Miércoles, 25 Noviembre 2020 04:55

EDUCACIÓN Y PANDEMIA Dra. Rocío García Rey

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EDUCACIÓN Y PANDEMIA

Dra. Rocío García Rey

 

 

Nadie duda que la pandemia ha representado una verdadera revolución en todos los sentidos. Pero esa revolución ha mermado, bien lo sabemos la economía de muchas en el mundo: pérdida de empleo, baja de salarios o de ingresos si se trabaja de manera independiente, es lo que forma parte de la cotidianidad. Como hemos dicho se trata de una revolución que nos pone a prueba cada día. El ámbito económico se precariza, pero ¿qué pasa con la educación? En la creencia absurda de que los más pequeños deben seguir aprendiendo se han instaurado o clases en línea o por televisión.

            La escuela en nuestro ámbito capitalista no enseña a pensar, enseña a reproducir ideas y a que los alumnos se asuman como generadores de citas y miles de referencias, pocas veces se les enseña a pensarse como propaladores de ideas propias. Hago un excurso para decir que esto lo he constatado más de una vez en mis clases de escritura, donde los alumnos se quedan impávidos ante la petición de tener que desarrollar un ensayo. Bajo dicho excurso, las clases en línea o por televisión terminan siendo una panacea para hacernos creer que los niños “no se atrasarán” como si no supiéramos que formamos parte de los últimos lugares, ante la OCDE, en comprensión lectora.

            Ante esta pandemia también me ha tocado ver disminuido mi ingreso, además de que he tenido que contratar una línea de internet, lo que aumenta mis gastos mensuales. Tienes internet, das clase. No tienes internet, no hay trabajo, parecen decir veladamente las instituciones educativas, eso en el caso de los profesores, pero los alumnos menos privilegiados han tenido que abandonar la escuela porque ni siquiera tienen computadora. Pero no crea el lector que este es un texto para postrarlo en el muro de las lamentaciones, simplemente enuncio mi percepción a propósito de lo vivido y experimentado en este tiempo.

            Durante las vacaciones escolares de verano tuve que salir al médico, cuando llegué a mi colonia quise comprar un café. En ese momento no me dolió gastar diez pesos. Al caminar al expendio cafetero vi un anuncio en una cartulina: “Se venden enchiladas con carne a $50.00, el vendedor era un señor de la tercera edad. Verlo me hizo pensar en otra matrioska de la pandemia: la gente mayor que se quedó sin empleo. No avancé muchos pasos y un señor aún mayor vendía mazapanes. Me dolió la escena y pensé que podía hacer desde mi humilde trinchera.

            He mencionado el tema de la educación y el de la precarización de mucha gente, entre ellos los adultos mayores. ¿Qué hacer? Como señala Alfonso Reyes en su excelente ensayo “Alfabeto pan y jabón” si fuera dable como un salero esparcir dinero y si esa fuera la solución, pero no la es. La situación económica y educativa son fruto podrido de un sistema que jamás se ha orientado a diseñar verdaderas políticas públicas para la vida con dignidad.

            Por lo anterior me ha quedado claro que son los colectivos, las cooperativas, el trabajo independiente el que puede contrarrestar lo yermo de nuestro país. ¿Y lo yermo de la educación? Resolví dar un taller de verano, en línea. Es cierto de nuevo quedaron afuera los niñ@s sin acceso a internet, pero ofrecer lecturas “diferentes a los niños”, mostrarles que además del inglés existen idiomas como el francés o el portugués, me hizo lanzar mi convocatoria.

            El taller fue totalmente gratuito. Mi objetivo fue dejar una semilla de lecturas que en este tiempo han quedado inhumadas y por ello mismo hacer que las niñas y yo exhumáramos textos de José Martí, Gabriela Mistral y la costarricense Carmen Lyra. Cada mañana hablábamos de un cuento y un tema nos llevaba a otro, como cuando terminamos hablando de las islas Galápagos. También hicimos trabajos manuales y aprendieron que una piedra pintada podía transformarse en un personaje. Escuchamos canciones en francés y el alumnito mayor, de 13 años, no se cansó hasta que le salió un tipo de recorte de muñecos.

            Mi alumnita más pequeña, Mía tiene tres años, seguido por Aarón, de cuatro años, quien no le gustaba mostrarse en pantalla. A veces hacían sus propios cuentos y los más pequeños también los realizaban a través de dibujos. Traté de infundirles el amor por el ritmo de los poemas. También reímos y supe que los niños merecen urgentemente una educación integral.

            Sabemos que desde hace años se ha habado de competencias, de educación transversal. Mi panorama, basado en las alumnas, que llegan a los talleres mencionados de escritura, muestran que no vivieron la experiencia de la transversalidad ni del aprendizaje significativo. Parece que Freinet, Montessori, Paulo Freire sólo existen como nombres que alguna vez fueron nombrados por obligación en una clase de pedagogía.

            Educación y pandemia sí. No ayudé a la gente mayor, como muchos me reprocharon: “¿Por qué no compró las enchiladas y luego las regaló’” ¿En qué nos ayuda a nosotros?, escribían en el Facebook, adultos mayores cuando conté la anécdota de los señores vendiendo.

            Porque creo que los niños merecen conocer mundos y reír a pesar de la pandemia, me atreví a dar el taller. No ayudé a los adultos mayores y por eso ofrezco una disculpa. Sólo viajé a la playa donde una niña regala sus zapaticos de rosa.

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Rocío García Rey

 Doctora en Letras por la UNAM. Es autora de los libros "La otra mujer zurda" , Mapa del cielo en ruinas y La Caverna.

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