Miércoles, 14 Junio 2017 05:00

LA TERQUEDAD DE LA PIEDRA / Miriam Mancini /  

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LA TERQUEDAD DE LA PIEDRA

Miriam Mancini

 

 

 

 Secuestra las córneas, un vidrio roto, por momentos.

 A los pies, un pájaro inútil moquea el final del cielo.                                                                

Yace la osamenta del vino de anoche, es el rictus amargo de todos los excesos.            

Siempre supuse que astilla hasta quebrar la memoria de los dioses, el preámbulo del fuego.                                                            

Cae la tarde sobre la verdadera Buenos Aires, con su cáliz de penumbra, llenando uno a uno, los huecos.                                                                    

Todo se desploma.

Menos las injustas horas, que levitan en los estómagos hambrientos.

Girando, cerrando.

Abriendo de nuevo.                                          

Quise despertarte y no pude.                        

No estabas al borde del cristal.

Ni en el polvo, ni en el viento.

A cuantas viejas farsas estas de mi silencio?            

Se  suicidan tenaces las parábolas, bajo la implacable guadaña del miedo.

De todos modos, mi vida, te confieso: la premura de las flores, salva a veces, la mueca de los muertos.

 

 

 "ESPERANZA"

                                                                                                               

Traspasamos desde la fuente del llanto primero, las huellas pautadas que dejaríamos.

 Porque hasta el sueño chato de los zapateros sin zapatos, durmieron los héroes.

 Fueron las cornisas las que nos dieron el valor para calmar la sed de los pasos ligeros.

 La voz que oía los versos que aún no se escribían, era la que añoraba en la multitud.

 Porque rezamos en soledad a las lluvias que nos desguarnecen.

 Y la vida pasó, llevándose los versos de los inviernos sin vos.                                      

Pero como dijo Machado, hoy es siempre todavía.                                                                  

Tal vez la mano que se yergue por el bien, frene la filosa osadía del mal.

Tal vez los árboles te vuelvan a ver pasar.

 Tal vez, la sangre, un día.

                          

PERIFERIAS. 

   

Perros flacos a la deriva, por las calles del millar de heridas.

Pedregal y tierra marcan el paso.

 Sobre un Falcón oxidado, se fuman hondo los pibes la impaciencia.

Mas allá de los miedos, están sus caras pétreas.                            

Una puta demasiado joven pacta un rato de muerte con dos gendarmes putrefactos, y se vuelve mas vieja.

Se oyen detrás, como zumbido los llantos de los críos y sus quejas.

Mientras la luna mancha de insólita blancura, las sordas paredes.

Es la hora exacta, donde se apuesta la esperanza en cada cuadra, y se pierde por goleada.

La araña gigante que inyecta su olvido, sobre Buenos Aires va impregnándolo todo  con su baba. 

Al fondo, en letras rojas un muro  en silencio reza: aquí se mueren todos los cobardes, y  Diosito, se lleva,  también toditos todos, a los tontos y a los héroes.

            

    FURIA 

 

Entre los dientes, se cuela poco a poco la muerte

Son esas horas donde mordisquean  a dentelladas los relojes, y se aniquilan perpendiculares las estúpidas luces de los días.                                                                

Nada alcanza, lo presiento mi amor, para acariciar la herida.

 Porque el nombre que dio forma a todas las cosas, degolla el camino  en carne viva.

 Luego, se come burlándose, mis tripas.

Escupo harta, y maldigo, el suelo que se tragó cobarde tu figura.    

Son esos instantes donde caemos en inmundas certezas.

Hoy, por ejemplo, supe que tu boca, esa bestia perfecta, veja sin frenos a tu ausencia.

Al borde, un ínfimo deseo reclama, dormir sobre la flor.          

Visto 5164 veces Modificado por última vez en Jueves, 22 Junio 2017 04:45
MIRIAM MANCINI

Miriam  Miriam Mancini, oriunda de Buenos Aires, Argentina. Estudió psicología en la Uba, artes visuales y literatura. Escritora y poeta. Ganó certámenes de poesía en Argentina, de la editorial Ser y Dunken, participó de tres antologías de la editorial Dunken, presentadas en la Fil Argentina,es miembro de la primer plataforma colectiva argentina de poetas de la mencionada editorial, declarada de interés cultural por el gobierno de la provincia de Buenos Aires. Participa del grupo poético Pangea, cuya antología fue editada en México y presentada en la Fil en México. Con la editorial mexicana Dipsomania poética publicó la plaquette La premura de las rosas, presentada en diferentes eventos literarios en Mexico, su nueva plaquette De desmorirse hasta nacer, fue editada actualmente con la misma editorial. Su primer libro Irremediable en Argentina, se halla asimismo en edición.

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