuerte”, “múltiple”. Las características físicas estarían en los andamios, en el hierro, en el acero. Se trata, así de características propiamente industriales. La juventud se halla en las máquinas: “[…] se cuelgan los adioses de las máquinas. / Su juventud maravillosa / estalló una mañana/ entre mis dedos”, escribió Maples Arce en “Urbe”.

            En el caso de Maples Arce, la ciudad – urbe; la ciudad – estridentismo es la gran anagnórisis de su discurso. En “Canción desde un aeroplano” es claro el momento de reconocimiento del cambio impulsado por la ciudad.

Súbitamente

El corazón voltea los panoramas inminentes;

todas las calles salen hacia la soledad de los horarios[…]

 

Hasta aquí hemos visto, que la ciudad funcionó “un hallazgo” para relatar el todavía no, caracterizado a priori por una hiperbolizada industrialización. Aunado a ello, sin ser conscientes, los poetas, a través de las Proclamas, Manifiestos, Poemas, se unían al gran palimpsesto de la ciudad escrituraria. Una de las principales características de nuestras históricas Ciudades Letradas.

 

 

 

 

 

 

 

[1] Actual – Hoja de Vanguardia, No. 1. Comprimido Estridentista de Manuel Maples Arce, en Hugo J. Verani, Las Vanguardias Literarias en Hispanoamérica (Manifiestos, Proclamas y Otros Escritos), México, F.C.E. 2003, (Tierra Firme), p 97.

[2] Ángel Rama, “La ciudad letrada”, en La crítica de la cultura en América Latina,  Argentina, 1995, (Col. Ayacucho, No. 119), p. 3.

[3] Actual – Hoja de Vanguardia, No. 1. Op. cit.

[4]  Alfredo Bosi, “La parábola de las vanguardias latinoamericanas”  en Jorge Schwartz, Las vanguardias latinoamericanas. Textos programáticos y críticos, México, FCE, 2002, (Tierra Firme), p. 27.

[5] Beatriz Sarlo. “Modernidad y mezcla cultural. El caso de Buenos Aires”, p.32.

[6] Paul Ricoeur. “Hacia una hermenéutica de la conciencia histórica”, en FranÇoise Perus (compiladora), Historia y Literatura, México, Instituto Mora, 1997 (Antologías Universitarias), p. 72.

[7] Schwartz, “Estridentismo mexicano” en Las vanguardias…  Op. cit. p. 187.

[8] Padilla Arrollo, Antonio, “Infancia y protección en la ciudad de México, 1920-1940”, en  Padilla, Padilla, A; Soler A.; Arredondo M. y Martínez, M. (coords.) La infancia en los siglos XIX y XX. Discursos, espacios y prácticas, México, Universidad Autónoma del Estado de México/Casa Juan Pablos, 2008. p. 408.

[9] Actual – Hoja de Vanguardia, No. 1. Op. cit.

[10] Ibídem.

[11] Retomo esta idea de Peza Cásares, quien, en un trabajo que toma como base el bolero mexicano, afirma: “La ciudad que el bolero simboliza, promueve una cultura individualista, que se caracteriza entre otras cosas por el tipo de relaciones amorosas, la pareja y las maneras modernas de decir el amor”.  María del Carmen Peza Cásares, “El bolero, nostalgia de una ciudad que nunca existió”, en Política y Cultura, Primavera 95, año 3, no.4, México, UAM,  p.161.

 

 

DOLOR DE PIEL

Erick Salomón Trujillo Carrera

 

 

Vivimos en un mundo de apariencias. Eso dicta como nos acoge, recoge o expulsa la sociedad. Creemos un poco más en Holmes que en Freud, eso de “el hábito hace al monje”. Reflexiono, cuánto dolor nos da la piel, un dolor autoinflingido.

Por una parte, ese orgullo rebosante por “nuestros” pueblos indígenas, su fantástica cultura, la que queda y la arrebatada. Del otro lado, tristemente cercano, el desprecio por todos ellos, un imparcial desprecio. Cercanos, pero del otro lado de la valla. Cuántos hemos usado la palabra “indio” como un insulto o por lo menos como un sinónimo de estupidez o de falta de cultura: Insulto al fin.

Todo depende del lado donde hayas puesto el pie la primera vez. Los unos sintiéndose como algo aparte, algo mejor de la sociedad por el hecho de no parecer “indios”, como modernos nazis; los otros tratando cada vez más de no parecer “indios”, ora con la ropa “de marca”, ora con los gustos “refinados”, ora con tratar de mejorar la raza, algo arraigado profundamente en nosotros mismos, aparentemente, sin que nadie nos lo hubiera enseñado.

Soy decididamente mexicano, aunque así no me lo hubiera propuesto, del sur, el olvidado por la historia y confundido con la península. Cargué con su estigma hasta hace relativamente poco tiempo. Los del sur de México y los de Centroamérica somos un poco, muy iguales. Compartimos más cultura que con los de la meseta central por lo que podemos pasar por los mismos, de uno u otro lado.

Somos así, como yo: morenos, ojos tendiendo hacia lo rasgado, cortos de estatura de acuerdo con los estándares, y así rechonchitos. Los cánones de belleza global no se ven en nuestros pueblos, aunque los hay, vaya que los hay. Sin embargo, cada vez más, se ve a todos intentando ser más claros, más blancos, de cabello, con múltiples tintes en tonos rubios; de piel, mi madre diciendo: “no te asolees que te pones más negro”, usando cremas “aclarantes”. ¿Habrá alguna crema “oscurizante”? Y si, también nos decimos “indios” para insultarnos, y los de la ciudad sienten ser superiores a aquellos de las comunidades, y no, no hay diferencia física. “Iguanitos” dice mi sobrino.

Pero esto solo sucede en mi pueblo. Las grandes ciudades ya han superado esos puntos de vista, pensaba. Llegué al entonces Distrito Federal, más de lo mismo, sobre todo en los años difíciles de crisis, mis rasgos “europeos” y mi falta de conocimiento de los usos y costumbres de la ciudad, me hicieron pasar algunos malos tragos. Me fui un poco más lejos, siguiendo los sueños de estudio, y lo mismo: recuerdo con dolor y tristeza, la mirada de asco y miedo de la primera señora rubia con la que intenté hablar. Después aprendí que los delincuentes, comúnmente son los hispanos., (¿existe tal raza?) y los negros. Curiosamente, hispanos y negros somos los más “oscuritos”. Los demás sólo pueden delinquir si padecen algún mal mental. Como gesto de rebeldía, me volví más “mexicano”. Hui de marcas y estereotipos, y abracé lo que quedaba de cultura mexicana, me identifiqué más conmigo mismo.

Es impresionante como nuestra percepción domina todo lo demás, como si fuera sólo la imagen, podríamos ser planos, perder una dimensión y seguir siendo. Cuán dentro está de nuestras mentes, que incluso no somos conscientes de ello. Recuerdo ahora, haber platicado con un buen amigo, sobre su trabajo, tradicionalmente realizado por oaxaqueños. En ese momento, mi amigo y su trabajo parecían ser de Oaxaca. ¡Qué ofensa más grande! Yo no lo había hecho con ninguna segunda intención, pero entendí, sin mucha dificultad, la razón de tan grande ofensa.

Cómo nos duele la piel.

 

 

Poesía y sonoridad ambiental…

 Daniel Olivares Viniegra

 

El proyecto Medium Poesía Sonora nace a partir de una idea general de Mónica Martz (poeta, modelo, diseñadora de modas, melómana y performancista, es decir, amante de la simbología del cuerpo y su constante transformación). Actúa regularmente en colaboración con jóvenes como Elí Pinto, Víctor Pavón León, Rodrigo Cabrera y Alina Sánchez, quienes son músicos experimentales, sonorizadores de video–arte y performance, artistas visuales y algunos de ellos asimismo literatos.

La de Mónica es una poesía intimista que se recrea a partir del diálogo y la transmutación para con lo natural y que sin reservas convoca a la performancia meditativa; y es apta, por tanto,  para interrelacionarse con los espacios que le dan origen y a los que vuelve con fluidez de onda, aire, ala, río, marea o estela de sonido cíclica, como ha de ser  por inmanencia toda la sonoridad que de por sí, para estos y otros fines se concita, se expande o se convoca.

Por otra parte, dentro de su propuesta, y en concordancia con los temas de sus poemas, el balsámico universo femenino se derrama desbordante en tanto nos prodiga su armónica y/o emocionada voz.  Voz que asimismo re–habita y retransforma no solo los espacios, sino la memoria colectiva que una y otra vez se torna presente.

En plena línea de lo alternativo, no faltan propuestas de poemas vocales/tonales, en los cuales el regocijo de la palabra mágicamente (mediúnicamente) una y otra vez es citada y congregada, luego de permitirle disgregarse por entre reconcentrados o desbocados sentimientos. La suya se vuelve entonces una expresión armoniosamente confundida y reiterada mediante también intencionales consonancias con la anécdota onírico/metafísica que –una y otra vez y asimismo musicalmente– se evoca y convoca, al tiempo que deviene juego entre el ser y el no ser; entre la vida que anima en la muerte (o asimismo al contrario) a partir de (y por entre) fugaces y cíclicas convergencias.

El trabajo de acompañamiento visual y sonoro, luego, afronta el reto de  reforzar –atinadamente– vibraciones, tonos y atmósferas; para así apoyar los necesarios descansos de la fuga vocal o las ágiles entonaciones por parte de la intérprete.

Es con todos estos ingredientes, apenas esbozados, que nos atrevemos a decir que Medium Poesía Sonora es una puesta y una apuesta en la cual, en efecto, la poesía resulta punto focal y catártico al tiempo que, por doquier, se desenvuelven atmósferas entrelazadas con abundantes imágenes poéticas, las cuales evocan siempre la profundidad del inconsciente, a la vez que nos obligan a colocarnos en locaciones místicas que sugieren un retiro momentáneo de la realidad.

            En el espacio, dejemos entonces siempre un lugar para disfrutar de la sonora palabra de Mónica Martz y las también creativas y colaborativas, complementarias propuestas de sus talentosos acompañantes.

 

   

 

 

 

Morir para vivir

Oscar Ángeles Reyes

 

¿Cuánto hay que morir para vivir? Es una pregunta constante durante lectura de En el camino (On the road, Jack Kerouac). Y ¿por qué habría de sufrir para entender, por qué habría de tocar fondo, de medio agonizar de hambre, de reconocer la miseria? ¿Se trata de una expiación, de una purga existencial?

Debo reconocer, la novela es arrebatadora, las historias instantáneas son fuertes, como licuadoras de ideas; la relaciones entre las personas son entrañables, eternas.

Pero, ¿qué sucede en nosotros cuando sufrimos?, ¿la respuesta es por que “sentimos”? ¿Los sentimientos tienen diferente peso, pesa más sufrir que ser feliz? ¿O es la razón del sufrimiento y la felicidad la que nos da la diferencia? Es decir: ¿es lo mismo sufrir de amor que sufrir de hambre?, ¿causa el mismo efecto? Más aún: ¿hay un sufrimiento intelectual?, ¿somos tan presuntuosos?

Yo mismo, después de la lectura, parecí entender de otra manera mi vida. Esa hambre de vivencias, de correrías, esa ¿afición por el dolor? me pareció familiar. La incomodidad como un sillón para mirar los muertos pasar. Entonces, ¿la desdicha es el caldo de cultivo más sabroso para los escritores? Probablemente un escritor “feliz” escribiría de cómo lograr esa paz espiritual, pero, Kerouac nos deja un vacío demoledor, al mismo tiempo que una estampa perdurable de la decencia y la indecencia humana, y, que huevos, no deja de haber belleza en su texto.

Entonces aparece la gente. En el camino, Tim (alter ego de Kerouac), y el mismo Dean (su amigo inseparable, ángel y demonio), se entienden con la gente sencilla como si se tratara de la revelación de la vida. Los incontrolables, los que se perdieron en el camino, los descarriados tienen más que ofrecer, pues en ellos está la pasión. La pasión en contra de la inmovilidad, el ardor en contra de la muerte en vida, la exaltación como ambiente ideal, que es al mismo tiempo un camino a la posible muerte. Pero, ¿no nos vamos a morir todos?, es decir, parece que la propuesta es: hay formas decentes y formas indecentes de morir (¿cómo prefieres tú?).

Estilos de vida, pero para entender más, para observar con profundidad, para abarcar más realidad, ¿no es necesario tener un punto de vista diferente, menos transitado? ¿La miseria es la orilla opuesta, tan detestada, temida o evitada? Ahí se establece Kerouac, en ese punto opuesto de la gracia: la penuria, la marginación, porque ahí entonces está la novedad, la contracorriente, la abundancia en términos humanos.

¿La pobreza vende, o vende el abordaje de la realidad desde la pobreza? Nadie quiere ser pobre En el camino, pero el dinero se gasta en esos arrabales, y si se tiene que precisar, en esos caminos. El movimiento es otro motor, y es la dinámica de la existencia lo que nos da otra sensación, el vértigo y las multitudes que ancladas en un lugar son la comidilla de los ojos, de las almas y los apasionamientos del que pasa y se va para no regresar.

En el camino no es una novela de viajes, no al menos a la manera de Chatwin o Cees Nooteboom, pues se centra en las propias entrañas, se establece como un viaje a través de la gente y de la desesperanza; es más bien lo contrario a lo que diría Pamuk en Me llamo Rojo: él sugirió que habría que caminar 150 años para que el diablo no nos alcanzara… Aquí hablamos de caminar justamente con el mismo diablo, del que somos en grandes tramos su medio de transporte.

 

 

Construcción del gusto estético

Sergio García Díaz

 

Los sujetos sociales se diferencian por las distinciones que realizan -entre lo sabroso y lo insípido, lo bello y lo feo, lo distinguido y lo vulgar- en las que se expresa o se revela su posición. El análisis de las relaciones entre los sistemas de encasillamiento (el gusto) y las condiciones de existencia (la clase social) conduce a un análisis social del criterio selectivo que es, inseparablemente, una descripción de las clases sociales y de los estilos de vida. Al respecto dice Pierre Bourdieu que "existen pocos casos en los que la sociología se parezca tanto a un psicoanálisis social como aquél en que se enfrenta un objeto como el gusto, una de las apuestas más vitales de las luchas que tienen lugar en el campo de las clase dominante y en campo de la producción cultural". Los procesos de legitimación de una obra literaria o artística atraviesa el campo social. Desde donde se jerarquiza, se escogen ciertos géneros o ciertas obras. Donde, también, interviene el grado escolar, la clase social y el gusto legitimado. Y el gusto medio que reúne las obras menores. Y el gusto popular. El gusto estético está educado. La obra de arte, según, Erwin Panofsky, es aquello que exige ser percibido según una intención estética. La factura es también, importante, o sea quién lo pinta, baila, escribe. El gusto de educación. Tanto para la creación, como para recepción. Es un diálogo. El asustó es quién legítima. El artista o productor o creador y el profesor de enseñanza superior aparecen hasta arriba en el nivel de educación del gusto estético (Pierre Bourdieu, La distinción. Pp. 89. Taurus, 2002). El consumo de los bienes culturales más legítimos es un caso particular de la competencia con respecto a bienes y prácticas singulares, cuya particularidad obedece más, sin duda, a la lógica de la oferta o si se prefiere, a la forma específica que adopta la competencia. Y por otra parte. El gusto es víctima del tiempo (desde Kant hasta nuestro días post. De lo interesante estético burgués se ha pasado a lo expectante y espectacularizado posindustrial), hoy lo Lightaz, la alta costura, el turismo, el "mundo del arte", la Word músic, la publicidad, los diseños de hogar, la farándula, los artistas jet, la literatura de autoayuda y de intimidades de famosos son las nuevas esferas de un gusto que ha puesto contra la pared todas las antiguas competencias de críticos de arte moderno y del público lector ilustrado en general. Se pregunta el filósofo Carlos Fajardo Fajardo: "Qué tipo de gusto ejercitamos? Y De qué manera hemos mutado el juicio del gusto en disgusto fragmentado, indecible, descentrado? Trataré de responder estos cuestionamientos. El de la estetización del consumo, el consumo y el diseño definen nuestra educación estética, ya no es hegemónica la educación o la escuela, ni la crítica, ni el libro. Quizá las TIC's y los medios masivos de comunicación, son ahora los que definen el gusto estético. Y la forma en que hemos mutado ha sido, también, quizá el del subconsciente. De tal forma, quizá, romántica o moderna, tendremos que regresar a los procesos de conscientización para vulver a saber lo que es arte y lo que no es arte. De todas formas como dice Michel Foucault todo es una correlación de fuerzas. Y quizá no hay cambio y revolucionario sin sujeto histórico.

  

 

 

El informicidio y las futuras lenguas

fuera del paraíso virtual

Andrés Cisneros de la Cruz

 

 

No hay una sobrepoblación de poetas. Nunca serán suficientes para la cantidad de gente que vive en el país. Sólo están mal distribuidos. Compiten por un ascenso imaginario. Si el poeta independiente toma conciencia de su lugar en el mundo, su camino será infinito, y no un trepar el muro para colarse en una historia que le es ajena. ¿A dónde van los poetas cuando van a la guerra? Al abismo. Y en el camino el canon de su caída es la espira que los sujeta como raíz al tope del que se lanzaron. El reto del poeta del siglo XXI será que lleve la premisa del filósofo a la acción —incluso la propia—, y no hacer teoría, sino morir en la práctica.

El español al igual que el latín se volverá una lengua culta; será la lengua muerta de las futuras naciones. No habrá exilio, porque los pueblos independientes buscarán la tierra, como un principio y no como un fin, y no será del terruño del que dependan sus identidades. La tierra es el espacio en donde se siembran signos. Es decir, para sembrar sólo basta un espacio. Un lugar creado a partir de una idea. Y la idea con un corpus se expresa en lenguaje. El lenguaje es el lugar en donde brotan los frutos de ese riego. El poeta es entonces, un hacedor de lugares, y también un dador de frutos. Y en la suma de ambos, se vuelve un anfitrión para los que cruzan por ese predio. El espejismo de sus propias voluntades que los impulsará a crear otra parcela de nuevas flores.

            Enseñar y aprender. Otorgar la duda como principio de creación al interlocutor. Todos tienen derecho a la oportunidad de tornar su existencia en otra forma. Oportunidad que pueden tomar, o en algunos casos, ni siquiera darse cuenta que se les presentó. Es verdad que la lectura no salva, no hace mejores personas. No es por sí misma un triunfo para nadie. Pero el simple hecho de leer poesía — fenómeno muy distante al de leer prosa o cualquier otro género— el lector tiene la garantía de que algo en él se verá afectado, y que incluso, sin ser exagerados, le puede costar la vida, si no armoniza esa idea o emoción con su estado vital. La poesía lo que otorga no es la resolución para la existencia, sino una catarsis crítica para que el que lee devenga en su propia transformación. No es un manual ni un catálogo, sino un abismo donde el que lee se encontrará con su propia oscuridad.

            Los derechos de autor, y su contraparte, sus deberes. Ante lo cual primero tendremos que

pensar en qué es autor. Porque la autoridad es el dominio sombre un discurso que se ejerce e implica a otros discursos con él. Así como el autor es la episteme de un discurso que toma un propio curso sin desprenderse del cuerpo que lo concreta. De tal modo la autorización es dar al otro la venia de utilizar el discurso de un autor desde la potestad de tal dominio. Es asumir el poder de otorgar el propio discurso a un subdominio discursivo.

 

[Diapositiva de Autor, autoridad y autorización, de Rubén Medina]

¿Cuáles son las implicaciones y significados de que un poeta-crítico utilice las metáforas de su propia poesía para explicar la poesía de otros? Indica, desde luego, que hay una clara fusión entre creación y crítica en el autor, como sugiere Maya Schärer-Nusberger. Indica también que su poesía participa de la misma tradición que la poesía examinada, marcando similitudes y diferencias. Representa como estrategia de un poder un modo de prestigiar su poesía, e imponer claves y un contexto para su análisis.

           De esta manera sus ensayos se convierten, según la doble modalidad de hablar de otros y de sí mismo, en estrategias para prestigiar su persona e imponer un discurso de autoridad en la crítica literaria. Igualmente puede insertarse en una tradición dominante y proyectar su poesía —según la comparación con Pellicer— como la tentativa más acabada y “honda” de esa tradición.

           Retomando el análisis de “Introducción a la historia de la poesía mexicana” (1950), debemos señalar otro rasgo estratégico en su artículo y que es común a muchos otros. Paz no concluye su exposición con el análisis de la poesía de López Velarde, lo cual sería lo más lógico pues su recuento va de Sor Juana a este poeta. Por el contrario, concluye con una extensa explicación del poema y de la problemática central de la poesía mexicana contemporánea. Así, mediante un cambio de papel de crítico a protagonista, Paz proyecta su visión de la poesía, una visión, cabe precisar, que viene explorando desde “Himno entre ruinas” y los poemas de ¿Águila o Sol? Esta visión de Paz aparece como la única tendencia en la poesía mexicana posterior a López Velarde. Si bien en el ensayo no se sabe exactamente a cuáles poetas se refiere, o quiénes son los protagonistas, aparte del mismo Paz, indica que “la poesía mexicana contemporánea —ausente por desgracia de esta antología— arranca de la experiencia de López Velarde”, y explica:

                 Su breve desarrollo corrobora que toda actividad poética se alimenta de la historia, quiero decir: del lenguaje, de los instintos, de los mitos y de las imágenes de su tiempo. Y asimismo, que el poeta tiende a disolver o a trascender la mera sucesión histórica. Cada poema es una tentativa para resolver la oposición entre historia y poesía, en beneficio de la segunda.

 

Los procesos de historicidad pueden darse a niveles macros, desde aparatos nacionales sustentados en las instituciones, así como a niveles micros, en mitificaciones aisladas que se imaginan una trascendencia que ejercen desde los imaginarios endógenos de sus centros. El fenómeno es anular lo circundante. Y el fenómeno puede derivar en que estudios de toda una vida se vuelven para los cibernautas, por poner un ejemplo de las nuevas plataformas, en una información de cinco minutos y que cumple la función inversa a informar. Este informicidio no sólo acelera la vida de la gente sino que la degenera en seres ficcionados, que al igual que un niño viven bajo conjeturas erróneas de forma verdadera; a esto podríamos llamar el síndrome underground.

Todos los cibernautas son subhumanos en tanto asumen su religare o vinculación global como eje social de su vida íntima-laboral. El fenómeno es que toda información que ingresa por internet es codificada en impulsos magnéticos que generan un campo energético al que se vincula la mente a través del lenguaje (visual o escrito): esta información no es discriminada por caracteres humanos, sino que pierde su valor tangible para fundirse en un solo capital lingüístico, que fluye lejos de los emisores y en favor del núcleo generador o conector.

            El usuario pierde su propio capital lingüístico en tanto opera con la lógica del ciberespacio al cual su mente cada vez genera más contenedores con la estructura de dominio energético, que no comunicativa, porque la comunicación es sólo un espejismo que se cierra sobre sus propios conjuntos de significación estándar. Mayor parte de la información que se genera en redes sociales se perderá en los anales efímeros de lo virtual. Los libros serán códigos que tendrán que descifrarse para poder ser abiertos. Contrario a lo pensado, la información se volverá más hermética y cíclica que nunca, porque no podremos acceder a millones de vidas que representan lo mismo la una que la otra en el capital lingüístico de la informática, y que aun pidiendo entrar en esos anales con dificultad aportarán moldes distintos de comunicación en tano se sujetaron a la vía ordinaria de inclusión en los núcleos virtuales y la poesía efectivamente será en ese ambiente equivalente a un meme de Chabelo, una canción de Shakira o a una frase del Palacio de Hierro. La poesía, un camino hacia los otros que son el mismo, o hacia el mismo que puede ser otro.

El infierno no son los otros, sino que los otros “no te entiendan” (no entender a los otros): y la labor del poeta es (no bajar) sino aprender a vivir en el infierno que representa alejarse de los acaparamientos del significado: y esa es una labor que contrario a su destino comunicativo, parecerá en principio un trabajo hermético, pero que en su capital lingüístico, verá su recompensa: el paraíso que representa conocer a un ser humano.

La corrupción en México es síntoma de la época. Nada sucede como estaba destinado a que sucediera. Algo se tuerce en el camino y el fin de las intenciones queda suspendido en avatares e intereses que no tienen que ver con la naturaleza del acto. En otras palabras, nadie sabe para quién trabaja.

El canon de la corrupción es el que priva antes que el canon de la creación. Son más lo que quieren aparecer, que los que quieren escribir. Los que quieren sobrevivir que a los que les interesa hacer una obra. La lógica es que de la minoría de “poetas”, la mayoría es gente que no tiene un interés real por la poesía, y su objeto es más de carácter político, económico o sociocultural.

            Si tuviéramos en las manos la Historia de la corrupción en México, seguramente comenzaría con el momento en que los Mexicas son negados en los distintos rumbos de su trayecto, hasta que con el corazón henchido de orgullo y venganza, dieron origen a un imperio que siglos después se fundiría con otro imperio, y que lejos de las palabras que robaron a otros pueblos, se signó con el destino insalvable del vacío no curado de la vida.

La corrupción es síntoma de una sociedad enferma de envidia. Donde el de “a lado”, vecino o hermano, queda bajo la lupa de “tiene más” que “el otro”. La corrupción es resultado de una deficiencia emocional. Un subdesarrollo. Es común que en los grupos de todos los estratos, la corrupción, sea por favoritismo nepotista o jerárquico, se ejerza como un sistema “tácito” para la legitimación, en principio, en el grupo mismo, para luego obtener cierta representatividad.

Mantenerse fuera de un círculo es también enfrentarse a la inexistencia —al menos en ese círculo, y si es grande, habrá a quien le pese más—. Por su parte, el reconocimiento deviene de un grupo que ratifica los elementos de apariencia de un ser. Su presencia física, su perfil social, familiar, psicológico, estético. ¿En dónde recae el peso de la corrupción?, ¿en los funcionarios, en los burócratas, o en la estructura misma de las instituciones? Ikram Antaki preguntaba lo anterior.

El poeta pertenece a un perfil. No es su perfil, pero deviene de él. La clase no se elige, pero sí se elige el camino del desclasamiento. E identidad significa corresponder a sí mismo. Por tanto, la corrupción es un síntoma individual, y que si el poeta decide enfrentarlo, necesariamente terminará por desligarse de su entorno, de lo que era él mismo, y por un instante, podrá experimentar el suceso de ser independiente, para después recobrar su vínculo con cada una de los elementos que le rodean. Y es así como la delgada línea del ser o no ser, se cumple. La disyuntiva entre anular (desparecer al otro), con el ninguneo, la apatía o el prejuicio, o reconocer que lo poético es potencia, experiencia que se mide en lo que está por vivirse, y no en lo ya vivido. 

 

 

 

Neogaznápiros ilustrados. De izquierda a derecha:

Calafia, Mercedes, Salvador y Marcos (imagen tomada en Librería Macondo, algún viernes del 2016)

 

 

 

 

Apología del ensueño provinciano:

Crónica del paso de La Caravana Nacional de Poesía Autogestiva por Los Cabos.

 

 

Me llamó mi compadre a media tarde. Era sábado. Yo ya había empezado a beber y la idea de conocer al poeta errante venido en una larga caravana que atravesaría los 3,200 kilómetros que separan el extremo oriental mexicano de su contraparte, me pareció, en ese momento, emocionante. Me cambié, empiné el último trago de vino y me subí al Chevy.

Pasé por Chava y nos encaminamos a una conocida vinatería que hace las veces de restaurante en esta alejada y desértica provincia de Cabo San Lucas. Pidió unos mejillones mientras esperábamos a Andrés. La tarde se disponía a entrar a otra dimensión: el final del día. Quizás aquí cabe señalar que Chava, junto con mi compadre, habían acuñado en una de nuestras presentaciones del escritor en turno, el gracioso apelativo neogaznapirismo ilustrado para referirse a nuestras infructíferas reuniones literarias, conformadas por nosotros tres y Mercedes.

Aparece Andrés vestido de negro, con mi compadre. Su atuendo, esa personificación del poeta visceral, por mero recelo, me aleja un poco más de él. Platicamos, comentamos lo necesario, lo prudente, porque solo yo, ebria e ingenua, y Andrés, envuelto en su chalina negra, entendíamos los abismos de la poesía. Lo sé por la hondura de sus ojeras, por su cabello enmarañado, y cierta sonrisa amable.  Voy por más vino. Seguimos hablando de su viaje, de lo cansado que estaba, de los días que había pasado sin ducharse, de la locura que había sido lanzarse al encuentro de la poesía.  Inesperadamente saca una cámara de video y empieza a hacer preguntas. Hablamos de algunas cosas que a poca gente interesan: de los sistemas que validan la literatura regional, de las publicaciones independientes, de quiénes creíamos ser como escritores. Dice que este lugar le recuerda lo que está pasando en Cancún. Nunca he estado en Cancún. Me pregunto si es el mar el que nos otorga, citando a Gamoneda, “cierta salud intelectual […] de imprecisa pureza”, hablando pues de los poetas provincianos.  Y mi compadre insistentemente saca a luz el neogaznapirismo ilustrado y, secundando ese guiño, yo hago una especie de performance poético vergonzoso.

Después cada quien se va por su lado, porque admitámoslo, sólo los poetas se quedan hasta el final. Voy con Andrés a la librería Macondo, después nos vamos a buscar a Mercedes, la gaznápira menor. La encontramos en su casa, con un par de amigas, y la rareza de la vigilia que Andrés perpetua se expande con las risueñas parábolas y ademanes de un mundo completamente femenino. Nos vamos.

Andrés está cansado y mientras lo veo entrar en aquel sencillo cuarto de hotel, para después armar el inusual poemario que me regalara, pienso en su inesperada visita, en los arrebatos que acomete la poesía. Y quisiera decirle ciertas cosas, cosas importantes, poéticamente pertinentes, mensajes encriptados para esa gente que él conoció y que quizá nunca veremos,  decirle que sí, que hemos leído a Huerta y a Lizalde, a los poetas franceses, y que preferimos a los gringos por la plenitud de su lenguaje (que yo los prefiero), y que no, que no todos los días intentamos cruzar a San Diego, como si estuviéramos en Tijuana, y que no podemos, aunque quisiéramos, ir a buscar a los amigos de Bernstein  para que vinieran a leer su novísima poesía; que no, que no somos tan flojos como se dice (que sí hay oficio para la poesía), y que no nos dormimos a medio día bajo la sombra de nuestros sombreros de paja. Algo así quisiera decirle, pero por alguna razón no digo nada. Sólo lo veo, ojeroso, acomodando hojas, ensimismado con tanta poesía.

Salvador Alvarado Laveaga nace en Mazatlán Sinaloa el 16 de enero de 1977.  
Durante su paso por la Universidad de Occidente, donde cursó la Licenciatura de Administración y Finanzas, participó en los Juegos Florales Universitarios
obteniendo el primer lugar en la categoría de Cuento en 1994, primer lugar en Poesía y primer lugar en Cuento en los años 1995 y 1996, y primer lugar en Cuento en el año de 1997.
En el año 2011 obtuvo mención honorífica en los Juegos Florales de la Ciudad de San José. 
En el 2014 obtuvo el primer lugar de ese mismo certamen y fue en ese año que recibió una mención honorífica en Paris Francia por su poemario La Mano de Jauza, y medalla de plata en Toutry Francia por la misma obra.
Sus pasiones son el cine y la fotografía.

“Había un año nuevo en cada palabra de aquella mujer.
Una función de estreno con las gradas repletas
en la orilla de sus manifiestos.
Mis ojos eran entonces un prado desnudo de llovizna
que ella danzaba con una orquesta de anonimato.
Había un telón musical en aquella mujer, y el sol
del quinto mes en la curvatura de su canto.
Cuando mis manos eran gorgonas que le brotaban 
de sus caderas, yo le lamía toda la veracidad 
de sus secretos para que la mente de los cielos
le siguiera deshojando las estrellas de nuestra guerra.”

Calafia Pozo (Ciudad Constitución, Baja California Sur, 1973). Cursó el Diplomado en Creación Literaria del Centro Cultural Xavier Villaurrutia en la Ciudad de México. Fue incluida en las compilaciones A sus libertades alas. Antología de escritoras sudcalifornianas (Instituto Sudcaliforniano de Cultura, 2006), Letras del Finisterra. Revisión de escritores de Los Cabos (Instituto Sudcaliforniano de Cultura, 2012) y Queda la palabra. Antología de escritores comundeños (Instituto Sudcaliforniano de Cultura, 2014). En 2014 publica su primer poemario, Cinco peces raros, bajo el sello de la Casa Editorial Abismos.

Cantos para llamar al miedo 

II

Yo deshago los hilares de una araña que zigzaguea el dorso interno de mi costilla, y los vuelvo a hilar.

Y temer es no saber cuándo se romperá el cristal mientras camino sobre la noche completamente silenciada.

—El mar es un espejo, el mar es un espejo—

 Ahora ensayo el regreso inevitable a la otra orilla mientras repito algo en voz alta. Y nada se refleja sobre el cementerio del tiempo.

Poemínimos

I

Un aleteo a kilómetros
levanta la brisa
que respira mi piel.

II

El barullo de tu beso
no regresa,
se queda para siempre 
cantando al otro lado del mar.

III

Desde acá la noche 
es distinta,
quema sola,
hierve sola
y la apago sola.



Tu brisa ya no llega.

 

 

 

La mordedura del colmillo

 Isolda Dosamantes

 

 

Arribaron a Tlaxcala, un japonés fue a recogerla, Alma esperaba ver a una mujer alta de sonrisa grande, la buscaba por toda la sala de la estación de autobuses, el japonés buscaba en la sala de espera contraría una poeta de viaje, los minutos se hacían elásticos y desesperantes, por fin; en un golpe de suerte se encontraron, partieron pues con la noche hacia la nube.

La nube es uno de esos espacios utópicos, un oasis en medio del asfalto, uno sueña que en las ciudades del interior de la república mexicana todo es verde pero la realidad es que el una lava gris va llenando los espacios, del cemento y las casas que guardan secretos en sus paredes, en ese oasis en el que han pasado más de cuarenta artistas plásticos y se ha nutrido de cientos de voces con poemas, relatos, inicios de novela, de romances y noches pasionales; ahí se dio el encuentro entre los colmillos enormes de dos viajeras de la voz con sus poemas, grabadoras, guitarras y sueños, y algunos de los colectivos de artistas que acudieron al llamado.

La galería Casa de la Nube recibió, el 24 de febrero, con una tertulia poética a la caravana Colmillos de musgo representada por Alma Miranda y Adriana Rosales quienes fundieron sus voces con las originarias de Tlaxcala: Lucero Peña, Alberto Flores, Ángeles Netzahualcoyotl, Marti Lelis, Mauro Hernández, Deyanira Mendieta, Raúl Lozada, María Irlanda Durán, poesía, cuento, voces murmullo y voces que tienen la fuerza de romper con su voz el eco, se impregnaron en las paredes, al finalizar la lectura comenzaría un conversatorio, pero entre los taquitos con salsa verde, alguien dijo la palabra cerveza y comenzaron a rumiar las tripas de la sed, otros al escuchar la palabra parecieron salir huyendo. Inició al fin el conversatorio, una novelista matemática que tiene sus novelas por internet y sus libros en electrónicos, un mujer casi llorando pues miraba como en cámara lenta la película del maltrato, una editorial sobreviviente, digo, independiente del sistema, un colectivos más y los poetas que aprovecharon el espacio para gritar el ahogo en que se ven sumidos sus proyectos. Todos coinciden, continuidad, apoyo, camaradería. Y son precisamente los colmillos en su caravana con que nos recuerdan la importancia de la camaradería, de la fuerza que puede llegar a tener, de lo fundamental ante todo del compromiso con cada una de las manifestaciones artísticas, de la necesidad de crear nuevos públicos. Con estas ideas en la cabeza nos fuimos a la ciudad rielera a la Cantina la Posmoderna, del que otro artista de la forma en forma de forja Miguel Benavides, el Chef, Antonio Álvarez Rascón y la obra del arquitecto-pintor Felipe Alcantar, nos recibieron en medio de música africana y baile. Esa noche de inauguración, las cervezas inundaron el coche, Alma y Adriana parecían sirenas del agua, yo aprovechaba para bebe mi ron y brindar con Miravete, Ama entre baile y trago sacaba su celular y entrevistaba a los colectivos de teatro, de foto y de los contenedores. Quizá a otras nubes no les suenen  los nombres, los escribo porque quedaron atrapados en esa red, en medio de los colmillos de esa caravana que comenzó en invierno y terminó con la luz dela primavera iluminando las sombras.

 

 

Colmillos de musgo para volver pan las piedras,

el peregrinar de la literatura independiente

Raúl Cota Álvarez

Director fundador de Cuadernos de la Serpiente

 

Hablar de promoción cultural independiente en un entorno que encumbra los “esfuerzos” institucionales y desdeña cualquier manifestación y/o aportación desde el margen, es tarea obligada, sobre todo cuando este movimiento ha ido tendiendo puentes en todo el país, ha estado en constante demolición de las fronteras autoimpuestas entre individuos y grupos, por egos, distancias en la percepción de lo que debe ser considerado pulso independiente, terminando por ser afán de lucimiento.

En este panorama, Andrés Cisneros de la Cruz y compañía hacen un recorrido por todo el país, suturando propuestas, impulsos y esfuerzos independientes por poner en el mapa la creación sin trabas, conociendo y haciendo coincidir la creación y promoción de la creación en un afán de nutrimento de la escena cultural nacional, más allá, a pesar de las instituciones.

En Baja California Sur, lo independiente es para algunos sinónimo de estorbo, actividad más cercana a la vandalización que al aporte de diversas disciplinas a una escena cultural que necesita urgentemente un movimiento, ya no contracultural, sino de cultura paralela, de camino que mientras siembra propuestas y aterriza proyectos, vigile la actividad institucional.

Cuadernos de la Serpiente (proyecto editorial independiente de puertas abiertas, que busca dar cauce libre a los autores que no han encontrado opciones viables para publicar y dar a conocer su obra, así como tender puentes con distintos proyectos editoriales del país para reforzar la difusión y promoción de nuestra literatura, fomentando el hábito lector desde diversas trincheras) se suma con gusto a este esfuerzo de calado nacional para seguir abriendo camino y nivelando los que ya existen, en favor de todos los creadores, desde el lado de todos los que estamos interesados en nutrir esta pasión, hacer realidad nuestra cultura.

 

 

Documental: Guerrero.

Las autonomías forzadas.

 

Es la una de la tarde, 77 días después de que la caravana debió pasar por el estado de Guerrero, llegamos esperando los 30° de temperatura que se sienten como 40°. No hay lecturas de poesía, ni presentaciones de libros, tampoco se pretenden conversatorios sobre las autonomías artísticas, ni hablar de las problemáticas sobre los recursos culturales del estado. Con el nerviosismo en el aire (Con las recomendaciones de abstención por algunos gestores y artistas de algunos municipios de Guerrero) y el boom de noticias sobre la seguridad  de Guerrero, llegamos.

Es la celebración de la autonomía de los policías en el municipio de Tierra Colorada, que está en medio del trayecto entre Chilpancingo y Acapulco (punto clave entre ambos municipios). A pesar del clima nadie de los asistentes a la celebración se va, la carpa está justo afuera de las oficinas de la policía comunitaria de Tierra Colorada, es 30 de abril y en la carretera los conductores que van con globos, balones, piñatas y demás juguetes. Miran con extrañeza lo que no parece ser una celebración del día del niño común, la fotografía de uno de los 43 normalistas desaparecidos, personas sentadas en una mesa larga y niños jugando en los alrededores (algunos con camisas parecidas a las de los policías voluntarios de la comunidad que están recorriendo la carretera) llama la atención de los que pasan por ahí.

Sí, es 30 de abril y en la comunidad de Tierra Colorada los niños (algunos hijos de policías caídos en enfrentamientos) hacen fila para entregarle una rosa blanca y abrazos como agradecimiento a los policías voluntarios del F.U.S.D.E.C, la guardia comunitaria que cumple 4 años de formarse, después de la detonación  de la violencia desde el año 2011.

Mientras se dan los pronunciamientos, las personas de la comunidad llegan con distintos presentes como comida, dulces y juguetes para los niños, quienes los ven pasar mientras escuchan con sus padres las propuestas al frente comunitario al que pertenecen sus madres y sus hermanos mayores, por parte del consejo comunitario.  

Terminan los pronunciamientos, los niños corren a hacer fila para recibir sus regalos mientras se presenta Ludovic Bonleux y Francisco Lobato, director y sonidista del documental “Guerrero” quienes anuncian la presentación e inauguración del documental en la comunidad, el cual se estrenó previamente en la Cineteca Nacional un mes antes. Aunque el documental no habla del enfrentamiento en la comunidad en Noviembre del 2016, si habla de Petaquillas, municipio cercano en el cual no se puede presentar, por la inseguridad y los temas que presenta el material, mencionan, mientras se acomodan las estructuras y las pantallas debajo de la carpa, son las cuatro de la tarde y aunque la temperatura no cede, los pobladores no anuncian su retirada, esperan ver el documental.

Guerrero.

Hablar de Guerrero, desde los que no hemos vivido ahí más de una semana, es hablar lo que los medios de comunicación alimentan o pueden cubrir, desde los periodistas asesinados y los mitos creados por las grandes cadenas de televisión, desde los miles de campesinos obligados a abandonar forzadamente sus tierras en la que han vivido sus ancestros, desde los que han tenido que abandonar sus costumbres y su forma de vida. Hablar de Guerrero desde un mexicano, al que le han hablado de la independencia en una clase de historia con un libro de texto del sistema educativo o desde el miedo que conlleva la confianza de la unión de una comunidad que resista, grite y actúe.

El documental filmado en los municipios de Tlapa y Petaquillas habla sobre ese Guerrero, hecha por Ludovic, documentalista de origen francés, el cual se acerca y filma los lugares rurales que no han abandonado el campo, a pesar de los desplazamientos por el uso del suelo.

Muestra las distintas formas de organización comunitaria desde los mismos pobladores con distintos uniformes:

  1. Los policías municipales que a falta de tierras y de fuentes de empleo aceptan el trabajo, obedeciendo los mandatos que incluyen la violencia contra sus vecinos, familiares y paisanos, donde el salir de sus tierras no es una opción, ya que la sobresaturación de los empleos y la discriminación que conlleva ir a las grandes ciudades no dejan más opción que permanecer, a cualquier costo en el lugar de origen,

  1. Los policías comunitarios, que no sólo se enfrentan al crimen organizado, la falta de recursos y de equipo. Las otras policías comunitarias (que no parecen comunitarias) y las violencias por parte de las instituciones gubernamentales.

  1. Los consejos comunitarios. Que tratan de sobrellevar las leyes de la constitución para la soberanía de los pueblos originarios y que les toca lidiar con los distintos tipos de corrupción, pero que tienen opciones de operación desde la organización comunitaria.

  1. Las organizaciones de búsqueda de desaparecidos: que no cuentan con los recursos necesarios para realizar las búsquedas y que dan esperanza a las familias de la comunidad.

Hablar de Guerrero, es hablar otro lenguaje, es hablar el lenguaje de la muerte y su sistema de comunicación, es hablar de la autonomía forzada, del circulo de la rabia y por lo tanto, de una identidad desde la confrontación, desde las opciones que da la generación de la economía desde el territorio, donde hablar del campo es hablar de inseguridad, donde lo baldío no lo es al 100%.

En el que la autonomía y la independencia crean el miedo y la rabia, donde la palabra promesa ya no significa más que un eslabón identificable para el siguiente paso, el actuar.

En el documental Mario Vergara, joven de Petaquillas, quien ha buscado desesperadamente a su hermano junto con la organización de los consejos comunitarios que han ayudado a diferentes personas a encontrar a sus familiares  y que viven todos los días con el miedo y la rabia de la búsqueda, que conlleva al enfrentamiento constante con policías y autoridades municipales en la búsqueda de la justicia y los procedimientos legales que necesitan cuando encuentran a alguno de ellos.

“Si se arma la lucha armada, el gobierno ya tendría el pretexto que quiere” dice Mario, al hablar sobre la organización de los consejos comunitarios y la seguridad de sus territorios. “Cuando te matan o desaparecen a alguien, la vida no vuelve a ser la misma, ya no se puede regresar a casa”, menciona, mientras la imagen muestra la salida de su casa, en una calle baldía, donde se puede sentir la tensión de no estar resguardado, de sentir la extrañeza de que la ventana donde caiga el atardecer no sea la misma que vieron tus abuelos cuando hicieron la casa en la que podrías seguir viviendo, si tus familiares a los que buscas, aparecieran, o nunca se hubieran ido.

 

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