Lunes, 10 Septiembre 2018 01:26

Molinos de viento y otros textos / Gwenn-Aëlle Folange Téry /

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Molinos de viento

Gwenn-Aëlle Folange Téry

 

Ayer acabé por casualidad frente a un vitral que representa al sempiterno Don Quijote.

Y yo que nunca he sido especialmente admiradora del personaje me encuentro de repente cual perro de caza frente a una madriguera cuyo tufo me estremece.

Y claro quedo pensando en los famosos molinos de viento, esos de los que se dice que no sirve de nada combatirlos y me veo, a mí, en el lugar del flaco alto, o mejor dicho del gordito, por aquello de la papada.

Sólo que los molinos de viento ya me llenaron el cogote, estoy hasta la madre de combatirlos.

Ayer, porque pensé que no sirven de nada, sólo se quedan parados removiendo su viento, ese viento que no hace más que ir y venir, una y otra vez, obstinado, ganando siempre. Siempre las mismas batallas, las mismas palabras, las mismas zozobras, las mismas lágrimas, las mismas risas.

Siempre volver a empezar, una vez a tierra siempre volverse a levantar y caer, caer, caer, una y otra vez. Puta madre, no termina uno nunca.

Y luego esta mañana, de humor menos cobarde o más risueño, pensé que sí sirven de algo si muelen, y molen, y moldean grano aunque no sepan si trae tierra, pinches molinos de viento del sur, del norte o hasta del oeste ya que en ésas estamos.

Pero da lo mismo, no hacen más que eso, moler grano, una y otra y otra vez, siempre. Siempre las mismas batallas, las mismas palabras, las mismas zozobras, las mismas lágrimas, las mismas risas.

Y entonces entendí a ese Don Quijote y a su gordito que lo trata de proteger y no lo logra y entonces lo sigue al sur, al norte y hasta al oeste ya que en ésas estamos. En todo caso, entré un poco a la fascinación que tiene tanta gente por esa historia que nunca me ha gustado.

O por sus molinos de viento cuyo tufo me estremece…

 

 

 

 

Sin encabezado

 

No encuentro como platicarte lo que pasa, lo que veo.

No hallo palabras contundentes, imágenes fuertes.

No hay ni piruetas fáciles, ni sarcasmos potentes.

 

Hace unos días, aparecieron, así se dice, aparecieron 6 cuerpos decapitados y 3 cabezas.

No supe si quedaron acoplados de a 3 cuerpos enteros y 3 descabezados para la eternidad, o si ninguno se conocía desde endenantes. Que no es lo mismo 6 y 3 que 3 por un lado y 3 por otro.

En cuanto bajo la guardia veo cabezas rodando por las calles, calles que van cuesta abajo, y veo sus ojos estallar bajo los golpes, por las piedras del camino, claro.

Y se pinta la luz de sangre.

Alcanzo a pensar que si esas cabezas llevan tiempo cercenadas, la sangre no mancha, ya se ha de haber coagulado. Lo que he perdido son las palabras, no la cordura.

 

Y cordura no me falta al imaginar una posible línea de reconocimiento de los occisos, por aquello de que acá los asesinados son presuntos delincuentes, siempre. Lo de los daños colaterales ya no se menciona en nuestro país.

Veo cabezas empaladas y cuerpos crucificados, no se vayan a ser víctimas de una presunta caída…

 

 

¿Sabes cuántas veces empecé a escribir hoy?

6.

Y 3 encabezados diferentes.

 

Ya de esos muertos del otro día no se habla.

No sabemos siquiera si a los muertos, presuntos padres, hijos, hermanos, delincuentes, desaparecidos, asesinados ya los enteraron o cómo.

¿Ataúdes? ¿3 y 3, o 9?

¿Bolsas negras? ¿Chicas o medianas? Porque grandes no, si las cabezas se pueden acomodar perfecto entre las dos piernas de un cuerpo que no tiene cabeza, pero que sí fue la suya, presuntamente…

Se antoja, sabes, platicarte también

De niños baleados

De padres atropellados

De mujeres violadas

Tanta muerte.

Tanto espanto.

 

Tú… Tú me interrumpes, una vez y luego otra.

Con risas y juegos. Flores en las calles, en las que no ruedan cabezas, estrellas por la noche y viento, viento recio que me despeina.

Entonces dejo de escribir.

 

Pero dime.

Dime puta vida, ¿lo tuyo es resiliencia o es indiferencia?

 

 

 

Por la mañana

 

 

Cuando abro tu puerta por la mañana, respiro tu atmósfera.

El calor me tranquiliza, tu olor animal me llena de dicha.

Entonces me acerco, alargo el brazo, busco tu soplo.

A veces es imperceptible, la piel que toco está fría.

Antes de hablarte, intento sentir el latido de tu corazón.

Será porque tu cuerpo es tan grande, tan masivo, pero no lo encuentro nunca.

Jalo la cobija, la piel está caliente por debajo de ella. Vuelvo a tocar el hombro, está helado.

El miedo no sube, ya invadía todo mi yo.

Es ese miedo que muerde mi vientre, peor, mis entrañas, es el miedo hasta la punta de mis uñas, en mi corazón mío que no sabe ya si late o galopa. Es el miedo inmundo, bestial, que todo devasta sobre su camino.

Entonces logro hablar, mi puce, es hora de la medicina, Puce, despierta.

Seguido, tan seguido, no contestas, no te mueves. Hay que hablar otra vez, más fuerte, jalar tu brazo, tan pesado para mí.

Y abres los ojos, hablas, es más, protestas.

Esta mañana estás vivo.

Y lo está el miedo también.

 

 

Visto 540 veces Modificado por última vez en Jueves, 20 Septiembre 2018 08:04
Gwenn-Aëlle Folange Téry

Gwenn-Aëlle Folange Téry,

nacida en la CdMx, vive en Tlalnepantla, Estado de México.

Escritora y pintora bretona franco-mexicana, 6 libros publicados, -prosa poética y novela-, y una colección de 11 libros para niños. Participa en múltiples publicaciones, revistas y exposiciones pictóricas, tanto colectivas como individuales. De repente le entra lo hippie, otras veces juega a que es medio intelectual. Activista de teclado, vive, respira, llora y ríe, así, un montón.

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