Lunes, 27 Marzo 2017 04:11

Jean-Marc Desgent en Literalia, una joya y una piedra a la vez  / por Françoise Roy /

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Jean-Marc Desgent en Literalia, una joya y una piedra a la vez

 Françoise Roy

 

El destino mundano de los libros es algo misterioso, y uno, por mucha experiencia que tenga en el mundo de la lectura, nunca entiende bien a bien por qué algunas obras reciben más cobertura o se granjean más difusión que otras. Uno de los poemarios, publicado éste en México hace un par de año, que cae dentro de la categoría de los tesoros parcialmente ocultos, es el libro No calmes los dragones, del poeta quebequense Jean-Marc Desgent. Salió en 2015 bajo el sello editorial de Literalia editores, afincado en Guadalajara, Jalisco, en coedición con Éditions de la Grenouillère (Saint-Sauveur-des-Monts, Canadá), que fuera, dos años antes, la editorial donde se publicó su versión original al francés.

Si bien en la parte francoparlante de Canadá, Desgent es un autor conocido, galardonado con múltiples premios, y si bien tiene ya varios poemarios bilingues publicados por la UNAM y Mantis editores (que lanzó la carrera literaria del autor en México) entre otros, su más reciente poemario en traducción al español merece más lectores de los que tiene en la actualidad.

Desgent, nacido en 1951, además de poeta, es antropólogo, linguista y ensayista. La lista de premio que ha ganado el autor en el ámbito francófono es larga: 1994 y 2005 - Gran Premio del Festival internacional de la poesía de Trois-Rivières; 2000 - Premio Rina-Lasnier; 2002 - Premio Félix-Antoine-Savard; 2005 - Premio Gouverneur général - Premio Estuaire des Terrasses Saint-Sulpice; 2006 - Premio Jaime Sabines/Gatien Lapointe; 2010 - Premio Internacional de poesía Antonio-Viccaro (París); 2012 - Premio de la Bande à Mœbius: 2013 - Premio de excelencia - sección poesía - de la SODEP.

 

No calmes los dragones aparece en su traducción al español como un compendio de los recursos literarios del autor, cuyo manejo meticuloso hace de su trabajo poético una pieza única. Porque empuja el texto hasta sus límites rompiendo las normas del lenguaje y por su factura vanguardista, la poesía de Desgent, más aun en ese último poemario suyo publicado en versión castellana, merece varios calificativos: polisémica, original, perturbadora, experimental, profética, posmoderna, atrevida, violenta, totalizadora, irreverente con respecto a la gramática y en cuanto a su confección linguistica formal. Si los dragones son los demonios interiores del Hombre sumido en un mundo contemporáneo complejo y desesperanzador, atravesado por el deseo, los poemas de Desgent les rinden un homenaje mucho más que honroso. Piden un lector atento, exigente, un lector que no tenga remilgos en que unos versos rayanos con la extrañeza verbal lo sacuden y lo interroguen hasta la incomodidad. Su ritmo vertiginoso asemeja el clamor de un instrumento de percusión. La lectura de No clames los dragones no dejará de interpelar al lector sobre lo que siente, sobre lo que se oculta en su mente y su corazón, y sobre el otro. Un lector que no se sorprenda de que el rostro menos hermoso que refleja la luna del espejo después de leer a Desgent es el suyo propio. 

 

Empieza con una quebradura

Vuelvo a subir ya no hay lengua,

lo sublime deportado en la voz,

me inclino hacia la tierra,

todo se duerme sobre mi pecho.

 

 

Nieva  noches,

la lástima pierde la vida,

por qué un sapo,

una araña clavada con alfileres en el corazón,

estoy en las palabras del fin,

una mujer es mi sexo entristecido,

encuentro esqueletos en la brisa,

tengo semblante de muchacha, y así me irá.

 

 

Mojar la cama sentir vergüenza de su vientre,

borrar los testigos prenderle fuego al lugar,

cómo prever la cabeza de los humanos,

se derrumben las torres, a eso hemos llegado,

lo imposible de los vivos,

beben la sangre hacen una cruz.

Cuando duele uno,

qué hace el otro

Soy como tú el quemado de gravedad,

soy gritado doble,

soy visto visto soñado soñado en mundo calcinado,

es mi belleza eso de las llamas el incendio alto muy alto,

cuatro espantosos cuatro soles

para un solo cuerpo y mi fin del mundo.

 

 

Buenos días buenas noches alocada pulsación en el oído,

el dormir es un mensaje golondrina de los relatos,

nuestras vidas lanzadas todas revueltas creo,

buenos días buenas noches cielo,

el peluche de dios que arde en llamas,

querido papá lenguas cojas.

 

 

Estoy perforado agujerado eso es vértigo

y los oscuros corderos por todas partes,

es mi fósil ves qué desastre,

yo morir me hablan el mismo doble,

nadie me fallece.

Demasiado soñó con todo eso

Mis extraños ya no cuento,

mis nombres de pila la mamá celeste,

en el mundo en el centro arriba de los desastres,

las piernas de porcelana,

cada hueso es una escritura escondida,

cuerpos de pájaros hombros de alambre,

brazos sin satín brazos invertidos rotos,

boca que ya cantó operetas fiambres,

nada de ojo túneles,

cabeza de madera verde,

cabeza de piedra en los campos,

con alas para intentarlo otra vez salir huyendo,

nacida muerta con los brazos colgando y que se apaga su sexo.

 

 

Regreso a esa fulgurante hendidura,

volverse la gran travesía,

una altura puesta sobre un enigma,

el bello orificio que dura,

es dar las llamas amar el fuego,

es destruir la mitad del mal.

Aquí, el pobre aquí

No iré a morir hasta el invierno,

lo de afuera el cuerpo lo de otra parte,

párale con eso de los abrazos nuestro paraíso no ve nada,

es mi otro fantasma que le habla a tu lengua,

una boca blanca una sábana blanca,

mi primer meteoro al alba.

 

 

La nieve se vino a meter bajo mi íntima

montaña,

eso me enseña una de mis fines del mundo,

quiere el sentido que se le da a toda mi muerte,

yo el animal patas hundidas soy un místico,

vivo en el alma retorcida de los diabólicos,

lo infinito yo lo infinito quizás.

 

 

Yo caminaba creí verme,

le había prendido fuego a la cosa sin avisar,

la cosa ardía yo ardía como los demás,

yo era el incendiado de las familias,

el sentimiento sobrenatural de las bestias.

El origen del rostro

Nada se salva son las luces,

los ojos se voltean acaban las manos quemadas,

es por eso que estoy visto dicho,

ennegrecido de una piedra y el fuego.

 

 

Uno pasea su mirada tenerlo todo falso,

sobreviven los detalles sin valor,

una cabeza rueda deja escurrir su jugo,

no se sabe bien a bien  si soy el alma de las cosas,

no es la oración que hay que elegir que hay que dar,

entro en mis desposeimientos es total estropeado,

plantear el enigma los ríos escurren el muslo,

una tormenta eléctrica es una certeza,

habito la brecha,

un vértigo quién un vértigo cómo,

eso existe aturdido.

La sangre es habladora

los brazos enflacaron son puro hueso en el bosque de los cuerpos

curiosidades teológicas

 cada rama una carne

cabeza de pólvora brazos quebradizos

es juegos múltiples noches volteadas y a pique

los tumultos sin cesar.

Regreso a mi propia vulva

todo está aquí volcado desbarrancado

 

 

 

 

 

 

 

 

Visto 7861 veces Modificado por última vez en Martes, 18 Abril 2017 04:57
Françoise Roy

Poeta, traductora, narradora y fotógrafa, Françoise Roy nació en Québec, Canadá, pero vive en Guadalajara, México, desde 1992. Maestra en Geografía con Diplomado en Estudios Hispánicos (University of Florida, M.A., 1983), Diplomados en Traducción (O.M.T., 2000) y Fotografía (CFO, 2013), ha publicado trece poemarios además de tres plaquetas de poesía, un libro de cuentos y tres novelas, en francés y español. Ha ganado, entre otros, el Premio Nacional de Traducción Literaria en Poesía (INBA, México D.F., 1997), el Premio Jacqueline Déry-Mochon de novela (Québec, 2006), los premios nacionales de Poesía Alonso Vidal (Sonora, México, 2007) y Tijuana 2015, así como los Premios Internacionales de Poesía Ditët e Naimit (Macedonia, 2008), Poetry Nights of Curtea de Arges (Rumania, 2011). Ha sido invitada a festivales de poesía en Canadá, México, Macedonia, El Salvador, Nicaragua, Colombia, Rumania, China e India. Ha traducido más de sesenta libros.

 

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