Volver al inicio, encontrar la paz.

Adán Echeverría.

 

 

360 grados se denomina el libro que como ópera prima presentó la tarde-noche de este viernes 22 de noviembre el escritor Félix Martínez en el café-librería Horus. Tuve la fortuna de acompañarlo en esta presentación, a donde también concurrió el escritor Rodolfo Espinoza, que fungió como presentador del evento.

Félix se acercó desde este marzo de 2019 al taller de apreciación y creación literaria que lleva poco más de un año sesionando en las instalaciones del Instituto Regional de Bellas Artes de Matamoros. Desde que comenzó a asistir, pocas han sido las semanas en las que Félix no se acerque con un poema o algún relato para leernos y ponerlo en la mesa de operaciones del taller, para que los asistentes podamos opinar sobre su trabajo, y hacer las indicaciones necesarias para que el texto vaya tomando camino, y que posteriormente el autor, en la tranquilidad de su tiempo pueda hacer los cambios que considere pertinentes luego de haber escuchado a los demás compañeros.

Ése es el actuar de nuestro taller literario (de todo taller literario), llegar con una obra de manera semanal (disciplina de escritor), presentarlo ante los ojos lectores de los compañeros (tener humildad para ponerlo a disposición de los demás), no explicar de qué va la historia, ni discutir con los compañeros, solamente leer la obra. Que el texto se defienda solo, es la sentencia, y todos juntos nos sumamos a esa idea. Ya será después, en los cafés, las charlas fuera del taller, donde los autores podemos dar luz de cómo ha sido el proceso creativo. La disciplina de Félix es bárbara, como es la de Rodolfo, como empieza a ser igual en Lupita Olvera, quienes se han propuesto presentar textos semanales, lo que habla de la disciplina de escritor, para robarle tiempo a sus actividades de todos los días y poder trabajar en su obra.

El libro que nos convocó la tarde del viernes 22 de noviembre, reúne una época del autor. Textos que fueron naciendo en su totalidad bajo la mirada y guía del maestro Ramiro Rodríguez, durante los últimos 4 años. Textos: relatos y poemas, donde Félix Martínez ha puesto una parte de sí, de sus vivencias, de sus amistades, su familia, sus amores: hijos, esposa, hermanos, padres, tíos, haciendo que cada historia, cada poema, cada relato tenga ese toque de ternura, aun cuando el tema del que se trate pueda resultar en la violencia del sinsentido, la envidia, el rencor como en el relato “El viaje”.

El autor nos regaló, mientras comentaba sobre la creación de la obra, a preguntas que el auditorio le iba haciendo, de esas anécdotas que le hacen escribir, que le hacen traer a la hoja blanca las emociones que se recorren su sangre, salpicando cada una de sus células, lo que promete en convertirlo en un autor literario hasta que las fuerzas le alcancen. Anécdotas que le impulsan a seguir en el oficio de escritor, cuando puede constatar que alguna de sus obras pudo mover la fibra de algún lector, como lo ha hecho ya en alguna ocasión. Porque eso es la literatura, ese espacio para el reconocimiento de nosotros mismos en las historias que leemos de los otros. Para, por medio del lenguaje, reconocer al otro que somos nosotros mismos, desde los personajes que se construyen.

Félix lo presiente, lo intuye, e incluso estoy seguro que lo sabe. La literatura es ese acto comunicativo, que nos permite llegar a los ojos y la vida del otro, y desde ese momento pasar a formar parte de muchas vidas. Nuestros personajes, nuestras historias, llegan a ser parte de la vida de aquellos que alguna vez nos leen. Y el objetivo se cumple, cuando aquel lector reconoce la historia que se amolda a su forma de ser, que le mueve las emociones.

En este caso, la presentación de Félix Martínez, me ha hecho sentir ternura, calma e incluso paz, esa paz que se siente al disfrutar de los textos que conforman parte del libro 360 grados (Catarsis Literaria, 2019).

 

Testamento.  / Félix Martínez.

Estos son mis bienes que heredo:

Una casa sin paredes ni techo.

Para mirar la extensión les dejaré el cielo,

donde podrán ver las nubes cambiantes

las estrellas.

Les dejo el mar con sus tesoros

la luz, el cálido sol, para que se extienda

a sus noches frías. Dejaré el albedrío, un bien

heredado de mis padres.

Podrán escoger creer en un Dios benigno,

que está en cada huella, en todos los ojos,

o asegurar que existe lo que está en el horizonte.

Dejo un cheque portador de conocimiento

háganlo efectivo en libros. Ellos abrirán

sus mentes a otros mundos distantes.

El tiempo no se rige por los días o años.

Éstos se acortan cuando pausas la vida

y reciclas el pasado.

Mi mayor riqueza

fueron momentos en familia.

Cuiden sus activos,

separen valores de las posesiones.

Les dono mis sueños y quimeras;

mantendrán despiertos sus sentidos.

Disfrútenlo todo, llénense de sol, lluvia, ríos,

caminen veredas, suban la montaña,

lean ese libro para que vean que el mundo

nunca fue cuadrado.

Este es mi legado,

tomen posesión,

es suyo el universo.

Publicado en La pluma sobre el ojo

 

 

BALAS DE PLATA DE MORDOK MALLAKO

ENTRE ISCARIOTE Y DRÁCULA

 Por J. M. Lecumberri

 

Sólo a un monstruo como Dios se le ha podido ocurrir meter todo un universo dentro de una existencia.

¿Cómo no sentirnos siempre desgarrados?

                                                   Murdok Mallako

 

 

Murdok Mallako es sólo la máscara que cubre el rostro. El apóstol de una vida apócrifa, de un evangelio maldito. En esta colección de aforismos titulada Balas de plata, con cierta ironía y, a la vez, misticismo, el autor nos muestra que se trata de la oscuridad disfrazada de oscuridad, aquello que por la escritura desvela.

 

El volumen, editado por Huerga & Fierro (editorial de culto nacida de la llamada Movida Madrileña) está plagado de bellezas furibundas y aullidos melódicos. Profundamente inspirado por los Escolios del gran Nicolás Gómez Dávila, Mallako se acerca a un continente misterosófico lleno de herejía y vacuidad.

 

El oxímoron es su escudo ante la tangencial mirada de la Medusa posmoderna: “no se elige caer en la desesperación, pero nos podemos revelar contra las humillaciones a las que conduce”, sentencia el autor en una especie de manifiesto de la ruina, de lo fragmentario del humanismo, de su hipócrita progreso que avanza en un carruaje de hierro sobre las osamentas, como lo profetizara Blake.

 

Amante de los excesos hedonistas y, paradójicamente, de la desgarradura fundamental, Balas de plata es un libro espiritual, una especie de anecdotario de la derrota y del golpe de Estado respecto de la divinidad interior. Como escribiera Cioran: “Sólo las almas agrietadas poseen aberturas al más allá”, y está claro que este libro dispara certero hacia el cráneo del ingenuo lector.

 

Lectura no sólo recomendable sino mandatario, en el mismo sentido en que lo es una borrachera o una pelea de bar, de esas a las que Kerouac era tan asiduo. Buscador de un Dharma noctívago, de una traición ejemplar, Mollako nos pone enfrente al precioso mineral que asesina al werewolf de la mitología medieval, al bohemio rebelde que se instaura como cuestionamiento incisivo de un sistema de cadente y putrefacto.

 

Mallako no nos especifica la cantidad, pero pueden ser treinta esas balas de plata, con las que al fin podremos liberarnos de la decimonónica ideología cristiana y sus abusos, sus infamias y ser libres en un mundo sórdido, tomados de la mano hacia un ocaso infinito.

 

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Publicado en ZONA DE DESASTRE

 

 

Pasos para escribir una novela.

Adán Echeverría.

 

El siguiente método fácil ha hecho a muchos de mis alumnos construir sus proyectos de novela, novelar sus historias, y obtener satisfactorios trabajos, desde que daba clases en la Escuela de Escritores, hasta ahora que doy talleres a distancia o presenciales. Espero te sirvan:

Partamos siempre de que para todo escritor se necesita talento y dedicación. La dedicación tiene que estar acompañada de la disciplina; esto implica que uno tiene que tener la disciplina para dedicarse a valorar el oficio de escritor. Hay que tener horarios para escribir y horarios para leer. Pues buscar y encontrar el tiempo para leer es lo más importante en esta carrera de escritor. Uno debe leer al día, lo menos unas 50 cuartillas, esto implica al menos un cuento largo, o un buen fragmento de novela.

Para escribir una novela puedes seguir los siguientes pasos.

1. Apunta las ideas que tengas para contar una historia. Todo lo que vives, escuchas, piensas, te cuentan, observas, te dará las ideas necesarias. Se escribe para llenar esos vacíos de lo que tú mismo gustas de leer. Por ello cuando lees, cuando alguien te cuenta algo, cuando vives algo, vienen a ti ideas que te hacen pensar: Quisiera escribir esto. Apunta la idea en un cuaderno, graba la idea como una nota de audio en tu móvil. Apunta cuantas ideas vengan a tu mente.

2. Una vez tengas la idea que quieras novelar, harás un argumento, en una sola cuartilla. Busca no pasarte de las 27 líneas que forman una cuartilla. En ella vas a desarrollar el argumento. Dirás de qué trata la novela. Te lo contarás a ti mismo. Te dirás qué pasará. (Tú aún no sabes cómo la vas a contar, pero dirás todo lo que quieres que ocurra). Lo harás para que tú mismo sepas qué es lo que pasará en tu novela. Buscarás que todo aquel que lea tu argumento tenga ganas de leer la novela.

3. Ya que tengas el argumento, éste te hará desarrollar los capítulos de tu novela. De esta forma lo que harás será capitular tu novela. Piensa en esto: para que tengas un libro necesitas al menos 60 cuartillas, menos de 60 cuartillas forma un cuadernillo (plaquette). Considerando que necesitas 60 cuartillas, entonces dividirás el argumento que has escrito en 6 capítulos de 10 cuartillas. Necesitas escribir los títulos de cada uno de esos capítulos. Tu plan ahora será escribir 6 capítulos de 10 cuartillas cada uno. Recuerda que para ser breve se necesita un gran esfuerzo, no creas que escribir poco es fácil. Se dice que un padre quiso escribirle una carta a su hijo. Cuando el hijo leyó la carta, esta constaba de 18 páginas. Al final de la misma el padre le decía: Te he contado todo esto porque no he tenido tiempo para sentarme a escribirte a conciencia. Apenas tenga tiempo te escribiré solo una cuartilla.

4. Una vez que tengas el argumento de la novela, y tengas los seis títulos de tus capítulos, entonces harás el argumento de cada uno de esos capítulos. Buscarás responder: ¿qué pasa en cada capítulo? Harás lo mismo que al inicio del ejercicio, harás que el lector tenga ganas de leer ese capítulo. De esta forma tendrás toda tu novela bocetada. Sabrás qué ocurre en cada capítulo, y lo que vaya ocurriendo en cada capítulo será lo que dará luz a la historia de toda tu novela. Recuerda que cada argumento apenas debe estar contado en una sola cuartilla. De esta forma tendrás una cuartilla del argumento general, y tendrás igual 6 cuartillas extras de los argumentos de cada capítulo. Como es muy seguro que desde el primer argumento general hayas soltado el nombre de algunos personajes, la capitulación te podrá hacer contar cada capítulo desde la mirada de un solo personaje, o ser más creativo y contarla desde la mirada de varios personajes. Cada capítulo podrá ser contado por un diferente personaje.

5. Una vez que ya tengas esas 7 cuartillas, ya tendrás el esqueleto completo de tu novela. Puedes con cada idea que tengas armar los proyectos de novela que quieras, y tener esas 7 cuartillas para cada una de tus novelas.

6. Siempre ten cada capítulo de tu novela en un archivo separado. Esto para que te dediques cada que puedas a escribir y mejorar cada uno de tus capítulos. Luego escribirás 10 cuartillas para contarnos lo que dijiste en los argumentos que pasaría en cada capítulo. Cada vez, y para cada capítulo, vos podrás dedicarte a sólo 10 cuartillas (quizá te pases de cuartillas, eso no importa, lo que no debes hacer es escribir menos de 10 cuartillas, a menos que tengas más capítulos).

7. Una vez que tengas esos 6 capítulos, si la historia lo requiere, construye los argumentos para los capítulos extras que necesites y requieras. Primero el argumento, y luego escribir las 10 cuartillas.

8. Una vez que ya tienes toda la historia contada en tus capítulos, entonces quitarás los títulos que creaste para ellos y podrás cambiarles el orden, el capítulo que antes era uno podrá ser el seis, o el diez, dependiendo de cómo quieres que el lector la conozca en su versión final. Y sólo tendrás que escribir los conectores necesarios. Puedes suprimir o dejar los títulos, puedes incluso no tener capítulos. Una vez con todo el esqueleto, la ventaja será que tú tendrás la decisión final.

Te deseo suerte. Ya quiero leer tus argumentos, como también leer tus novelas.

Publicado en La pluma sobre el ojo

 

JUEGO DE SOMBRAS:

LA ABSURDA TRAGEDIA DE NUESTRAS LUCHAS SOCIALES

Por J. M. Lecumberri

 

Si han sentido esa especie de satisfacción, plenitud incluso, al momento te aplastar una cucaracha, araña o mosquito, o de vaciar un litro de insecticida sobre un hacinamiento de hormigas en su casa, imagínese ahora el éxtasis divino ante las aniquilaciones, genocidios y guerras humanas.

Los dioses se alimentan de nuestras emociones.

Nosotros, criaturas vanidosas e insignificantes, nos sentimos ahora más que nunca el centro de la creación, habitantes de una burbuja pletórica de vida en un desierto oscuro y vacío, poblado por los ángeles de la muerte.

Se dice que Calígula se fue a la cama y en sueños le fue revelado que estaba sufriendo una metamorfosis, resultado de la cual había dejado de ser humano para convertirse en un dios.

Este dios emperador, hizo enemistad con nada menos que con el poderoso Neptuno, señor de los océanos. Motivo por el cual envió a legiones enteras de su ejército a pelear contra el mar.

La escena debió de haber sido épica: miles de centurias dando espadazos a olas y espuma, arremetiendo con furia contra la marea y lanzando las aguas. Esto sucedió hasta que los soldados terminaron exhaustos y confundidos, mientras el océano, indiferente continuó siendo lo que es.

Esta lucha no difiere en mucho de las actuales causas de diferentes facciones y credos: de capitalismo, ecologismo, pro-vida, feminismos, fundamentalismos religiosos, cientificismo, derechos humanos, y un largo etcétera de centuriones dando espadazos contra las sombras.

“Nuestras revoluciones son puramente verbales – afirmaba Albert Caraco—cambiamos las palabras, para tener la sensación de haber cambiado las cosas”, ejemplo de esto son el lenguaje incluyente o los himnos fascistas.

Pero ¿quién es realmente el enemigo?, ¿existe, acaso?, ¿es posible confrontarlo, vencerlo?

La lucha verdadera, no es social, ni siquiera es de esta realidad, se trata de una lucha espiritual, sintérgica, para ofender menos y usar este maravilloso concepto de Grinberg.

Efectivamente, desde hace más de sesenta años que hemos estado dando espadazos a las sombras, por no decir al vacío, todas nuestras revoluciones no han

sido más que una maraña de ideales y palabras que endulzan el oído y por las cuales millones de personas han sacrificado sus vidas en todo el mundo.

¿Esto ha detenido los infames abusos de sacerdotes a niños y niñas?, ¿ha detenido la ingente cantidad de horrendos feminicidios? La respuesta a eso es un rotundo: NO.

Ninguna de nuestras supuestas luchas sociales, revoluciones o motines han logrado una mierda para evitar la matanza, los holocaustos.

Esto responde a una cuestión muy sencilla, que no estamos atacan do al enemigo, es más, ni siquiera vemos al enemigo, no lo conocemos, sólo vemos sombras, cortinas de humo, títeres.

No olvidemos que somos el rebaño del Señor, jajajaja. ¿Quién chingados nos pastorea, entonces? ¿Cristo, Buda, los aliens?

Será posible, entonces, que como lo prefigurara Allen Gisnberg, la gran mayoría de esos niños y jóvenes secuestrados sean utilizados por ritos de una élite ancestral y sin escrúpulos para calmar la ira de los dioses. ¿Será acaso Moloch?

 

…¡Moloch cuya mente es maquinaria pura! ¡Moloch cuya sangre es un torrente de dinero! ¡Moloch cuyos dedos son diez ejércitos! ¡Moloch cuyo pecho es un dínamo caníbal! ¡Moloch cuya oreja es una tumba humeante!

¡Moloch cuyos ojos son mil ventanas ciegas! ¡Moloch cuyos rascacielos se yerguen en las largas calles como inacabables Jehovás! ¡Moloch cuyas fábricas sueñan y croan en la niebla! ¡Moloch cuyas chimeneas y antenas coronan las ciudades!..1

 

Hay quienes afirman que el dinero es el descendiente de Dios judeocristiano. No están del todo equivocados. Sin embargo el dinero es sólo un símbolo que representa el conjunto de avatares que conforman al Dios judeocristiano en nuestra era. La tecnología es otro de esos símbolos o ídolos, si se prefiere. Igualmente, tenemos la “libertad sexual”, esa suerte de sexualidad en apariencia desmoralizada, manumisora, tántrica, espiritual, pero que oculta un trasfondo obsesivo-compulsivo. Todos estos ídolos están entrelazados por una misma obsesión: la Individualidad. Santo de todas nuestras devociones, ilusión de todas nuestras realidades, potencia sin poder, causa sin fundamento alguno, más que, quizás la de un egocentrismo sin parangón.

Nos damos baños de pureza, compartiendo imágenes en redes sociales, sobre las matanzas en Siria o en cualquier lado de áfrica, ponemos banderas a nuestras fotos


1 Ginsberg, Allen. Aullido. Traducción inédita de Rodrigo Olavarría.

https://web.uchile.cl/vignette/cyberhumanitatis/CDA/creacion_simple2/0,1241,SCID%253D14605%2526ISID%253D287,00.html

 

de perfil, somos la viva imagen de la sororidad y nos descosemos en discursos para sacar a relucir nuestro dramático humanismo prefabricado.

Pero hay una fuerza invisible en las sombras, hay algoritmos, bots y hay inteligencias artificiales que levantan inventario de nuestras emociones, palabras y preferencias. Detrás de ellos hay maquinarias estadísticas, fábricas de deseos, san nicolases, monstruos y toda suerte de fantasías infantiles, de historias hollywoodenses, de estereotipos y maquetas de ciudades utópicas, para alimentar nuestra sed de progreso, trabajo y lucha.

Desde las sombras nos guían hacia el abismo.

Y todo esto es parte de un complejísimo armado teatral, para darnos la idea de control sobre nuestros cuerpos y nuestras mentes. ¿Quién demonios controla mi cuerpo? Digo ser yo, y ese yo quién es. La conciencia, la mente, la expresión individual de la lattice que se manifiesta físicamente en un organismo, en un cerebro humano dotado de razón, emoción y sensibilidad.

Todas estas palabras siguen siendo algoritmos, juicios perfectamente diseñados para que no pueda escapar de la “prisión sin paredes”. Además, se trata de una serie de controladores cínicos y viles que nos muestran lo suficiente para darnos cuenta que nos están controlando y de qué manera lo hacen, porque saben que no podremos nunca descifrar sus códigos, acceder a sus flujos de deseo, de creación y destrucción.

Somos computadoras que están siendo controladas vía remota, que llevan inserta una serie de virus que les impide operar por sí mismas. La libertad es un juego de la estadística, una treta esclavizante.

¿Qué sentido tiene, entonces, oponer resistencia? Pues aun la resistencia es parte del sistema que sustenta todos los sistemas que corren por nuestras conciencias, eso que Jung llamó el inconsciente colectivo. No sólo existe un destino, sino una programación para nuestras rutas de acceso y salida de cada sistema por el que transitamos.

De eso se han tratado las vías esotéricas durante miles de años, se han consagrado a descifrar los incontables laberintos de la Nada, los demonios que habitan cada plano astral, sus poderes, sus debilidades, sus utilidades.

Hay maestros que han dominado el arte de seducir a los demonios, de hacer comercio con ellos, de ofrecerles carne a cambio de favores y de cierto poder.

Claro, no tengo pruebas, todo esto son divagaciones. Mientras, podemos seguir regodeándonos en la vanidad de nuestras compasiones, en nuestro éxito personal y baladí.

Publicado en ZONA DE DESASTRE

 

H A Y  Q U E  M E J O R A R  L A  R A Z A

Francisco Manuel Rodríguez Vargas.

 

México es racista, es solo una parte oscura de su atropellada historia. México ha ejercido a los suyos las mismas vejaciones que otros truhanes le ocasionaron con una desfachatez rampante. México es una colonia que aún tiene dueños de los cuales reniega, pero cuya mano no sabe cómo soltar. México es ciego, lo evidente se le escapa a los ojos al no aceptarse como una nación de castas y al rezongar sobre su simbiosis perpetua entre súbditos y reyes. México es un país de necios, pobres y burgueses, en donde gracias a la verticalidad heredada y al beneficio que se obtiene en un espacio de privilegio inventado, muchos sustentan su sentido de vida y otros sufren en ella.

México ha cambiado, sí, pero se ha mantenido estoico en otras prácticas que ponen a uno a pensar en qué fango está parado realmente el país. Las estadísticas abofetean con datos brutales a esta neo colonia llamada República Mexicana. Un estudio presentado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) revela a México como un país en el que el 55% de la población acepta insultar a otro por su tono de piel. Según la Comisión Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED) uno de cuatro mexicanos dijo sentirse discriminado por su apariencia física y un 5.5% consideró negativo que la sociedad esté formada por gente de fenotipos diferentes. Vaya carga paradójica para un país conquistado y ensoñadoramente independiente que insiste en ponerse cloro en la piel y en su pasado. Así, México mide y desprecia de abajo hacia arriba, pues desde la cima donde se le imputaron todas sus penas. Hoy, el artículo cuarto de la Constitución Política Mexicana es relleno y verborrea.

El racismo se impone con ideas erróneas diciendo que algunos grupos sociales son superiores a otros y que esa superioridad es “natural”, porque se expresa en el color de la piel, los rasgos de la cara, el tipo de pelo y “bla, bla, bla, bla, bla”. Ese racismo se asoma en chistes, comentarios, frases que ridiculizan, minusvaloran y desprecian a las personas por su tono de piel, historia, cultura, tradiciones o su condición social. Un ejemplo muy claro es decir que “Hay que mejorar la raza”, pero ¿Qué raza, la humana? Existe en efecto la emergencia de mejorar algo y de rediseñarnos. Urge mejorar esta masa gris que somos como sociedad y cambiar cuanta retórica de cavernas hemos adoptado para lograr transformarnos en algo realmente superior, pero para eso, habrá que pensar de dónde viene la altivez de unos sobre otros.

El racismo es una consecuencia de la aborrecible idea de poder que ejerce una persona sobre otra al asumir una superioridad inventada. Esta idea es inyectada y recibida mansamente por las mentes menos acaudaladas, sensibles o desprotegidas. El concepto de superioridad se apropia en cualquier momento, en cualquier lugar, a cualquier edad y en toda circunstancia inimaginable. El racismo es consecuencia de una lenta y distorsionada percepción del mundo y no tiene razón de ser. Su motivo es odiar porque sí, no es decantarse por el ejercicio de la curiosidad y el estudio sobre lo que no se  conoce. No significa esto que las personas deban saber sobre algo o alguien forzosamente, pero la idea de odiar algo o persona alguna sin un escrutinio personal profundo, es por demás absurda. El racismo se extiende cual plaga y aleja el entendimiento del yo verdadero.

Aunadas a las consignas racistas existentes en el mundo y en México, existen otras que pareciera buscan lo contrario, pero que giran sobre el mismo lado de la moneda. Dichas consignas son las que pregonan insistentemente que todos los seres humanos somos iguales; nada más grave que insistir con eso. No, no somos iguales, en este planeta nadie es igual a nadie, nada se bifurca con tantos contrastes como la identidad humana. De los billones que somos actualmente no hay persona que pueda compartir igualdad absoluta con otra. Todos somos iguales es otra débil consigna que se exige tomar mansamente y que convierte a las personas en seres que buscan afectos y validaciones sin antes haberse constituido como individuos con facultades y necesidades inherentes a su ser, distintos de todos los demás. Se nos dice desde pequeños “todos somos iguales” pero no se nos incita a conocernos primero y a indagar en el otro al mismo tiempo. Se mata la curiosidad y se implanta la idea mal sana de que somos iguales cuando las diferencias saltan a la luz tan solo con mirarnos. Es precisamente de esta necedad por tener un ilógico tabulador plano de igualdad, que saltan las incomodidades y las inquietudes por sobre cómo se percibe el individuo a sí mismo, por cómo me perciben los otros a mí y por cómo percibo yo a los demás. La igualdad referida y señalada en nuestros tiempos redunda en derechos y obligaciones, en condiciones provechosas para alcanzar una vida plena solo por el hecho de existir; “vivo aquí y tengo derecho a ser feliz”. Sin embargo, no existe el hábito de ver al otro en silencio y sin influencia alguna, de saber del otro personalmente, quién es el que tengo enfrente, de dónde viene y cómo concibe la vida y mucho menos de conocernos a nosotros mismos. Nos olvidamos de que el otro habita el mundo conmigo y de que no es nada parecido a mí, en ningún aspecto.

Todo va demasiado rápido para que podamos tener intimidad como sociedad, creemos que sabemos quiénes somos, pero como país, es evidente que no lo hacemos. Todo va muy de prisa y solo sabemos que algo está mal, sin tener la certeza de qué es. Juzgamos las diferencias de la superficie, suponemos qué es tal cosa o quién es qué. Escuchamos indio, naco, gato y ya, esa es nuestra realidad porque el cerco de la velocidad a la que se mueve el mundo se yergue alto para poder vernos a los ojos en paz y en silencio. Odiamos por correr, corremos al odiar, nos enojamos por correr; el estrés es veloz, todo es veloz porque tiempo es dinero y dinero es poder, con el poder veo por arriba del hombro, soy mejor porque como He - Man “Yo tengo el poder”.

Vivimos en un país que se devora de los pies a la cabeza porque no quiere intimidad consigo mismo, el sincretismo lo confunde y lo obliga a respirar del orgullo ajeno. Sus problemas le dan jaqueca, es demasiado pasado, son demasiados siglos, demasiados virreyes, muchos nombres y barquitos, guerras, pasteles, hartísimas castas. Hay muchos Santa Annas, santa Juanas, Juanas con arcos, niños héroes, santo esto, santo aquello, San Santo, el Santo ¡Santa mierda! El mexicano no quiere saber y no quiere escuchar, solo quiere sobrevivir y sobrevivir significa ir rápido. El mexicano no quiere ni puede detenerse porque las lombrices en el estómago hacen ruido. Todos los hijos de México tienen hambre, muchos añoran una pizca de poder, muchos lo niegan, muchos lo ejercen, muchos lo ignoran, pero todos van de prisa porque correr es herencia de siglos. Hoy convivimos con prisa sin importar colores, credos y creencias; todos corren. Todos tienen hambre. La percepción del país para consigo se ha vuelto una masa gris, por ello le cuesta salirse de la cuenca del odio hacia el otro, porque sigue siendo colonia pero no se asume como tal, ya sea por vergüenza, porque lo ignora o porque lo ve todo perdido. Al blanco mexicano le duele no ser blanco peninsular, al criollo le duele no ser blanco, el indígena se pregunta por qué está debajo de la pirámide mientras que el negro se pregunta lo que se pregunta el indígena pero desde muchos siglos atrás. Nunca hubo independencia, no hay revolución; llegaron otros de arriba, de abajo, llegaron con corbatas en lugar de corona y México sigue sin aceptar que es “soberana colonia republicana extractivista libre con grilletes discretos”.

Han pasado los siglos, muerto los reyes e impuestos los presidentes y hoy, la corporatocracia se corona como la reina suprema de todas las castas. Es la corporatocracia el pináculo de la segregación racial y la que tiene secuestrada la poca identidad comunal del país. Las grandes corporaciones no tienen que esforzarse mucho por mantener a la mayoría de los mexicanos en el redil de su conveniencia, el país lo hace solo y lo seguirá haciendo porque no es que el mexicano huya de su pasado nada más, también huye de la condición de prisionero de su presente. México es prisionero de sus ilusiones de soberanía, huye de la unidad como pueblo y de la compasión frente al otro, no puede dejar de aterrorizarse frente a la diferenciación entre las personas que conforman la sociedad mexicana porque las ignora, no quiere saber de ellas, porque como colonia, la aspiración burguesa del yo primero es el paradigma que impera. Si el mexicano no trabaja, se muere de hambre, así que mejor se apresura y se exprime para poder dar a los suyos algo de libertad, para poder alejar a los suyos de la exclusión de privilegios, tiene que darse prisa.

La Corporatocracia rebasó lo inimaginable y evolucionó como le dio la gana. Ahora ya no importa la raza, importan los réditos. No importan las togas y los sahumerios, importan las torres altas de trescientos pisos que especulan en Wallstreet. No importa si eres mujer u hombre, importas en porcentaje y en estadística de producto, importan los “likes” porque son datos, importan los datos porque son sujetos de análisis para hacer más análisis de consumo y de mercado.

La raza importa solo porque es un “target”, ahí sí que importa, las diferencias importan a las corporaciones solo como segmentos. El concepto de inclusión y de igualdad importa a la corporación porque vende. La falsa retórica sexista vende, vende titulares y noticias morbosas en los que la gente hace juez y parte dentro del anonimato de las redes; eso vende, y mucho. Pasamos entonces de valer más o menos por el color de la piel a valer 4 más o menos como datos en la nube que arrojan hábitos de consumo. Si las corporaciones dan valor a las personas por su productividad y su cartera y si la cartera está ligada a las oportunidades que da el privilegio de cada casta, al final el corporativismo es un ente racista disfrazado de meritócrata. Cada tono de piel aspira a inflar hasta cierto punto su cuenta en el banco, el color de las tarjetas crediticias habla del mismo modo que las aspiraciones raciales.

Hay algo aún más grave y es que el racista se desentiende de la verdadera valía que implica vivir en sociedad, ignora que todos somos parte de un solo organismo vivo, ignora que todos impactamos en el otro. Todos, absolutamente todos tenemos nuestro tiempo contado, esa es la única certeza que existe, todos moriremos. Entonces las razones de nuestra prisa deberían venir desde otro lugar, tal vez deberíamos de pensar seriamente en ir más lento, caminar en lugar de correr, contemplarnos desde el interior y dejarnos maravillar por todo lo nuevo que tenga el mundo que ofrecer, quizá deberíamos pensar seriamente en que, en efecto, hay que mejorar la raza.

 

Francisco Manuel Rodríguez Vargas.

 

 

La prodigiosa memoria de

Juan José Arreola, gala de la lengua

Julio César Aguilar

 

 

 

“Gracias a la memoria se da en los hombres lo que se llama experiencia.”

Aristóteles

“La memoria es un presente que nunca acaba de pasar.”

Octavio Paz

[D]e lo que abunda en el corazón habla la lengua.”

Lucas 6:45

 

Las letras mexicanas están de fiesta. Zapotlán se enorgullece de su hijo ilustre y lo honra con un digno homenaje, aunque cabe destacar, como sabido es, que no hay mayor homenaje para un escritor que el que se efectúa desde la lectura y relectura de su obra. En este año 2018 la literatura nacional celebra el centenario del nacimiento de Juan José Arreola (1918-2001), uno de los escritores más polifacéticos y completos del siglo XX. Es decir que, además de ser ampliamente reconocido como un narrador de primer orden, Arreola cultivó asimismo con cierto éxito los demás géneros literarios y también fue un destacado promotor cultural de México al participar activamente en la creación de talleres literarios y en el quehacer editorial, así como en sus apreciables intervenciones en los programas televisivos que dieron cuenta de su talento histriónico y de su deslumbrante pasión por el ejercicio de la palabra.

Entre otras tareas, Arreola también incursionó en la actuación de la mano de Louis Jouvet, quien lo invitó a Francia a estudiar teatro y en donde radicó entre 1945 y 1946, aunque ya antes había ingresado a la Escuela de Teatro del Instituto Nacional de Bellas Artes, bajo la dirección de Fernando Wagner, y posteriormente trabajó en la compañía de Rodolfo Usigli, Teatro de Medianoche. Por otro lado, el artífice de la palabra que era Arreola, se aplicó también a la traducción literaria, específicamente de lengua francesa, vertiendo la obra con pulcritud al español. Como editor, dirigió las revistas literarias Eos, en 1943, y Pan, en 1945; años después editó las colecciones de libros Los Presentes, Cuadernos del Unicornio y Mester, en los que tuvieron la oportunidad de publicar varios de los escritores hoy reconocidos, como Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Elena Poniatowska, Augusto Monterroso, Carlos Pellicer, entre muchos otros.

Uno de los mayores atributos de Arreola a lo largo de su vida, sin duda alguna fue su gran capacidad de retener en la memoria una vasta cantidad de información. Poemas enteros salían de su boca con la naturalidad del que habla su propia lengua. Pasajes memorables del Quijote, por ejemplo, eran dichos como si los estuviera leyendo. Arreola era capaz de mencionar, durante sus presentaciones públicas o en meras conversaciones, datos específicos de cualquier índole, tales como nombres de autores poco conocidos y de citar títulos de obras literarias con una asombrosa fluidez. Su cerebro de hombre y temple de estirpe renacentista era una computadora que registraba hasta los más mínimos detalles. Pocos hombres y escritores he conocido que sean portadores de ese don de gozar de una portentosa memoria como la de Arreola. 

Sin siquiera haber terminado incluso sus estudios primarios debido a que durante la guerra cristera se cerraron los planteles educativos, Arreola era poseedor de un acervo cultural respetable y envidiable aun por los letrados, por aquellos académicos y estudiosos con títulos universitarios cuyos méritos literarios no rebasan a los del autor hoy homenajeado. Siendo un niño de todavía pocos años, aprendió a leer por cuenta propia mucho antes de ir a las aulas, y pronto comenzó a memorizar poemas, como “El Cristo de Temaca” de Alfredo R. Placencia o “Farewell” de Pablo Neruda, que luego recitaba en veladas literarias de Zapotlán. Juanito el Recitador, encontró puntualmente en el verbo su propio destino de escritor. El mismo Arreola cuenta en Memoria y olvido, libro en el que relata su vida a Fernando del Paso, que a los tres años de edad ya sabía leer.

No obstante su obra escrita sea reducida, pues no cuenta con una gran cantidad de títulos, su prosa oral tal vez la supere en profusión, ya que Arreola era un charlista nato, y podían transcurrir horas con monólogos y discursos improvisados suyos de extraordinaria factura. En muchas ocasiones tuve la dicha de ser testigo de ese espléndido caudal del verbo en la voz de Arreola, como por ejemplo en las aulas de Filosofía y Letras de la Universidad de Guadalajara, cuando era yo alumno de esa carrera, la cual no concluí para continuar con mi último año de Medicina y poder graduarme; en el Ex Convento del Carmen, también en Guadalajara, pude escuchar repetidas veces la magia oral del último juglar. De igual forma, en el auditorio de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, la vez que obtuvo el Premio Internacional de Literatura Juan Rulfo, en 1992, Arreola deslumbró con su discurso a los oyentes; en el Instituto Cultural Cabañas, en la Casa de la Cultura de Zapotlán y en conversaciones privadas, Arreola seducía siempre al público y al interlocutor con sus destrezas discursivas de todos conocidas, pero de las cuales doy mi testimonio ya que pude gozarlas en todos esos sitios.

Habiendo tenido la fortuna de haberlo conocido y tratado personalmente en Zapotlán cuando era yo niño, fueron por lo tanto sus dotes de gran conversador, su talante artístico y su excepcional retentiva las cualidades primeras que en mayor grado me impresionaron del autor de La feria. En todas las ocasiones en las que pude visitarlo en su cabaña de Zapotlán y en su departamento de Guadalajara, o cuando coincidíamos en algún evento literario, me sorprendía siempre con el formidable despliegue de su memoria. La primera vez que hablé con él, en su estudio de Loma de Barro, supe que conocía a la perfección los nombres de sus parientes y sus lazos familiares, pues cuando le mencioné que era nieto de su prima Soledad Zúñiga, él reconoció de inmediato el parentesco y nombró a su vez a los hermanos de mi abuela. De mi relación con Arreola, ya había escrito con anterioridad el siguiente texto titulado “Evocaciones a partir de una dedicatoria de Neruda a Arreola”, el cual comienza con un proverbio chino como epígrafe: “Cuando bebas agua, recuerda la fuente”:

Hace un par de días Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar me informó desde Zapotlán que, por fin, los restos mortales de Juan José Arreola serían trasladados en fechas muy próximas a la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres. Héctor Alfonso sabe, sin duda alguna, que todos los zapotlenses que alguna vez aspiramos ingresar a los recintos de la literatura, somos deudores de una manera u otra de la vocación artística de Arreola, cuyo espíritu resurge en cada una de sus memorables páginas y que desde el 21 de septiembre de 2015 habitará en los espacios reservados a los grandes hombres que han contribuido a perfilar nuestro presente.

 

Y ese día es hoy: acontecimiento histórico no sólo para las letras de Jalisco sino nacionales, ya que el último juglar es uno de los primerísimos narradores de estirpe universal que cinceló su obra con la delicadeza de un entusiasta orfebre de la palabra, pasión por la misma que fue incuestionable en múltiples ocasiones en los ámbitos también de la oralidad. Este suceso, por lo tanto, debe interpretarse más como una ceremonia de justicia literaria a uno de los más sobresalientes orgullos de Zapotlán —esa novia a la que tanto quiso y que le fue la más difícil de olvidar, según él mismo lo expresara— que, sin dejar de serlo, como un acto político o con tintes partidistas. Con esta alta distinción con la que se honra hoy la memoria del autor de Confabulario, una de sus mejores obras, se justifican con todo su peso y luminosas resplandecen ya las sencillas palabras que Neruda escribe en una dedicatoria a Arreola.

 

Fue precisamente en Zapotlán donde coinciden ambos protagonistas de la literatura hispanoamericana. Neruda, quien ya llevaba casi dos años radicando en México como cónsul general de Chile, llega a Zapotlán el 16 de junio de 1942 por la invitación del diputado César Martino para que escuchara recitar a Arreola. A Martino, por cierto, Neruda le dedica un soneto que ese mismo día escribe, impulsado por la amistad e inspirado por el ponche de granada y el cielo de Zapotlán rebosante de estrellas. Esa noche, el joven Arreola recita de memoria los poemas “Farewell” y el “Poema XX”, del chileno también universal, tras ofrecerle un discurso de bienvenida al poeta. Durante la velada literaria, Arreola le pide a Neruda que le dedique su libro Veinte poemas de amor y una canción desesperada, poemario en su quinta edición de 1938. El poeta escribe entonces: “A Juan José Arreola con fe en su destino”. El ahora benemérito jalisciense

tenía veintitrés años de edad, pero ya era un gran artista en ciernes que vislumbraba su sino. Y Neruda no se equivocó: esa fe que tuvo en la suerte de Arreola, este día se ve coronada con el esplendor de la gloria literaria (perdón por mi entusiasmo y la retórica).

 

Uno de los mayores privilegios que he tenido a lo largo de mis incursiones en la literatura —y puedo asegurar que de mi vida, sin ninguna pretensión de exagerar—, fue el haber conocido a Arreola y conversado con él cuando yo era aún niño. El impacto que produjeron en mí esos encuentros —valga puntualizarlo— ha sido determinante en mi carrera. Recuerdo que mi madre solía decirnos, cuando lo veíamos en su programa televisivo, Vida y voz, durante su participación en el canal 13, que ese señor era pariente de la familia, por parte de los Zúñigas. El padre de mi abuela materna, Daniel Zúñiga Chávez, era tío de Juan José Arreola; por lo tanto, mi abuela Soledad Zúñiga Álzaga y él, eran primos hermanos. Motivado por mi incipiente interés en la poesía y con el pretexto de esa lejana relación de parentesco, en mi caso, un día le llamé por teléfono y le expuse que era nieto de Soledad, su prima, y que deseaba mostrarle lo que yo escribía, con el fin de recibir algún comentario sobre los textos y recomendaciones en cuanto a lecturas debía realizar.

 

Sin embargo, ya antes de escuchar a mi madre referirse al parentesco con Arreola, yo tenía conocimiento del escritor a través de los libros de texto de primaria; hecho que despertó mucho más mi interés por conocerlo. Inolvidables son las dos prosas “El sapo” y “El elefante” que en nuestra infancia pudimos disfrutar en el libro de lecturas de sexto grado, las cuales forman parte de su Bestiario, así como sobre todo la impecable prosa poética que alude a la tierra natal y que todavía pervive en mi memoria palabra por palabra: “Si camino paso a paso hasta el recuerdo más hondo, caigo en la húmeda barranca de Toistona, bordeada de helechos y de musgo entrañable. Allí hay una flor blanca. La perfumada estrellita de San Juan que prendió con su alfiler de aroma el primer recuerdo de mi vida terrestre: una tarde de infancia en que salí por vez primera a conocer el campo. Campo de Zapotlán…”. De igual modo, de esos libros de texto destaca otra prosa contenida en La feria, y que alude precisamente a las festividades religiosas que cada octubre se conmemoran en Zapotlán. Por otra parte, mi hermano mayor Engelberto tenía en casa —y aún lo tiene— el libro de Lectura en voz alta, compilación de prosas seleccionadas por Arreola y publicado en la Editorial Porrúa. Mi hermana Lola —ahora mismo también me acuerdo—, quien por esos años estudiaba teatro en la Casa de la Cultura, una noche me llevó a uno de los salones en donde Arreola impartía una charla. Yo era el único niño que asistió esa vez entre adultos a escuchar, admirado, la expresión decantada de su discurso.

 

Decía entonces que desde la primera vez que me comuniqué con Arreola, ya tenía yo cierto conocimiento de quién era y había leído por lo menos los textos mencionados arriba. Siempre que hablaba por teléfono, me contestaba regularmente Claudia, su hija mayor, ya que era ella quien vivía con él por ese tiempo en la casa de Loma de Barro, la que es ahora Casa Taller Literario Juan José Arreola. A esa casa llegué un día, transportado en el vehículo de Lourdes, mi hermana mayor, con la timidez del niño que reconoce la superioridad del otro. Avergonzado, como si hubiera cometido yo un delito, le extendí a Arreola las páginas mecanografiadas de los textos que llamé canciones. Después de leerlos, benévola fue su respuesta: “para la edad que tienes, esto tiene sentido”, dijo, recomendándome después la lectura de poetas principalmente del modernismo, como Rubén Darío, Ramón López Velarde, entre varios otros. Ese primer día que lo conocí en persona, una tarde de enero de 1983, antes de despedirme de él, fue

Al estante donde tenía sus libros y me regaló uno suyo. Era el de Lectura en voz alta, que todavía conservo. En la dedicatoria escribió: “A Julio César, ese regalo de año nuevo. De su tío abuelo Juan José Arreola”.

 

Poco tiempo después volví a verlo, cuando era director de la Casa de la Cultura de Zapotlán. Ese mismo día tuvo la visita del poeta Germán List Arzubide, a quien tuve la oportunidad de conocerlo en esa ocasión. De la conversación que ese mediodía sostuvieron ambos, escuché que hablaban de Juana de Ibarbourou y de Alfonso Reyes, entre otros asuntos. Yo llevaba conmigo el Confabulario personal en la edición de Bruguera y de Joaquín Mortiz Varia invención. En este último, dedicándomelo, Arreola anotó: “A Julio César, para que prosiga en su afán de formarse y escribir. Juan José Arreola, primo hermano de Soledad Zúñiga Álzaga”. En la dedicatoria del Confabulario simplemente expresó: “A Julio César Aguilar con fe en su destino”, y al final de la página una nota en la que se lee: “Estas palabras me las puso en una dedicatoria Pablo Neruda cuando estuvo en Zapotlán, hoy la he copiado para ti, jueves 21 de agosto de 1986”. Y este 21 de septiembre de 2015, yo celebro desde College Station, Texas, el talento y la grandeza de Juan José Arreola, y envío el más cálido abrazo a Claudia, Orso y Fuensanta, testigos de lo que oyó su padre, aunque fuera un solo instante, “a través de la zarza ardiente”.

 

La memoria de Arreola no conocía límites. Después de varios años de no haber conversado con

él, una tarde lo visité en su departamento de Guadalajara. Por esa época era yo estudiante de la carrera de Medicina, en la Universidad de Guadalajara, y él residía en la colonia Providencia. Cuando me abrió la puerta, dijo: “Tú eres Julio César Aguilar Zepeda”, y me sorprendió que aún recordara mi nombre completo. Acababa yo de publicar Rescoldos, poemario que en esa ocasión le regalé. Ya dentro de su departamento, sentados a la mesa, se refirió al hermano de mi abuela, Agustín Zúñiga, quien por ese entonces se encontraba enfermo y en reposo en su casa de Zapotlán. Ese mismo día me dijo que mi rostro le recordaba al de Marcel Proust, ya que según él me parecía mucho al autor de En busca del tiempo perdido; enseguida de eso fue a su recámara y trajo una reproducción de una imagen de Proust para mostrármela.

Recuerdo ahora que después de haber visto un día la participación de Arreola en el programa de televisión de Ricardo Rocha, Para gente grande, en los años ochenta y siendo yo adolescente, le escribí y mandé al escritor una carta a su domicilio en ese entonces de la Ciudad de México. Era por Río Guadalquivir, muy bien me acuerdo. Lo que no recuerdo con exactitud es qué era lo que le decía en esa carta; tal vez le expresaba, seguramente, mi sincera admiración al haberlo visto en el programa de Rocha, el cual estaba dedicado por entero a su persona. Pasados los años, en julio de 1998, en el número 7 de la revista Orfeo, misma que yo dirigía, publiqué la siguiente “Carta abierta a Juan José Arreola”:

Sobre mi mesa de trabajo tengo los libros de tu autoría, maestro. Abro al azar el rojo ejemplar de La feria y me sorprende el hallazgo feliz de tu prosa que siendo niño memoricé: Si camino paso a paso hasta el recuerdo más hondo, me veo subiendo a tu cabaña en busca de la lección. Una tarde de infancia fui testigo de tu arrebato por la palabra, de tu boca escuché los primeros comentarios a mis antiguas primicias y supe del valor que para mí tendría la literatura. En tu biblioteca conocí los grandes tomos en lengua francesa y las miniaturas de metal quizás herencia de tu tío Daniel Zúñiga colocadas exactamente en su sitio. En esa primera ocasión que fui recibido en tu casa, me regalaste el libro de Lectura en voz alta para que aprendiera a descifrar, al ritmo de mis deseos, el lenguaje de la literatura en su idioma universal; me hablaste, con tu conocida pasión, de los poetas que habría de leer: Bécquer, Darío, Mistral, López Velarde… Me enseñaste a saborear la poesía igual que como se nutre el hombre con el pan dispensable. Allí, desde Loma de Barro, tu laguna soñada se prendió a mi recuerdo como un alfiler de esperanza y alegría. El campo de Zapotlán y el Nevado de Jalisco aparecen y se pierden para volver a mi memoria en este día.

Regreso la mirada a tus libros y el entusiasmo se acrecienta al releer (no sé por cuántas ocasiones) la dedicatoria ya aprendida que me obsequiaste en Varia invención: “A Julio César, éste que un día fue mi primer libro, para que prosiga en su afán de formarse y escribir”, y estas palabras escritas para mi adolescencia, maestro, han guiado y fortalecido, ciertamente, mi interés por el universo literario.

Maestro Juan José, tú, el más fino de los artesanos del lenguaje, el artista más apasionado, el célebre memorista, el editor impecable, el improvisador de la palabra exacta, escucha en estas líneas mi agradecimiento en donde nuevamente te saludo como en la vez primera dando testimonio de mi admiración hacia tu obra que es tu vida.

En este momento recuerdo las palabras que Pablo Neruda te puso en una dedicatoria cuando estuvo en Zapotlán, porque esas simples pero alentadoras palabras, “Con fe en su destino”, tú las copiaste para mí en tu Confabulario personal, en 1986. Pero, por qué te platico todas estas cosas, si de seguro tú las recuerdas, pues prodigiosa es la memoria que te habita; acaso es a mí mismo a quien deseo recordárselas removiendo el agua del olvido para no traicionar mi gratitud. Trato, en fin, de arar la tierra que es tu tierra, porque yo, señor, también soy un hombre de Zapotlán.

 

Escuchar a Juan José Arreola hablar, era en verdad asistir a una fiesta del lenguaje. Puedo afirmar categóricamente que mi amor a la literatura nació tras conocer a Arreola, más que todo al oírlo disertar sobre temas artísticos, literarios, poéticos, en sus largos monólogos en los que se manifestaban su devoción por el idioma y sus hondas aspiraciones de poeta, encendiendo con su verbo enfebrecido la poesía, como una noble actitud para así reivindicarla y seguir él mismo amándola. En el texto “De memoria y olvido”, que bien funciona como prólogo de Confabulario, Arreola aclara: “No he tenido tiempo de ejercer la literatura. Pero he dedicado todas las horas posibles para amarla. Amo el lenguaje por sobre todas las cosas y venero a los que mediante la palabra han manifestado el espíritu, desde Isaías a Franz Kafka”. Ese amor suyo a la literatura es de sobra evidente. Muchas fueron las ocasiones, como ya lo expresé anteriormente, en las que presencié su fascinación por la palabra bien dicha, por el discurso reflexivo en el que la magia verbal emergía de su voz con espontaneidad en sus intervenciones tanto públicas en instituciones culturales o en televisión así como en conversaciones privadas.

Haber conocido a Arreola y tenerlo como el primer maestro que me acercó a la literatura en la infancia, tras haber leído mis primeros textos, ha sido un gran acontecimiento en mi vida. El más importante, sin duda, en el ámbito de mi carrera literaria. Arreola, primo de mi abuela, Soledad Zúñiga a quien tanto quise y aún recuerdo con ese amor de niño, y sobrino de mi bisabuelo, Daniel Zúñiga, está siendo celebrado ahora, hoy, por sus lectores, por los estudiosos de su obra, por sus amigos y familiares, por sus discípulos, por su pueblo, Zapotlán, que lo vio nacer un 18 de septiembre de 1918. Todos lo recordamos ahora, y nuestra memoria se vuelca a su memoria. Celebramos por eso, felices, la vida y obra de nuestro Juan José Arreola, un hombre que hizo gala de la lengua española a través de su palabra que emanaba siempre, prístina, desde el prodigioso raudal de su memoria.

Publicado en Estancia del escriba

 

 

Mátenlas a todas. No dejen ni una viva.

Adán Echeverría.

 

 

El tiempo de la sangre ha llegado. El tiempo de acabar con todo. Armagedón es el nombre de cada una de nosotras, hartas ya de vivir bajo el puño de la violencia. La puta de Babilonia guarda silencio, espantada, vilipendiada, macerada en su espíritu aterrado. Lilith vuela de nuevo, tiene sed de venganza, sus gritos son la tocata en fuga que nos levanta del camastro, rompe nuestras cadenas, nos abre la celda, nos quita el grillete, nos arranca las costras del dolor y el miedo. Cada escoba es el arma, el símbolo que como insulto nos han lanzado, ahora será herramienta para defendernos. Cada tacón puntiagudo será afilado para usarse en la cacería, en la persecución. Cada brassier será mordaza, de cuerda para maniatar, de horca para la justicia. Las mujeres sabemos usarlo todo. Nos hemos preparado. Por más cinco siglos hemos sabido parir en silencio, y prepararnos en la sangre y el fluido, tuvimos que aprender a llorar en silencio, a educarnos a escondidas, a morir en silencio y ahora tuvimos que aprender a encendernos. Estamos Hartas. Esto es el Hartazgo. Hemos sabido lamernos las heridas, y las heridas de los nuestros, de todo a nuestro alrededor, de todo aquello que alguna vez quisimos y de lo que todavía queremos.

Nos violan en la infancia, en la primera infancia, en el vientre. ¿Qué de erótico tenemos cuando somos bebas y olemos a caca, mocos y leche materna? ¿Qué de erótico tiene nuestro cuerpo, la cortada, la enorme raja que les alienta a penetrarnos así, cuando somos indefensa? Podemos crecer indefensas, pretenden que crezcamos indefensas, nos obligan a crecer indefensas, quieren que crezcamos domesticadas, inofensivas. Nuestra raja primero, nuestra sangre luego, nuestro ano, nuestra boca. Acaso nuestros huecos no sirven más que para ser hurgados noche y día, vida y muerte, dolor y quemadura. Acaso no existe la piedad para nosotras. Los huecos que tenemos, lo huecos que parecemos. ¿Somos hueco sin memoria?

Hemos aprendido a amarnos entre nosotras, a querernos sucias, a querernos agresivas, a querernos musculosas, a reconstruir nuestro cuerpo, grasa músculo, grasa músculo, nada débil, ni nuestra risa, ni nuestra voz, nada que les haga creer que somos la debilidad encarnada, nada que les haga creer que no regresaremos el golpe, aprendimos a armarnos entre nosotras. Juntas somos un arma de destrucción, si es necesario.

Queremos que los huecos de ellos también se llenaran de dedos, que escurrieran sangre, se llenaran de vergas, de palos y bates, de todo lo que sea posible introducir en ellos. ¿Acaso piensan en lo que siente una niña de 0 años, una niña de 1, 2, 3, 4... 14 años cuando meten sus dedos, meten sus manos, meten palos, botellas, cuando muerden su nuca, cuando azotan su puño contra los pequeños huesos que aún no terminan de desarrollarse?

¿Y quién nos cuida? No lo hacen los adultos de la casa, no lo hacen los adultos de la escuela, no lo hace los adultos de la fiscalía, menos los perros policías, los lobos policías, los monstros policías, los sarna-policía, porque nos violan en la calle, en el carro patrulla, nos secuestran, nos entregan a los secuestradores, nos dejan tiradas en los moteles, nos regentean, sabedores de la impunidad nos lanzan al desagüe, nos lanzan a la basura, en la brecha, en el monte, para que nuestros cadáveres sean descarnados por las bestias y las aves de rapiña.

Los recuerdos de la mujer que ha sido violada permanecerán toda la vida en su memoria, en el olor de su cuerpo, al cerrar los ojos, presas siempre del insomnio y del terror, siempre perseguidas por el cuerpo de los violadores, mientras que a estos malditos apenas 15 años como máximo para que sean sustraídos de la sociedad. Los liberan y vuelven por nosotras, al tomar el autobús, al ir a la escuela, al bajar del metro, al caminar por las calles iluminadas, al andar en grupos Los violadores, los depredadores sexuales presumiendo que se cogieron a cuánta niña pudieron; ahí, usando el músculo para doblegar maricas, sacándose la reata para hacer que otro hombre de barba crecida y rasposa se la meta en la boca, y les haga terminar.

El tema para los hombres tiene que ser siempre llenarlo todo de semen, en el semen se les escapa la vida, como sus máximas victorias, en la expulsión del semen se basa toda su creatividad, en ello se basa todo deseo de permanencia, toda su maldad apenas alcanza para lastimar mujeres y niñas y ancianas. Creen que el semen que lanzan sobre la mujer, sobre la anciana, sobre la esposa, la novia, la amante, la hija, la ahijada, la prima, o cualquier maricón sobre el que quieran correrse, es la marca de su hombría: Me he cogido a tantas, ¿y tú?

Basta; devolveremos el golpe, devolveremos la punzada, devolveremos las penetraciones, los empalaremos si es necesario, por las calles, para que todos los vean, en tu casa, en tu familia, mataremos, arrancaremos penes, morderemos brazos, lanzaremos granadas sobre todos aquellos que intenten violar a una mujer,

apretaremos cuellos, los envenenaremos por abusar de un niño o niña, lastimar a una anciana, robar, secuestrar a una jovencita.

Este es el reto y el punto final, la línea que nos debes cruzar, esta es la claridad del pensamiento. No habrá camino de regreso, no importa la cárcel, nada importa ya, quemaremos edificios públicos; estamos hartas y quemaremos las oficinas que guardan violadores, iglesias que someten pensamientos, diputaciones que se asocian con los pornógrafos y los giros negros; es la hora de la sangre, se acabó el lagrimar en silencio aguantando el dolor.

Tengan miedo, cuiden a sus hijos varones, cuidan cada cosa que digan, cada cosa que escriban, somos marabunta, somos jauría, somos cardumen, piara, manada, somos la muerte que se cierne sobre las ciudades en busca de los penes colgantes. Claro que buscamos venganza, claro que ya no queremos el diálogo, ¡estamos hartas, no lo entienden! Claro que todo ha terminado ya, se acabaron las reuniones, la niña de Azcapotzalco fue la última mujer violada sin una respuesta violenta, por cada mujer habrá hombres muertos; empecemos por los propios, los cercanos.

Aléjense, reconstrúyanse o aténganse a las consecuencias de sus propios actos, de sus decisiones. No hay hombres inocentes, no hay penes inocentes, no hay miradas de varones que sean inocentes. Muerte al varón, seremos íncubo, seremos bruja, seremos hoguera que lo incendie todo.

Publicado en La pluma sobre el ojo

Educación y modernidad: una perspectiva de la enseñanza

Jesús Arturo Bracamonte Terán

 

 

Introducción

No quisiera comenzar este ensayo partiendo de los aspectos negativos que existen actualmente en la educación, pero creo que son ideas fundamentales para entender lo difícil de lograr un cambio significativo. Partiendo del supuesto de que el sistema educativo actual no genera los frutos esperados, surge la pregunta: ¿de quién será la culpa? La respuesta de muchos será: el maestro, pero son el profesor y el alumno los elementos esenciales del sistema educativo y claro, creemos que si el alumno no comprende los contenidos de la asignatura es culpa del maestro.

Y surgen comentarios como “de seguro no enseña bien” o “no tiene vocación”; mi intención no es desacreditar ninguno de estos comentarios ni restarle importancia al papel del docente, sino todo lo contrario. El maestro es un elemento fundamental para el desarrollo de los aprendizajes de los alumnos, pero no creo que sea la razón principal por la que no se esté logrando el cambio que queremos en la educación.

No podemos cambiar la normatividad ni la forma en la que la sociedad ve al maestro, aunque considero que son los motivos centrales del por qué es tan difícil la innovación educativa. En este trabajo pretendo hacer una reflexión de nuestra práctica docente, del por qué estamos enseñando mal la física (o cualquier otra asignatura), de los bajos niveles de cultura científica que existen en nuestro país, y de cómo podemos —nosotros los profesores— aportar nuestro granito de arena para la mejora continua en la educación.

Porque creo, al igual que muchos profesionales de la ciencia (incluidos maestros), que “Un pueblo educado es más justo más honesto más responsable y menos vulnerable” (Santaolalla, 2018).

 

 

Desarrollo

 

Siendo los maestros un elemento clave en la educación no podemos iniciar el ensayo sin hablar de ellos. Los maestros son acompañantes que nos guían en el camino del conocimiento y a través de sus enseñanzas nos permiten lograr el aprendizaje. A lo largo de mi vida académica y profesional he tenido la oportunidad de conocer a maestros excelentes, de los que te motivan, alimentan tu curiosidad y las ganas por aprender más, de acumular conocimiento.

En particular recuerdo a dos profesores que marcaron significativamente mis estudios, por ser irreverentes, rebeldes y obviamente por su forma de enseñar y de entender el mundo. Así como me ocurrió a mí, también les sucedió a muchos otros estudiantes a lo largo de su transitar académico. Solo por mencionar a algunos tenemos a Albert Camus quien tras ganar el Premio Nobel de Literatura en 1957 escribió una carta agradeciendo a su profesor de colegio: “Sin usted, la mano afectuosa que tendió al pobre niñito que era yo, sin su enseñanza y ejemplo, no hubiese sucedido nada de esto” (Camus, 1994)

Para entender la influencia de los maestros sobre los alumnos tenemos que remontarnos a la antigua Grecia, con Tales de Mileto precursor del pensamiento científico y filosófico; fue discípulo de Anaximandro y tuvo como alumno al mismísimo Pitágoras fundador de la escuela pitagórica. Sócrates fue maestro de Platón y éste a su vez, maestro de Aristóteles quien tuvo como pupilo a Alejandro Magno (Santaolalla, 2016).

Dentro del ámbito científico también existe una clara influencia de los profesores hacia los alumnos, tomemos como ejemplo a Michael Faraday, un físico ingles que con sus contribuciones

sentó las bases de lo que hoy conocemos como electromagnetismo. Sin embargo, comenzó sus estudios a raíz de las conferencias de Humphry Davy (quien en realidad no era un científico brillante, sino buen comunicador) impartidas en la Royal Society (Forbes, N., & Mahon, 2014).

La historia de la humanidad es la historia del aprendizaje y el conocimiento, de la relación que existe entre el alumno y el maestro, pero particularmente de la transmisión de sus saberes. En palabras de Henry Adams “Un maestro afecta la eternidad, él nunca sabe dónde termina su influencia” por lo tanto, un buen profesor es la clave en el éxito posterior de los estudiantes brillantes.

Es evidente que no solo el profesor es responsable del aprendizaje, también lo es el alumno, el cual tienen una visión muy distinta de lo que significa ser un buen maestro. Si visitáramos un salón de clases para preguntar a los alumnos ¿Cómo te gustaría que fuera tu profesor? Obtendríamos respuestas muy distintas. Para algunos sería importante que su profesor explicara bien, a otros les gustaría que fuera más accesible, que resolviera las dudas de la clase, pero creo que muchos preferirían que no dejara tarea.

Esa última frase engloba muchos de los prejuicios que tiene la sociedad acerca de los maestro, ya que tanto los alumnos como los padres de familia determinan qué tan bueno es un maestro dependiendo de la cantidad de tarea que deja. Para los alumnos, el profesor que no deja tarea es bueno, es considerado y hasta “buena onda”. Para los padres ocurre lo contrario, si un maestro no deja tarea es flojo, o “barco”.

Estas ideas contrastantes reflejan la falta de visión y entendimiento de la función del maestro en la escuela. ¿El dejar tarea es sinónimo de ser buen maestro? Pero que no sea demasiada porque entonces nos volvemos exigentes y poco empáticos con las necesidades de nuestros alumnos fuera del salón de clases. Estas creencias equivocadas solo pueden ser producto del desprestigio de la labor docente en los últimos años, sumado al uso indiscriminado de la palabra educar.

Educar significa dirigir o encaminar a una persona hacia el desarrollo de sus facultades intelectuales y afectivas; los profesores no son los encargados de educar a los alumnos, no están capacitados para eso, sino para instruir a los estudiantes en los contenidos acerca de las distintas asignaturas que están en los programas de estudios. Por tanto las escuelas no pueden sustituir lo que es responsabilidad de las familias (Saramago, 2013). Sin embargo existe la creencia equivocada de que el profesor debe instruir y educar a los alumnos dentro de la jornada escolar.

La imagen del maestro ha ido deteriorándose, ya no existe admiración por su labor, como hace un par de décadas se tenía, se menosprecia su trabajo dentro y fuera del aula: la búsqueda de nuevos materiales, la elaboración de las actividades para la clase, la revisión y corrección de los trabajos y tareas. Y eso se nota en sus salarios, en sus prestaciones, se les acusa de trabajar pocas horas y ganar lo mismo de quien trabaja ocho horas. Sin considerar que los maestros tienen que estar frente a más de 15 niños o jóvenes, y lo cansado para la mente que eso es. Además de lo difícil que es lograr, que todos los alumnos muestren interés sobre los contenidos de la asignatura que se decidió son importantes de enseñar (Ravela, P., Picaroni, B., & Loureiro, 2017).

Nadie dijo que enseñar fuera fácil pero no tiene que ser una tortura. El exceso de carga normativa que se le exige actualmente al profesor, es una de las principales causas por las que la profesión se ha vuelto insufrible. Además de la descalificación de todos los días en los medios de comunicación. No pretendo cambiar la normatividad ni extenderme en el tema de las evaluaciones, las cuales creo al igual que mis colegas docentes, son una carga extra para los profesores, pero es evidente que estas cuestiones afectan directamente en cómo los profesores imparten sus clases.

Deberíamos pensar en un nuevo modelo educativo ya que no podemos seguir utilizando un modelo “viejo” o “tradicional” que te prepara para una realidad laboral que ya no existe. Hay una amplia área de oportunidad con las plataformas interactivas de streaming en la que se puede trabajar y “monetizar” tu talento. Además de todas las herramientas disponibles en “línea”, tema interesante que bien podría profundizarse en otro trabajo.

En lo que si quiero enfocarme es en los contenidos que se enseñan, la forma y el contexto en el que se hace. Los contenidos en ciencias, principalmente en física son contenidos viejos, nos hablan de una ciencia antigua en la que ya no existe nada más por descubrir. Me queda claro que cada profesor puede incorporar temas de interés actual, los maestros pueden hacer la planeación de las clases acerca de acontecimientos importantes, como la publicación de la primera fotografía de un agujero negro.

Por otra parte considero que la forma en que se enseña actualmente estas y otras asignaturas, como la biología o la química afectan directamente a los pocos alumnos que tienen interés en estas ciencias, y más aún a los estudiantes que no lo tienen. Muchas veces el profesor llega a la clase a plantearte como resolver un problema que ni siquiera conoces, que no te lo habías planteado y peor aún: que no te interesa. La forma en la que se da la clase no es nada parecido a la vida real.

En lo que se refiere al contexto me parece que los problemas están totalmente desconectados de la vida diaria del alumno, son problemas abstractos que no tienen ningún valor práctico, por lo tanto deberíamos estar desarrollando nuevas formas de enseñar las ciencias en donde sean más prácticas y apegadas a la vida real. ¿Por qué no enseñamos a los alumnos a qué se dedica un físico? o ¿por qué los obligamos a memorizar conceptos y resolver problemas de manera individual y además sin el uso de calculadora?

Me parece negligente de nuestra parte enseñarles (u obligarlos) a trabajar de esa manera si en la vida real no es así. Porque, seamos honestos, en ningún trabajo nos prohíben el uso de las calculadoras o el uso de herramientas como el internet para resolver los problemas que se nos presentan durante el horario de trabajo. En el caso de los físicos teóricos que investigan las formas de resolver ecuaciones se les permite buscar en libros, artículos e inclusive consultar con otros colegas, ¿Por qué a los alumnos no?

Considero que, si de verdad nos interesa formar a los alumnos para la sociedad, es nuestro deber enseñar a cómo consultar e identificar información correcta, porque ya no es necesaria la memorización si tenemos acceso rápido a todos los saberes mediante el uso del internet —a menos que no tengamos acceso a internet. Me parece que una propuesta sensata seria utilizar estas herramientas para promover el interés hacia las ciencias (y otras asignaturas), y aprovechar el auge que han tenido las plataformas de streaming en los últimos años, como un buen primer paso para mejorar nuestra práctica docente.

 

 

Conclusión

Romper con los prejuicios y los malos hábitos en la profesión no es tarea sencilla; requiere de análisis profundo y una reflexión sincera de nosotros mismos como maestros. Recientemente escuché la frase: “Sé el profe que siempre quisiste tener”, si bien, es una cuestión muy personal que puede variar enormemente según la personalidad de cada docente, creo que es algo que se puede lograr.

Es evidente que no podemos enseñar a nuestros alumnos de la misma forma en la que nuestros profesores nos enseñaron. Pero tomemos las cosas buenas para adaptarlas a nuestras clases, por ejemplo, la forma en la que captaban nuestra atención, o la manera en la que explicaban como resolver algún problema o ejercicio.

Muchas de las escuelas en las que trabajamos no han cambiado respecto a la infraestructura o en el ámbito tecnológico (¡aún seguimos utilizando el pizarrón con gis!) considero que la forma en la que los estudiantes aprenden hoy en día, es muy distinta a como nosotros lo hacíamos antes, por lo que debemos adaptarnos. Utilizar las redes sociales y las plataformas interactivas para atraer la atención de nuestros alumnos, ya que la mayoría posee un teléfono inteligente conectado a internet en el cual pasa la mayor parte de su tiempo, ¿Por qué no enviar contenido de nuestras clases a través de estos dispositivos?

Recientemente han surgido canales como Date un Vlog, Quantum Fracture o C de Ciencia cuyo contenido me parece interesante y apropiado para explicar de manera creativa algunos conceptos abstractos ¿Por qué no utilizar estos recursos que ya existen para nuestras aulas? O mejor aún ¿Por qué no crear nuestro propio contenido?

Esto no significa que nuestras planeaciones deban estar enfocadas en la proyección de videos, ya que de nada va a servir el interés que generen estos contenidos en los alumnos si no se explotan debidamente por el maestro.

¿Cómo serán las clases dentro de 20 o 30 años? Probablemente iguales que ahora y eso me entristece.

 

Literatura citada

Camus, A. (1994). El primer hombre.

Forbes, N., & Mahon, B. (2014). Faraday, Maxwell, and the electromagnetic field: how two men revolutionized physics.

Ravela, P., Picaroni, B., & Loureiro, G. (2017). ¿Cómo mejorar la evaluación en el aula. Reflexiones y propuestas de trabajo para docentes.

Santaolalla, J. (2018). Youtubers por la EDUCACIÓN PÚBLICA. recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=zRCEXwTuTro

Santaolalla, J. (2016). El bosón de Higgs no te va a hacer la cama: la física como nunca te la han contado.

Saramago, J. (2013). Democracia e universidad

 

 

De antologías y libros colectivos.

Dr. Adán W. Echeverría-García.

 

¿Cuál es esta necesidad, este impulso, este deseo, de aparecer publicado en algún libro colectivo? ¿Acaso nos ha hecho mal aquel adagio popular de: ‘para decir que has vivido tienes que haber tenido un hijo, plantado un árbol y escrito un libro’? ¿Qué nos alienta a publicar libros sin ton ni son, en verdad la promoción de la literatura, la cultura, guardar en papel la memoria de los otros, o tal vez, y únicamente, el dinero?

Yo en verdad espero que no sea el dinero lo que alienta a ciertos editores. Y lo digo porque desde la edición independiente, editar y publicar libros no es gran negocio, no te harás rico con ello. En muchas ocasiones algunos escritores-editores, aprovechan el apoyo económico de quienes pagan por publicar un poema o un cuento, para lograr ellos mismos publicar su propia obra. También se encuentran aquellos autores que son al mismo tiempo promotores culturales que organizan Encuentros de Escritores, en los que cobran por la participación de autores de todo el país, o de autores extranjeros radicados en México, para nombrar su Encuentro como “internacional” con la intención de dar realce a sus eventos.

El autor paga para poder asistir al Encuentro, y la cuota que pagó le asegura salir publicado en uno de esos libros colectivos. Lo triste es el desnivel de la obra que aparece publicada en esos libros, que las más de las veces va de bajo a medio en cuanto a su contenido estético, en lo que al arte literario se refiere.

Muchos alumnos del Taller Literario me preguntan ¿si es correcto participar en dichos Encuentros por los que pagan su cuota, y si aquellos libros colectivos, valen la pena? La respuesta que les doy siempre es la misma: Dependerá del objetivo que persigues como Escritor. La búsqueda que cada autor tenga para el desarrollo del oficio de escritor. Si lo que quieres es que tus textos sean leídos, o sólo que sean publicados. ¿Quiénes son los lectores de esos libros colectivos? En ocasiones, ni siquiera los mismos participantes de aquellos libros leen los textos de todos los participantes con los que comparten páginas. ¿Entonces cuál será el logro como autor?

Y esto ocurre porque las más de las veces, los promotores culturales-escritores-editores y hasta antólogos de dichas obras publicadas ni siquiera juzgan las obras, no las revisan, y mucho menos las corrigen antes de publicarlas. Eso requiere oficio, lecturas, escoger entre lo bueno y lo malo. Y o no quieren ser quienes juzguen, o simplemente no quieren dejar fuera a nadie porque eso ocasionaría merma económica en el negocio.

Aun así, hay autores que aprovechan para publicar las obras que han trabajado en el Taller Literario, y quieren participar leyendo sus textos en los Encuentros, conocer a otros autores, convivir con ellos, y darse la oportunidad de visitar nuevos lugares. Y eso me parece correcto.

Porque antes de los promotores culturales-escritores-editores lo real es que cada autor que participa de esos libros colectivos es el verdadero responsable de las obras que presenta para asistir a esos Encuentros, y aparecer en dichos libros.

Autores que asisten a uno o dos talleres, que en cada taller tiene la disciplina de corregir sus trabajos, de presentar textos en cada sesión, y de ir leyendo nuevos materiales de autores reconocidos que le permitan mejorar cada día más.

Pero pensar que todos los autores que participan en dichos Encuentros (a los que asisten no por selección sino por pagar la cuota que les piden, además de pagar sus boletos de avión, o irse manejando en carretera, pagar su hospedaje en cualquier ciudad de la República mexicana, asumiendo siempre todos los gastos necesarios), pensar que todos los que asisten tienen esa constancia y disciplina, es ser en verdad cándido en el pensamiento, todo un romántico de la literatura.

¿Qué es lo que quieres como autor? ¿Cuál es tu objetivo en la literatura, cuál es tu búsqueda? La comunicación del pensamiento siempre será lo principal en el uso del lenguaje, pero el artista tiene la obligación —además— de buscar hacer del lenguaje y de la palabra, la herramienta necesaria para la expresión artística, y esto deviene en buscar siempre la estética, el decir las cosas de la mejor forma, el siempre preguntarse: ¿es lo mejor que lo puedo decir? Revisar, leer, trabajar, tallerear sus propios textos antes de presentarlos a cualquier Encuentro, a cualquier antología, a cualquier revista, y a cualquier libro colectivo.

Cada quién tendrá que asumir esa responsabilidad.

Publicado en La pluma sobre el ojo

 

 

Tan sólo un verso de los poetas mexicanos. Parte 2.

Adán Echeverría.

 

 

Para seguir registrando algunos de los versos de los poetas mexicanos nacidos entre 1960 y 1989, y que fueron considerados en el Mapa Poético de México publicado en el año 2008, me animo a presentarles un verso de poetas de la Ciudad de México. Los versos que acá les presento pertenecen a poemas que fueron incluidos en dicha compilación.

Ciudad de México. Zaría Abreu Flores: “en el bravo río de tu saliva nadan trasatlánticos de acero”. Flor Aguilera García: “En este libro de las horas dibujo yo mi jardín de delicias”. Gustavo Alatorre: “Era suya la violencia de las rosas”. Alejandro Alonso: “En las formas del fuego revive la mirada de la bestia”. Odette Alonso Yodú: “Tengo un extraño miedo de que nada me salve”. Luigi Amara: “Hay puertas que son una extensión de la pared”. José Enrique Argoytia Miranda: “Voy por mis catacumbas preguntando por ti”. Cuauhtémoc Arista: “Muchas niñas se pierden en el mismo lugar donde despiertan”. César Arístides: “El gesto de mi padre se hunde en los escombros”. Luis Armenta Malpica: “Y vuelvo a ser un árbol: el punto de donde parte el sueño a las alturas”. Adriana Arrieta Munguía: “Vagamos sin brújula entre lo que nombramos compasión y mentira”. Gabriela Balderas: “Un colibrí derrama polen sobre mis ojos”. Manuel Becerra Salazar: “Me destruí en sus caderas con esa enfermedad tan parecida al tango”. Ricardo Bernal: “Si cierro los ojos soy un punto en el centro exacto del mapa”. Raúl Blanqueto: “Qué sucederá cuando la libélula se confunda con el diablo”. Mónica Braun: “Virgen de catorce años, fiera insomne”. Alí Calderón: “Mi muchacha es el verano”. Laura Calderón: “Imposible dejar de mirarte cuando la noche es sol y no se puede callar a la sirena”. Sirac Calvo Mejía: “La lluvia hace una herida y deja la cicatriz donde surgen los árboles”. Rodrigo Cano Márquez: “Trágate mi corazón abórtalo cuantas veces quieras”. Guiomar Cantú: “Las mujeres mestizas cantan y llenan sus cántaros de agua ordeñan a sus hombres en la madrugada”. Jade Castellanos: “Decir adiós sin conocerte todavía, cuando tan sólo comenzaba a imaginarte mío”. Diana Castilleja: “Abren una por una, miran su pulpa, sus formas, sus hendiduras, reconociendo otros sitios humanamente femeninos”. Silvia Eugenia Castillero: “amar para encerrarnos entre paredes de madera a escuchar una voz añeja”. Rodrigo Castillo: “Ahí donde hiede la misericordia está cristo”. Tonatiúh Catalá: “Las palabras se preñan de árboles”. Ibet Cázares: “En ti comienzo y vuelvo a ti multiplicada”. Rocío Cerón: “Nada quedará cuando el invierno haya vuelto”. Abraham Chinchillas: “Hasta que la misericordia me alcance en un aplauso”. Andrés Cisneros de la Cruz: “Para escribir sobre ángeles hace falta curtirse la espalda”. Jennifer Clement: “Afuera el color azul cuervo de la lluvia nocturna”. Dalí Corona: “Éste es un amor de calle solitaria”. Fernando Corona: “Hoy quiero vivir, vivir y ser un viaje”. María Cruz: “Es amargo el sabor de esta noche que cruza mi pecho con su tormenta de ceniza”. Manuel Cuautle: “Pequeño qué hijo de puta te enseñó a prostituir tu infancia”. Marcos Davison: “La voz hecha de roca se hunde en el silencio como en agua quieta”. Lucía de Luna: “Y yo miro llorar al cielo y no lloro”. Gerardo Escalante Mendoza: “Cierra los ojos y duerme en las manos del enemigo”. Rose Mary Espinosa: “Tengo la vergüenza de quien se desnuda y la tristeza de quien pierde una contienda porque nunca quiso competir”. Mariano Fernández: “Ahora el beso es luz y navaja”. Jorge Fernández Granados: “Aquel verano donde rompimos los frascos delicados de la infancia”. Malva Flores: “Todo es perfecto si lo miras de golpe”.

Y perfectos son los poemas cuando están bien construidos, cuando el oído nos permite atraparlos de forma inmediata y guardarlos en nuestra memoria. Espero que algunos de los versos acá presentados sean impulso para que te acerques a los poetas mexicanos, a estos y otros autores, que descubras el mundo que los poetas nos presentan.

¿Qué te han parecido? No dejes de recordar siempre, que todo texto literario debe contener al menos tres principios básicos: imagen, ritmo y sentido. Espero que estos versos, te inviten a conocer a los autores de la poesía mexicana.

 

@Adanhombreave

Publicado en La pluma sobre el ojo
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