Martes, 18 Septiembre 2018 22:17

La hija de mi jefa. / Adán Echeverría. /

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La hija de mi jefa.

Adán Echeverría.

 

 

Conocí a Yos cuando acababa de graduarme de biólogo. Ya con el título en la mano, me sentía desempleadamente interesado en proteger el medio ambiente. En las escuelas te preparan para todo menos para trabajar en tu profesión. No existe en la academia mexicana, el ideal de volverte funcional para la sociedad. Todo se trata de hacer investigación que permita publicar 'papers', artículos científicos en revistas especializadas, arbitradas, es decir que envías tu manuscrito y será evaluado 'por pares', por personas -otros científicos- que se dediquen al tema sobre el que versa tu artículo. Esta articulosis en la que necesitas inmiscuirte te brindará cierto puntaje dentro del Sistema Nacional de Investigación (SNI) que te dará un estipendio económico mediante el CONACYT. ¡Vaya cosa! Medir de esta forma la capacidad científica de los mexicanos y presumir: Yo soy SNI 1, ah no, pero yo soy SNI 3, así que me toca el último pedazo de pastel. Como si de presumir el tamaño de su miembro. ¡Pobres adinerados científicos mexicanos!

Esos SNI algo, o aspirantes a SNI fueron los que me formaron (o deformaron) en la universidad. Sales de ella siendo un todólogo experto en nada. ¿Cómo conseguir trabajo entonces?

Yo había elaborado -por mi experiencia en diseño editorial- unos fascículos que se llamaban Facilitando el Diálogo, y estaban pensados para llevar información a los productores del campo yucateco. Durante ese trabajo, en la oficina, había encontrado "El Libro Verde", que era un directorio nacional, algo así como la Sección Amarilla, pero de Organizaciones No Gubernamentales dedicadas a la Sociedad Ambientalista. Con el documento en la mano, preparé un Correo, y lo envíe a todas las direcciones que pude registrar, y que encontré en el libro. En mi correo les comentaba que era recién graduado de la licenciatura en biología, y que estaba buscando involucrarme en cualquier trabajo que tuviera que ver con el ambiente, para poner de mí, y obtener experiencia. Igual decía que solo requería en pago: un sándwich al día, y un lugar cómodo para poder dormir las noches. ¡Vaya si me llovieron invitaciones a trabajar! Esto es México. Bienvenidos todos los que quieran trabajar por tan poco.

Uno de los correos que me contestó venía precisamente de Pronatura Yucatán, se trataba de Yos. Ella me invitaba a trabajar a su lado en Proyecto en Calakmul. Por supuesto que me interesó.

Viajamos a aquel bellísimo sitio prehispánico, yo manejaba. Era un volkswagen austero, de los años 80. El viaje fue muy agradable. Me encantaba escuchar las historias de Yos. Siempre me ha encantado escuchar las historias de las personas. Yos me había contado de su divorcio, y de su hija que para entonces tenía apenas unos 12 años.

Los días al lado de Yos nos unieron en varios proyectos ambientales. Con ella me fui a vivir a Cancún para trabajar en una extensión del aeropuerto que estaban desarrollando. Un trabajo que terminó por ser súper corrupto. Y del cual terminaron cortando a Yos, porque ella pues no iba a permitirse participar en ese tipo de tranzas. Yo me quité con Yos del mismo empleo. Pero desde que nos fuimos a Calakmul, y terminamos por compartir el mismo cuarto en Zoh Laguna, comenzamos esos escarceos románticos en los que un hombre y una mujer siempre terminan por involucrarse. Los mismo nos ocurrió en Cancún, donde decidimos ya no contenernos.

Yos era una mujer mayor que yo, casi 20 años. Yo tendría acaso 22 años, ella quizá poco más de 40. Además de bióloga era maestra en educación física, y practicante de yoga. Tenía un cuerpo redondito. Con unos pechos enormes de hermosos. Los pezones oscuros y gigantes, como una falange del dedo meñique, algo hermoso para masticar mientras se los succionaba. Me ponía durísimo con sus besos, y sus arrebatos de hembra dulce y valiente. Porque el valor que siempre ponía Yos en todo lo que hacía me excitaba mucho. Nada como amar a una hembra que es capaz de tener el triunfo profesional al alcance siempre de la mano. Y Yos era esa mujer. Gran compañera, mágica maestra, deliciosa como amante. Así nos fuimos enredando muchos momentos, hasta que una madrugada, yo salía del cuarto de mi Yos, lleno de besos, vacío de semen, y en el pasillo hacia el baño me topé con su hija de 14 años. Al vernos de frente nos reímos un poco. Yo andaba en bóxers y ella en calzoncitos con un blusita de algodón blanca. No hay que ser tan imbécil para no reconocer que había heredado los genes de su madre. A sus ya 14 años sus pechos eran ya del tamaño de manzanas.

Y la imagen llegó como un rayo a caer sobre mí. ¿Qué hago en esta casa, y con esta mujer? La diferencia de edades entres su hija y yo era menor, que la que tenía con Yos. Me di cuenta de que con el paso de los meses, de los años, yo me sentiría más atraído por su hija que por la madre. No soy cínico, tengo que ser siempre honesto. Yo no estaba enamorado. El amor pocas veces ha movido mis relaciones con las mujeres. Y sabía que con el paso de los años, yo me fijaría en esa pequeña chiquilla. Ella cumpliría 18 años y yo apenas tendría 26 o 27 años. Me sentí estúpido, me sentí nefasto. Todo esto pasaba por mi mente mientras esperaba que la chica orinara. Salió del baño, me dijo buenas noches, y yo entré. El olor a orina de niña me hizo decidirme. Solté una de esas orinadas violentas que ocurren luego de haber cogido largamente.

Embarrado el vientre con el semen, volví a la cama con Yos. La besé en la nuca. Ella se acurrucó dentro de mi pecho. Y supe que no podía seguir ahí. La solté. Me levanté a rebuscar por todo el piso mi ropa. ¿Te vas? Alcanzó a preguntarme. Tardé en contestarle, pero me fui vistiendo en silencio. Ella quizá me vio raro y se quedó desnuda en la cama, llena de costras de semen en la espalda, los muslos, los pechos, las mejillas. Se acicalaba la larga cabellera. Sus cuarenta y tantos años la hacía una mujer nada afecta a los dramas. Me dejó vestirme en silencio. Solo su miraba caminaba por mi cuerpo. Me levanté ya vestido, le di un beso en la mejilla. Salí silencioso de la casa, y jamás volví a verla.

Visto 415 veces Modificado por última vez en Jueves, 20 Septiembre 2018 04:53
Adán Echeverría

Adán Echeverría. Mérida, Yucatán, (1975). Investigador Posdoctoral en el Instituto de Investigaciones Oceanológicas de la UABC. Doctor en Ciencias Marinas. Columnista en el Periódico impreso El Vigía, y en portal cultural La Piraña (https://piranhamx.club/) Premio Estatal de Literatura Infantil Elvia Rodríguez Cirerol (2011), Nacional de Literatura y Artes Plásticas El Búho 2008 en poesía, Nacional de Poesía Tintanueva (2008), Nacional de Poesía Rosario Castellanos, (2007). Becario del FONCA, Jóvenes Creadores, en Novela (2005-2006). Ha publicado en poesía El ropero del suicida (2002), Delirios de hombre ave (2004), Xenankó (2005), La sonrisa del insecto (2008), Tremévolo (2009), La confusión creciente de la alcantarilla (2011), En espera de la noche (2015), Trapacería y fiesta (2017); los libros de cuentos Fuga de memorias (2006) y Compañeros todos (2015) y las novelas Arena (2009) y Seremos tumba (2011). En literatura infantil ha publicado Las sombras de Fabián (2014).

 

 

Nombre: Adán Echeverría

Doctor en Ciencias por el Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados del IPN.

Posdoctorante en el Instituto de Investigaciones Oceanológicas de la UABC

Dirección: Calle Isla San Pedro No 1436, entre Isla Tortuga e Isla San Lorenzo, Fraccionamiento Villas del Roble, C.P. 22842, Ensenada, Baja California

Email: adanizante@yahoo.com.mx romeodianaluz@gmail.com

Tel Cel 646 270 4993

 

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