Sábado, 25 Noviembre 2017 23:55

REMEMORAR EL CUERPO PARA NOMBRAR LA MUERTE: NOTAS EN TORNO A LA OBRA POÉTICA DE NORMA BAZÚA Dra. Rocío García Rey

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REMEMORAR EL CUERPO PARA NOMBRAR LA MUERTE:

NOTAS EN TORNO A LA OBRA POÉTICA DE NORMA BAZÚA

Dra. Rocío García Rey

 

I Preliminares

Supe de la existencia de la poeta Norma Bazúa (1928- 2011) y de sus textos por los  editores de Verso Destierro. Confieso que siempre asocié dicha editorial con poetas “jóvenes”. Sin embargo cuando Adriana Tafoya y Andrés Cisneros me hablaron del trabajo de la poeta me enteré que se trataba de una mujer de más de setenta años. Norma Bazúa y su libro Aprender la muerte fueron los primeros datos que tuve para constatar que la noción llamada juventud puede extenderse a través de las palabras, en este caso, propiamente de las palabras tejidas, hiladas, pintadas para construir el entramado del lenguaje llamado poesía.

¿Qué hace que una poeta sea conocida o no? ¿Qué hace que su obra, su poesía sea nombrada, acaso dicha y leída? Las respuestas se multiplican si consideramos que vivimos en lo que Lipovetski ha llamado la era del vacío en la “que reina la indiferencia de masa, cuando domina el sentimiento de reiteración y estancamiento, en que la autonomía privada, donde lo nuevo se escoge como antiguo […]”[i]; una era que además ha devenido mercantilización de casi todo: incluidas las palabras, la poesía, la literatura misma. La literatura ha dejado de ser ese objeto estético para formar parte de las filas de las grandes editoriales que dictan el canon literario con base en qué se vende, qué debe ser difundido y qué no, porque simple y sencillamente hay palabras que, ante los ojos de los monopolios editoriales, parecen no rentables.

¿Cuál es la relación entre Norma Bazúa, su trabajo poético, la distinción de ser o no un escritor joven, Verso Destierro y el llamado canon literario? De entrada quiero decir que este trabajo pretende ser un exhorto para re-pensar eso que se llama canon literario, pues esto posibilitará que trabajos y obras como los de la maestra Bazúa no queden en el cesto del olvido, pues ello para una obra literaria equivale a caer en el cesto del silencio y de la muerte de las palabras.

 

APRENDER LA MUERTE 

 

La vida en el discurso de Bazúa es un periplo por lugares, recuerdos, anhelos, pasiones, deseos, y por la muerte. La muerte arriba cuando la historia ha sido registrada en la memoria, en la propia subjetividad (registros /minutos), por ello la vida es la condición sine qua non de la primera. Pero si la muerte es la terrible ausencia, el regreso de la soledad, los recuerdos dolorosos ¿cómo elaborar el duelo? La poeta halla en la escritura la salvación para no rendirnos ante el dolor que producen las ausencias. Tomás Eloy Martínez afirmó: “Una alma que no ha sido escrita es como si jamás hubiera existido. Contra la fugacidad, la letra, contra la muerte el relato.”[ii] En efecto, la poesía de Bazúa es la confección poética de un sinnúmero de duelos (entendidos aquí en su acepción de dolor -Del lat. dŏlus, por dolor. Dolor, lástima, aflicción o sentimiento-) que al fin y al cabo es imposible no tener, no acumular, no atesorar como parte del recorrido que representa la vida. Ahora bien, si la muerte es la desaparición física del cuerpo, hay un ancla que se manifiesta para re-construir, re-crear y poetizar el recuerdo, única vía para re-construir el pasado. Leamos el siguiente fragmento de Ataúd de Arena para acercarnos a la construcción lingüística del dolor causado por la muerte:

           

Cuando murió su madre –mi abuela-

            Ella decía que no pudo llorarla:

            “Sólo busqué un foso con agua…

adonde ahogar la piedra de silencios

que me colgué del cuello

 […]

Alcánzame ese vaso con la rosa diaria, dijiste

para que sólo mire la transparencia de sus pétalos

                                                                       de su temblor efímero

y aprenda del tiempo que se acaba

                        del tiempo que nos queda

para lidiar contra la obstinación de la muerte

en esta agua oscura y revuelta.[iii]

 

 

La muerte es nombrada y desplegada mediante un discurso poético que utiliza  las trazas de la vida como una forma de enunciar el viaje y la aventura que representa estar vivos. Conviene recordar que:

 

El lenguaje poético no es el lenguaje artesanal, ni lenguaje científico, ni lenguaje filosófico; es el lenguaje artístico […] El poeta recibe la realidad y nos la devuelve convertida en arte. [iv]

 

Para mirar la re-creación, acaso invención de las sensaciones y percepciones de la muerte,  Bazúa en Ataúd de arena enuncia, por ejemplo:

 

Entre los abandonos que nos deja la muerte

Llegaron los desolvidos            y tocaron su puerta

Puerta de buena madera            madera de resonancia:

Allí encontraban eco todas las puertas

-aun las que nunca se abrieron para que pasara

            con sus propias muertes a cuestas-

Puertas de ir y venir              de no estar siempre

                                    o de nunca salir. (p.2)       

 

La palabra desolvido es desde luego una reinvención que hace la autora para hacer un juego de significantes. El prefijo des denota negación o inversión del significado simple. Con base en esta explicación podemos entender los desolvidos como la revancha de la memoria que brega por recordar una y otra vez hasta que las ausencias referidas, en el fragmento citado como abandonos, se vuelven lo contrario al olvido; son entonces desolvidos porque en realidad son recuerdos. Los recuerdos se expanden en espacio y tiempo y entran y salen o viceversa por el sinfín de puertas que en este caso son la representación de un doble desplazamiento: entrada o salida a la rememoración. De acuerdo con Ricœur:

 

Con la rememoración, se acentúa el retorno a la conciencia despierta de un acontecimiento reconocido como el que tuvo lugar antes del momento en que ésta declara que lo conoció lo percibió, lo conoció, lo experimentó. La marca temporal del antes constituye así el rasgo distintivo de la rememoración […][v]

           

Los aprendizajes de la muerte son los aprendizajes de la vida. ¿Pero en términos visuales como podemos asirnos a la muerte cantada y contada, re-significada por una poeta?  La muerte es la sorpresa, el asombro, la muerte se nombra aunque el azoro sea la única noción de ella. Tal noción la engendramos (utilizo a propósito el termino) porque estamos vivos. Miremos el siguiente fragmento Aprender la muerte.[vi]

 

Fuga inútil del desamparo frente a los miedos/

al entrar solos en los aprendizajes de la muerte

Ésta iniciación             esta primicia

estará alerta                 abierta a los asombros. (p.8)

 

En Aprender la muerte, la poeta como enunciadora es también una historiadora: a través del ejercicio de exhumación de la memoria, sabe que la palabra puede ser moldeada mediante el término que ya explicamos: rememoración:

           

Porque primero vivimos

            son necesarios los registros

            los instantes                 las minucias

            la odisea personal.

            Saldremos ilesos si aprendemos la muerte

            Completa el alma entre oleajes de retorno

            Cargada con la que no arrasó

                                                           El mar de los olvidos. (p.5)

 

Antes de la muerte habrá que salvar el documento, pues este contiene el vestigio de que la vida habitó y a su vez fue habitada mediante el periplo representado por el puerto y el barco.

 

 De puerto en puerto surcaremos esta travesía

 al salvar de humedades el cuaderno de bitácora

 para que la nostalgia nos alcance en cada playa y nos evite el ahogo

 antes de alcanzar refugio entre la arena. (p.6)

 

EL CUERPO LA PASION

 

[…]Invoco su protección, su regreso: que lo otro aparezca,

que me retire como una madre que viene a buscar a su hijo,

del brillo mundanal […] que me restituya

"la intimidad religiosa, la gravedad"  del mundo amoroso".

Roland Barthes

 

En el libro Una chispa del cuerpo y ya el incendio del sueño,[vii] la poeta insistirá en el papel de la memoria para anclarse al deseo, a la pasión, a la vida. Veamos un ejemplo de ello en el siguiente fragmento en el que además de estar presente una comparación, hay una sucesión de imágenes que dan cuenta de la transformación por efecto del recuerdo.

 

Los lanzo como barcos de papel por la memoria

 y escasas estrellas de esta noche cuando escampa

 astronomizan  mi trayectoria de nave.

 Ella arriba a los puertos perdidos

 para configurarlos en la sangre:

 Trae los olvidos desde el último bastión del nervio –por caminos de viento / a donde me lleva tu respiración-.  (Pp.26-27)

 

Es mediante la comparación: “como barcos de papel”, que mediante la inventio  es posible hiperbolizar las sensaciones emanadas a través del recuerdo. Si el recuerdo se origina a través de un barco de papel, es tal su fuerza que termina abarcando el universo, por ello “astronomiza”  la trayectoria de nave de la escritora.

En el caso de Una chispa del cuerpo estamos de cara a un texto dividido en dos partes: en la primera un yo femenino poético se percibe y se nombra como cautiva, presa de un mundo atávico. Un mundo donde quien se narra renuncia a su propia huella “para ser solo espera junto al hombre / que la cercó al fuego/  y orilló su alma a una isla / donde las olas golpeaban de atavismo repetido. / (p.8)

La isla -metáfora de lejanía- es soledad, y como desdoblamiento de ello hay una ausencia de voces, de diálogo. Una isla donde, efectivamente, hay un él, además de ella; pero ese él parece ser ajeno a la vida. Un él también atávico: mundo cerrado (óyeme sordo, pues muda me quejo” no en vano es el epígrafe sorjuanesco que la poeta eligió para este libro).

 

El mundo de él era de paredes    rejas en las puertas/ escaleras para alcanzar techos sólidos / contra la intemperie. (p.8)

 

Desde luego hay que decir que la obra de Bazúa, como parte de la escritura poética emplea lo que se ha llamado el “correlato objetivo o el “equivalente correlativo”.

 

Esto de decir una cosa para expresar otra, es decir, recurrir a una imagen que nos podemos imaginar, generalmente de modo visual, para expresar lo inefable o lo inexpresable por otros medios, se puede llamar siguiendo a T. S. Eliot “el correlato objetivo” y siguiendo a Cernuda, “el equivalente correlativo.”[viii]

 

Es interesante retomar esta categoría para mirar con ojo viajero (tomando la expresión de Michel de Certeau) los desplazamientos que a través de los diferentes imágenes construye la poeta para hacer de la muerte y la vida un solo universo. De esta manera en una misma imagen pueden convergir muerte y vida / olvido y recuerdo / pasión y sufrimiento.

 

Veamos la siguiente imagen en la que es posible la convergencia de lo que, en un texto no poético, serían dos opuestos:

 

            Tú, EROS ME DESCUBRES DE NUEVO LA ABUNDANCIA

            Cuando en atalaya de soledades ella me defendía

            Esta libertad de mazmorra grilletes oxidados

            Anclaje de voluntades – desde hace tanto (p.17)

 

Es mediante el amor y el goce erótico que la acérrima ausencia de un otro sensible: “atalaya de soledades”, se rompe. En segundo lugar el fragmento citado nos permite mirar cómo mediante una construcción lingüística pueden relacionarse sintácticamente los opuestos: libertad / mazmorra – grilletes y anclaje- voluntad.

La construcción poética halla su ancla en el llamado equivalente correlativo y a su vez éste puede construirse mediante diferentes tropos, tal aseveración puede ayudarnos a considerar que el discurso poético puede presentar una imagen basada en un oxímoron: la relación sintáctica de dos antónimos.

Cabe aclarar que la expresión estética no es aséptica, por ello un poema además de utilizar recursos retóricos, utiliza la lectura, desde luego subjetiva, que cada autor, tomando las palabras de Paulo Freire, hace del mundo.

La belleza en el caso de la poesía, construida y cimentada en el lenguaje, es un constructo que al mismo tiempo es un pliego desdoblado de historias subjetivas, de narraciones elípticas, pero que de una u otra forma cuentan, re-construyen trozos, reinventan incluso el mismo recuerdo. Al respecto, nos apoyaremos en la afirmación de Ricœur, cuando plantea que la literatura puede ser entendida como una formulación lingüística, esencialmente simbólica:

 

Configuraciones analógicas que se han presentado en nuestra experiencia del     mundo y son previas a la expresión lingüística (y particularmente sostengo que incluso independientes a las practicas letradas). Estos símbolos surgen en la         relación del sujeto con la naturaleza y la historia.  [ix]

 

La cita de Ricoeur es útil para considerar que todo acto de escritura implica un acto de aprehensión y de aprendizaje de vida. En el caso de la maestra Bazúa, hemos visto que tal aprehensión y aprendizaje fueron vertidos por el filtro del lenguaje hasta llegar a confección poética en que  el tiempo oficial de los relojes puede disolverse:

           

Déjame construir una nueva secuencia del futuro:

            Los sueños entre los quehaceres de los instantes

            Son tintas firmes con las que las fondeas

            A pincel grueso el “hondón de la vida

            Para ensayar después con pincel fino los bocetos. (Ataúd de Arena, p. 7)

 

Es también mediante el discurso poético que sabemos que eros puede convertirse en salvación ante la muerte. En una chispa del cuerpo y ya el incendio comienza, el amor es convertido en trascendencia y salvación. Es así que Eros vence a Tánatos.

           

Me rescata la libertad de conocerte

            más en cada abrazo

            en cada paso enfloras recorridos

            en cada beso retienes mi gemido mi sed

            sueño   invento forjo fraguo vivo.

            hoy sólo quisiera tocar tus manos

            para que todos sepan que te amo.

            Antes quise morir.

            y no levanté el brazo para acercar la muerte. (Una chispa en el cuerpo, Pp.22-23)

           

 Aquí dejo el somero recorrido de la obra poética de Norma Bazúa, la propaladora de palabras, quien este 2017 cumpliría 89 años. Dejemos entrar en nuestras pupilas, en nuestros sentidos y en nuestra razón su discurso poético que al fin y al cabo es un discurso de vida.


Notas

[i] Gilles Lipovetski, La era del vacío. Ensayo sobre el individualismo contemporáneo, Barcelona, Anagrama, 2008, p.9.

[ii] Tomás Eloy Martínez, “3 Contar una historia”, Santa Evita, México, Joaquín Mortiz, 1997, (Narradores  Contemporáneos), p. 66.

[iii] Norma Bazúa, Ataúd de arena, México, Edit. Amanuense, 2011, pp. 14-15.

[iv] Agustín Basave Fernández del Valle, ¿Qué es la poesía? Introducción filosófica a la poética, México, F.C.E.  1999, (Lengua y estudios literarios), p.10.

[v]  Paul Ricœur, “La memoria ejercida: uso y abuso” en La memoria, la historia, el olvido, Argentina, FCE, 2010, (Sección de Obras de Filosofía), p.83.

[vi] Norma Bazúa, Aprender la muerte, México, Verso destierro, 2010 (Col. Inteligente).

[vii] Norma Bazúa,  Una chispa del cuerpo y ya el incendio del sueño, México, Poetas en construcción A.C. / Verso destierro, 2011, Edición especial, in memoriam,  (Col. inteligente).

[viii] […]Como dice Cernuda, “en poesía y en literatura nunca debe de hablarse de sentimiento ni de emoción, sino tratar de comunicarlas, para lo cual hay que expresarla “Y ese modo de “expresar”  se hace por medio de una imagen casi siempre visual.

Gloria Moreno Castillo, El correlato objetivo y el texto literario, Madrid, Edit. Pliegos, s/a (ca.1999), p.16.

[ix] Maturo, Graciela, La razón ardiente. Aportes a una teoría literaria latinoamericana, Buenos Aires, Biblos, 2004. pp.113- 114.

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Rocío García Rey

 Doctora en Letras por la UNAM. Es autora de los libros "La otra mujer zurda" , Mapa del cielo en ruinas y La Caverna.

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