Adán Echeverría

Adán Echeverría

Adán Echeverría. Mérida, Yucatán, (1975). Investigador Posdoctoral en el Instituto de Investigaciones Oceanológicas de la UABC. Doctor en Ciencias Marinas. Columnista en el Periódico impreso El Vigía, y en portal cultural La Piraña (https://piranhamx.club/) Premio Estatal de Literatura Infantil Elvia Rodríguez Cirerol (2011), Nacional de Literatura y Artes Plásticas El Búho 2008 en poesía, Nacional de Poesía Tintanueva (2008), Nacional de Poesía Rosario Castellanos, (2007). Becario del FONCA, Jóvenes Creadores, en Novela (2005-2006). Ha publicado en poesía El ropero del suicida (2002), Delirios de hombre ave (2004), Xenankó (2005), La sonrisa del insecto (2008), Tremévolo (2009), La confusión creciente de la alcantarilla (2011), En espera de la noche (2015), Trapacería y fiesta (2017); los libros de cuentos Fuga de memorias (2006) y Compañeros todos (2015) y las novelas Arena (2009) y Seremos tumba (2011). En literatura infantil ha publicado Las sombras de Fabián (2014).

 

 

Nombre: Adán Echeverría

Doctor en Ciencias por el Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados del IPN.

Posdoctorante en el Instituto de Investigaciones Oceanológicas de la UABC

Dirección: Calle Isla San Pedro No 1436, entre Isla Tortuga e Isla San Lorenzo, Fraccionamiento Villas del Roble, C.P. 22842, Ensenada, Baja California

Email: adanizante@yahoo.com.mx romeodianaluz@gmail.com

Tel Cel 646 270 4993

 

 

 

Pasos para escribir una novela.

Adán Echeverría.

 

El siguiente método fácil ha hecho a muchos de mis alumnos construir sus proyectos de novela, novelar sus historias, y obtener satisfactorios trabajos, desde que daba clases en la Escuela de Escritores, hasta ahora que doy talleres a distancia o presenciales. Espero te sirvan:

Partamos siempre de que para todo escritor se necesita talento y dedicación. La dedicación tiene que estar acompañada de la disciplina; esto implica que uno tiene que tener la disciplina para dedicarse a valorar el oficio de escritor. Hay que tener horarios para escribir y horarios para leer. Pues buscar y encontrar el tiempo para leer es lo más importante en esta carrera de escritor. Uno debe leer al día, lo menos unas 50 cuartillas, esto implica al menos un cuento largo, o un buen fragmento de novela.

Para escribir una novela puedes seguir los siguientes pasos.

1. Apunta las ideas que tengas para contar una historia. Todo lo que vives, escuchas, piensas, te cuentan, observas, te dará las ideas necesarias. Se escribe para llenar esos vacíos de lo que tú mismo gustas de leer. Por ello cuando lees, cuando alguien te cuenta algo, cuando vives algo, vienen a ti ideas que te hacen pensar: Quisiera escribir esto. Apunta la idea en un cuaderno, graba la idea como una nota de audio en tu móvil. Apunta cuantas ideas vengan a tu mente.

2. Una vez tengas la idea que quieras novelar, harás un argumento, en una sola cuartilla. Busca no pasarte de las 27 líneas que forman una cuartilla. En ella vas a desarrollar el argumento. Dirás de qué trata la novela. Te lo contarás a ti mismo. Te dirás qué pasará. (Tú aún no sabes cómo la vas a contar, pero dirás todo lo que quieres que ocurra). Lo harás para que tú mismo sepas qué es lo que pasará en tu novela. Buscarás que todo aquel que lea tu argumento tenga ganas de leer la novela.

3. Ya que tengas el argumento, éste te hará desarrollar los capítulos de tu novela. De esta forma lo que harás será capitular tu novela. Piensa en esto: para que tengas un libro necesitas al menos 60 cuartillas, menos de 60 cuartillas forma un cuadernillo (plaquette). Considerando que necesitas 60 cuartillas, entonces dividirás el argumento que has escrito en 6 capítulos de 10 cuartillas. Necesitas escribir los títulos de cada uno de esos capítulos. Tu plan ahora será escribir 6 capítulos de 10 cuartillas cada uno. Recuerda que para ser breve se necesita un gran esfuerzo, no creas que escribir poco es fácil. Se dice que un padre quiso escribirle una carta a su hijo. Cuando el hijo leyó la carta, esta constaba de 18 páginas. Al final de la misma el padre le decía: Te he contado todo esto porque no he tenido tiempo para sentarme a escribirte a conciencia. Apenas tenga tiempo te escribiré solo una cuartilla.

4. Una vez que tengas el argumento de la novela, y tengas los seis títulos de tus capítulos, entonces harás el argumento de cada uno de esos capítulos. Buscarás responder: ¿qué pasa en cada capítulo? Harás lo mismo que al inicio del ejercicio, harás que el lector tenga ganas de leer ese capítulo. De esta forma tendrás toda tu novela bocetada. Sabrás qué ocurre en cada capítulo, y lo que vaya ocurriendo en cada capítulo será lo que dará luz a la historia de toda tu novela. Recuerda que cada argumento apenas debe estar contado en una sola cuartilla. De esta forma tendrás una cuartilla del argumento general, y tendrás igual 6 cuartillas extras de los argumentos de cada capítulo. Como es muy seguro que desde el primer argumento general hayas soltado el nombre de algunos personajes, la capitulación te podrá hacer contar cada capítulo desde la mirada de un solo personaje, o ser más creativo y contarla desde la mirada de varios personajes. Cada capítulo podrá ser contado por un diferente personaje.

5. Una vez que ya tengas esas 7 cuartillas, ya tendrás el esqueleto completo de tu novela. Puedes con cada idea que tengas armar los proyectos de novela que quieras, y tener esas 7 cuartillas para cada una de tus novelas.

6. Siempre ten cada capítulo de tu novela en un archivo separado. Esto para que te dediques cada que puedas a escribir y mejorar cada uno de tus capítulos. Luego escribirás 10 cuartillas para contarnos lo que dijiste en los argumentos que pasaría en cada capítulo. Cada vez, y para cada capítulo, vos podrás dedicarte a sólo 10 cuartillas (quizá te pases de cuartillas, eso no importa, lo que no debes hacer es escribir menos de 10 cuartillas, a menos que tengas más capítulos).

7. Una vez que tengas esos 6 capítulos, si la historia lo requiere, construye los argumentos para los capítulos extras que necesites y requieras. Primero el argumento, y luego escribir las 10 cuartillas.

8. Una vez que ya tienes toda la historia contada en tus capítulos, entonces quitarás los títulos que creaste para ellos y podrás cambiarles el orden, el capítulo que antes era uno podrá ser el seis, o el diez, dependiendo de cómo quieres que el lector la conozca en su versión final. Y sólo tendrás que escribir los conectores necesarios. Puedes suprimir o dejar los títulos, puedes incluso no tener capítulos. Una vez con todo el esqueleto, la ventaja será que tú tendrás la decisión final.

Te deseo suerte. Ya quiero leer tus argumentos, como también leer tus novelas.

 

 

Mátenlas a todas. No dejen ni una viva.

Adán Echeverría.

 

 

El tiempo de la sangre ha llegado. El tiempo de acabar con todo. Armagedón es el nombre de cada una de nosotras, hartas ya de vivir bajo el puño de la violencia. La puta de Babilonia guarda silencio, espantada, vilipendiada, macerada en su espíritu aterrado. Lilith vuela de nuevo, tiene sed de venganza, sus gritos son la tocata en fuga que nos levanta del camastro, rompe nuestras cadenas, nos abre la celda, nos quita el grillete, nos arranca las costras del dolor y el miedo. Cada escoba es el arma, el símbolo que como insulto nos han lanzado, ahora será herramienta para defendernos. Cada tacón puntiagudo será afilado para usarse en la cacería, en la persecución. Cada brassier será mordaza, de cuerda para maniatar, de horca para la justicia. Las mujeres sabemos usarlo todo. Nos hemos preparado. Por más cinco siglos hemos sabido parir en silencio, y prepararnos en la sangre y el fluido, tuvimos que aprender a llorar en silencio, a educarnos a escondidas, a morir en silencio y ahora tuvimos que aprender a encendernos. Estamos Hartas. Esto es el Hartazgo. Hemos sabido lamernos las heridas, y las heridas de los nuestros, de todo a nuestro alrededor, de todo aquello que alguna vez quisimos y de lo que todavía queremos.

Nos violan en la infancia, en la primera infancia, en el vientre. ¿Qué de erótico tenemos cuando somos bebas y olemos a caca, mocos y leche materna? ¿Qué de erótico tiene nuestro cuerpo, la cortada, la enorme raja que les alienta a penetrarnos así, cuando somos indefensa? Podemos crecer indefensas, pretenden que crezcamos indefensas, nos obligan a crecer indefensas, quieren que crezcamos domesticadas, inofensivas. Nuestra raja primero, nuestra sangre luego, nuestro ano, nuestra boca. Acaso nuestros huecos no sirven más que para ser hurgados noche y día, vida y muerte, dolor y quemadura. Acaso no existe la piedad para nosotras. Los huecos que tenemos, lo huecos que parecemos. ¿Somos hueco sin memoria?

Hemos aprendido a amarnos entre nosotras, a querernos sucias, a querernos agresivas, a querernos musculosas, a reconstruir nuestro cuerpo, grasa músculo, grasa músculo, nada débil, ni nuestra risa, ni nuestra voz, nada que les haga creer que somos la debilidad encarnada, nada que les haga creer que no regresaremos el golpe, aprendimos a armarnos entre nosotras. Juntas somos un arma de destrucción, si es necesario.

Queremos que los huecos de ellos también se llenaran de dedos, que escurrieran sangre, se llenaran de vergas, de palos y bates, de todo lo que sea posible introducir en ellos. ¿Acaso piensan en lo que siente una niña de 0 años, una niña de 1, 2, 3, 4... 14 años cuando meten sus dedos, meten sus manos, meten palos, botellas, cuando muerden su nuca, cuando azotan su puño contra los pequeños huesos que aún no terminan de desarrollarse?

¿Y quién nos cuida? No lo hacen los adultos de la casa, no lo hacen los adultos de la escuela, no lo hace los adultos de la fiscalía, menos los perros policías, los lobos policías, los monstros policías, los sarna-policía, porque nos violan en la calle, en el carro patrulla, nos secuestran, nos entregan a los secuestradores, nos dejan tiradas en los moteles, nos regentean, sabedores de la impunidad nos lanzan al desagüe, nos lanzan a la basura, en la brecha, en el monte, para que nuestros cadáveres sean descarnados por las bestias y las aves de rapiña.

Los recuerdos de la mujer que ha sido violada permanecerán toda la vida en su memoria, en el olor de su cuerpo, al cerrar los ojos, presas siempre del insomnio y del terror, siempre perseguidas por el cuerpo de los violadores, mientras que a estos malditos apenas 15 años como máximo para que sean sustraídos de la sociedad. Los liberan y vuelven por nosotras, al tomar el autobús, al ir a la escuela, al bajar del metro, al caminar por las calles iluminadas, al andar en grupos Los violadores, los depredadores sexuales presumiendo que se cogieron a cuánta niña pudieron; ahí, usando el músculo para doblegar maricas, sacándose la reata para hacer que otro hombre de barba crecida y rasposa se la meta en la boca, y les haga terminar.

El tema para los hombres tiene que ser siempre llenarlo todo de semen, en el semen se les escapa la vida, como sus máximas victorias, en la expulsión del semen se basa toda su creatividad, en ello se basa todo deseo de permanencia, toda su maldad apenas alcanza para lastimar mujeres y niñas y ancianas. Creen que el semen que lanzan sobre la mujer, sobre la anciana, sobre la esposa, la novia, la amante, la hija, la ahijada, la prima, o cualquier maricón sobre el que quieran correrse, es la marca de su hombría: Me he cogido a tantas, ¿y tú?

Basta; devolveremos el golpe, devolveremos la punzada, devolveremos las penetraciones, los empalaremos si es necesario, por las calles, para que todos los vean, en tu casa, en tu familia, mataremos, arrancaremos penes, morderemos brazos, lanzaremos granadas sobre todos aquellos que intenten violar a una mujer,

apretaremos cuellos, los envenenaremos por abusar de un niño o niña, lastimar a una anciana, robar, secuestrar a una jovencita.

Este es el reto y el punto final, la línea que nos debes cruzar, esta es la claridad del pensamiento. No habrá camino de regreso, no importa la cárcel, nada importa ya, quemaremos edificios públicos; estamos hartas y quemaremos las oficinas que guardan violadores, iglesias que someten pensamientos, diputaciones que se asocian con los pornógrafos y los giros negros; es la hora de la sangre, se acabó el lagrimar en silencio aguantando el dolor.

Tengan miedo, cuiden a sus hijos varones, cuidan cada cosa que digan, cada cosa que escriban, somos marabunta, somos jauría, somos cardumen, piara, manada, somos la muerte que se cierne sobre las ciudades en busca de los penes colgantes. Claro que buscamos venganza, claro que ya no queremos el diálogo, ¡estamos hartas, no lo entienden! Claro que todo ha terminado ya, se acabaron las reuniones, la niña de Azcapotzalco fue la última mujer violada sin una respuesta violenta, por cada mujer habrá hombres muertos; empecemos por los propios, los cercanos.

Aléjense, reconstrúyanse o aténganse a las consecuencias de sus propios actos, de sus decisiones. No hay hombres inocentes, no hay penes inocentes, no hay miradas de varones que sean inocentes. Muerte al varón, seremos íncubo, seremos bruja, seremos hoguera que lo incendie todo.

 

 

De antologías y libros colectivos.

Dr. Adán W. Echeverría-García.

 

¿Cuál es esta necesidad, este impulso, este deseo, de aparecer publicado en algún libro colectivo? ¿Acaso nos ha hecho mal aquel adagio popular de: ‘para decir que has vivido tienes que haber tenido un hijo, plantado un árbol y escrito un libro’? ¿Qué nos alienta a publicar libros sin ton ni son, en verdad la promoción de la literatura, la cultura, guardar en papel la memoria de los otros, o tal vez, y únicamente, el dinero?

Yo en verdad espero que no sea el dinero lo que alienta a ciertos editores. Y lo digo porque desde la edición independiente, editar y publicar libros no es gran negocio, no te harás rico con ello. En muchas ocasiones algunos escritores-editores, aprovechan el apoyo económico de quienes pagan por publicar un poema o un cuento, para lograr ellos mismos publicar su propia obra. También se encuentran aquellos autores que son al mismo tiempo promotores culturales que organizan Encuentros de Escritores, en los que cobran por la participación de autores de todo el país, o de autores extranjeros radicados en México, para nombrar su Encuentro como “internacional” con la intención de dar realce a sus eventos.

El autor paga para poder asistir al Encuentro, y la cuota que pagó le asegura salir publicado en uno de esos libros colectivos. Lo triste es el desnivel de la obra que aparece publicada en esos libros, que las más de las veces va de bajo a medio en cuanto a su contenido estético, en lo que al arte literario se refiere.

Muchos alumnos del Taller Literario me preguntan ¿si es correcto participar en dichos Encuentros por los que pagan su cuota, y si aquellos libros colectivos, valen la pena? La respuesta que les doy siempre es la misma: Dependerá del objetivo que persigues como Escritor. La búsqueda que cada autor tenga para el desarrollo del oficio de escritor. Si lo que quieres es que tus textos sean leídos, o sólo que sean publicados. ¿Quiénes son los lectores de esos libros colectivos? En ocasiones, ni siquiera los mismos participantes de aquellos libros leen los textos de todos los participantes con los que comparten páginas. ¿Entonces cuál será el logro como autor?

Y esto ocurre porque las más de las veces, los promotores culturales-escritores-editores y hasta antólogos de dichas obras publicadas ni siquiera juzgan las obras, no las revisan, y mucho menos las corrigen antes de publicarlas. Eso requiere oficio, lecturas, escoger entre lo bueno y lo malo. Y o no quieren ser quienes juzguen, o simplemente no quieren dejar fuera a nadie porque eso ocasionaría merma económica en el negocio.

Aun así, hay autores que aprovechan para publicar las obras que han trabajado en el Taller Literario, y quieren participar leyendo sus textos en los Encuentros, conocer a otros autores, convivir con ellos, y darse la oportunidad de visitar nuevos lugares. Y eso me parece correcto.

Porque antes de los promotores culturales-escritores-editores lo real es que cada autor que participa de esos libros colectivos es el verdadero responsable de las obras que presenta para asistir a esos Encuentros, y aparecer en dichos libros.

Autores que asisten a uno o dos talleres, que en cada taller tiene la disciplina de corregir sus trabajos, de presentar textos en cada sesión, y de ir leyendo nuevos materiales de autores reconocidos que le permitan mejorar cada día más.

Pero pensar que todos los autores que participan en dichos Encuentros (a los que asisten no por selección sino por pagar la cuota que les piden, además de pagar sus boletos de avión, o irse manejando en carretera, pagar su hospedaje en cualquier ciudad de la República mexicana, asumiendo siempre todos los gastos necesarios), pensar que todos los que asisten tienen esa constancia y disciplina, es ser en verdad cándido en el pensamiento, todo un romántico de la literatura.

¿Qué es lo que quieres como autor? ¿Cuál es tu objetivo en la literatura, cuál es tu búsqueda? La comunicación del pensamiento siempre será lo principal en el uso del lenguaje, pero el artista tiene la obligación —además— de buscar hacer del lenguaje y de la palabra, la herramienta necesaria para la expresión artística, y esto deviene en buscar siempre la estética, el decir las cosas de la mejor forma, el siempre preguntarse: ¿es lo mejor que lo puedo decir? Revisar, leer, trabajar, tallerear sus propios textos antes de presentarlos a cualquier Encuentro, a cualquier antología, a cualquier revista, y a cualquier libro colectivo.

Cada quién tendrá que asumir esa responsabilidad.

 

 

Tan sólo un verso de los poetas mexicanos. Parte 2.

Adán Echeverría.

 

 

Para seguir registrando algunos de los versos de los poetas mexicanos nacidos entre 1960 y 1989, y que fueron considerados en el Mapa Poético de México publicado en el año 2008, me animo a presentarles un verso de poetas de la Ciudad de México. Los versos que acá les presento pertenecen a poemas que fueron incluidos en dicha compilación.

Ciudad de México. Zaría Abreu Flores: “en el bravo río de tu saliva nadan trasatlánticos de acero”. Flor Aguilera García: “En este libro de las horas dibujo yo mi jardín de delicias”. Gustavo Alatorre: “Era suya la violencia de las rosas”. Alejandro Alonso: “En las formas del fuego revive la mirada de la bestia”. Odette Alonso Yodú: “Tengo un extraño miedo de que nada me salve”. Luigi Amara: “Hay puertas que son una extensión de la pared”. José Enrique Argoytia Miranda: “Voy por mis catacumbas preguntando por ti”. Cuauhtémoc Arista: “Muchas niñas se pierden en el mismo lugar donde despiertan”. César Arístides: “El gesto de mi padre se hunde en los escombros”. Luis Armenta Malpica: “Y vuelvo a ser un árbol: el punto de donde parte el sueño a las alturas”. Adriana Arrieta Munguía: “Vagamos sin brújula entre lo que nombramos compasión y mentira”. Gabriela Balderas: “Un colibrí derrama polen sobre mis ojos”. Manuel Becerra Salazar: “Me destruí en sus caderas con esa enfermedad tan parecida al tango”. Ricardo Bernal: “Si cierro los ojos soy un punto en el centro exacto del mapa”. Raúl Blanqueto: “Qué sucederá cuando la libélula se confunda con el diablo”. Mónica Braun: “Virgen de catorce años, fiera insomne”. Alí Calderón: “Mi muchacha es el verano”. Laura Calderón: “Imposible dejar de mirarte cuando la noche es sol y no se puede callar a la sirena”. Sirac Calvo Mejía: “La lluvia hace una herida y deja la cicatriz donde surgen los árboles”. Rodrigo Cano Márquez: “Trágate mi corazón abórtalo cuantas veces quieras”. Guiomar Cantú: “Las mujeres mestizas cantan y llenan sus cántaros de agua ordeñan a sus hombres en la madrugada”. Jade Castellanos: “Decir adiós sin conocerte todavía, cuando tan sólo comenzaba a imaginarte mío”. Diana Castilleja: “Abren una por una, miran su pulpa, sus formas, sus hendiduras, reconociendo otros sitios humanamente femeninos”. Silvia Eugenia Castillero: “amar para encerrarnos entre paredes de madera a escuchar una voz añeja”. Rodrigo Castillo: “Ahí donde hiede la misericordia está cristo”. Tonatiúh Catalá: “Las palabras se preñan de árboles”. Ibet Cázares: “En ti comienzo y vuelvo a ti multiplicada”. Rocío Cerón: “Nada quedará cuando el invierno haya vuelto”. Abraham Chinchillas: “Hasta que la misericordia me alcance en un aplauso”. Andrés Cisneros de la Cruz: “Para escribir sobre ángeles hace falta curtirse la espalda”. Jennifer Clement: “Afuera el color azul cuervo de la lluvia nocturna”. Dalí Corona: “Éste es un amor de calle solitaria”. Fernando Corona: “Hoy quiero vivir, vivir y ser un viaje”. María Cruz: “Es amargo el sabor de esta noche que cruza mi pecho con su tormenta de ceniza”. Manuel Cuautle: “Pequeño qué hijo de puta te enseñó a prostituir tu infancia”. Marcos Davison: “La voz hecha de roca se hunde en el silencio como en agua quieta”. Lucía de Luna: “Y yo miro llorar al cielo y no lloro”. Gerardo Escalante Mendoza: “Cierra los ojos y duerme en las manos del enemigo”. Rose Mary Espinosa: “Tengo la vergüenza de quien se desnuda y la tristeza de quien pierde una contienda porque nunca quiso competir”. Mariano Fernández: “Ahora el beso es luz y navaja”. Jorge Fernández Granados: “Aquel verano donde rompimos los frascos delicados de la infancia”. Malva Flores: “Todo es perfecto si lo miras de golpe”.

Y perfectos son los poemas cuando están bien construidos, cuando el oído nos permite atraparlos de forma inmediata y guardarlos en nuestra memoria. Espero que algunos de los versos acá presentados sean impulso para que te acerques a los poetas mexicanos, a estos y otros autores, que descubras el mundo que los poetas nos presentan.

¿Qué te han parecido? No dejes de recordar siempre, que todo texto literario debe contener al menos tres principios básicos: imagen, ritmo y sentido. Espero que estos versos, te inviten a conocer a los autores de la poesía mexicana.

 

@Adanhombreave

 

 

Dos libros de poesía que no vale la pena leer.

Adán Echeverría.

 

 

En primera instancia hay que señalar que los poetas mexicanos han decidido que "amarse antologías", es lo que funciona para poder llegar a un público mayor. Mientras más "poetas" se incluyan en la obra, se tiene la esperanza de alcanzar un mayor número de lectores.

Muchos editores de poesía (que las más de las veces también se presienten poetas: yoteedito-túmeeditas), imprimen, copian, editan, compilan, los poemas de sus poetas admirados, amigos admirados, amantes admirados, compañeros que pueden unir su nombre al suyo y ser una dualidad artística editor-autor-editor: "Edité a Fulano, y cuando alguien hable de este Fulano, sabrán que yo lo edité, y hablarán también de mí".

En segunda instancia hay que señalar que al menos 60 páginas forman un libro; ya sea de poesía, cuento, de lo que sea. Sesenta páginas tienen que ser lo mínimo. Todo aquel texto que tiene menos de 60 páginas, es un cuadernillo, al que en el medio literario conocemos como plaquette.

En tercer lugar, hablemos del tamaño. Los libros deben estar en un tamaño que va, de la media carta al medio oficio. Pero la mayoría de las editoriales independientes apunta incluso al 1/4 oficio o al 1/4 carta, y con eso juegan para alcanzar el número de mágico de las 60 páginas, y poder tener UN LIBRO, aunque el original del autor apenas alcance las 20 páginas Esto con la finalidad de ahorrar recursos para la impresión.

En México, para los editores de poesía, los libros que tienen que formar parte de su colección son: al menos un becario del Fonca, al menos un poeta con un premio nacional. A éstos hay que pagarles la edición o, mejor dicho, a éstos no hay que cobrarles. Y sumados a los mencionados, faltará incluir a los novios, novias, amantes, a ésa chica que te prometió las nalgas si la editabas, y los amigos de borrachera y drogas, pero claro que sí. Gran parte del mundo editorial en México viene con estas presunciones.

Es por eso que siempre he hablado de los Altibajos en la Poesía Mexicana, porque se notan los desniveles entre la obra de los autores, entre los libros de un mismo autor, e incluso el desnivel puede observarse en una misma obra, entre un poema y otro, e incluso hay casos —donde la soberbia y la falta de taller predominan— en que los poemas se caen, es decir, un mismo poema no se sostiene.

Los premios municipales, estatales, regionales, nacionales, no son el sitio donde uno puede encontrar a los mejores poetas, ni los mejores poemas, y nadie podrá decirte lo contrario. Baste que leas a los autores. Porque la repartición de presupuestos siempre seguirá

amarrada a las intenciones de quienes convocan y de los que acaban siendo jurados. Por ello los libros de estos poetas de al menos 60 páginas, puede contener dos grandes poemas, apenas, algunos versos rescatables, y paren de contar. Son libros que no se sostienen con 60 páginas.

Y de esos libros, acá les presento algunos:

1. "El tema de la escrofularia", de Maricela Guerrero. Editado en el 2013 por Editorial Piedra Cuervo y Ediciones de La Esquina. Cuenta con un dibujo en la portada creado por Amaranta Caballero Pardo. Entonces de nuevo vemos: la amiga Amaranta, buscando que editen a la amiga Maricela. ¿Y la poesía? Bien, gracias.

El contenido "poético" del cuadernillo es escaso (el trabajo se presenta en 56 páginas, siendo siete las primeras páginas de portadillas y créditos, y seis páginas más en blanco y contraportadillas para cerrarlo). El 'texto poético' de Maricela Guerrero va de las páginas siete a la página 48. Es decir: un texto de 41 páginas.

¿Y qué se encuentra uno mientras lo lee? Se encuentra con cosas tan 'interesantes' como: alusiones al Himno Nacional (una bestia en cada hijo te dio / un hígado en cada hijo te dio); alusiones a rondas infantiles (las mariposas se columpiaban / sobre los brazos / de una araña), que vuelve a repetirse (una niña se columpiaba sobre la tela de una araña / como veía que resistía); interacciones con una canción del grupo ochentero de mujeres que se llamó ‘Fandango’, y cuyo único éxito fue: Autos, Moda y Rock and Roll, y con la letra de la canción Imagine, de John Lennon, alusiones a la saga de Rápido y Furioso, con tal de criticar el operativo, que bajo el mismo nombre permitió que miles de armas se introdujeran a México, y desaparecieran en manos de los grupos del crimen organizado. La crítica social, la crítica al estado, bien. ¿Y la poesía? El panfleto no funciona, la poesía menos.

El lenguaje poético que la autora intenta es más o menos en este tono, permanentemente: "Rápido y furioso, qué buen nombre que puso el director de la oficina de alcohol, tabaco, armas de fuego y explosivos: en el 2006 le llamaron receptor abierto traspiés y puntapiés y malos juicios".

¿En serio? ¿Escucharon ustedes el lenguaje poético, disfrutaron ustedes la poesía que la autora plantea? Pero claro que no, tienes más poesía muchas columnas que aparecen en los periódicos. Subirse a la mesa del panfleto, de la crítica social y de gobierno, requiere una gran atención poética. Bertold Brecht siempre logró evidenciarlo en el poema Hollywood, en el que dice: “Para ganarme el pan, cada mañana / voy al mercado donde compran mentiras. / Lleno de esperanza, / me pongo en la cola de los vendedores”.

Y eso es todo. ¿Ves, Maricela? El intento de la poesía panfletaria, de la crítica social se agradece, pero en este poemario hizo falta mucho más.

Pero, bien, anímense a leer la obra. Si quieren no me crean. O mejor no lo hagan, pues no vale la pena perder el tiempo en algo que no genera ninguna emoción. Ahora que, si se animan, yo los invito a detenerse apenas en el poema: "Desapariciones", de la página 37 del poemario. Quizá éste texto sí pueda funcionar.

2. Repasemos un segundo libro de poetas mexicanos que no vale la pena leer. Hablemos de: “La doncella negra” de Esther M. García. Editado en el año 2010 (cuando la autora cumplía los 23 años), por Regia Cartonera, Monterrey. Consta de 76 pp. La autora escribe pensando “que todos sus dramas son poesía”, buscando en casi todos sus poemas el “efectismo”; y lo que es peor, piensa que tenemos que condolernos con sus letras. Esta soberbia en la escritura nos hace percibir que la autora es incapaz de mirar la serie de errores que comete al escribir. Sobre todo, la falta de taller literario, la falta de autocrítica sobre lo que escribe. La autora divide el libro en seis apartados: ‘Ojos de niño’, ‘La doncella Negra’, ‘Eros’, ‘La Galería’, ‘Lugares para habitar’, y ‘Entropía’. Los descuidos de la autora son varios, pondremos algunos ejemplos: “Mi dedo índice decide el destino de la hormiga”. ¿Alguna letra “d” más? En general, en ese primer poema denominado ‘Destructor’, la autora escribe 43 veces la letra “d”. (página 11)

Podemos contar incluso las rimas internas y los ecos rimados, que la autora produce: “Me venden en el supermercado caro de la vida”(pág. 12); “de un antiguo y rojo pájaro / que hace años” (pág. 12); “Con tu puchero-lucero”; “Levitas levemente y te lleva el viento, / junto a las hojas de los árboles marchitas por la arena del tiempo” (pág. 15); “envuelta en papel viejo sin un tarjeta / sin un “te quiero” ni abrazos ni besos” (pág. 16); “Creó suaves telas con sus acordes / que llenaban de color las habitaciones” (pág. 19); “a las cucarachas en ruiseñores y / a las tarántulas en flores”.

Hasta acá llevamos 19 páginas de las 76 que contiene el libro. Es decir, el 25% del poemario está lleno de errores. ¿Qué se está cantando en este libro? Apenas efectismo. Los pobres niños, los malos padres, bu, bu, bu, y nada más. Pero sigamos evidenciando las rimas internas de la autora: “Sólo con mi madre y un perro / que por las noches ladra al viento”. “No tendrían miedo de tomarme de la mano / Nadie me vería con desagrado” (pág. 20). Usted recuerde que la rima se basa en la terminación de las últimas vocales de una palabra, puede ser una rima idéntica, o una rima fónica como en el caso de los ‘versos’ de la autora. Sigamos, esto es una joya: “como costra marranosa” (pág. 22), maravilloso símil que la

autora ha creado. Una más: “y entre ida y venida un poco de ellos se iba / despacio por el agua de las cañerías” (pág. 23). “que me roza el oído como un cuchillo” (pág. 36). “es lo único que siento y veo la tenue luz en el techo” (pág. 37). “agarrados de la mano”, (pág. 40) ¿Es en serio, poeta? “Pero el mundo sigue girando, / el sol alumbrando” (pág. 45). “Ahí mismo llega tu musa roja y / algo en tu interior se descontrola” (pág. 46). “Hay pasillos de interminables recuerdos, / así como habitaciones llenas / de retratos y ecos viejos” (pág. 60).

Pero eso no es todo, además tendríamos que enumerar los errores de redacción: “arrullándose en ratos”, “La casa se cae en pedacitos” (pág. 15); “Mi hermano teje sonidos / con sus manos en su guitarra” (pág. 19). “Todo él recorre el líquido rojo / en mis venas que es su nombre” (pág. 35). Llegamos, con mucha disciplina, a la mitad del libro y esto sigue mal.

Porque todo tiene que ver con la falta de taller, con la falta de autocrítica, la falta de revisión, la falta de saber qué es lo que hay que borrar. He acá un claro ejemplo: “La perfecta maldad / nacida del vientre de la poesía / dormita entre sábanas de rosa y espinas” (pág. 38). La autora es incapaz de borrar el tercer verso, que hace que se caiga la idea. Porque lo que es grande en el inicio: “La perfecta maldad / nacida del vientre de la poesía”. Para qué agregar más. Y lo peor, para qué agregar rimas internas: “poesía, dormita, espinas”, cuando pude terminar el verso en “poesía”. Esto es la clara evidencia de cómo el autor puede arruinar su propio trabajo, por no corregir.

Errores ortográficos: “para decirme cuanto me amaba”, (que desde la pág. 16 se repite al menos tres veces) ¿acaso ‘cuanto’ no debe llevar tilde, y escribirse ‘¿cuánto’?; el equivocado uso de los artículos como: “envuelta en papel viejo sin un tarjeta” (pág. 16). El equivocado uso de la palabra “porque” como en “por que los ciegos no los pueden ver” (pág. 60)”. Se trata de un trabajo editorial tan fallido, que incluso repita un poema en la página 40 y en la página 65, todo un poema de dos páginas. O el desconocimiento del lenguaje, tanto de la autora como de sus editores: “De las mujeres con el pelo pringoso / y embarañado”. ¿Embarañado? ¿No habrán querido decir ‘enmarañado’, es decir hecho una maraña de pelos? (páginas 40 y 65).

El tremendismo de la autora es tan cándido: “Yo amo estas calles / aun si huelen a mierda”. “Las mujeres golpeando al niño”. “Aquí huele al vómito de la muerte”. Su efectismo, tan cursi: “y lloran, amargamente, por que los ciegos no los pueden ver” (pág. 60). “y sus enormes ojos tristes de tanto ver / la felicidad” (pág. 60). Porque ocurre, y mucho, que no puedan entender que “no todos tus dramas son poesía”, y como no lo entienden, escriben

y publican cosas como: “los recuerdos de un padre y esposo que se fue / junto con el último gramo de comida / y el último rastro de felicidad”. O pretenden ser críticas sociales: “Primero cómprate las tetas de silicona más caras y / luego cambia tu rostro” (pág. 70).

Pero como pasa cotidianamente con los poetas mexicanos. En este libro, uno puede quedarse con algo; que aunque pueden ser poemas también cargados de efectismo y tremendismo: “la rosa que no tiene pétalos sólo espinas”; al final se puede encontrar con buenos versos, como: “masticadas por el gran diente fervoroso de la religión”. Y es precisamente el poema que da nombre al poemario. Se trata del poema: ‘La doncella Negra’, (pág. 27), al menos los fragmentos I y II. Porque el fragmento III, es de un tremendismo tan vomitable; que si se quita del poema el poema crecería y mucho.

O también quedarse con el fragmento II, del poema titulado: “Henri Ford Hospital” (pág. 49), y hablo del fragmento II, porque luego el poema vuelve a caerse por el “tremendismo” y el “efectismo”, que la autora quiere imponer a fuerza en sus textos. El no saber dónde terminar el poema, vuelve a hacer que el poema se le caiga, y las rimas internas y los descuidos vuelvan a aparecer: “No quiero llorar, no quiero, / pero a veces hay un petirrojo en mi pecho”. Y si uno avanza un poco más, quedarse con el poema “Árbol”, de la página 62.

A manera de conclusión tenemos que repetir que no todos los dramas del autor son poesía. Pueden volver poemas, siempre y cuando el artificio en la hechura del texto presente el esfuerzo del poeta. La idea personal está ahí, en la universalidad de la emoción. El autor tiene que alejarse del texto, escucharlo en voz alta, corregir. Un autor no puede darse el lujo de publicar un texto donde se observan errores ortográficos en su trabajo. Del trabajo editorial tal vez no pueda hacerse responsable, pero sí lo es de la obra escrita. Es necesario abandonar el tremendismo, abandonar el efectismo en la poesía. Si todo está dicho, es labor del poeta decirlo de una forma nunca antes dicha.

 

LOS DESPLEGADOS MUNDOS DE JUAN EMAR.

(COMENTARIO CRÍTICO)

Adán Echeverría.

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Un demonio es un ser espiritual

de naturaleza angelical condenado

eternamente.

J.A. Fortea.

 

Hay mucho que decir acerca de “Papusa”, uno de los cuentos de Juan Emar que forman parte de su gran obra literaria que tituló “Diez”, y a la que añadió el subtítulo “Cuatro animales. Tres mujeres. Dos sitios. Un vicio.”, que el autor publicara en Santiago de Chile en 1937.

Mi primer acercamiento a la obra cuentística de Juan Emar ocurrió mientras leía la monumental “Antología de Cuento Hispanoamericano” de Fernando Burgos; en esta obra hizo bien el compilador en incluir el cuento “El pájaro verde” de Juan Emar. Un texto tan irónico como divertido, que narra un fragmento de la vida disoluta de un joven chileno en París (llamado también Juan Emar, fundiéndose personaje con autor), que tiene que regresar a su pueblo natal por orden de su tío, quien le solventaba los gastos y que pensaba meter en cintura al jovenzuelo. El joven va de vuelta a su patria, y se lleva consigo el disecado pájaro verde que sus amigos de francachela le habían regalado.

Desde la primera vez que leyera este cuento, supe que era material para leerlo una y otra vez en el Taller de Apreciación Literaria que imparto desde el año 2003. Yo sumaba este cuento a otros textos similares que me atrapaban por su resuelta violencia ficcionada, como las novelas “Luna caliente” de Mempo Giardinelli, “El túnel”de Ernesto Sábato, esa joya literaria que es “Yoescarabajo” de Alfonso Anzures Alcalá, “Las cavas del vaticano” de André Gide, o “Historia del ojo” de Georges Bataille, que junto al cuento “Capítulo XXX” de Mario Levrero, daban evidencia del narrar sucesos de la violencia humana, con una fuerza llena de ironía, y escritos con tal naturalidad que movían a risa, a una temerosa risa de parte del lector.

Fue por ello que me dediqué a rastrear en la internet la obra de Juan Emar, seudónimo de Álvaro Yañez Bianchi (1893-1964); y paulatinamente llegué a encontrar la joya tantos años perseguida, el cuentario “Diez”. Enseguida tuve que atesorarlo, volví a las relecturas, una y otra vez, de “El pájaro verde”; luego casi pierdo la cordura, y el habla, al constatar la terrible abundancia del lenguaje de que era propietario el autor, al leer ese texto tan rápido que es “Maldito gato”, en el que el autor hace un alarde de narración con un cúmulo de imágenes poéticas, párrafo a párrafo: “un sol tibio de rayos aterciopelados”, que son puestos en equilibrio con fundamentos lógicos y científicos: “No tuve la ocurrencia –cosa que cualquiera se explicará- de proveerme de un termómetro, por lo cual me fue imposible verificar qué grado exacto marca esa atmósfera deleitosa”.

Pero quiero detenerme en el cuento titulado “Papusa”, que es parte del apartado “Tres mujeres”: “Desde Belcebú, por línea recta, viene rodando, a través de todos mis antepasados, un ópalo”. Esta es la primera línea del cuento; como pueden constatar el texto inicia con fuerza, y marca ese tono esotérico con el que se encuentran escritas obras como “Las Bodas Alquímicas de Christian Rosacruz” atribuido a Juan Valentín Andreae, que inicia su obra de esta forma: “Una noche, algo antes de Pascua, estaba sentado a la mesa y, como tenía por costumbre, conversaba con mi Creador en humilde oración”. Como pueden notar, el tono que usa Juan Emar para su texto es similar; ese primer párrafo continúa de la siguiente manera:

“Hace largos años llegó en su rodar a mí, pues todo mi linaje había bajado a la tumba y Belcebú no se presentaba de siglos atrás por la Tierra.”

Podemos recordar en el Libro de Job lo siguiente: “Yahveh dijo al Satán: «¿De dónde vienes?» El Satán respondió a Yahveh: «De recorrer la tierra y pasearme por ella.» Y Yahveh dijo al Satán: «¿No te has fijado en mi siervo Job?”. Al parecer el Belcebú de Juan Emar dejó de pasearse por la tierra. Hay que ser conscientes de que el ópalo que llega hasta nuestro personaje viene a él desde Belcebú.

El siguiente párrafo no sólo mantiene el tono del cuento, sino que da aún mayores pistas en la construcción que Juan Emar hace de su personaje: “Cuando mi padre desde su ataúd me lo alargó, estiré mi mano izquierda por entre los cirios que lo rodeaban y, apenas sentí que lo depositaba en ella, lo cubrí con la derecha para que nada de la atmósfera de las flores y el cadáver fuese a guardarse en sus reflejos tornasoles y marchase a casa junto a mí”.

Sabemos que la mano izquierda es la mano más cercana al corazón, y nos quedamos pensando en este personaje que nos cuenta que desde su ataúd, su padre, le entregó la gema; el padre estaba siendo velado, estaba muerto cuando le hizo llegar la pertenencia familiar, y el protagonista de esta historia lo guarda con mucho cuidado, aceptando tenerlo a su resguardo. ¿Y cómo no? Dentro de ese ópalo vive un mundo entero, con zares, obispos, esclavos, juglares, espectros, gacelas, y hembras entre las que destaca Papusa.

Asistimos durante la lectura del cuento a la creación de un mundo dentro del mundo literario que se nos va contando: “dirigiendo mi vista sobre él, púseme a contemplar su profunda y misteriosa vida interior”. El mundo que vive dentro del ópalo que su padre le entrega al protagonista logra abstraerlo, y a nosotros también por la historia que sucede en su interior. El juego del simbolismo que el autor recrea en su texto es de un sabor agradable para el intelecto. Los tres momentos de espera (las tres negaciones de Pedro, los tres días para reconstruir el templo) que ocurren durante la escena, hasta que el Zar Palemón le ordena al obispo que la suelte: “El obispo alzó sus hábitos que subieron desde el suelo crujiendo, hundió su mano por entre las sedas de su vientre y sacó y remeció y echó a tierra y mostró a todos los ojos, el cuerpo suave de Papusa”.

Papusa (que no deja de referirnos a una de aquellas Papisas de las que tanto se ha escrito) saliendo desde el vientre, desde las ropas del Obispo, es un enorme simbolismo, de cómo la religión tiene secuestrada a la mujer, pero no a cualquier hembra humana, sino a la mujer joven, erótica, sensual (de cuerpo suave). A otra orden del Zar, el obispo la patea y la lanza en medio del salón. Entonces ocurre aquel cuarto momento de espera (los espectros tiemblan), con el que Juan Emar rompe e inaugura otro símbolo, la liberación: las gacelas corren al encuentro de la piel desnuda de Papusa (es sólo una hermana), que ha sido echada a tierra, ha sido lanzada al centro de la reunión (clavada por millares de ojos), frente a la Ley (el gobierno del Zar) y la Religión (los obispos), pero “Papusa sonríe apenas”. El Zar indica a un cortesano que tome a Papusa, quien “se tiende y se abre”; pero el cortesano y la corte toda no logran avanzar, dice el autor. El Zar envía ahora a un bufón:

“Papusa sonríe vagamente y su pequeña sonrisa se mece dulce y pura, envolviendo primero el cuerpo del bufón, elevándose luego, atravesando la esfera, errando por fin a lo largo de las paredes de mi cuarto.” El autor hace que Papusa, o su imagen, su esencia, salgan del ópalo y corran a través de las paredes del cuarto del protagonista, que ahora coge una lupa para mirar más de cerca la escena, el acto sexual entre el bufón, enclenque y jorobado, sobre Papusa: “Veo entrelazarse con el humo gris carbón el máximo placer que al hombre le es dado. El placer del cuerpo entero. El placer de venganza, de reivindicación… cuando se es deforme, mostruoso y yace bajo si la belleza, la adolescencia, iPapusa!”

Pero el autor nos cuenta que Papusa no siente nada de goce en esta entrega, pero tampoco horror por estar siendo poseída. El protagonista se pregunta qué sucede, y un espectro de los que se encuentran dentro del ópalo le contesta:

“Los humanos vinieron sin sexo. Luego los sexos cayeron en ellos, se incrustaron, e incrustados –vivieron su propia vida nutriéndose de la sangre y las ideas de los humanos.” Y entonces uno suelta el cuento y dice: ¡Wow!, pero mirad la genialidad a la que nos ha conducido el pensamiento de Juan Emar, en el año 1937. Los humanos vinieron sin sexo. Otra historia dentro de la historia. Ya no solo se trata del simbolismo esotérico dentro del texto, sino que se va caminando dentro de la filosofía. Yo ahora levanto mis ojos del teclado, reflexiono en las más de 150 niñas y mujeres que fueron violadas y abusadas por un médico de la selección de gimnasia olímpica en los Estados Unidos de América, y me quedo con esa frase: “Los humanos vinieron sin sexo”. Ya lo había reflexionado en infinidad de ocasiones. El sexo es apenas eso que nos une a los animales, esos estímulos que causan placer. He disertado anteriormente sobre la grafía, como aquella convención cultural para representar los sonidos (fonemas) del lenguaje en que nos comunicamos, y que nos pone por encima de los demás seres vivos. Es el lenguaje escrito la diferencia, a lo que ha llegado nuestra inteligencia en sus diferentes lenguajes escritos: la música, el brialle, las matemáticas, el código morse, y todos los alfabetos.

Volvamos al cuento de Juan Emar. ¿Qué función tienen los espectros en el universo metido dentro del ópalo? Los espectros en ese mundo y en nuestro propio mundo son los registros de aquellos que nos precedieron. Nuestros espectros pueden ser nuestros propios libros, es por los libros como nos continúan hablando los escritores de otras épocas. Nuestros queridos espectros. “El sexo nutriéndose de las ideas de los humanos”, y piense usted en las ideas del amor y el sexo, como también en todas esas ideas que cruzan la mente de un depredador sexual. “El sexo nutriéndose de la sangre de los humanos”, y la sangre no es otra cosa que la pasión, es pasión que aquellos que apenas entrevén su naturaleza animal tanto festejan en la carne. De esta manera Juan Emar nos muestra, dentro de su cuento, la diferenciación entre sangre e ideas, que son afectadas de formas muy diferentes por el sexo, y añade para dejarlo demostrado que forman una: “Simbiosis casi eterna que el hombre se niega a reconocer.”

El discurso del espectro de la narración nos habla incluso de que algunos seres humanos logran desconectar esa simbiosis entre sexo e ideas, pero casi nunca entre sexo y sangre (pasión): “Entonces los sexos pueden seguir viviendo su propia vida, nutriéndose tal vez con un poco de sangre, siempre; mas sin alcanzar a hacer de ninguna idea su presa”. Papusa no logra ser derrotada ni por el joven ni por el monstruo jorobado que le ha enviado el Zar, porque es una mujer que ha logrado separar su sexo de su inteligencia. El Zar no puede soportarlo. Cifra sus esperanzas en que el traumatismo, los golpes, la opresión, reintegre el sexo a la personalidad de Papusa, y de ese modo poder manipularla, manejarla, doblegarla. El espectro nos lo deja muy claro. (Piense ahora usted, querido lector, en todas aquellas mujeres que siguen siendo manipuladas con base en los golpes, en el miedo, en la culpa, con la finalidad de doblegarlas). Al final, al ver que no puede anudar el sexo a la mente de Papusa, el Zar manda a los perros a que la destrocen.

¿Qué son los perros en este cuento, en la tradición, en la significación del poder? Los perros que corren y van causando terror a todos los cortesanos que huyen, haciéndose a un lado, esos perros que van y obedientes, corren hacia ella para someterla. Esos perros que cuidan la entrada del infierno, canes de tres cabezas, nos dice la tradición, enfrentados con la humanidad sin sexo, enfrentadas con la mujer. El miedo que la mujer causa en los gobernantes, en las religiones, que unidos han buscado someterlas.

Jueves, 28 Marzo 2019 06:38

La conversación. / Adán Echeverría. /

 

La conversación.

Adán Echeverría.

 

 

Habían sido varias las noches que la tenía al otro lado de la pantalla de mi ordenador. Primero cumplía como padre, durmiendo a mí bebo y atendiendo a mi esposa a quien me gustaba tener bien cogidita, como debe exigir y ser tratada toda mujer. Nada de dejarla a medias. Un hombre con una hembra en cama, no debe levantarse ni dormirse hasta que quede bien relajada y pueda gozar de un sueño reparador. Para eso ellas viven con los hombres y no para soportar nuestra mierda.

¡Ah, mi esposa y esas sus tetas que no dejaban de chorrear leche! Bien nos lo había dicho el pediatra: si usted sigue estimulándola, ella seguirá lactando; así que para qué parar. El erotismo de quedar con los labios, la barbilla y el pecho bañados en leche materna no tiene comparación. Y ésos sus enormes pezones, eran el premio después del embarazo. Mi bebé ya tenía tres años, y claro que desde los diez meses mi esposa le retiró el pecho, pero esa leche que aún seguía produciendo la había reservado para mi, que tan glotón siempre me comportaba.

Mi trabajo de escritor comenzaba después de la segunda cogida, mi esposa era muy calma con respecto a mi dedicación, y me dejaba ser, porque una mujer que se siente bien atendida, no pone reparos en las actividades de su hombre. Yo era un tipo que se pasaba las noches escribiendo. En realidad dormía poco, terminaba con mi esposa a eso de las doce y media de la noche, y me levantaba a fumar un cigarro en la terraza, junto al carro, para mirar un poco la oscuridad exterior, ver pasar algunos trasnochados, mirar correr a los gatos por las azoteas, y sumirme en algunas ideas de meditación, las actividades del día, lo que había para el día siguiente, si necesitaba ahorrar dinero, si quería comportarme un poco mejor.

Aquellas lecturas de Samael Aun Weor me habían servido para poder meditar en las acciones realizadas durante cada día. Uno siempre despierta feliz, y la vida consiste en pasarse el día sin que nada afecte ese estado de tranquilidad. Vivir trata de eso, -decía el gnóstico- insistir en continuar sintiéndonos felices al llegar la noche, y yo asumí esas posturas. He ahí el reto, la posibilidad de sostener la búsqueda de la felicidad. Para eso servía recorrer una a una las acciones de nuestro día. No como un iluminado, o un fanático de la meditación, claro que no. El ejercicio me duraba lo que tardaba en consumirse mi cigarro, y luego volvía a la casa, abría el ordenador y me ponía a escribir cuanta historia me venía a la cabeza.

Así es como llegó Francia. Una noche me pidió amistad y no dudé en aceptarla, apenas la tuve en la red social comencé a revisar sus fotos, una más sexi que la otra, y cuando pensaba que esta chica me volvía loco, que se metía a las neuronas como un gusano, me topaba con otra fotografía donde se veía aún más sexi. Ella poniéndose los calcetines blancos en sus pequeños pies de bailarina; sabía que era practicante de ballet clásico porque veía las fotos donde entrenaba, y aunque las fotos de sus galas no me parecían importantes, sí las fotos tras las bambalinas, esas fotos invasivas que ella compartía. Sus manos alrededor de sus tobillos, para darles un masaje reparador, ella amarrándose las zapatillas, ella mirando coqueta el espejo mientras se alisa la faldita transparente para salir a escena. Ella con el maquillaje blanco y esos pequeños trazos de plata-metálico que le ampliaban los ojos, y qué hermosos eran los ojos de Francia. Siempre he perseguido esas cosas íntimas en la mujer. Por eso me había detenido en el álbum de sus fotos, para poder entrar de lleno sobre su intimidad, sobre ese erotismo que muestra en cada imagen: Una foto donde sopla sus dedos, haciendo una "o" con su labios, mientras expelía su aliento (seguro con olor a fresas) para secar el esmalta verdiazul de las uñas de sus manos. Se ponía una corbata y se hacía los nudos, mientras vestía alguna camisa blanca de hombre, y se metía un sombrero en la cabeza. La foto donde tenía ese 'body' azul con que entrenaba en el gimnasio. Aquella donde levantaba las piernas –duras piernas de bailarina- sobre el escritorio mientras sostenía frente a sus ojos aquel ejemplar de Bram Stoker. No la quería inteligente, y no la imaginaba leyendo a Kant, o pensando en alguna intrascendencia de Foucault, pero verla sostener un libro, mientras jugaba a mordisquear sus lentes me excitaba; como aquella foto donde mostraba la nuca, o donde regalaba una mirada a ese pavorreal que se había tatuado en el abdomen. Sus pequeños pies torcidos por el ballet así, sin esmalte en las uñas. O donde estaba de pie y de espaldas, y giraba un poco el torso y miraba la cámara con rostro de gatita traviesa. Todos los clichés de esa coquetería que una hembra dulce y fanerógama puede mostrar.

Lo que me encantó de ella es que no era de esas chicas que solo se toman selfies y listo; Francia sabía muy bien que la mujer que ahora nos revienta los huevos es aquella mujer en toda la extensión de la palabra: no un pedazo de carne que lamer y listo, sino una que es trabajadora, o ama de casa, y madre, o profesionista, activista de ideas liberales y no de pintas y cartulinas con faltas de ortografía; una mujer que pasa su vida y horas en ocuparse tanto de ella como de los suyos. Hembras poderosas de las que uno debe rodearse siempre. Y esas fotos donde cuidaba a sus hijos, y los llevaba al parque me atraían todavía más. Francia comenzó a llenarme las noches después del zafarrancho diario con mi mujer. Y era algo que decir, el hecho de olvidarme de la leche de mi hembra chorreándome sobre la barba y el pecho, para irme a mirar las fotos de esta hembra que había aparecido en la pantalla de mi ordenador. Apenas encendía el equipo, entraba a mi página del feis, y me dedicaba a mirar todo lo que Francia había hecho durante el día, la miraba en silencio, con la idea clara de que ella no estaba enterada de mi incursión a su vida. Y todo era así de básico para mis necesidades en aquellas madrugadas cuando me contactó.

Fue muy directa, después del Hola, me preguntó si en verdad me gustaban tanto sus fotos que me la pasaba mirándola todas las noches. No supe qué cosa decirle en ese momento, pero ella me hizo sentir en confianza diciéndome que se sentía halagada de estar siendo apreciada. Y entonces reparé en que le había dado clics a todas sus fotos, y eso lo había estado haciendo sin percatarme de ello. Qué tonto me había visto. Era un maldito acosador nocturno, y quería pasar desapercibido. Y vi que se abría de nuevo la ventana del chat y una foto de ella me esperaba. Me había enviado una foto sonriente, coqueta, con muy poca ropa, diciendo: Esta no la publicaré, es una foto que me tomé solo para ti.

– ¿Estás listo para tenerme esta noche?- y agregó otra imagen, ahora con su boquita pintada de rojo y con pequeñísima pedrería de fantasía fina. El juego había comenzado sin reticencias. Los dos nos dijimos cosas sucias desde el tercer mensaje. A su "Qué haces despierto a esta hora; ¿no deberías estar cogiendo?", contesté: "Me recupero de ello. Ella duerme, y yo tengo lista la cabeza para pensar y escribir." Me olvidé de toda aquella meditación rutinaria en la terraza de mi casa. Era claro que yo no iba jamás a ser un tipo religioso, ni filósofo, ni gnóstico ni nada que se le pareciera. Mis instintos eran tan humanos como animal en celo que me sentía, deseoso de aquella mujer que había dado aquel paso hacia mí.

- Y en vez de escribir, ahí vas a buscar "viejas" para tontear, ¿verdad?

- ¿Qué puedo hacer?, ellas aparecen, tan lindas frente a mis ojos.- ¿Cuánto puede uno resistirse a la presión de una hembra de esta naturaleza? Irradiaba tanta seguridad en sus frases, como en el hecho de enviarme fotos, que no me daba tiempo de sentirme halagado como en pensar que algo de raro tenía aquello.

-¿Cuándo me dejarás verte? Esta semana mi esposo no estará, y puedo decirle a mi madre que se quede con mi beba.

Francia era madre de una beba de tres años, justo la edad que tenía mi hijo. Eso de las repeticiones que seguido nos ocurren; en muchas de sus fotos aparecía con su retoño a un lado.

- ¿Estás decidido para que arruinemos nuestra historia de parejas casadas y fieles?- y esto lo dijo acompañado de una foto donde me dejaba ver su ombligo y justo donde empiezan a notarse sus vellitos del pubis.

-¿Cuándo podré verte?, - leía yo, mientras me enviaba una foto de sus piernas y sus hermosos pies con las pintadas uñas de rojo.

Estaba a punto de contestarle que claro, que mañana mismo vería cómo hacerle para verla, y escuché a mi espalda la respiración de mi esposa con su: "¿Cómo vas con el cuento?, ¿quieres que te prepare un café?"

Sentí que se me caían los huevos al suelo por la sorpresa. Uno nunca será tan rápido para cambiar de pestaña y ocultar el programa, o en mi caso para minimizar la pantalla de la conversación que sostenía con Francia. Pero mi esposa tampoco sería tan rápida para mirar detrás de mi espalda y ver con quién estaba conversando. Mientras hacía todo para cambiar de pestaña de la manera más natural y discreta que podía para ocultar el chat (iluso), me di vuelta para quedar frente al rostro de mi mujer que bebía un vaso de leche, algunas gotas terminaron de caerle por la barbilla.

- ¡Vaya que se me cae la leche!- dijo risueña, mientras yo la jalaba hacia mí, y la sentaba en mis muslos. Comencé a lamerle la barbilla.

- No tienes llenadera, ¿verdad?

- Me gustas mucho,- alcancé a decir. Y la ventanita de la conversación con Francia comenzó a parpadear, como señal de que me seguía escribiendo.

Yo no podía dejar que mi esposa viera el monitor, así que aprovechando la silla giratoria, di vuelta para que ella quedará de espaldas a la pantalla, montada sobre mí, lista para ser besada y penetrada; no traía calzones, y aproveché la erección que ya tenía por las fotos y la charla con Francia, y comencé a meterme a ella. Mi mujer dio un sorbo a la leche del vaso, y giró para dejarlo sobre el escritorio junto al ordenador.

Yo le mordí una teta, tenuemente, para que no dejara de mirarme, y la tela de su blusita de algodón se mojó con la leche que aun le salía de los pezones erectos, y con mis dedos comencé a explorarle los vellitos alrededor de su ano; ella estaba montada conmigo dentro. Me puso las tetas en la cara, y moviéndose cómo la hembra dueña de mí que se sabía preguntó:

- ¿Ya terminaste de hablar con tu amiga?

Fingí no escucharla. Era verdad que lo había dicho sin subir de tono, y así como si nada. Traté de concentrarme en ella, pero sabía que la sangre abandonaba mi pene y me subía al cerebro. Me encanta ir metiéndole de a poco los dedos en la raja, es algo que se que ella disfruta, y me pone duro de inmediato, rozarle el culo con la yema de los dedos, pero la pregunta de mi esposa flotaba en el aire como un fantasma que decía: "Que pena me das, pobre pendejo". Ella me tomó de la cabeza, para mirarla de frente y repitió:

- ¿Ya terminaste de hablar con ella?- supe que no había escapatoria. Yo era un tipo derrotado. Mi mujer tenía la última palabra y no había nada que decir de mi parte. Se salió de mí, cogió su vaso con leche del escritorio.

- Me voy a dormir. ¿Vienes?

Y supe que esa era la frase final, en ella estaba inscrito un "Te perdono, pero ven de inmediato tras de mí".

Cerré las pestañas de los programas sin pensarlo más. Apagué todo de inmediato. La idea de Francia había salido por la ventana junto con mi hombría. Era yo un hombre dominado por el miedo. Un ratón que no tenía posibilidades. Fui derrotado por el poder que mi esposa tenía sobre la infidelidad en que me había descubierto. No quise decir nada y fui a la habitación. Ella estaba acostada bajo las sábanas. Creí que comenzaría a discutir, que al día siguiente me dejaría, y no tenía más nada que decir. No había pasado nada extraordinario, pero había decidido ver a Francia, me había ganado la lujuria, y estuve decidido a arriesgarlo todo. No supe nunca, no podía saber, desde cuando mi mujer estaba detrás de mí. Yo platicaba y me ponía de acuerdo con Francia cuando escuché su voz detrás. Ella era dueña de la información, y del destino de nuestra relación. Pensé en mi hijo, en el trabajo, en qué haría al despertar y en cómo enfrentar un nuevo día.

Levanté la sábana, y ella se volteó hacia mí. Me metí dentro de ellas y sentí la desnudez de mi esposa, y la humedad de su pubis que rozaba mi pierna, como un molusco que iba lamiendo mi rodilla untando su exquisita mucosidad. Me jaló del cuello y me dio un largo beso para decir en un gemido, mientras arrastraba una mano por mi pecho y mi abdomen, hasta tomar mi pene entre en sus manos.

- Te quiero dentro de mí.

Jueves, 28 Marzo 2019 06:20

La literatura del No. Adán Echeverría

 

 

La literatura del No.

Adán Echeverría

 

Este lunes pasado tuvimos la oportunidad de revisar, en el taller de apreciación literaria, el cuento “Un día perfecto para el pez plátano”, de J.D. Salinger, para que los alumnos tuvieran la oportunidad de percatarse de dos puntos principales: 1. Los diálogos, en una obra literaria, tienen la funcionalidad de hacer avanzar un texto. 2. Como los personajes que dialogan pueden describir a un tercer personaje, que llega a ser el personaje central del texto.

Este ejercicio tampoco es tan novedoso, pero nos lo clarifica en este texto el escritor norteamericano, y es muy útil como lectura de taller literario, pues ya desde la novela “El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde”, Robert Louis Stevenson, nos había acercado ese ejemplo de la descripción de un tercero mediante el diálogo entre dos personajes.

Para hablar de la obra de J.D Sallinger, fue bueno recordar el reconocimiento que tiene el escritor por su magistral obra “El guardián entre el centeno”, una obra que en los Estados Unidos se ha vuelto obligatoria para los estudiantes de pregrado o High School, de lo que para nosotros sería el bachillerato. Salinger es un escritor que no tuvo que publicar una gran diversidad de obras literarias para pasar a la historia de la literatura, y estar incluido en el Canon Occidental, que propone Harold Bloom. Son dos sus obras con las que el mundo lo conoce. El ya citado Guardián entre el centeno, y su cuentario “Nueve cuentos”, de donde se desprende “Un día perfecto para el pez plátano”. Después de escribir estas obras, Salinger se convirtió en un eremita y se apartó del mundo literario recluyéndose en una granja, donde continuó leyendo y escribiendo historias que no volvió a publicar.

Este tipo de escritores son los que el personaje de Enrique Vila-Matas decide rastrear en la novela “Bartleby y compañía”, donde define: “los Bartlebys, son esos seres en los que habita una profunda negación del mundo”, esos escritores que pueden ser agrupados dentro de la Literatura del No, y que son reconocidos los escritores del No. Y es gracioso reconocer el nombre de Bartleby, tomado del magristral cuento “Bartleby el escribiente”, de  Herman Melville, el autor de “Moby-Dick”, otra de las obras de la narrativa norteamericana, que cambiaron el mundo de la literatura y que dio inicio a la novela moderna.

Y es que necesitamos hablar de la literatura del No, para poder reconocer el objetivo que persigue todo escritor a la hora de dedicarse a la literatura. Un objetivo que siempre tendrá que ser personal y no grupal. ¿Qué persigue todo escritor? ¿Acaso el éxito de venta de sus libros? ¿Tal vez la gloria literaria, el premio Nobel, o cualquier otro premio que le brinde reflectores, aplausos, publicaciones en la prensa? Cada quien lo sabrá, y en su intimidad tendrá esa plática consigo mismo. Lo cierto es que todos los autores escribimos con una finalidad principal, que es el objetivo del lenguaje todo: Comunicar, decir a los otros lo que pensamos, lo que sentimos, lo que queremos, lo que odiamos, lo que queremos cambiar, lo que podemos retratar.

Lastimosamente en México, la educación literaria en muchas ocasiones hace creer a los jóvenes escritores en la necesidad de perseguir los presupuestos. Como si la literatura se debiera exclusivamente a intentar conseguir becas y premios, para poder sentirse parte del gremio de los “poetas premiados”. La literatura es mucho más que eso. La literatura mexicana nos ha brindado excelentes ejemplos de los escritores del No, como Juan Rulfo y Alí Chumacero, uno en narrativa y el otro en poesía, que sin tantas obras tienen un lugar y reconocimiento en el Canon de la literatura mexicana. Latinoamérica nos entrega a Juan Emar y a Ernesto Sabato, quienes igual tienen una gran presencia en la tradición literaria mundial, con dos o tres obras cuando mucho.

 

Inundándose en la madrugada.

Adán Echeverría.

 

Acompañé a mi novia a rentar la casa de la calle 84 que se volvió la dirección que poníamos luego en los cuadernillos de poesía que publicamos. Estos cuadernillos fueron los primeros del taller. Los alumnos querían que yo igual publicara con ellos, pero les dije que no. Yo ya había sido publicado por la editorial Dante y por la Universidad Autónoma de Yucatán. No iba a publicar ahora en un cuadernillo. Igual les sugerí que cada uno de ellos hiciera un texto de presentación para el texto de otro compañero. A mí me tocó escribir el texto para los cuadernillos de Patricia e Ivi.

La casa de la calle 84 se volvió el sitio para los encuentros literarios, las charlas poéticas, el tallereo, la edición, la fiesta, y claro, para que mi novia y yo nos revolcáramos piel contra piel todo el tiempo que así lo deseáramos. Desde que la acompañé a rentar la casa, ella insistió en que la llevara a un cerrajero para que me sacara una copia de la llave. Así, yo podía ir y venir cuando quisiera, aún cuando ella estuviera en Santa Cruz Pinto, donde trabajaba como instructora Conafe.

Cómo le enojaba que yo dispusiera de la casa para las fiestas de cada fin de semana Luego del taller yo decidía ir a la casa, no solo con ella, sino con varios de los integrantes, a beber de lo lindo. Sobre todo si nos tocaba salirnos de algún evento cultural.

La noche de Carolina, creo que se trató de alguna de las constantes premiaciones que le daban a mi novia por su trabajo poético. Había ganado ya varios concursos, y claro, los compas del taller literario, yo con ellos, teníamos que brindar de alegría. Carolina decidió irse con nosotros. Podía ser -en edad- madre de mi novia, bueno, yo le llevaba 10 años a mi chica, y Carolina tenía edad para ser incluso mi madre. Ivi, Carolina, Yo, éramos los que más bebíamos. Paty siempre se cuidó con el alcohol, lo de ella eran las drogas duras, o -si no había más- pues algo de hierba, y el Ivi siempre andaba preparado porque Nelson era más aficionado a la mota que al alcohol. Bonito grupo intelectual formábamos.

Así que entre brindis y brindis, todos nos pusimos alrededor de Carolina quien nos contaba sus derroteros como dictaminadora para el Fondo Editorial Tie…: He rechazado a un chingo de huevones y huevonas que creen que escribir prosa es hacer cuento. ¡Cuánto pendejo manda trabajos a la editorial! Yo solo me río, gano el dinero que me pagan por la chamba, y me pongo hasta la madre, como debe de ser. ¡Salud! decíamos a coro.

Cansado de todas las historias que se contaban sobre el monstruo irreal de la narrativa yucateca que era Carolina, decidí no dejar de preguntar por las leyendas que se contaban de ella. Mario González, cuando fue mi tutor suplente de novela, en el Fonca, porque Rafael se había puesto muy mal del cáncer y no acudió a la última reunión que tuvimos en Veracruz, nos contó, a Luis Valdez y a mí, que Carolina todas las mañanas tomaba el desayuno en el Fondo de Cultura… con Alí Ch....

"Es la niña consentida de Alí", contaba el bocón de Mario, y añadió: "Pero esta pinche vieja esta bien loca. Un día llegó para exigirle plata al viejo. El viejo se negó frente a mí. 'Ya te dí', le decía, pero la Carolina se puso fúrica; le tiró la cerveza encima al pobre viejo. Lo hubieran visto. El gran maestro de poesía bañado en cerveza por la loca yucateca. Alí solo se sonreía divertido. 'Así es ella, la conozco hace tanto. Ya vendrá a disculparse. Pero no puedo darle dinero ahorita; así como anda sería mejor ponerle una pistola en la cabeza y dispararle. Sólo quiere conseguir más'. Y el viejo se limpió el saco y la camisa.

Carolina volvió del baño y pidió otra cerveza. Cogió la mano derecha de Alí, y así, tomados de la mano, comieron juntos el desayuno. Yo no decía nada. Solo me la pasaba viéndolos. Ya tuve yo mi propio momento para ver una de las escenas de Carolina, la gran narradora. No se qué broncas tenía con su tipo, el caso es que me habló temprano. Cuando llegué a verla, estaban los dos bañados en sangre. El pendejo tenía un corte en la nuca y Carolina cortados los dedos de la mano derecha. Le había puesto un botellazo al tipo, pero ahí estaban los dos esperándome". Esas fueron algunas de las historias que nos había contado Mario, en aquella cantina de mala muerte del centro del puerto de Veracruz. Yo ahora tenía a Carolina de frente, en vivo. La historia de Carolina que el tutor suplente del Fonca me contara debió ser suficiente para no hacerle más caso a esta mujer, o mejor dicho, para no picarle en el lomo a esta gárgola, y en cambio heme acá chupando con ella.

Nos bebimos dos cartones de caguamas y un litro de ron con agua mineral. Fumamos bastante mota. Mi novia estaba hasta la madre de cansada, harta de todos nosotros, pero siempre fue muy centrada con respecto a la fiesta. Jamás saca a nadie de su casa, aunque ella no beba hasta quedar hasta las chanclas, siempre permanece consciente. No fue mi caso.

Yo ya me había puesto hasta la madre. Las historias de Carolina daban vueltas en mi cabeza. Ella había vuelto a Mérida porque había huido, luego de que ayudó a su novio a violar a una chica de universidad. El tipo era un patansote que ella mantenía con el dinero que ganaba en la literatura. Decía que era músico. Pero sólo creía servir para sacarles provecho a las mujeres, y Carolina se enteró de una de las mujeres que se enredó con él. Los vio juntos, bebiendo en una cantina, y se les sentó a la mesa. Los otros no supieron qué hacer.

Carolina estaba dispuesta a hacerles un escándalo brutal si aquella chica decidía levantarse para irse. 'Quiero ver cómo te coge mi marido', nos contó que le dijo a la chamaca. Y se fueron los tres al departamento. Carolina siempre ha podido con el alcohol, las drogas duras, las pastas, la coca, piedra, el cristal, los ácidos y los aceites, con todo lo que le provoque y para lo que le alcance. Se la llevaron al departamento, y cuando la chica ya parecía una muñeca de trapo por el alcohol y la droga, entre los dos la violaron. La dejaron ensangrentada y desmayada en una calle cercana a su casa. 'Que la recoja el gobierno, o el departamento de limpia, pinche vieja'. Por supuesto que ellos resultaron los principales sospechosos; la chica no murió, pero se había librado una orden de aprensión.

Carolina reía con esa su risa bruja, de dientes podridos por la droga. Mi novia me vio ya incapaz de estar en pie, y me acompañó a la cama. Le pedí que me la chupara un poco para relajarme, y ella presta se puso de rodillas, pero yo estaba demasiado ebrio y me quedé dormido. Seguía oyendo las risas de la conversación. Patricia ya no estaba; a esa hora solo quedábamos Nelson, Ivi, mi novia, Carolina, y yo tirado en la cama. Se había acabado todo lo que se bebía. Carolina insistió en dar su tanda, y salieron a comprar clandestino. Los escuché cuando volvieron. Venía alebrestados, hechos un escándalo. Carolina se había robado un macetero del jardín de una casa, e hizo que Nelson cargara con una virgen de guadalupe hecha de yeso; también habían pateado cuanta reja pudieron tan solo para molestar. Carolina se acercó a la cama donde yo estaba durmiendo:

'Vas a ver cabrón. Te voy a coger por el culo para que no seas pendejo. Tienes a esta chamaca como tonta soportando borrachos, y tú, todo dormidote en la cama. Ningún marica me invita a chupar y se queda dormido. Al que se duerme, hay que cogérselo, esa es la regla'. Y se metió entre mis piernas. Yo estaba durmiendo boca abajo, así que me tomó por las caderas y me jaló hacia ella. Se balanceaba golpeándome con la pelvis, las nalgas y los huevos. 'Ya déjame, coño', pero ella estuvo jode que jode hasta que me levanté.

'Venga cabrón, venga a tomarse unos tragos con nosotros, que aún no amanece, y a usted ya se le quitó lo borracho.' Me acercó un vaso de plástico que contenía un líquido negro en su interior. Ron con coca cola, pensé; está bien, lo dulce me refrescará el hocico. Mi novia decía a modo de súplica, medio en serio medio en broma: No, no sean así; no te lo tomes, déjalo.

'Tú no te metas. Él tiene que ser un hombre cumplidor, ándale, a chupar, ¡salud!', gritó Carolina, y sin contestar me empiné el vaso y de dos tragos me lo bebí completo. ¡Puta madre!, casi me vomito de lo fuerte que estuvo el trago. ¡¿Qué mierda me diste, pinche pendeja?! Pero Carolina y los otros, incluida mi novia, ya estaban cagándose de la risa. 'Te dije que me tocaba invitarte. Tenía que dar mi tanda, y lo único que encontramos abierto era una farmacia.'

 

 

 

Mi Matamoros querido ¿qué te ha pasado?

Adán Echeverría

 

 

Mi Matamoros querido ¿qué te ha pasado?

Dr. I:

Hola. Espero se encuentre bien de salud.

Por ahora no tengo teléfono celular, y seguimos escondidos en un hotel a las afueras de la ciudad, en la salida de la ciudad rumbo a Victoria. No sé qué está pasando y estoy terriblemente golpeado.

Te cuento:

A las 8.00 de la mañana, del jueves 25 de octubre de 2018, mientras estaba esperando para abordar la pesera (camión), junto con mi esposa, mi hijo de 1 año, y nuestra perra, justo en la esquina de la Avenida Lauro Villar; del lado de la escarpa a las afueras de la clínica del Seguro Social sucedió. Abordé el camión, y de inmediato me percaté que, desde la escarpa, mi esposa me llamaba a gritos, pidiéndome que me bajara. Detuve al camionero y me bajé inmediatamente de la pesera, mientras mi esposa me gritaba que habían atropellado a nuestra perrita. Corrí entre los automóviles que se habían detenido, y tomé a la perra entre mis brazos, la recogí de en medio de la calle; caminé hacia mi esposa y mi hijo, y una joven mujer, muy amable, se acercó a ayudarnos, se ofreció para llevar a la perra con un veterinario.

Abordamos su camioneta; íbamos la mujer, mi familia y yo, aún con la perra entre los brazos. Ella temblaba, tenía los ojos abiertos, y los músculos de las cuatro patas tensos, demasiado tensos. Yo iba hablándole quedito, y besándole la cabeza, acariciándola para que se calmara. Avanzamos unas cinco cuadras sobre la misma Avenida Lauro Villar, y justo en la esquina donde se encuentra una gasolinera, doblamos a la izquierda para llegar a la clínica.

El médico atendió a la perrita, estaba solamente asustada por el suceso, pero fuera de peligro. Luego de haberla atendido, nos regresamos caminando hacia la casa. Para ello tuvimos que cruzar la Avenida Lauro Villar, y caminar por la entrada del Coppel, el Soriana, en la puerta de las salas de Cinépolis, y cruzar el amplio estacionamiento, hasta llegar a la Avenida División del Norte. Cruzamos la avenida, pues como la perra estaba lastimada, decidí acompañar a mi esposa e hijo, junto con la perra lastimada y asustada, por lo menos encaminarlos hacia la casa.

Atravesamos la avenida División del Norte, para entrar por una calle del fraccionamiento Fresnos, y caminar hacia nuestra casa en el fraccionamiento Las Arboledas. Como tenía que alcanzar a llegar a la Universidad, porque tenía que acudir a impartir una conferencia a las 10 de la mañana, y al medio día, participar en una reunión a la que el rector había convocado, para hablar sobre la maestría en ciencias en la que yo estoy dando clases; así que me despedí de mi familia luego de haberlos encaminadp, y regresé a tomar de nuevo la pesera para ir hacia la universidad donde laboro, que se encuentra al otro lado de la ciudad de Matamoros, Tamaulipas, como usted recuerda.

Caminé de nuevo por el estacionamiento del Soriana de la Lauro Villar, y en la puerta de la tienda Coppel  me abordaron dos sujetos, cerrándome el paso. Uno cargaba un bate de béisbol, era moreno, poco más alto que yo, delgado, de cara redonda, llevaba un pasamontañas, pero lo traía levantado como si llevara solo puesto un gorro de color negro. Abrió su chaqueta y me enseñó el bate que llevaba en la mano derecha. El otro era de piel blanca y cabello amarrillo, traía barba crecida rubia, y tenía los ojos verdes, él fue quien hablaba, llevaba un arma, y me pidió acompañarlos sin oponer resitencia, porque lastimarían a mi esposa e hijo.

Me subieron a un carro, me pasearon por varias calles, me quitaron el celular, la computadora, mis memorias usb, mi cédula profesional (¡qué ladrón se lleva tu cédula profesional!); tres horas y media después cuando me liberaron, me devolvieron mi cartera y mis tarjetas. En la cartera no tenía ni un solo peso, pues justo antes de que me atraparan estaba hablando por el teléfono móvil con una maestra, que es mi alumna de literatura, y le estaba explicando la situación del atropellamiento de mi perra, para que me depositara 1200 pesos, y así poder pasar a pagarle al veterinario que nos la había atendido; el dinero me lo iba a dar por concepto de un libro que le estoy haciendo; pero los sujetos me quitaron el celular, justo cuando hablaba con ella.

Los comentarios de los sujetos, al abordarme y durante todo el trayecto, fueron que yo me había metido con una mujer y le había faltado al respeto, y que ella pidió que me presentaran, para matarme o para hacer que de manera inmediata me fuera de Matamoros. “Nosotros tenemos orden de levantarte, tomarte fotos, mandárselas, y ella y nuestro jefe decidirán qué cosa haremos contigo”.

Huelga decir que yo llegué a Matamoros invitado por una mujer para trabajar en un centro de investigación, que está siendo financiado por el consejo nacional de ciencia y tecnología (conacyt), y que esta mujer me pidió dejar mi lugar de residencia, donde tenía trabajo, y venir a Matamoros, con la finalidad de que yo ocupara una plaza de investigador que ella me ofrecía. Fue justo éso lo que me ofreció.

Llegué a Matamoros en el mes de julio. Y desde mi llegada, ella (esta mujer que dijeron dio orden de golpearme), decidió que yo me integrara al Núcleo Académico Básico de la Maestría que comienza a desarrollarse en el centro de investigación. Pero desde ese mismo mes comenzaron a ocurrir sucesos que me parecían extraños respecto del comportamiento y liderazgo de dicha mujer (que pertenece al Sistema Nacional de Investigadores y es SNI Nivel 1):

En primer lugar, no me ofreció una plaza como había dicho, sino apenas un contrato por tres meses, por lo cual me trajo a Matamoros con mentiras. Yo había dejado todo para trabajar en la plaza que me ofreciera, pero no había tal plaza.

Luego ella, en reuniones hablaba de las golpizas que habían sufrido algunos otros doctores antes de que yo llegara a Matamoros. Incluso, en el informe de la tercera etapa del proyecto, que entregó al conacyt, en el Apartado de Riesgos a Futuro, esta mujer señala: “En realidad existe el riesgo constante y latente de la integridad física de los recursos humanos comprometidos en el Proyecto. La situación de inseguridad ha provocado bajas en el personal por situaciones de 1 levantamiento a uno de los investigadores, 3 situaciones de asaltos a tres investigadores más. Dentro de los terrenos de la Universidad se han vivido 2 persecuciones y balaceras, esta situación ha mermado el rendimiento y la estabilidad de los investigadores.”

Lo cual, ha todas luces, se nota que es una forma de querer culpar a la ciudad y la zona de Tamaulipas, de todo aquello que le ocurre al personal que trabaja con ella. Pero es muy interesante que no le ocurre al resto del plantel que trabaja en el centro de investigación, ni le ocurre a ella. Tampoco le ocurre a todos los otros profesores que trabajan en la universidad. Sino que solamente le ocurre a los doctores y doctoras que trabajan con esta mujer. Doctores y doctoras que esta misma mujer hace que lleguen a Matamoros, a los que luego busca desprestigiar y lastimar, con el fin de que se vayan de la ciudad, y con el fin de decirle al conacyt, que todo lo que no logra cumplir, es por cosas ajenas, y de violencia, en el que ella tiene que trabajar. A aquellos doctores la habían acusado de pertenecer al grupo delincuencial de la ciudad. Pero esta mujer, lo contaba en reunions como si se tratara de una broma,  y se reía, haciendo sus cómplices a todo el personal de ingenieros, y bachilleres que trabajan con ella, y a quiens les dice que ella es quien les paga.

Toda vez que no se le ha podido probar nada a ella, los doctores se han ido, las doctoras se han ido igual, unos golpeados, ellas desacreditadas, acusadas de infidelidades, cuando nada de eso ocurre.

Los sujetos que me levantaron me estuvieron paseando por la ciudad, yo no sabía dónde estaba, pero me di cuenta que me sacaron de la ciudad. Les pregunté si me matarían, y ellos me golpeaban. Escuchaba y me daba cuenta de que dejamos atrás la ciudad, se metieron en brechas fuera del camino, me llevaron a una bodega, donde me bajaron a golpes, me pusieron un sweter en los ojos para que yo no viera donde estaba, y me llevaron atrás del automóvil. De pie, me hicieron poner mi frente en la cajuela del auto, extender las manos, y me golpearon salvajemente con un bate, y a golpes y patadas, la espalda, la nuca, los glúteos, las piernas, los muslos, y las costillas. Me desmayé del dolor, y caí al suelo.

Siguieron golpeándome, y me sacudieron para despertarme. Uno de ellos a cada rato decía que tenían que matarme, y me puso una pistola en la cabeza; hablaron por el teléfono móvil con una mujer, le enviaron fotos de mí antes de golpearme y después de golpearme. Se tomaron fotos abrazándome, como si yo golpeado fuera motivo de orgullo para ellos. Así estuve, amarrado mientras ellos estuvieron golpeándome. Me tomaron videos, y se los enviaban a su contacto. Sacaron mi celular, estuvieron revisando mis contactos, revisando mis fotos, donde tenía imágenes de mis hijos, hablando de las fotos de las chicas que tengo de contacto.

Me pidieron la clave de mi computadora, se llevaron mis memorias usb. Dijeron que si aquel que los había enviado encontraba algo que fuera comprometedor, me matarían y estaban esperando órdenes. Volvimos al auto y seguimos andando por la carretera, me di cuenta por el ruido del tráfico que iba haciéndose espaciado en el paso de carros o camiones, y porque dejó de escucharse el barullo de las personas, y por esos ruidos, igual pude darme cuenta que volvíamos a la ciudad. Me llevaron a casa de alguien, entramos en un garaje, uno de ellos se bajó con mis cosas y las entregó. Volvieron al auto y seguimos dando vueltas.

Les volví a preguntar si iban a matarme, pero ellos en respuesta me pegaban e insultaban. Dijeron que ellos harían lo que les ordenaran hacer. Que yo ya estaba viejo y que ya había vivido demasiado para andar preocupándome.

“Con alguien te metiste, a alguien le faltaste al respeto, y por eso te agarramos, así que tú sabes bien lo que hiciste. Ésa persona no quiere verte en Matamoros, así que te conviene ir y pedir dinero, consigue dinero, y yo te recomiendo que te vayas de Matamoros, pero hoy mismo.”

Me dijeron que tenían a una de mis compañeras.

Me mostraron la foto de una mujer que estaba golpeadísima, y me decían: “Es tu amiga, tú sabes quién es, mira como la han puesto, en cambio a ti, apenas te dimos una paliza”.

Me dijeron luego: “Ya la libraste. Te vamos a llevar a la puerta de tu casa. Sabemos todo de ti –y me describieron el accidente de mi perrita, la ropa de mi esposa, el color de la ropa de mi hijo, la carreola; dijeron qué carros había estacionados cerca de mi casa-, si no te vas hoy, mañana volveremos por ti. Si vemos a la policía o al ejército rondando tu casa, vendremos por ti. No tienes escapatoria, porque te conocemos muy bien, porque sabemos todo de ti”.

Yo ya estaba enterado, como tú y todos en el centro de investigación, y enterados por la misma mujer-coordinadora, sobre que algunos decían que ella pertenecía a La Maña, al crimen organizado de Matamoros, y ella solo se reía, mientras lo contaba como si se tratara de un chiste.

Ahora comprendo que era una forma velada de amenazar.

Es sabido, y por ella misma que no para de decirlo, así como por otros trabajadores del centro, que dos doctores, Dr. E…, Dr B., e incluso tú, Dr I., que estaban en este centro de investigación antes que yo, acá en Matamoros, que igual fueron asaltados y golpeados en su momento, además de acosados por esta mujer-coordinadora que además trabaja en la universidad juarez del estado de durango.

Los que me atacaron sabían dónde vivía yo. Me dijeron exactamente todo lo que hice en la mañana, cómo estaba vestida mi esposa, que atropellaron a mi perra, que una enfermera nos llevó a un veterinario, que regresamos, que dejé a mi esposa, que en mi casa estaban otros compañeros de ellos esperándome, y que si encontraban cualquier rastro comprometedor en mi celular y en mi computadora portátil, entonces volverían por mí.

Tengo mucho miedo, no sé qué hacer, y hago responsable a quien dio esta orden (y a todos los que estén involucrados), de cualquier cosa que me pase a mi o a mi familia.

(He pasado ya los nombres de todos los que trabajan en el centro, a mis familiares y a mis amistades, así como a la prensa local y nacional, y a los contactos de las otras universidades donde he trabajado, para que los contacten a ustedes, para exigir una explicación que permita llegar a la justicia, si algo me pasara).

Quiero saber si aquellos que le brindan la oportunidad de trabajo a esta mujer, pretenden mantenerla en su puesto toda vez que su comportamiento como líder (ha contratado y despedido a más de 15 personas para el centro de investigación, en menos de un año, y a muchos de ellos los ha acosado laboralmente, difamado, desacreditado, acusado de robarse equipo, pero jamás presenta demandas por robo ni nada; solo dice todo esto una vez que los doctores y doctoras se han ido).

Estimado Dr, esto me pasó a mí, y ya le ha pasado a otros tres doctores más del centro de investigación; a dos doctoras que esta mujer ha corrido, las ha intentado desacreditar: diciendo que se robaron cosas, equipos, cables de los equipos científicos.

Esta mujer-coordinadora incluso ha enviado a sus sirvientes (los jóvenes que trabajan para ella), para que construyan historias respecto de mí, con tal de desacreditarme. Han ido a contar a otros que Yo fui agredido porque me metí en problemas con mis vecinos de Las Arboledas. En Matamoros, solo estamos mi esposa, mi hijo de un año y yo; ¿a quién acudir?

¿Acaso esperan que los que dieron la orden de golpearme hagan que les pase a otros doctores igual, para reaccionar, en Matamoros, en Durango, en Coahuila, sitios todos donde ella se desenvuelve?

Sé que la misma mujer que me ofreció trabajo es responsable de estas golpizas, pero no hay forma de probarlo aún.

Ayúdame, quien hizo esto es un sicópata, porque nada, ninguna razón hay para lo que hizo, tiene que ir a la cárcel, se le tiene que detener, y jamás debe estar a cargo de ningún grupo de investigación, deberían quitarle su licencia para ejercer como científica.

El jueves 25 de octubre era la auditoria de la maestría donde trabajo y solo no quisieron que yo llegara a la reunión.

He hablado con personal de la comisión de derechos humanos, y con organizaciones sociales que trabajan contra los secuestros, porque necesito protección para mí y mi familia.

Enviaron a golpearme y a amenazarme con matar a mi familia.

Ahora, pregúntate doctor: ¿si lo que me hicieron es algo que deseas les ocurra a otros doctores o a tu propia familia? ¿Acaso por una cuestión de diferencias en el trabajo, o porque te niegas a hacer bullyng a otros doctores, es justo que una persona te mande golpear? ¿o porque te das cuenta que los alumnos de la maestría no cumplen ni con el perfil para estudiar la maestría, y se les está dando becas y aprobando las materias, sin que tengan los méritos, porque la jefa así lo dispone, y tú te niegas a servir de comparsa, y acaso eso es motivo para que sufras un atentado?

¿Acaso alguna de estas ideas es motivo de que se de orden para que te asalten, golpeen o amenacen de muerte?

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